Un suspiro cansado

Capítulo cinco: Huir hacia delante.

by Shiga san


Dicen que cuando quieres a alguien con todo tu ser, de un modo extraño sus almas se conectan hasta el punto de saber lo que le ocurre a la persona amada cuando se está separado de ella.

Es mentira.

Kisame reía a carcajadas con una copa en la mano. Su cumpleaños estaba yendo de perlas y la gente allí reunida parecía estar divirtiéndose mucho. Casi todos los jounins y anbus que no estaban de servicio se encontraban en su pequeño apartamento, celebrando su cumpleaños como si nada.

Itachi miraba insistentemente la puerta, esperando que llegara "alguien", que parecía no iba a acudir, vista la hora y que la fiesta parecía estar en su punto álgido.

Konan imitaba al anbu, mirando cada poco tiempo la puerta, anhelante.

La música y el ambiente se vino arriba con la llegada de la tarta y sus correspondientes velitas.

Risas, música, diversión. Al fin y al cabo, un cumpleaños es una mezcla de todas esas cosas.

Mientras tanto, en la parte opuesta del mundo, las cosas no eran tan divertidas ni amenas.

Sasori daba gracias a todos los dioses que conocía por que la habitación del quirófano fuera insonorizada. Tobi llevaba de parto unas doce horas, dos de las cuales, las dos últimas para ser concretos, estaban siendo las mas difíciles de todas; y tenía la sensación de que no había hecho mas que empezar y que le quedaban otras doce horas o mas de puro sufrimiento.

Sus gritos constantes parecían subir de tono de uno a otro, mas intensos y difíciles cada vez. Las contracciones habían pasado a ser cada pocos segundos y no parecía poder soportarlo sin gritar desesperado a pleno pulmón.

La última hora, la peor de todas, Sasori había tenido que atarle a la camilla por temor a que se cayera desmayado entre contracciones.

Tobi luchaba contra el dolor y contra las correas, negándose una y otra vez entre gritos a que Kisame fuera traído al quirófano, y eso que el ninja médico le había asegurado miles de veces, que con su presencia en el lugar su sufrimiento terminaría.

No quería. Traer a Kisame implicaba que Itachi se entrara de donde estaban, y no podía poner en peligro a Deidada, teniendo en cuenta que de eso se trataba su misión, proteger a Deidara y su bebé de lo que pasaba fuera.

Zetsu caminaba en círculos por el comedor, rodeando la mesa baja una y otra vez. Deidara le miraba de vez en cuando, sentado en el porche, y con los brazos cruzados sobre el pecho. Si se hubiera fijado un poco, Zetsu habría visto las manos fuertemente cerradas con las que Deidara alejaba al angustia de la espera.

Estaba preocupado por su amigo, por su bebé, y por la inquietante visión de su futuro mas cercano. ¿Cuánto faltaba para que él mismo se viera en la misma situación?. Una o dos semanas como mucho.

Suspiró y miró dentro de nuevo, a la oscuridad del pasillo por que se habían perdido horas antes Sasori y Tobi. Muchas horas antes, demasiadas.

Zetsu necesitaba saber, lo que fuera, pero que alguien le dijera lo que fuera. Estaba dispuesto a ir al quirófano, y aunque fuera a gritos, preguntar desde la puerta; suplicar si fuera necesario... algo.

Como invocado por un terrible poder intangible Pain se personó frente a él. Tenía llaves.

Solo hizo falta que le mirase un segundo para que Zetsu comprendiera que el tiempo de Deidara ahí se había terminado. Apretó la mandíbula y negó. Sus ojos dispares se desviaron un segundo al pasillo, haciendo entender a Pain que su mente y todos sus sentidos estaban puestos en Tobi, y que no había cabida para nadie mas.

– Lo siento. – La disculpa del líder le pilló desprevenido, pero comprendió a que venía cuando Kisame entró por la puerta al pronunciarlas.

Zetsu miró al pelirrojo con ira, mucha ira... pero por mucho que le odiara por traer al culpable del estado de Tobi, tendría que post-poner su enfado hasta que los dos estuvieran a salvo.

Tobi podía estar unas horas mas, pensado en lo peor, necesitaría al menos unos tres o cuatro días para recuperarse... y a Deidara se le había acabado el tiempo.

– Necesito que los dos alejéis a Deidara todo lo que podáis de la frontera. – Extendió un mapa sobre la mesita y lo aplanó. Señaló una zona al norte de Konoha. – Esta guarida lleva años sin usarse, y no estoy muy seguro de que toda ella siga en pie, pero es lo mejor que tenemos.

– ¿Qué está pasando?. – Deidara se inclinó para mirar el mapa y pasó por todas las caras.

Con tanta tensión los tres se habían olvidado que él estaba ahí también, a unos metros, y que había oído todo lo que hablaban..

– Nada, tenemos que mudarte a otro lugar, mas cómodo. – Sonó tan falso, que Deidara ni se molestó en responderle.

