CAPÍTULO 47
Cuando arribaron no encontraron a nadie, efectivamente fueron los primeros. Snape un poco tímido, cauteloso, conocía los refugios de los mortífagos, pero ese le era secreto, no le habían informado por creerlo un traidor. La idea de pedir disculpas a Voldemort no era tan tormentosa como recuperar la aceptación de los mortífagos y un inevitable reencuentro con Lucius. Su único consuelo era Bella que no lo dejaba solo, lo alentaba, le daba consejos sobre cómo reaccionar, qué decir, cómo comportarse, abogaría a su favor, ante el Señor Tenebroso que confiaba en ella, le pediría que la sentencia fuera mínima o nula.
Se instalaron en una alcoba con un pergamino que decía "Bellatrix Lestrange" sobre la puerta. Recorrieron la mansión, volvieron a sus aposentos, se encerraron, bañaron, vistieron elegantemente, a la par que escuchaban movimiento de pasos, susurros, grititos. Sus compañeros llegaban como si se tratara de un hotel. Acordarían el plan, esperanzados en una victoria más, conseguirían el poder para reinar sobre el mundo mágico. Todo el sentimiento negativo, la magia negra, el terror, la tempestad, se encontraba reunida en un mismo lugar.
Lord Voldemort recibía a cada uno de sus adeptos, cuando llegó Lucius Malfoy y éste se hubo arrodillado; le tendió el brazo parle un apretón, demostrando su buen humor por los logros obtenidos en los últimos meses. Comenzaron una breve charla.
-¿Cómo la has pasado?- preguntó el líder.
-Momentos de satisfacción, otros tensos y complicados.
-Y tu triunfo personal ¿lo has conseguido?
-No por completo, logré convencerla para casarnos, pero no hemos podido concebir un retoño. Hemos intentado por un año y nada. Es una cuestión que ha generado problemas, claro que he podido controlarlos. No la comprendo. Se enoja, no me habla, no quiere estar a mi lado, dice que me detesta y yo tan sólo le doy mi amor, la consiento, le doy lo que desea.
-No te preocupes, hablaré con ella, ¿Dónde está?
-En los jardines, no creo que tarde. Agradezco todo lo que mi Lord hace por éste, su humilde súbdito.
-Sí, sí, yo me encargaré…es verdad lo que mis ojos miran-. Bella aparecía radiante, aproximándose con su nueva imagen, impactando a los presentes. Lucius tampoco pudo dejar de asombrarse.
-Vaya, vaya. Te has transformado, quién diría que dentro de ti había una princesita escondida.
-Hola Lucius. Creo que yo debo felicitarte más a ti, te ves muy bien, además conservas tu humor después de perder a tu amante. Eso es de admirar.
-No quisiera ser el causante de desvanecer tu sonrisa, si te refieres a Charlotte, pues ella…- la mujer apareció como si la hubieran invocado. Cabizbaja, pero preciosa como siempre, enfundada en una falda blanca por encima de sus rodillas, una ajustada blusa turquesa de manga larga, zapatillas blancas, una tiara de piedras preciosas en el cabello recogido, castaño y rizado. Intentó pasar desapercibida, pero era imposible. El grito de Bella la hizo voltear.
-¡No es posible! ¡Deberías estar muerta!
-Debería, pero no lo estoy- no se intimidó ante la fulminante mirada de su enemiga, que no contaba con encontrarla viva.
-¿Qué hiciste? ¿Cómo? Nadie puede sobrevivir a un hechizo de Dumbledore, lo sabes, ¡Confiésalo!
-Es mi poder, ¿Por qué habría de compartirlo? Y sobretodo ¿Por qué te lo diría a ti? No soy estúpida. Y…- examinó a la mujer arriba hasta abajo, varias ocasiones. -me impresiona tu cambio, no te miento, luces linda.
-No te burles de mí, quizá nunca llegué a verme tan majestuosa como tú, eres una pieza de arte. Sólo te digo que el amor cambia a las personas.
-¿Amor? ¿Acaso tienes novio?
-Así es, lo traje conmigo.
-¿Y dónde está?- se apresuró a intervenir Lucius.
-Iré por él. Sé que les fascinará-. Bella perdió momentáneamente su auto confianza, siempre había estado convencida del fallecimiento de Charlotte. ¿Qué pasaría cuando Snape la viera? tenía miedo de que pudiera recaer y la abandonara.
-¿Cómo te fue?- dijo Severus al verla un poco pálida.
-¡Ella esta viva!
-Ya me temía algo así.
-¿En verdad?, lo dices tan tranquilo, como si lo supieras de siempre.
-Era cuestión de tiempo averiguarlo, lo presentía, los brazaletes funcionan. No hay otra respuesta.
