V

Renacimiento


— ¿Kari? ¡Oh, Kari!... — repetía Tai, preocupado, sorprendido, quería actuar como si pudiera manejar aquella situación. Al fin y al cabo su hermana ya lo había informado... — ¿Estará bien, TK, es esto normal? — preguntaba sin aguardar la respuesta, formulando nuevas preguntas, intentando no sonar alarmado. ¡Imposible! Su cuerpo no cesaba de moverse, brincoteaba inquieto desde que Takeru le hizo notar la "ausencia" de su pequeña hermana.

Su receptor lo veía de reojo algo incómodo, en especial por la reacción que aquello le había causado, eso le ponía nervioso. Sin embargo su mirada se hallaba clavada sobre la joven que yacía en su regazo, a penas percibió la energía oscura emanando de su cuerpo se acercó con cautela y alcanzó a sostenerla en brazos cuando su cuerpo se desplomó.

— ¿Hikari? — exclamó con cierto alivio al sentir su movimiento y oírla emitir una ligera queja. Taichi se acercó de un salto.

—¡Kari, despierta!

A penas podía distinguir las voces que le nombraban, el ligero toque de alarma en la de su hermano y la calma que intentaba mantener la de Takeru.

Parpadeó un par de veces, antes de hacerse conciente del lugar y la posición en que se encontraba. Encontró la mirada azul de quien le servía de soporte. Aquello la llevó al día de su primer encuentro, como entonces, esos ojos azules le sonreían. Clavó en ellos los suyos, pero está vez intentaba encontrar un indicio que comprobara la burla de la que creía ser víctima. Sin importar lo que a penas minutos antes Yamato le aseguraba no se mostraría descubierta ante ellos otra vez.

Como repuesta el "revoloteo" de su estómago se intensificó y un leve rubor adornó su mejillas al sentir el contacto de Takeru acariciar su rostro.

— ¡Gracias Kami! — exclamó Taichi con una sonora exhalación de alivio. Hikari al fin reparó en él, aprovechando la distracción para incorporarse de golpe. — ¡Wow, wow, con calma pequeña! — dijo acercándose a ella ahora alarmado por su reacción — ¿Estás bien? ¿Q-Qué ha sido todo esto? — preguntó intentando recuperar la calma, al asegurarse del bienestar de su hermana.

Ella le miró y volvió el rostro hacia Takeru, quien le devolvió una sonrisa tímida, como si supiera lo que pasaba por su mente.

— No lo sé — le respondió a su hermano — ¿por qué no le preguntas a TK? — dijo con un ligero toque de frialdad. Lo miró enfadada, quería con todo su ser que él supiera lo enojada que estaba. Pero no pudo, ¡no podía enojarse con él!

Otra vez esa mirada celeste la envolvía con su calidez, la llenaba de tranquilidad. Sé reprochó internamente, seguía furiosa... con ella misma, por dudar, por insistir en lo que NO era. Sus ojos jamás podrían mentirle.

Yamato tenia razón, jamás se atrevería a lastimar a nadie. Pero qué tenía ella de especial para él, sé preguntó al recordar el resto de la frase. Sería por su naturaleza "extraordinaria" o por ser, simplemente...

Sintió entonces su mano siendo rodeada por la de él. Su rostro reflejaba una profunda pena, aunque percibió su furia, lo único que sus ojos castaños pudieron transmitirle fue su dolor. Acarició con delicadeza la suave superficie de su dorso, su palma, jugueteando con sus dedos, entrelazandolos, parecía estar memorizando cada tejido de piel con su tacto. Aquello provocó en Hikari infinidad de sensaciones que elevaron su temperatura.

Takeru lamentó no haber podido decirle la verdad antes, pero únicamente lo había hecho creyendo en la posibilidad de evitar su partida. ¡Qué iluso! A la muerte nadie podía escaparsele una vez hecha su elección. Se levantó sin soltarla para colocarse frente a ella. Antes de emitir una palabra la mano que sostenían las suyas se desplomó al traspasar su agarre. No era capaz de sostenerla ya, su cuerpo o lo que parecía uno comenzó a traslucirse ante los ojos de Hikari, quien ahogó un grito de sorpresa.

— ¡Pero que demo...! — soltó al levantarse de un salto un aterrado Taichi, quien había permanecido algo distante pero atento -como nunca antes- a la conversación silenciosa que mantuvieron sus acompañantes.

Takeru miró a Hikari avergonzado, sabía que no quedaba tiempo pero no esperaba contar con tan poco. Sin más alternativa acercó su rostro a su oído esperando que aún pudiera escucharle.

— Si tuviera una segunda oportunidad dedicaría cada segundo de mi tiempo a hacerte saber cuanto ha significado tu presencia en mi camino. — le susurró para luego hacer ademán de besarla bajo la oreja pues sabía que ella ya no podría sentirlo, el momento de abandonar este plano definitivamente había llegado.

Ella percibió su pequeño gesto junto a sus palabras y el revoloteo en su estómago se volvió una ráfaga que parecía adquirir vida propia. Sintió rebozar su centro de aquel sentimiento que había sido generado y alimentado por la esencia que estaba a punto de extinguirse. En un impulso con toda esa energía concentrada se abalanzó con el deseo latente de contenerlo en sus brazos, para dar paso a una inexplicable transformación que no solo le afectó a él si no a otros seres inmateriales que se ubicaban a varios metros de radio.

Volvió a sentir envolverla aquella sensación cálida de su primer encuentro, con ello comprobaba que había sido él quien entonces la devolvió a la vida. Su mente dibujó el recuerdo del día en que ella le confesó su secreto, por primera vez alguien la escuchaba sin formular un previo juicio y le tendían la mano en señal de apoyo; por primera vez sintió alivio de poder compartir esa tremenda carga.

