CAPÍTULO 41
Medianoche, la niebla invadía los jardines del castillo de Hogwarts, concentrándose en el Lago Negro, en donde una figura encapuchada se mantenía inmóvil, pero alerta a cualquier señal de movimiento. Los árboles cercaban la zona, nadie podría saber lo que ocurriría, a no ser que se encontrara allí, pero la cita sólo incluía a dos personas.
Una voz tierna y suave saludó:
-Buenas noches Charlotte-. La susodicha se despojó de la capa que la cubría y respondió al saludo con la misma cortesía.
-Buenas noches…Dumbledore.
-¿No es un lugar extraño para reunirse?
-Quizá, pero es el sitio ideal para una muerte.
-¿Me vas a matar?
-Probablemente
-Claro que no lo vas a hacer. Tú eres una chica buena, ingenua, ¿Quién te manipula, Lucius o Voldemort?
-Puede ser que el gran mago Dumbledore- expresó con ironía- sea muy inteligente, pero en él existen errores como: sobreponer lo emocional ante la razón y creer lo mejor de las personas. La vida no funciona de esa manera.
-Sé que desafortunadamente la vida no es así, cambiará difícilmente, pero las personas cambian, tú puedes reflexionar. Te brindaré protección.
-Gracias, pero yo ya tengo lo que necesito. Basta de tanta charla aburrida-. Se colocó a dos metros de distancia del anciano, sacó su varita y le apuntó a la altura de la sien. -El dolor sólo durará un instante:
-¡AVA…!
-¡Expelliarmus!- la varita de Charlotte salió volando.
-¿Qué demonios…? Las hojas caídas tronaban, cada vez con mayor intensidad. Alguien apareció de entre la niebla.
-¿Severus?- ella lo ignoró-. ¡Maldito viejo, tú!
-Yo no le dije nada- respondió Dumbledore
-Así es, dice la verdad. Soy experto en Legeremancia-. Mientras Snape se preocupaba por saber si el Director se encontraba bien, la chica recuperaba su varita y apuntaba nuevamente a su víctima. Ambos hombres la miraron sorprendidos, ella se burló.
-Y yo soy especialista en conjuros mentales.
-¡Baja la varita!- le ordenó Snape.
-¡No!, tú sabes que lo tengo que hacer. Deja de interferir, por favor Severus, no lo hagas más difícil.
-Es por tu bien. Puedo permitir que me engañes, que me abandones, que no quieras casarte conmigo, pero no voy a permitir que seas una mortífaga, porque te amo. Entiéndelo.
-Si me amas, morirás por mí-. Ambos se miraban, olvidándose de la presencia del anciano, que atacó a la chica con un poderoso hechizo de impronunciables palabras, que enredó en un hilo violeta a Charlotte. Snape corrió para evitar que ella cayera. Los ojos estaban cerrados, la piel se enfriaba con rapidez, él le gritó que reaccionara, desesperado la abofeteo con vigor. Sin lograr una reacción.
-¡Asesino!- vociferó a Dumbledore.
-No…yo…ella me…quería matar, la viste- dijo con dificultad.
-¡No es verdad!, ¡No sería capaz!, ¡Asesino!
-Severus, compréndeme.
-¡No!- el anciano se mantuvo sereno, firme. Snape recostó a la chica en el césped y sin pensarlo completó el trabajo- ¡Avada Kedavra!- Murió al instante.
La confusión inundó cada pensamiento razonable en Severus Snape, que besó los labios de Charlotte. Sintiendo por primera vez un miedo absoluto. Diciendo para si mismo "es un mal sueño, sólo eso", temblaba al recordar por su piel el poder que le ofrecía la muerte, había pasado por tantas situaciones, sin imaginar que la culpa no tardaría en aparecer. Huyó sin mirar hacía atrás.
Se había adentrado tanto en la historia que olvidó que se encontraba en un juzgado rindiendo su declaración. Concluyó diciendo:
-Huí a mi casa en la Hilandera, pero las evidencias apuntaban en mi contra, desde mi "misteriosa" desaparición hasta la maldición imperdonable que verificaron en mi varita…e imagino que el Sr. Potter les mencionó la amenaza hacia Charlotte. Bueno me capturaron, terminé en Azkaban, en donde me enteré a través de los aurores y "El Profeta" de la gran conmoción que causaron las muertes del Lago. No me sorprende que la mitad del mundo mágico se encuentre ahora en éste recinto rogando para que me otorguen la pena máxima.
-Esa es su visión- intervino el ministro- pero le falta aclarar algo. Dijo que Charlotte se encontraba viva ¿en qué basa esa suposición?
