CAPÍTULO 45
Varias semanas habían transcurrido desde la llegada de Severus Snape a la mansión, propiedad de su antiguo rival Nial Mayfair. En tan poco tiempo ya se encontraba acostumbrado a la tranquilidad de aquella ciudad irlandesa, recuperaba su complexión y sus capacidades mágicas. Su humor ondeaba por los cielos, al igual que su sarcasmo, el cual no dudaba en utilizar contra Bellatrix.
Ambas hermanas se ocupaban en ayudarlo. Una amable, paciente, cariñosa; la otra irritable, autoritaria, hiriente. Pero aún así se sentía cómodo y satisfecho, hasta que una noticia le hizo cambiar de parecer.
-Severus, me tengo que ir por algún tiempo, Nial y Draco me esperan.
-¡Narcisa!, no me puedes dejar, no ahora y menos con tu hermana. Tú sabes cuanto me odia, sin ti será capaz de cualquier atrocidad en mi contra- expuso angustiado. Ella rió por la reacción del hombre.
-¿Por qué no vienen ellos?
-Lo lamento, pero tengo que ir a su lado. Respecto a Bella, no te va a comer, aparenta ser dura y estricta, quizá amargada. Date la oportunidad de conocerla, intenta ser su amigo, si eso no funciona, al menos sopórtala como ahora. Me voy en unas horas, quiero irme sabiendo que vas a estar bien- Snape dirigió las palabras a regañadientes.
-Te lo prometo, sólo lo hago por ti. Pero te advierto que si tu hermanita me provoca, no respondo, ni seré piadoso.
-No esperaba menos de ti.
La despedida fue nostálgica, no sabían cuando volverían a verse. La dejaron en el ferrocarril que se alejó a prisa formando ondas de humo por los aires.
En la mansión el ambiente se tensó aún más con el paso de los días, sus pensamientos chocaban, se enojaban, discutían, pero la gota que derramó el vaso fue estimulada por Snape, cuando Bella le pidió que lanzará un "Avada Kedavra" en contra de un perro que paseaba por el huerto.
-¡Anda!, Mátalo.
-No lo voy a hacer, es sólo un animal.
-No veo la complicación. Lo has dicho, "es sólo un animal". No salgas con que te causa remordimientos.
-Puedo hacer el hechizo sin matarlo. Sé dominarlo.
-¡Eres increíble!-dijo con un notable tono de burla. -Asesinas a un mago poderoso como Dumbledore, ¿y te faltan agallas para eliminar a ese animalucho? ¡Cobarde!
-¡No me llames así!, ¡yo no soy un asesino!, sólo protegía a Charlotte. Tú te encuentras resentida con la vida por la muerte de Rodolphus.
-¡Cállate! No hables de él. Y deja de mencionar a esa mujer, que tan sólo nos ha traído desgracias, no eres el único que ha sufrido, no eres el único que ha perdido algo. ¡Yo he tenido que tragarme mi dolor, mi soledad, me estoy consumiendo en mis penas! Y por si fuera poco, perdí mi dignidad como mujer para rescatarte, que idiota, ¿no?- sacó su varita, apuntó- ¡Avada Kedavra!- el canino se desvaneció entre la hierba. -También soy asesina, y no siento nada al hacerlo.
Sumido en el silencio, Snape se conmovió con el argumento de Bella, nunca la había visto en ese estado, ni había planeado algo para ese tipo de ocasión. La situación no podía ser más caótica, pero en ese punto era irreversible. Cuando habló fue demandante.
-Te exijo una explicación de lo sucedido en Azkaban, ¿Qué hiciste para sacarme?
-Cualquiera lo entendería, la corrupción Snape mueve al mundo. Dinero y sexo, sólo eso.
-¿Qué?- preguntó. -¿Tú te acostaste…para sacarme? ¿Con quién? Dime.
