CAPÍTULO 37

Aunque a Charlotte le fascinaba como lucía el brazalete, comenzaba a molestarle, porque no se lo podía quitar (era como si estuviera sellado), lo mismo sucedía con el de Snape, aunque él no se quejaba, le enfurecía que ella le cuestionara sobre la forma en que los había conseguido.

-Linda, los compre, ya te lo he dicho. Fueron costosos y punto final.

A una semana de su unión matrimonial, Snape estaba irreconocible, posesivo, irritable ante cualquier comentario desagradable e incluso agresivo.

Cuando Charlotte regresó una tarde después de hacer algunas compras por los callejones, él explotó:

-¡¿Dónde estabas?

-Fui de compras y a la joyería para que intentaran quitarme el brazalete, pero no se pudo.

-¿Por qué te lo vas a quitar? Yo te lo regalé.

-Comienza a ser un estorbo - dijo sin la intención de molestarlo.

-Las joyas de Lucius nunca te las quitabas, no veo la diferencia. Dime ¿te estás viendo con alguien? Es la tercera vez que sales sin avisarme. Tu actitud me hace creer que tienes un "nuevo amigo".

-No puedo creer lo que dices. Estás alterado, luego hablamos.- ella se iba, pero él la jaló bruscamente por el hombro.

-¡No me des la espalda!- Charlotte tenía miedo, aunque no se dejó intimidar- Dime que es lo que escondes ahora.

-¡No vuelvas a tocarme así!... Pensé que confiabas en mí.

-Pues con tus antecedentes es imposible- Snape salió de la recámara azotando la puerta.

No supieron uno del otro, pero se sintieron culpables, él por la forma en que la había tratado y ella por salir sin decirle el verdadero motivo. Cuando él regreso, lo hizo con una flor blanca que colocó en un florero. Charlotte estaba acostada, aparentemente dormida. Se quitó la ropa de calle, entró en la cama, fijó su mirada en el techo sin saber que hacer o que decir. Finalmente se decidió por lo segundo.

-Cariño, ¿estás despierta? No quería gritarte, lo siento. Estamos a punto de casarnos, no lo arruinemos.

Sin respuesta la abrazó, hizo la larga cabellera a un lado, besó los hombros y terminó poniendo sus manos en el vientre, pensando que la solución era tener un hijo. Se quedó dormido.

Cuando despertó ella no estaba, lo cual era señal de que aun se encontraba disgustada, se quedó tendido, suspirando, preguntándose el por qué no podía estar contenta con tan hermoso brazalete. Se levantó para tomar una ducha, tenía que dar clases. Apresurándose, casi no nota que Charlotte le había dejado un mensaje.

"Salí al Callejón Knockturn. Te quiero, gracias por la flor"

¿Al Callejón Knockturn?, le pareció bastante extraño, pero no hizo suposiciones, ella tendría sus motivos para ir a tal sitio.

Durante su clase los estudiantes lo sacaron de sus cabales. Así era ante la ausencia de Charlotte. Para castigarlos les dejó una investigación sobre pociones curativas de cincuenta centímetros de pergamino, una sonrisa cruzó por su rostro al ver la indignación de los adolescentes.

Para Snape la mayor parte del día había sido pésimo. Se dirigió a su antigua habitación donde aún conservaba algunas pertenencias. Se puso en guardia cuando se quebró la cerradura de la puerta tras unas chispas doradas. Bajó la varita al momento de reconocer a su prometida. Era la primera vez que ella entraba allí. No le importó y siguió con lo suyo, mientras ella observaba entre la penumbra los libros de magia antigua, revisando los títulos: "Maldiciones prohibidas", "Tiempos Oscuros", "La era de: El que no debe ser nombrado", "Magia negra para cualquier ocasión". Charlotte despejó sus dudas.

-¿Cómo te atreviste?, yo confié en ti- dijo en voz baja, pero audible.

-¿A qué te refieres?- contestó él, amoroso.

-Me traicionaste- él le puso total atención- No era necesario que recurrieras a eso, yo no te iba a engañar, ¿Por qué Snape? Contéstame.

-Lotte, explícame de qué estás hablando.

Ella comenzó a gritarle:

-¡No finjas!, ¡Tú y tus malditos brazaletes!

-Tranquilízate Charlotte. No sé de qué hablas.

-¿No sabes? Resulta que mis ausencias se deben a que he ido a investigar cómo quitarme éste brazalete y por fin descubrí que están hechizados para estar atados el uno al otro y sólo puede romperse cuando alguno muera.

-Te juro que yo no sabía nada- se defendió sorprendido.

-¡Mentiroso! Sabías que sólo me lo pondría por ser caro. No te importó pagar cientos de galeones, porque sabías que de esa manera me tendrías a tu lado, pero ya no será así. Me voy, para terminar lo que empecé.

-¡Charlotte, cállate y escúchame! Tú no vas a ir a ningún lado, tú eres mía. Después de lo que hemos pasado no me vas a abandonar... Recuerdo que un día me dijiste que querías hacerlo en mi habitación, ahora es el momento-. Él la sujetó por la fuerza, besando sus labios y jalándole la ropa. Ella lo golpeó con ímpetu, logrando sacar su varita y alejarlo.

-Si te acercas te vas a arrepentir- amenazó furiosa- No intentes buscarme, ni pedir perdón, porque no te va a resultar.

-¿Vas a ir con él?

-No es asunto tuyo- Snape dio un paso, pero se detuvo cuando ella le acercó la varita.

-¡Pero nos vamos a casar! Acuérdate, mi amor, yo te amo.

-¡Olvídalo!, Adiós.

