CAPÍTULO 49

Después de lo sucedido en el invernadero, Charlotte se transformó en la esposa perfecta, le daba la razón a Lucius, no le discutía nada, le trataba con todo el cariño posible, satisfaciendo cada una de las peticiones de su marido, sorprendiéndolo con minuciosos y encantadores detalles, como el desayuno al despertar, lo tomaba de la mano en cualquier oportunidad o le brindaba besos inesperados, que se intensificaban en público, preferentemente si los espectadores eran Bella y Snape; que ante la ardiente furia que sentía por esas escenas de "matrimonio feliz" fingía como actor profesional: indiferencia. Contraatacando de la misma forma, aunque al repertorio había añadido otros trucos igual de eficientes. Sin motivo en especial tomaba a Bellatrix por la cintura, tarareaba alguna canción enamorada y bailaban ante los demás o la cargaba para llevarla a la recámara. Charlotte se limitaba a mirar y esbozar una sonrisa que daba a entender que le parecía una vil ridiculez. Ridiculez, que por cierto, Snape nunca intentó con ella, ni siquiera cuando la relación marchaba de maravilla. Eso era sólo el comienzo.

El grupo masculino planeaba la captura de Harry Potter y su enfrentamiento con la legendaria Orden del Fénix, pero al mismo tiempo tomaban pausas y hablaban sobre sus mujeres. Siendo Lotte y Bella, aquellas que robaban el tema de la conversación.

-En verdad Snape, no se que le hiciste, pero Bella se ha convertido en una persona amable, risueña- comentó Evan Rosier.

-Ella es así, sólo que es difícil de entender. Aquí el experto en dominar y transformar mujeres es Lucius, que ha convertido a Charlotte en una damita sumisa. Cuéntanos, cuál es el secreto.

-Me halagas, he de decir que no se trata de secretos, simplemente es de dejar en claro quién es el que manda, por supuesto que complazco sus exigencias y caprichitos, no hay más. Funciona. Cuando despierto y la veo dormir me considero afortunado de tenerla, de saber que me necesita, que puedo hacer que se sienta segura, de que confié en mí y lo más importante de ser el hombre que centró su vida, el pilar de su futuro.

-¿Te lo dijo ella o eso te hace creer?- espetó Snape bruscamente.

-Mi aliado, no debes dudar de las mujeres, por más daño que te hayan causado. Cuando el amor te llega, no se le interroga, se le invita a pasar.

-Que inspirador. Nos robaron al Lucius Malfoy de antaño. Te doblegaste ante los encantos de una niña. Eso es, quizá, más riesgoso que enfrentarte a la furia del amo- opinó Alecto.

-En eso te equivocas, ya era mayor cuando la conocí, no la obligue a nada, sucedió y nos enamoramos, pero la tengo controlada. El destino lo decidió, así como el de Snape era Bellatrix y no mi Carlota. Eso lo comprende él, ¿verdad?

-Así es, tal para cual. Sin resentimientos.

Los preparativos llegaron a su fin sólo había que esperar el momento para atacar. El que no se detuvo fue Severus que envió una nota anónima a Charlotte, "Tengo una sorpresa para ti. Jardín trasero, una hora antes de la medianoche". Ingenuamente la chica creyó que se trataba de alguna locura romántica de Lucius, ya que su comportamiento no era el usual, quizá le diría algo importante, no lo sabía, ni le preocupaba.

Se arregló para la velada que parecía ser prometedora. Un fabuloso vestido rojo que caía en vaporosas capas que bailoteaban al ritmo del aire, una mascada alrededor de su cuello, zapatillas blancas y una infaltable tiara (regalo de Lucius) sobre el cabello suelto, un delicado toque de maquillaje y labial cereza. Dispuesta a ser besada, a provocar los más ocultos deseos de su esposo. Se apresuró entre los oscuros pasillos, conocía el camino de memoria. Al llegar el silencio era absoluto, casi sepulcral.

-¿Lucius? ¿Querido, dónde estas?- no hubo respuesta, ni un murmullo. Charlotte miró, buscando una señal, encontró otra nota sobre un árbol seco, "Mira por la ventana". De repente una débil luz se encendió. Se acercó. La ventana estaba cerrada, pero con las cortinas sujetas con un lazo, que dejaba vislumbrar lo que ocurría al interior. Se quedó paralizada al posar sus ojos en la habitación.