-¿Acaso importa? ¡Por Merlín! Si tan sólo soy "la golfa de los Black", así me llamaban en el colegio, ¿no? No te voy a dar nombres, ya ocurrió y aún me avergüenzo, no es algo para presumir o sentirse orgullosa- las cristalinas lágrimas brotaron con dificultad. -Ningún hombre sería capaz de amarme como Rodolphus, él me aceptaba, así que mi resentimiento tiene fundamento. Te prohíbo que lo menciones-. Ambos callaron, ella miró a Snape que había enmudecido, sin dar señal de poder contestar. Se alejó corriendo al interior de la casa para que él no contemplara su desconsuelo.
Severus sintió un nudo en la garganta, no daba crédito a aquello que había escuchado, pero creía en cada sílaba pronunciada, una indescriptible culpa lo invadió, sabía que no era justo, pero no quería actuar precipitadamente. Caminó por el huerto, regresó a la terraza de la casa, se tiró en el sillón doble para pensar en lo qué debía hacer, su mente estaba en blanco, lo cual le enfureció, si pudiera hubiera regresado el tiempo, quería saber quiénes se habían atrevido a abusar de Bellatrix para golpearlos, matarlos, si era posible, ¿Por qué le pasaba todo eso a él?, la pregunta lo atormentaba, más que los suplicios de Azkaban. Pobre mujer, desde que la conocía la antipatía lo persuadió sin darse a la tarea de comprenderla. El odio era el sentimiento más cercano para con ella. Y ahora se sentía miserable, porque esa mujer se había denigrado para ofrecerle una segunda oportunidad.
Se levantó, apretando el puño derecho, descargo su furia sobre la pared más próxima, consiguiendo que brotara un líquido rojizo que se extendió a lo largo de su mano. Sangre y dolor. Le causó un poco de tranquilidad. Se dirigió a la cocina, en donde encontró a Justine, una mujer madura, de cabello abultado y canoso, tez blanca y absoluta amabilidad, dentro de un trajecillo de falda larga y blusa cubierta por un delantal blanco para que curara la herida.
Ella preocupada por la forma en que Bella se había encerrado, negándose a cualquier alimento, actividad o visita, interrogó a Severus con sumo respeto.
-Sé que no debo entrometerme, pero la señorita Lestrange es como mi propia hija y usted provocó ese llanto que la ha abatido, ¿Qué le hizo?
-Es algo complicado, no intencional que quisiera aclarar con ella.
-No creo que quiera recibirlo. Se encerró. No la moleste.
-Sólo voy a hablar. Mi querida Justine, usted tiene la llave de la recámara, puede ayudarme y le aseguró que Bellatrix no llorará más. Por favor-. Lo estudió minuciosamente antes de aceptar.
-De acuerdo, pero si le hace algo, yo misma me encargaré de darle su merecido-. Snape besó las manos de la mujer, que sacó de la bolsa de su falda un par de llaves, le tendió una.
Esperó un rato para dirigirse a la alcoba. El anochecer cayó sobre el paisaje que miraban sus ojos negros, los faroles brillaban como luciérnagas solitarias. Nuevamente bajó a la cocina, Justine se había retirado a dormir, pero encontró una nota y una charola de comida.
Dominó su nerviosismo, ordenó cada idea, cada movimiento y palabra. Silenciosamente irrumpió en la habitación de Bella, iluminada por una débil luz proveniente de una lámpara colocada en el escritorio. No reparó en ningún otro detalle, sólo en ella, que daba la impresión de ser una sombra, aún peor, la sombra de un fantasma, de pie, dando la espalda al ventanal y ahora mirándolo. Él abrió la conversación.
-Justine preparó esto para ti-. Se refería a la comida de la charola, que colocó en el escritorio. -Le preocupas-. Ella lo ignoró.
-Bellatrix yo…- olvido su diálogo.
-¿No crees que ya sabes demasiado? ¿o consideras que no me he humillado lo suficiente ante ti?
-Te equivocas…
-Es mejor que te vayas. Déjalo así-. Él cerró la puerta y la aseguró.
-¡No¡…No hasta que me escuches-. Bella se dio la vuelta, en señal de que aunque hablará, no le haría caso.