-Si te vas con él, te voy a matar- le susurró.

-No te tengo miedo. Te haría un favor, ya que te librarías del brazalete- Charlotte salió con su mano en alto, pudo escuchar que él le gritaba.

-¡Te voy a matar Charlotte d'Lioncourt!

Tenía ganas de volver a entrar a la habitación y contestarle con algún insulto, pero no lo hizo, porque se dio cuenta de que Harry Potter la observaba.

-¿Se encuentra bien, profesora?- ella le contestó colérica

-Potter, eso no te interesa ¡Lárgate con tus compañeros!

CAPÍTULO 38

Estaba furiosa, haría cualquier cosa para sacar sus sentimientos, todos, menos el odio que crecía por Snape, no asimilaba la traición, le dolía, pero no había duda él era culpable, había comprado los brazaletes para mantenerla dependiente.

Al llegar a "La Casa Negra del Diablo" no se encontró con los mortífagos de su primera visita, sino con Voldemort que le habló con una especie de ternura paternal.

-Te esperábamos con impaciencia.

-Es sólo que no tengo otro lugar para ir.

-Nosotros podemos ser tu familia, si así lo deseas.

-Es algo que no creí escuchar de alguien que provoca tanto miedo, pero no puedo aceptar. Estoy destinada a estar sola, eso de las familias no se da en mí. Mis padres murieron, perdí a mi hijo con Lucius y con Severus, el hombre que más he amado me engañó.

-Que te puedo decir yo, sino que la vida es complicada, nunca llega a complacernos, es un reto en el que hay que buscar un sentido para superarse y ser recordado, o quedarse enterrado en el olvido.

-Matar es lo que han elegido ustedes para ser reconocidos y lo han logrado, sembrando el terror, dividiendo al mundo mágico. Condenando sus almas. No estoy preparada para algo de tal magnitud.

-No te preocupes, tú no serás asesina. Me tengo que ir, ¿puedo hacer algo más por ti?

-Necesito ver a Lucius.

-Por supuesto, ahora lo llamo, quédate aquí perdió su figura entre la oscuridad del pasillo, se alejaron sus pasos.

Charlotte se sentó en un roído sillón de piel negra con bordes de plata, esperando, reflexionando las palabras de Voldemort. Ya más tranquila se cubrió los ojos con sus manos, dejando ver el brazalete, sin hacer ruido comenzó a derramar lágrimas, hasta que sintió la caricia de Lucius sobre sus mejillas, una sensación similar a cuando lo conoció, conmovido, paciente, tierno. Si se trataba de alguna estrategia de él, no le importó, porque estaba decidida a entregarse en cuerpo y alma a su primer amado. Él alejó las manos de Charlotte del rostro, se miraron, aún existía fuego, pasión que era necesario desbordar. Ni una palabra salió de sus bocas, pero ambos tenían los mismos pensamientos, el mismo objetivo. Le harían daño a otras personas, eran consientes de eso, pero se harían más a ellos mismos si se reprimían.

Sin darse cuenta sus labios se conectaron, la tibieza atravesó cada fibra de su piel. No podían aguantar más. Lucius le tendió la mano para que lo siguiera.

-Aquí no, no queremos dar un espectáculo.

La dirigió a su recámara, pasando por diversos pasillos a modo de laberinto, a pesar de la falta de iluminación, podían verse, pero sólo entrelazaban con más fuerza sus manos. Se detuvieron y él sacó una llave que introdujo con facilidad. Entraron. La habitación tenía la esencia de Lucius en cada detalle: la cama amplia, envuelta en sábanas y un edredón en verde y negro, las cortinas gruesas que impedían el paso de la luz lunar, lámparas plateadas sobre la mesita de noche, un candelabro de cristal cortado, el tapiz en color marfil y un delicado aroma a vino. Un perfecto orden.

-Charlotte…mi Carlota, una vez que empecemos no habrá marcha atrás-. Esperó

la respuesta.

-Lo tengo decidido, por lo menos esta noche. De ti depende que sea por más tiempo.

-Lo haces por venganza- afirmó él.

-Y para recordar los buenos momentos contigo. Mi preocupación es Narcisa.

-Preciosa, ella no hará nada, la he enviado a Irlanda, aquí las cosas se pondrán complicadas, riesgosas.

-Pensaste en todo.

-Ya tendremos tiempo para charlar. Ahora sólo quiero que seas mía, sentir tus besos, recordar tus caricias.

Él la tomó por la cintura y volvió a besarla. Caminaron hacia la cama, ella se recostó encima de él.

-Por qué haces eso- dijo indignado.

-No me gusta que me dominen. Ya no.

La ropa se desprendió con naturalidad. Sus cuerpos se reconocieron, una armonía insuperable en cada movimiento, las caricias fluían con lentitud, sin prisas, todo era con voluntad propia, la hipocresía no era parte de ellos, aún se amaban, aunque no lo podían aceptar, "el uno para el otro" una frase que parecía hecha exclusivamente para ellos dos. Charlotte no se concentraba, pensaba en Snape, pero con cada suspiro de Lucius sobre su ser, la imagen de quien la había traicionado se desvanecía, sustituida por el tacto, el olor, el gusto, que le era ofrecido.

Vibraban de placer, declarándose su amor hasta el momento final. Silencio, que dejaba distinguir la agitada respiración.

-Tengo que admitir que aún sigues siendo maravilloso.

-Lo sé, debiste extrañarme.

-Que modesto, pero no, Snape tiene su estilo-. Se apartó de él.

-No me compares, porque me voy a enfadar. Ven acá-. La envolvió entre las sábanas y la acomodó a su lado. Durmieron.