-¿Y qué harás? Vas a dejarme para correr a su lado. Deberías despreciarla.
-Cariño- la abrazó. - no adelantes conclusiones. Sé lo que tengo que hacer. Recuerdo perfectamente cuánto me han hecho sufrir y también tengo presente quiénes no han pagado el mismo precio que yo. No te dejaré, porque te quiero- le plantó un beso y salieron rumbo a la sala principal.
Lucius trataba de razonar con su esposa, mientras ella lo ignoraba, pero dejó que la sostuviera cuando sintió que se desmayaba al ver a Snape. El mundo se le caía. Algunos recuerdos cruzaron por su mente, las palabras no pudieron surgir.
-¿Qué significa esto Bella?- preguntó Voldemort.
-Es mi novio. Creo que la presentación no es necesaria. Lo conocen a la perfección, al igual que él a cada uno de ustedes. Pero no sean maleducados denle la bienvenida.
-¡Que insolencia la tuya! Él debería estar en prisión, es un asesino y lo llamas ¿tu novio? Eso no es lo que me sorprende, pues, a pesar de su cambio físico, no pueden aspirar a algo mejor. Tú Severus, no puedes otorgarle una vida cómoda y tu Bellatrix, te estás volviendo vieja, puedes ocultarlo, pero no negarlo. En fin, lo importante es que él, es un traidor, no podemos confiarnos, ¡Que se vaya!- sentencio Malfoy.
-¡Tú no tienes derecho para exigir!- protestó Bella. -Mi Señor, yo sé que usted tomará la decisión correcta. Severus hablará personalmente, si lo desea. Yo pongo las manos al fuego por él.
-¿Estas suplicando a su favor?- soltó Charlotte.
-Es lo que una mujer hace cuando se encuentra enamorada, quizá tú no sepas de esa sensación, porque te la pasas de hombre en hombre.
-¡No voy a permitir que le faltes el respeto a mi esposa! ¡Discúlpate, Bellatrix!
-Con que se casaron, y en cuánto tiempo la botarás, no creo que dures dieciséis años como con Narcisa.
-Ese no es asunto tuyo. Ocúpate de mantener alejado a tu "novio"…
-No tienes de que preocuparte- interrumpió Severus. -La francesita, o sea, tu "esposa" no significa nada para mí, cómo podría, me causa repulsión su alma podrida, sus ojos vacíos, su hipócrita vanidad, su rostro de ángel escondiendo a una arpía.
-¿Eso es lo qué piensas de mí?- dijo la ofendida con ojos cristalinos, mientras él asintió. - Pues yo te puedo decir la basura que eres para mí…
-¡Basta ya!- gritó Voldemort. -Somos una hermandad, les guste o no, los mortífagos no se detendrán por sus problemas amorosos. Severus y Bellatrix síganme, hablaré con ustedes en privado. Lucius y Charlotte vayan a instalarse.
-Yo no me quedaré en esté lugar, no si ellos lo hacen.
-No tienes derecho a opinar, te quedas y ya. Lo he decidido.
-¿Desde cuándo decides por mi? Yo hago lo que me plazca.
-¡Soy tu marido! Tu deber es permanecer a mi lado y acatar mis decisiones, una y otra vez he soportado tus caprichos, pero aquí mando yo-. Charlotte decidió no responderle, ya se las arreglaría. Tocaron a la puerta, era Colagusano.
-Sr. Malfoy- hizo una reverencia -el amo ha concedido el perdón a Snape, él se podrá quedar.
-¡Maldición! Retírate Colagusano- azotó la puerta.
-¿Algún problema querido?- se burló.
-Será mejor si guardas silencio. Así como no me afecta, tampoco debería a ti. Puesto que estamos casados, me amas y yo te amo. Por el bien de todos, compórtate.
CAPÍTULO 48
Nadie lo sabía, pero las palabras de Snape le habían dolido a Charlotte, profundamente, su orgullo estaba quebrado, lloraba en silencio, porque no permitiría que la vieran derramar una sola lágrima. No quería admitirlo, lo más angustioso: pensar en que Bellatrix, su rival, era la actual dueña de su antiguo amor. Recordaba que había sido amenazada y al mismo tiempo que ella prometió no sentirse afectada, mentira. Bella había encontrado el instrumento perfecto para vengarse.
Guerra. No los dejaría ser dichosos, se la pagarían por burlarse de ella. Sí, la guerra le parecía tan atractiva, tan sublime, precisa y eficaz. Antes de comenzar con su ofensiva, le era necesario hacer las paces con Lucius.
-Cielo, te he mencionado cuánto te amo. Sí lo sabes, ¿verdad?
-¿Desde cuándo te dignas a hablarme? Llegamos hace tres días y lo único que has hecho es quejarte, estar de malas, y no dirigirme la palabra. Eres tan voluble. Pero sé que el Señor Tenebroso te persuadió para tratar de componer las cosas, ¿no es así?