-Como quieras, aún así me escucharás. Primero, ¡lo siento!, ¡perdóname!, por no pensar mis palabras en la mañana-. Ella rió por lo bajo.
-Pierdes tu tiempo Snape, no gastes tus disculpas, sólo para acallar tu conciencia.
-Hablé sin razonar. Segundo, me siento fatal, por lo que hiciste en Azkaban, no tenías que hacerlo, no de esa manera. Yo no sé lo que piensan los demás. Al menos yo nunca he creído que seas una golfa, como dijiste. Tercero no podría humillarte, porque me estaría humillando a mi mismo, yo sé lo que es perder a alguien especial, no juzgo tus sentimientos. Simplemente perdóname…Bella-. Sin darse cuenta, la había llamado así por primera vez, esperó respuesta. Tranquilamente ésta surgió.
-Bien, acepto tus disculpas…con sinceridad. Ahora que aclaramos todo, ¿Qué propones? ¿Vivir como si nada hubiera ocurrido?
-Estamos…vamos a pasar mucho tiempo juntos y hemos estado solos, es momento para comenzar a amar de nuevo-. Ella lo miró impresionada.
-Insinúas que tú y yo deberíamos…-él asintió. -No Snape, no funcionaría.
-¡Podemos intentarlo! No te voy a lastimar, ¡Basta de vivir en el pasado!
-Creo que deberías ordenar tu mente, es una locura lo que propones. Lo más descabellado que te he oído decir desde que te conozco.
-Ambos nos necesitamos, reflexiónalo y te darás cuenta de que es la única solución. Te dejo, pero te estaré esperando.
Al salir un ligero temblor le penetró en el cuerpo. Estaba nervioso, pero no se arrepentía de lo que había dicho, lo sintió, lo necesitaba. Se quitó la ropa y entró en su cama, sin poder conciliar el sueño, cada minuto le pareció sofocante, inútil, porque no lo compartía con alguien. Terminó por levantarse y abrir la ventana para tomar aire. Atento al majestuoso sonido nocturno, apenas se percató de que recibía un abrazó por detrás y la frase que lo liberaba de su sufrimiento:
-Yo también te necesito.
CAPÍTULO 46
Del odio habían pasado al amor, al mutuo entendimiento. Solían reírse de esa situación. Cada vez que intentaban preparar una poción o practicar un hechizo, lo olvidaban para entretenerse y perderse con el goce que les proporcionaba la fricción de sus labios, o recostados en la hamaca de la terraza. La discusión que siempre surgía era la decisión de la habitación en la cual dormirían.
Snape no deseaba presionar a Bella para que se entregará, comprendía cada mal momento que le habían hecho pasar otros hombres, pero él era paciente, si bien su relación apenas comenzaba, tenía fe en mantenerla, en acrecentar esa atracción y convertirla en pasión. No podía estar equivocado, era la mujer que lo motivaba a creer en los milagros amorosos, a la que daría felicidad y cumpliría cualquier deseo. Por su parte Bellatrix intentaba expresar sus sentimientos, sin involucrar sus recuerdos por Rodolphus. Era fría y le costaba desprenderse de esa personalidad, cuando lo lograba era excesivamente tierna, cayendo a lo empalagoso. Muy parecida en ese aspecto a Narcisa, probablemente una imitación de su hermana.
-Cielo, ya recibí la carta de Cissy, se encuentra dichosa y saludable, aún no planea una fecha de regreso.
-Que mal, quisiera verla, ¿no dice nada sobre nuestro romance? ¿Se lo mencionaste?
-Por supuesto…dice que no lo puede creer, piensa que te embruje y que si te hago daño, dejará de hablarme.
-Es la fama que te has ganado. Estoy de acuerdo con ella, me has hechizado. Tus ojos me elevan a las estrellas brillantes, tu cabello es el velo que me envuelve en el ensueño de los amantes de Verona, tu sonrisa es el amanecer que me invita a permanecer a tu lado, tu cuerpo es la gloria por la cual mantengo la valentía.
