CAPÍTULO 52
Junto con el joven de gafas y cicatriz famosa, había llegado una mujer, por insistencia de Lucius, no era de su total agrado, pero sabía que la necesitaría en escasos días. Se trataba de Madame Pomfrey, la enfermera del colegio Howgarts, que en vez de gritar desesperadamente como hacía Potter, guardaba silencio, ni una palabra o queja salía de sus labios.
-¿Qué necesita para asistir a un parto?- le preguntó el hombre, sin mayor explicación y sin recibir respuesta. -¡Mire anciana! No tiene muchas opciones, tampoco le doy mucho tiempo de vida, ¿se animará a favorecerme si le lanzo unos crucios a Potter?- dio señales de dirigirse a la celda del joven cuando ella aceptó.
-¡Señor Malfoy!- pronunció con voz estremecida- no le haga daño. Le ayudaré.
-Perfecto, creo que va entendiendo quien tiene el poder.
-Acondicione una habitación, se debe limpiar, colocar sábanas nuevas y blancas, agua, anestésicos, que entré suficiente luz… ¿tiene un pergamino? Así podré anotar lo que se requiere, ¿Cuándo es?
-En cualquier momento.
-¿Puedo hacerle una pregunta Señor Malfoy?
-Hágala, pero no le aseguro respuesta.
-¿Quién va a dar a luz?
-Es su señora, no es algo que le incumba, pero ni se lo imagina. Prepárese.
-¡Lucius!, me duele, no resisto, ¡ya va a nacer!- el susodicho, la tomó cariñosamente por la espalda y la condujo a la recámara más adecuada a sus condiciones. La señora Pomfrey ya se encontraba vestida de blanco con los instrumentos necesarios sobre una charola, lo que había pedido estaba allí.
Sin duda, se sorprendió de ver a Charlotte con vida, aún más, embarazada. Antes de atender a la chica le pidió al hombre que se retirara.
-Déjela en mis manos, pueden pasar algunas horas, debe esperar afuera, yo le avisaré lo que ocurra.
-¿Vas a estar bien amor?
-Lo intentaré, el dolor es sofocante- lanzó un grito, él le acercó una silla, le ayudó a sentarse, no se atrevió a besarla.
-Te amo- salió nervioso.
-¡¿Niña, cómo es posible?!
-¿Qué cosa? ¿Lucius, el embarazo, los mortífagos…?
-¡Todo, todo! Han matado a tanta gente, ¿Por qué estás aquí?
-Es larga historia y ¡ah, me duele! Lucius es mi esposo, no me pregunte el por qué, lo es y es el padre de esté bebé, ¡ahh! Malditas contracciones, necesito dar a luz ya, no voy a aguantar.
-Lo siento, pero no puedo hacerlo, sería traicionar la memoria de Albus Dumbledore…
-¡Pues si no lo hace, la va a matar! Lucius la va a matar o algo peor. No es momento para ponerse digna. Los mortífagos han triunfado.
-¡Aún no! No mientras Harry Potter siga con vida, ¡Tú puedes salvarlo! Sé que eres una chica bondadosa.
-Lo mismo dijo Dumbledore antes de morir, haré lo que esté dentro de mis posibilidades, pero usted debe ayudarme primero, no aguantaré mucho si seguimos platicando.
-Promételo Charlotte- dijo con absoluta seriedad.
-Bien, lo prometo.
-Acuéstate, te daré un poco de tranquilizante. Van a ser unas horas difíciles.
-¡Es una niña! , ¡Charlotte, tienes una hija preciosa¡ ¡Mírala!- Madame Pomfrey le acercó a la pequeña, cubierta en unas cobijas blancas, se la dio para que pudiera cargarla por primera vez.
-¡Mi niña! ¡Hola, mi princesita! ¡Yo soy tu mami!- la nueva madre la acarició con ternura, mientras Poppy salía a dar la noticia. Enseguida entró Lucius.
-Querida, ¿Cómo te sientes?
-Cansada, pero estoy muy feliz, nuestra nena es preciosa,
-Como tú, déjame cargarla…
-¡Felicidades, Señor Malfoy!- el rubio volteó y echó un vistazo con desprecio a la enfermera.
-¡Ah, sigue aquí!, ya no la necesito, me desharé de usted-. Sacó su varita, le apuntó al pecho.
-¡Lucius, déjala!- le ordenó su mujer con voz amenazante- ¡No te atrevas a tocarla!- inmediatamente guardó su arma.
-No vale la pena. Sabe anciana, pronto se va a pudrir-. Se acercó a la puerta y gritó: -¡Goyle, llévatela y enciérrala!- con empujones se la entregó.
-Ya que nos hemos deshecho de la suciedad, déjame ver a mi hija- la sostuvo entre sus brazos y la examinó como si se tratara de un trofeo, al cual no le vio defecto alguno, por varias razones: cabellos rubios, piel blanca, facciones finas y ojos que aunque no lo podía afirmar serian azules o grises como los suyos. Además la madre era Charlotte. Su triunfo personal estaba realizado.
-Tienes razón está dotada de hermosura, ¿Cómo la llamaremos?
-Ya le puse nombre: Pommeline Malfoy d'Lioncourt.
-Me agrada, suena muy aristocrático. Que así sea.
En la mansión la curiosidad y la expectación por la pequeña aumentaba, estaban ansiosos por conocer a la heredera Malfoy, pero su padre era muy proteccionista al respecto. La cuidaba a la par que Charlotte se recuperaba. No se sentía desesperado, ni siquiera cuando la nena lloraba. Invirtió una gran cantidad en ropa, accesorios que él mismo compró utilizando poción multijugos.
Ya instalados en su habitación, ahora con una cunita al lado de su lecho eran dichosos.
-Después de que acabemos con Potter iremos a vivir a "Malfoy´s Palace". Te gustará, estoy seguro, una linda familia, más que eso, perfecta.
-Lucius siempre hemos sido perfectos, de distinguidos linajes, sólo que hay ocasiones en las que nuestras debilidades nos han conducido a tomar el camino equivocado.
-Errores como Snape y no abandonar a Narcisa, nos han llevado a estar separados tanto tiempo.
-Pero al final, siempre terminamos juntos. Ahora emprenderemos nuestro camino con Pommeline.
-Mi Carlota, cuando logremos que este lugar sea poblado únicamente por brujas y magos de sangre limpia será un mundo meritorio para nuestra hija.
-Al principio creí que los mortifagos eran unos despreciables asesinos, pero ahora se que pelean por una causa noble, por un gran idealismo. Los apoyaré con mi mejor voluntad.
-Cuando hablas así, me erizas la piel y me haces desearte como loco.
-Si, si, pero tendrás que controlarte, cuidar a la bebé es agotador. No tengo la disposición de saciar tus deseos.
-¿Ni un poquito?
-No, tendrás que esperar a que nos coloquemos en tu casa.
-No es sólo mi casa, es nuestra casa, nuestro hogar.
Con la llegada de Pommeline habían afianzado su matrimonio y la confianza de uno en el otro, para los que dudaban de su amor fue un duro golpe al enterarse de que la diferencia de edad, el carácter frió, manipulador y contrastante era una insignificancia para ellos.
Pero aún en esas circunstancias, había alguien empeñado en separarlos, por más imposible que pudiera parecer. Dispuesto a conseguirlo a través del método más arriesgado y común.