Snape abrazaba a Bellatrix, susurrándole al oído, ella reía, atrayendo delicadamente con sus manos el rostro de su pareja, lo besaba; él desató su cabello y se agacho cerrando los ojos, aferrándose a la tela del vestido. Se encontraba excitado, como nunca lo había visto Charlotte; acarició las manos, la cintura, subió hasta el pecho, se detuvo en el cuello para saborearlo, apartó la cabellera negra para desabrochar la ropa que ya era enfadosa, ésta cayó sin dificultad, sus cuerpos una vez más, desnudos, despiertos a la sensualidad, al calor. La mirada de Snape se cruzó con la de su observadora, que por alguna extraña razón no se había marchado, aunque sus deseos de correr, de no seguir presenciando aquello, (que le parecía una crueldad) eran ilimitados. Revisó la nota, leyó otro fragmento: "¿Disfrutas lo que ves? ¿Puedes soportarlo? ¿Desearías estar a mi lado?". Una sonrisa malévola surgió del rostro de Snape, gozaba el momento, percibía el temor, los celos, la angustia, la desesperación de la joven, mientras hacia gemir a Bella, ya recostada en la cama. Una y otra vez, sus labios forjaban contacto, sus manos iban explorando el cuerpo tibio del otro. Se envolvieron en las sábanas, al término del acto. Al salir de su ensimismamiento Charlotte rompió en llanto, huyó hasta llegar a su habitación. Entró, había perdido la noción del tiempo. Se arrojó a los brazos protectores de Lucius, que no tardó en invadirla de preguntas.

-¿Dónde estabas? ¿Por qué lloras? ¿Qué te pasó? ¿Qué haces vestida así?- guardó silencio hasta que la reconfortó completamente. Él mismo le preparó un té tranquilizante, se sentó a su lado, pasando sus extremidades por los hombros, a la par que ella bebía.

-¿Quieres decirme algo? Ese llanto no es normal en ti.

-Es sólo que estoy sensible- mintió -recordé al angelito que no pudimos tener…tonterías femeninas, no me hagas caso, no te preocupes voy a estar bien. Necesito dormir, por favor, abrázame ésta noche.

Poco más de una semana transcurrió para que Charlotte se decidiera a abandonar sus aposentos. Se reunió en el salón principal, en donde algunos mortífagos platicaban sentados ante el gran comedor negro. Ocupó su lugar a la derecha de Lucius, con un semblante serio, pasiva. Desde su sitio podía ver claramente a Snape y Bella, acurrucados en un silloncito arrinconado.

Voldemort daba instrucciones, para su misión, pero Charlotte no lo escuchaba, sus pensamientos se concentraban en Snape, trataba de olvidarlo, de imaginar cualquier otra cosa, de poner atención al discurso del Señor Tenebroso, pero su impulso fue mayor.

-¡Alto!- gritó, golpeando la mesa con las palmas de su mano. Los presentes la miraron extrañados. Se puso de pie, dándose cuenta de su impertinencia, que ahora era irreversible. Lucius se mostraba molesto, pero no hizo nada. Ella se sonrojo al ser el punto donde se concentraba la curiosidad.

-Yo…yo tengo que decir algo importante…a ti Lucius-. Snape dibujó un gesto victorioso, pensaba: "Sí, dile que no lo amas, que lo has engañado, que me anhelas a mí, díselo Charlotte…"

-Lucius- su voz denotaba nerviosismo. -Yo estoy…embarazada.

Hubo diversas reacciones de los asistentes: algunos permanecieron callados, Voldemort se tiró a su silla, Lucius se levantó, miró a la chica y la estrechó con fuerza, mientras le decía:

-¡Oh, mi amor! Es lo mejor que podías decir, que dicha es la que me has dado, mi divina princesa. Charlotte le besó. Se separaron para recibir algunas albricias.

A Bella le sucedieron dos cosas: sintió enojo por lo que pudiera pensar su hermana, aunque sentía regocijo, ya que un hijo cerraba cualquier posibilidad de reconciliación con Severus. Se aproximó a la joven para felicitarla, pero Lotte puso su distancia.

-Agradecería que no te acercaras, confio en tus buenas intenciones.

Severus no se había movido, estaba ido, como en trance, hasta que Lucius le habló:

-Mi amigo, ven a nuestro lado, queremos oír tus congratulaciones, hay que festejar.

Primeramente se aproximó al hombre rubio y lo estrechó, deseándole infinita prosperidad, aunque no era franco al expresarse.

Luego fue hacía Charlotte, que se había alejado del grupo, nadie les prestaba atención. Ella lo rodeó para decirle algo al oído:

-¿Disfrutas la noticia? ¿Puedes soportarlo? ¿Desearías ser el padre?- ironizando (devolviéndole una cucharada de su propio veneno) con las palabras de la nota que él le había dejado en el jardín trasero.