-¿Cuándo te convertiste en poeta?
-Desde que estoy contigo.- dijo serio- Tú eres mi inspiración.
-¿En verdad? No te creo, porque… ¿me vas a decir que nunca le recitabas a la mocosa de Charlotte? No soy tan ingenua como para creerte. En serio, confía en mi amor, no me pondré celosa.
-Esa mujer, era la perdición para cualquiera, podía llevarte al cielo o sumergirte en el mismísimo infierno. Siempre intenté cumplir sus caprichos y ser afectivo, no sé si lo hice bien, quizá fracasé. En alguna ocasión sí le recite, cuando creí que había muerto. No recuerdo alguna otra vez, también la odie, le tuve rencor, la maldije, la amenace…
-Sí y la amaste.
-Sí también eso.
¿O la amas, aún después de muerta?
-Ha pasado un año y medio, poco más. La vi morir, la tuve entre mis brazos cuando sucedió. No sé que sentir, porque quiero olvidarla, sé que debo, que es lo mejor, pero tengo éste brazalete,- lo mostró a su compañera- que me la recuerda a cada hora.
-Yo haré que la olvides, porque no quiero verte triste. Ella ya debe ser polvo, cenizas. Ya no te tortures, te empeñas tanto en que éste viva, cuando tan sólo fue un soplo en ti, no te obsesiones con lo extinto. Sería ridículo que estuviera con vida, salió en la prensa, muchos fueron a su funeral, nadie tiene la capacidad para sobrevivir a un hechizo de Dumbledore, talvez ni el mismo Señor Tenebroso.
-Tienes razón, es bueno desahogarse, así será más fácil. Tú quieres contarme sobre Rodolphus.
-En realidad no hay mucho que contar, siempre fue fiel, amoroso, a pesar de que no pudimos tener hijos, me respetaba. Tuvimos problemas, al principio, yo era muy celosa y joven, pero he cambiado. Dos años de noviazgo, nueve de matrimonio, dos de viuda, dejan una huella muy profunda, más allá de lo visible. Pero estoy lista y dispuesta para continuar, tú me enseñaste que la vida no se detiene, es verdad, aquí estamos, juntos, quién lo diría.
-Bella, tengo miedo de no amarte como mereces, como lo hizo Rodolphus, que tal si una mañana me levanto y me siento vacío o pienso que esto sólo ha sido una mentira.
-Es muy poco tiempo para que me ames, pero si nunca logras hacerlo, quiero que seas sincero, no mientas. Bien, mientras eso ocurre puedes besarme, lentamente, delicadamente, sólo como tú sabes.
Disfrutaban cada instante, sin sentirse hostigados, aprendían a conocerse, a disipar sus diferencias, se hablaban con honestidad sobre las virtudes y defectos del otro, sobre su arreglo personal, lo cual les había brindado un nuevo aspecto, ella lucía delgada, con una silueta bien definida, un poco de rubor que le daba realce a su rostro; a su cabello negro le brindo un cuidado especial para sacarle brillo, por la noches Snape lo cepillaba, le gustaba sentir la sedosidad, enredar sus dedos en la cabellera, oler el dulce aroma a rosas. Por su parte él se encontraba en un excelente estado físico, como si nunca hubiera estado en prisión. Su cabello optó por recogerlo en una coleta, en ocasiones un mechón rebelde se escapaba cayendo en su frente. Otro cambio que ambos acordaron fue el de su vestuario. Bellatrix, a pesar de su carácter, cambio a vestidos largos con mayor colorido, ajustados en la cintura y busto, zapatos de tacón; Snape adquirió distintos trajes oscuros, levitas, capas de gala, camisas, zapatos, zapatos que combinaran y un par de corbatas. Una cantidad exagerada de galeones en cada prenda, a cuenta de la mujer, ya que Snape no podía sacar dinero del Banco Gringotts, él prometió pagarle, aunque a ella no le interesaba eso.
-Querido, ¿tú también lo sentiste?