Él comprendió su necesidad y se dispuso a ayudarle, incluso confesó también guardar sus propios secretos. Ella fue injusta y necesitaba reparar su falta.

Al volver a percibir su contacto Takeru la apretó en un abrazo en el que buscaba transmitirle todo lo que por ella sentía.

— Lo siento — susurró ella aferrada a su cuello — por favor perdóname... nunca debí dudar, yo solo... no supe como tomarlo, sucede que después de todo lo que vivimos juntos terminé... por enamorarme de ti.

Por fin la separó de sí un poco para observarla mientras su manos subían por su espalda, sin romper el contacto en dirección a su cuello, acariciando cada centímetro de piel como antes había hecho con su mano. La tomo por el rostro y hundió el más tierno beso sobre sus labios. Ambos sintieron perderse en el otro una eternidad, no querían que terminara. Sin embargo a pesar del tiempo ganado, las reglas debían cumplirse.


Taichi no cabía en él de asombro, lo que sus ojos veían parecía salido de un relato de fantasía, como los que su padre le contaba siendo un niño. Tan absorto contemplaba a su alrededor que se olvidó de la pareja de enamorados a su lado. De pronto sintió una mano posarse sobre su hombro y al volver la vista se encontró con esa familiar mirada que, aunque dura, para él siempre se mostraba dócil.

Los ojos de Tai permanecieron muy abiertos mientras se cristalizaban, sin perder detalle de los de Yamato. Acortó la distancia entre ambos tomando el rostro del rubio entre sus manos para apoyar su frente sobre la de él, con la necesidad imperiosa de sentirlo una vez más. En silencio conversaban recordando las promesas y los planes que habían formulado tiempo antes del fatídico accidente y que jamás serían cumplidos. Taichi apretó los ojos haciendo rodar por su mejilla solo un par de lágrimas, sintió las manos de Yamato asirlo por los hombros.

— Te extraño tanto... — murmuró al fin Tai.

Yamato lo estrecho en sus brazos por toda respuesta.


— Siempre creí que, de no ser real o humano, serías un ángel — confesó ella.

— No, aunque básicamente usurpé su lugar — explicó él — un ángel no podría hacer lo que yo me he atrevido con tal libertad — dijo casi en un susurro para volver a besarla detrás de la oreja.

— Me alegra que no lo seas — respondió ella mientras se estremecía aún aferrada a él.

Cuando Hikari pudo contemplar lo que de su interior había generado se vió rodeada de una intensa luz dorada y apenas a unos metros notó la enternecedora escena entre Taichi y Yamato. Este último se percató de su mirada y le dirigió un ligero movimiento de cabeza que pareció una señal de gratitud, sin embargo su sola presencia le apremiaba a culminar con el encuentro.

— Supongo que es la despedida... — susurró ella.

— Por ahora — le aseguró Takeru. — Siempre que me necesites aquí estaré, donde te encuentres te hallaré. — al fin se separó de ella para contemplarla por ultima vez. — Encontraré la forma de regresar a ti.

Hikari lo miró con un brillo especial y se mordió la lengua para no informarle lo que el mayor de los rubios le informó, recordó que no debía intervenir.

— Te estaré esperando — dijo con firme convicción, su corazón se lleno de esperanza.

Dio un paso atrás para separarse por completo de él y al soltarlo la luz que los envolvía se desprendió del suelo llevándose consigo a aquellos seres que ya no formaban parte de este mundo incluyendo a su adorado Takeru, quien no le perdió de vista hasta el último momento.

Permaneció en silencio, contemplando el vacío. Su hermano se acercó a ella y la observó irradiar ese brillo que creía jamás volver a verle. Su rostro se iluminó y dibujó la mas amplia de las sonrisas, miró en la misma dirección que ella lo hacía y formuló un pensamiento de agradecimiento.

— ¡Vaya! — dijo al fin, colocándose a su lado — Tú sí que eres de emociones fuertes... Takeru Takaishi, jamás me lo hubiera imaginado. — volvió el rostro hacia ella, divertido.

— Calla — dijo sonriendo ligeramente sonrojada, mientras lo empujaba para echar a andar. Él pasó su brazo por sus hombros al emprender la marcha.

Aquello parecía el preámbulo perfecto para un gran inicio de ciclo.


— Debes volver — le dijo su hermano

— Sabes que es imposible, yo...

— Ella me mostró el camino — le interrumpió — seguramente lo intuye pero sabe que no debe intervenir.

— ¿Pero de qué hablas? — insistió el menor sin comprender.

— Coherencia — susurró en su oído al posar la mano sobre el pecho de su hermano. Pero eso seria inútil, para ello necesitaría estar... — Respira, como si el aire viniera de tu corazón — continuó — siente gratitud, compasión...

— Alegría... — completó él con una sonrisa, habiendo cerrando los ojos y entregándose a lo que su hermano pedía sin entender aún la razón.

— El efecto de tres minutos de coherencia dura seis horas — continúo su hermano como un manual.

Pasado ese tiempo comenzó a sentir el palpitar cada vez más cerca. Abrió los ojos de golpe para encontrar la mirada divertida de su hermano quien se alejó un paso para decir:

— Ya te están esperando, ve, saluda a mamá y papá. Y por favor no me sigas, si no es porque tú lo has decidido — y como si de un rey se tratase añadió divertido con una reverencia — Larga vida, hermano.

— Yama... — a penas pudo articular antes de sentir su cuerpo siendo succionado hacia el abismo.