-Puede resultar absurdo, pero si lo que dijo Lotte de los brazaletes (que se romperían al morir alguno) es verdad, ella está viva-. Alzó la manga de su túnica y una pieza brillante resaltó su pálido brazo. -Mi brazalete está intacto-.
-Su teoría es interesante y su narración enternecedora, pero es una pena informarle que es falsa. Los trabajadores del Ministerio de Magia, asistimos al entierro de la señorita d'Lioncourt.
-¿Y Lucius?
-El señor Malfoy se encontraba devastado, no escatimó en gastos. Ofreció su mansión para el funeral. Lo siento, esos brazaletes no son mágicos.
-Eso no es posible, ¡yo soy inocente!, ¡Maté a Dumbledore en defensa de Charlotte!- estaba sumamente desesperado.
-Eso lo determina el jurado. Se tomará un receso de una hora para emitir el veredicto final.
Sesenta minutos después los asistentes volvieron a tomar sus asientos en el juicio más famoso del mundo mágico.
Snape se había aclarado la garganta con un poco de agua, se encontraba de pie, pues las largas horas que estuvo sentado le durmieron las piernas, cerraba y abría los ojos, miraba al público, le parecía un gran circo, donde él era acreedor al papel principal. Quería introducirse en alguna mente para capturar recuerdos del funeral de Charlotte y de Dumbledore (ya que nadie mencionó más sobre él), pero el agotamiento se lo impidió.
El ministro regresó a la sala con un sobre de pergamino sellado, sabía que se trataba del veredicto 'culpable' o 'inocente', ambas palabras lo atormentaban, ya que lo matarían o lo pondrían en libertad, dándole la oportunidad de rehacer su vida, lo cual le causaba aun más pánico, ya que nadie confiaría en él, sería rechazado y tachado de asesino.
-Antes de dar una resolución, tengo que decir que el jurado ha sido objetivo en su decisión, la cual tendrá que ser respetada por el acusado, por la ley, por la comunidad. Siendo así…Severus Snape Prince es…- Abrió con lentitud el sobre, aumentando el nerviosismo.
-¡Culpable!- la gente celebró con aplausos y gritos, se abrazaban como si hubieran ganado el Mundial de Quitditch, no les importó ver que a pesar de lo que hubiera hecho, Snape era como ellos, un hombre de carne y hueso, que albergaba en su interior la misma sangre. Que en esos momentos recordó su infeliz infancia y aún peor adolescencia, la falta de sentido y alegría que tuvo durante años y años, que borró durante los meses que tuvo a su lado a Charlotte, su Lotte, de la cual no había podido despedirse, ni regalarle una última flor. La mujer con la cual había conocido el amor, la sensibilidad, los celos, la seguridad, la paz. Se sintió tranquilo, dispuesto a aceptar la muerte. Su propia muerte.
-Silencio, por favor-. Todos obedecieron la voz de la autoridad-. Dados los acontecimientos y el testimonio del acusado, se ha determinado que la pena de muerte se sustituirá por quince años en la prisión de Azkaban.
Las protestas no se hicieron esperar, se exigía con el puño en alto: ¡Mátenlo, mátenlo!, lo cual no ocurrió.
Con lágrimas en los ojos Severus Snape fue trasladado esa misma noche, bajo una extrema vigilancia, a la más temida cárcel, para cumplir su condena.
CAPÍTULO 42
No podía diferenciar la noche del día, ni siquiera le importaba, ya que el Sol no solía tocar los fríos muros de Azkaban y aunque lo hiciera para él ya nada tenía sentido, no le apetecía salir, aún cuando existía la oportunidad. Su cabello por debajo de los hombros le ofrecía el aspecto de un espantapájaros, había obtenido una abundante barba dispareja y bigote que no cuidaba, su complexión nunca se vio tan delgada, lo cual le agregó visibles arruguitas en la frente y unas ojeras que le hacían ver muy cansado. El uniforme de rayas en color beige y café le quedaba grande, pero no le molestaba, ya que se cubría las delgadísimas manos con las mangas para repeler los escalofríos que desde hacía varias semanas sufría, la gripe iba y venía como su única compañera, la atención médica era casi nula, la comida pésima.
Acostado en una pequeña cama de piedra con un colchón incómodo, grababa sobre la pared una línea que significaba un día más en ese lugar que lo enloquecía, que le borraba la memoria haciéndole padecer pesadillas con aquellas amenazas de los aurores, de que pronto recibiría el "beso" de los dementores. Exactamente trescientas treinta y tres líneas se encontraban plasmadas, exactamente el mismo número de días desde su llegada, recluido y enfermo, le parecía la peor combinación. Por lo general su comportamiento era pasivo, quizá pudieran reducirle su condena, pero su estado físico y mental no le favorecía. Había dejado de creer en los milagros, porque para él no llegaba, seguramente el mundo que había conocido, ya no pensaba en su existencia. Los aurores le ayudaban a pensar de esa manera al ser cruelmente tratado.