-Sí- se alzó la manga de la camisa blanca. -Comienza a ser evidente, el dolor es leve, pero se intensificará. Se acerca el momento.
-Los mortífagos de nuevo juntos. Harry Potter es el siguiente, aunque no más sencillo, pobrecillo- esbozo una mueca de malevolencia. -Sabes en la "Casa Negra del Diablo", si, ahí iremos, no tendremos la oportunidad de estar tan juntos.
-¿Eso quiere decir?
-Que estoy dispuesta, quiero que hagamos el amor, has demostrado ser paciente, me has apoyado. Quiero hacerlo, ahora- él sonrió complacido y conquistador.
-Tus deseos son órdenes-. Se tomaron de las manos y subieron a la recámara de él, sin encender la luz, abrieron las cortinas, con los rayos lunares sobre sus rostros, era suficiente, se agregaba un misticismo, una ola de intenso romanticismo, por descubrir el cuerpo desnudo del otro, el estremecimiento del contacto físico, la entrega total, los latidos persistentes, los suspiros anhelantes, los ojos cerrados para sentir, para experimentar una nueva forma de amor con un ser distinto.
La piel despojada de su vestimenta material, invitando al abrazo, al aumento de temperatura, a los besos desprevenidos y al roce sutil, pero desesperado.
Conectando el presente con el futuro, olvidando la tortura de la soledad. Las suplicas por más y más calor. El sudor corría desde la frente, disminuyendo en el pecho disponible para descansar, para degustar la melodía del corazón, para acurrucarse en la calma, desvanecerse ante el placer concluyente.
Bella dormía apaciblemente, con un camisón de seda púrpura. La había deleitado tanto que el cansancio la venció rápidamente. Snape había tardado un poco más, cuando lo logró, creyó que alcanzaría la quietud, pero aún en su sueño la tormenta le invadió.
Escuchó un susurro que lo llamaba, por desgracia reconocía la voz y no podía resistirse a ella.
-Severus, despierta- él obedecía-. Ven conmigo
-No, nunca más, ya no te amo.
-No te engañes y admite que me amas, mis labios pueden volver a ser tuyos ¿no los deseas?
-Charlotte no hagas esto, tú estas muerta, eres un fantasma y estoy soñando. Me estoy volviendo loco.
-Sí, por mí, porque me amas y no puedes tenerme, tú me enviaste con otro- su voz era fría y cínica. -Tú castigo, te duele, ¿verdad?
-No sigas, por favor, no me hieras más.
-Me alegra hacerte daño, te voy a destruir, porque cuando yo te amé, cuando creí que podía ser feliz, cuando me entregaba a ti, cuando intenté cambiar para ti, porque íbamos a formar una familia, me traicionaste. No has pagado lo suficiente, no has derramado las lágrimas necesarias. La venganza aún no comienza.
-Tú no comprendes, los brazaletes son inofensivos, el Ministerio me lo dijo, lo decidieron así.
-¡Mentira! Son poderosos, ya lo descubrirás. Adiós.
-¡Espera!
Un dolor ardiente lo despertó, no era la marca tenebrosa, sino su brazalete. Estaba empapado, sudando, su respiración agitada. Prefirió no despertar a Bella. Alterado reflexionó sobre el significado de ese sueño ¿o era pesadilla? ¿Y si era una premonición? ¿Y si Charlotte estaba viva? ¿Estaba alucinando y realmente se estaba volviendo loco?
-Severus, ¿estás listo?
-¿De qué estás hablando?
-Últimamente estás distraído, como ausente no me haces caso, ¿te encuentras bien?
-Sí, cansado, me cuesta dormir, tengo malos sueños. Pero me hiciste una pregunta, estoy listo ¿para qué?
-Para irnos a la "Casa Negra del Diablo"
-¿Tan pronto" ¿Cómo sabes que ya es el momento?
-La marca esta totalmente visible, deberías saberlo, además más vale ser los primeros. Así que prepara tus cosas. Nos vamos.
Cuando estuvieron preparados se encaminaron a su destino.