-Me dio recomendaciones, es muy sabio. Pero no es por lo que me dijo que estoy aquí. Quiero estar bien contigo, por nuestro matrimonio. Yo admito que soy incomprensiva, que te hago pasar malos momentos, voy a cambiar, te necesito ahora más que nunca. Quiero cada beso, que sonrías…perdóname, absuélveme de mi comportamiento tan infundado y absurdo.
-Júrame que no sientes nada por Snape y yo olvidaré lo que ha sucedido en las últimas semanas.
-¿No confías en mí?
-Confio tanto, que sé que mi petición es nada para ti.
-Para Snape no hay ni un pedacito de mi corazón, como lo hay para ti, tú eres el que está conmigo, no él. Lo importante es mantenernos unidos, debemos cumplir los deseos del amo. Que te parece si olvidamos los malentendidos, el pasado, inclusive deberías reconciliarte con Severus.
-¿Te gustaría que lo hiciera? Después de lo que dijo sobre ti.
-Por supuesto, he madurado, podemos vivir en comunión.
-Cuando lo vea hablaré con él, quizá también con Bellatrix.
-Lucius…gracias. Te amo-. Culminaron con un abrazo, al cual prosiguió un beso tierno, con sabor a tranquilidad y a una primera victoria.
A Lucius no le agradaba la idea de rehacer su amistad con Snape, pero si era lo que Charlotte deseaba, sabía que su recompensa sería muy grata, su oportunidad para persistir en un hijo. La humillación duraría algunos cuantos minutos. Cuando estuvieron de frente se miraron con odio, con deseos de sacarlo por medio de los puños contra el rostro del otro, anteriormente la táctica les había funcionado. La formación de Lucius le llevó a utilizar su más refinada e hipócrita cortesía:
-Severus, dejemos los rencores y volvamos a ser camaradas, como en el colegio.
-No sé, es difícil ignorar lo sucedido. No esperaba ésta actitud por tu parte. Tengo muchas interrogantes.
-Sí, por supuesto, aunque sólo hay una respuesta posible, Charlotte y yo estamos casados. Bella y tú se ven a gusto. No hay por qué odiarnos, ni por qué ser contrincantes, a menos que aún desees a mi esposa, pero por la forma en que la insultaste, veo que la has olvidado, así que ya lo pasado…pasado-. Le tendió la mano derecha. Snape meditó, decidió responder a la falsedad y estrechó la mano.
-Bien, que así sea.
-Buena decisión, mi amigo.
-¿Qué sucede?- terció Bellatrix, asqueada con la escena. -Explícame que es lo qué significa esto, querido.
-Una nueva era. De perdón y concilio- respondió Lucius.
-Sí, como no- dijo sarcástica. -¿Quién te nombro embajador de la buena voluntad? ¿Cómo te beneficiaras?
-Lo único que quiero es el triunfo del Señor Tenebroso, sé que tú deseas lo mismo. Para lograrlo hay que olvidar las diferencias.
-No te creo, mentiroso. Lo descubriré. Anda con cuidado, se sigiloso con tus palabras, con cada paso que des, cada movimiento y mirada, porque podrías delatarte y yo estaré ahí para refutártelo. Te recuerdo que me las debes. A mí y Narcisa, por cierto ni creas que le afectan tus nupcias, te manda felicitaciones, y dice que cuando te separes, no intentes buscarla o pedirle perdón, puesto que ya no estará disponible, Nial Mayfair, sí, el guapo y millonario, le pidió matrimonio. Por supuesto que aceptó y no tiene tiempo de venir a darte por si misma los buenos deseos o debería decir ¿las condolencias?
Snape estaba convencido de que Charlotte manipulaba a Lucius. Ella lo evitaba, prefería mantenerse encerrada o en compañía de su marido. Hasta el momento inevitable en que fue confrontada. Acorralada en el invernadero en ruinas que nadie visitaba, a excepción de ella, intentaba reconstruirlo. En ese momento el suelo estaba inundado con decenas de macetas de plantas exóticas y flores que emanaban un delicioso perfume, esperando su turno para ser cultivadas.
-No entiendo tu obsesión por está clase de lugares.
-Nunca nadie la entenderá. Sé que no vienes a eso. Solo y sin tu mujercita, que milagro que te deja libre- murmuró.
-¿Celosa?
-De esa copia barata de mí, nunca. Hace su esfuerzo.
-Estarás enterada de que Lucius me buscó, ahora somos amigos…
-Genial
-En cambio tú me evades. Me vi obligado a hallarte, así que debo aprovechar antes de que vuelvas a tu guarida. Veo que has recuperado tus joyas.