-Ya deberías estar acostumbrado. No te voy a dar otra manta, porque un asesino como tú no merece privilegios. Aquí no le importas a nadie, ¡Por Merlín! Deja de toser, si te encuentras enfermo es por tu irresponsabilidad, más te vale recuperarte o te voy a trasladar a la celda de castigo.
-No veo la diferencia,- volvió a toser, cubriéndose con la mano- es el mismo infierno.
-¡Cállate! Provocas asco, si por mi fuera, ya mismo te estaría matando.
-Alastor, te encanta alardear, te aprovechas, porque estoy indefenso, aunque en el pasado nunca te atreviste a dañarme. Y si de provocar asco se trata, tú no te quedas atrás.
-Bien Snape, espero que disfrutes el humor en el calabozo, ¡Muévete!- al no acceder, arrastró al prisionero por varios pasillos y escaleras, lo aventó en un cuarto oscuro, estrecho, sin ventanas. Por más que gritó fue ignorado durante una semana, en la que sólo tuvo un plato de comida al día y en la que durmió en el suelo húmedo, acompañado de un olor a mugre ocasionado por las ratas y las cucarachas que de vez en cuando se colaban entre su vestimenta ya desgarrada.
Al salir la poca luz le golpeó la visión como si se tratará de ácido, se sentía ciego; tambaleante llegó a su habitual celda, donde permaneció con los ojos cerrados. Rogando a quien fuera. La petición a sus plegarias no tardó en llegar. Recibió una visita inesperada.
-Hola Snape- él no reconoció aquella voz femenina que se resguardaba en la sombra, así que se atrevió a preguntarle:
-¿Quién es? Estaría agradecido si te acercaras, mi vista no anda bien.
-Que rápido te olvidas de las personas, pero no te culpo, es lo que suele pasar cuando se esta totalmente aislado-. Ella se acercó a las rejas, esbozando una sonrisa, concentrando su vista él la miró.
-¡¿Tú?... pero qué haces aquí- exclamó extrañado y con un poco de despreció.
-Sí, "yo". Ya sabía que mi presencia te perturbaría, pero no imagine que fuera a tal grado. No deberías ser tan desconsiderado, después de tanto tiempo soy la única que ha venido a buscarte o ¿me equivoco?- Severus se calmó y meditó cada palabra.
-Es que simplemente de todas las personas, eres aquella a quien menos esperaría. No quise ser descortés.
-Lo sé y sin embargo estoy ante ti, para brindarte la libertad.
-¿La libertad?, ¿de qué hablas? Comienzas a atemorizarme.
-Mis palabras son claras, te sacaré de éste sitio.- el rió.
-Disculpa que me ría, pero me parece algo arriesgado lo que pretendes, tratándose de la más segura prisión del mundo mágico ¿Cómo piensas hacerlo?
-No me subestimes, cuento con los medios necesarios e incluso aquí, la corrupción es vital.
-Y suponiendo que tengas éxito, aún no logro comprender el beneficio que te causará mi libertad.
-Es muy pronto para tocar ese punto. Si no estas convencido puedes pasar el resto de tus días (que a juzgar por tu aspecto no serán muchos) pudriéndote entre éstas paredes, escuchando tus propios lamentos, sufriendo la peor de las soledades, implorando por una muerte rápida, esperando que los buenos recuerdos no te abandonen, porque son la única fortaleza que te mantiene, ¿eso es lo que quieres?
-¿Por qué me dices todo eso?
-Porque yo sé lo que es estar en esté agujero, en tu lugar. Aún siento terror al estar aquí. No creí que volvería, afortunadamente las circunstancias son distintas. No me haz respondido, ¿quieres permanecer aquí?
-No. Comienzo a sentirme tal y como lo describiste.
-Yo te sacaré. Espera una semana, lo único que tienes que hacer es mantenerte con vida y no meterte en problemas. Hasta entonces-. La mujer se dio la vuelta, dando unos pasos, se detuvo cuando Snape le habló.
-Haz el "Juramento Inquebrantable"- ella giró, quedando de frente una vez más- Si quieres que te crea, lo harás.
-No Snape. Vas a tener que confiar en mí, ya te haré cambiar de opinión-. Lo dejó para echar a andar su plan.