-Sí, pero tu precioso y maldito brazalete las opaca.
-No quiero discutir contigo por el mismo motivo. Puedes vivir con la idea de que te regalé el brazalete a propósito, nunca fue así. Aún ignoró su verdadero poder. Estoy más interesado en saber cómo es que sobreviviste aquella noche.
-No sé a qué te refieres, ¿A dónde quieres llegar?
-Te encanta hacerte la occisa. Me vas a dar respuestas o revelaré nuestro secretito.
-¿Me amenazas? No te considero capaz, a menos que encuentres satisfactoria la idea de que todos se enteren de tu cobardía.
-¡Estuve en Azkaban! ¡Pude morir! No sabes lo que significa estar tras esos muros, volviéndome loco, estando desesperado, imaginando que cualquier segundo podía ser el último.
-Puedo ver que aún continúas en tu papel de santo. ¿Debo llamarte San Snape o Santo Severus? Fue lo que elegiste. Pudiste revelar la verdad al Ministerio y evitarte tu aburrido sufrimiento.
-No podía hacerlo, te amaba. Todo apuntaba en mi contra.
-¡Entonces no me culpes! Es bastante con saber que me desprecias, que te causo repulsión. Lo dejaste muy claro.
-Es la verdad, no creí que te importaría. Veo que me equivoqué, me amas, lo veo en tus ojos. ¡Deja esas flores y mírame!
-Yo amo a Lucius, por eso me casé con él. Tus palabras me lastiman, porque cambié por ti, no lo contradigas. Déjame, no me hagas recordar tu traición.
-No te confundas, te casaste por despecho, no por amor. Vives en una gran mentira. No puedo creer que lo hicieras, desististe dos veces. Me abandonaste cuando nuestra boda hubiera sido hermosa, como la planeamos, juntos.
-Pues la tercera era la vencida, yo he vivido más tiempo con Lucius, tuve en mi vientre un hijo de él, esa sensación fue la más divina. Después de lo que soportó, de aceptarme con mis errores, de brindarme su amor y su compañía. Era natural que nos casáramos.
-Yo te di eso y más. Me pagaste con tu desprecio y abandono, me humillaste. Te perdoné cada palabra hiriente, cada gesto de odio, tus mentiras, que tuvieras amantes.
-El único amante (al cual me arrojaste) fue Lucius y no me arrepiento, porque es el amor de mi vida. ¡Traidor, cobarde!- lo empujó con ambas manos haciendo que se tambaleará.
-¡Contrólate! O te controló yo.
-Que guapo te vez (no te lo había dicho) con tu cabello recogido, tu ropa elegante, esa voz sensual riñéndome, retándome, la extrañé- le acarició la mejilla, pasando sus dedos por los labios de Snape.
-¡Bésame!- le susurró. Él no entendía ese cambio tan repentino. Sin pensarlo se acercó, el brazalete ardía al igual que su deseo por poseerla. Sintió el cálido aliento, un tímido suspiro, los rizos de Charlotte sobre su cara, el leve roce de sus bocas por una milésima de segundo, hasta que ella lo rechazó.
-Que fácil es engañarte- dijo cínica. -Qué te hizo pensar que sería tan sencillo- lanzó una carcajada, se estaba divirtiendo. -No te das cuenta de qué juego al gato y al ratón, creo que no es necesario decirte que tú eres la víctima.
-¡Desgraciada! No has cambiado en nada. ¡Dime cómo sobreviviste! Antes de que pierda la paciencia, no quisiera golpearte.
-No lo harías, te faltan agallas. Eres todo un caballero.
-Se me olvidaba que hacerte la muerta era una de tus aficiones.
-Así como la tuya es quejarte. Lo mejor que puedes hacer es dejar de ser tan estúpido. No llegaras a ningún lado de esa manera, ni revolcándote con Bellatrix.
-Te estás extralimitando, y no me voy a quedar de brazos cruzados. No sé qué haré, pero vas a sufrir y vas a rogar, entonces yo voy a reírme en tu carita, dulzura. Como nunca antes, seré un hombre dichoso. Y aunque no te parezca, cuando salga de aquí voy a "revolcarme" con Bella, es excelente en la cama, llena de experiencia y vigor. Deberías pedirle clases.
-Yo no tomó consejos, menos los tuyos. Por favor, no seas piadoso, no dudes en utilizar lo peor de ti. Porque yo tengo la intención de destruirte. Ya veremos quién de los dos pierde más-. Antes de salir Snape alzó unas cuantas flores, violetas específicamente, las comprimió entre sus manos y las lanzó al rostro de Charlotte.
-¿Así o menos piadoso? Maldita arpía.
Con ese acto comenzaba una guerra, de la cual sólo ellos sabían y cuyas consecuencias ignoraban.