– ¿Y por qué está aquí Kisame?. No necesito niñera para ir hasta aquí. Puedo ir directamente por aquí. – Trazó el camino con el dedo, por una línea gruesa y amarilla que marcaba una carretera principal de comercio.

– Mmm...no podemos arriesgarnos tanto. – Pain se arrepintió al mismo segundo de pronunciar las palabras. Contuvo el aire mirando directamente al rubio.

– Se acabó. – La voz de Kisame tronó las dos palabras que todos habían estado evitando. – Hay que decírselo. – Miró directamente a Pain, esperando que empezara él.

Silencio.

Deidara se impacientaba, no el gustaba que le dejaran fuera de lo que estuviera pasando... afortunadamente para él el misterio no iba a durar mucho, gracias a la aversión que el chico le azúl le tenía a la mentira en general. Sabía que no le gustaba mentir ni que le mintieran, a si que si quería la verdad tenía que preguntarle a él.

Clavó sus ojos azules en el tiburón.

– ¿Qué está pasando, Kisame?. – Se notó cierta rabia en su tono de voz.

– Iwa a puesto precio a tu cabeza. – Zetsu fue quien respondió en su lugar.

– Eso no es ninguna novedad, ya estoy en la lista de criminales de rango S. – La actitud de los tres le dijo que la cosa era mucho peor de lo que pintaba a simple vista. – No es lo único, ¿Verdad?

– Konoha también. Reclaman al bebé como suyo. – Deidara abrió los ojos mucho, sin entender nada.

– ¿El bebé?, ¿Mi bebé?. – Cuestionó angustiado, sin entender. – ¿Y para que demonios quiere Iwa o Konoha a mi pequeño?

– Es un arma. – Kisame rompió el silencio. – Como todos nosotros lo somos … o lo fuimos para nuestras aldeas.

– ¿Porqué?. – Ahí estaba la pregunta.

– Iwa lo quiere para sí, esperando que sea como Itachi... Konoha se limita ha hacer valer su certeza de que Itachi es de la aldea, y por consiguiente, su hijo es igual de ciudadano que él...Sinceramente creo que se limitan a protegerlo a su manera... – Pain deslizó la orden de captura de Deidara sobre el mapa, y el rubio lo tomó con prisas, leyendo las líneas que lo llenaban con prisa, incrédulo.

– ¿Itachi sabe todo esto?, ¿Sabe que estoy aquí, así?. – Preguntó a los tres, ansioso por la respuesta.

– No, no sabe nada. – Kisame respondió, aunque Pain terminó la frase. – Teniendo en cuenta que el chackra de los dos juntos será como un foco encendido en mitad de la oscuridad, creí conveniente manteneros alejados, al menos, hasta que nazca tu pequeño. – Deidara unió las cejas en un gesto enfadado.

– No tenías ningún derecho. – Reprochó Deidara. – Itachi tiene que saber que estoy...

– Ya lo sabe. – Kisame le tranquilizó al instante con esas palabras. Pain le miró duramente, con un castigo pendiente en sus ojos para Kisame por chivato.

Deidara suspiró después de mirarles unos segundos. No podía enfadarse con ellos, al fin y al cabo, y muy a su pesar, solo intentaban ayudarle, y los últimos cinco meses lo habían hecho muy bien.

Lamentaba tener que irse de esa casa, le gustaba estar ahí. Y no ver al bebé de Tobi... pero tenía muy claro que nadie iba a hacerse con su pequeño, eso jamás.

No había pasado por todo ese calvario para que ahora se lo robaran y lo convirtieran en alguien como ellos mismos, los miembros de Akatsuki. Armas, herramientas de usar y tirar, mercenarios, asesinos.

No quería eso para su hijo, de hecho no lo quería ni para él mismo... pero lucharía con uñas y dientes contra cualquiera que atentase contra él y su bebé, y no iba a tirar por la borda los esfuerzos que, suponía , sus compañeros habían estado haciendo por mantenerlo a salvo.

No iba a tener ninguna duda como a alguien, quien fuera se le ocurriera atacarle.

La orden de arresto era clara. Lo querían vivo, pero no necesariamente de una pieza. Y había algo mas. Exterminar a cualquiera que no sea de Iwa y esté cerca del objetivo, sin distinciones.

Deidara apartó la orden y volvió al mapa. Kisame señaló varios puntos, patrullas de Iwa, anbus, rastreadores, de todo.

– Por aquí. – Señaló directamente su aldea.

– No me parece buena idea ir cerca de Iwa, es peligroso.

– Cuando un gigante busca algo, no mira en su boca. – Kisame sonrió a la frase.

– Puede que funcione. – Zetsu trazó un nuevo itinerario. La idea seguía siendo la misma, llegar a la guarida cercana a Konoha. – Si seguimos desde aquí por la frontera de Konoha, podemos ir desde aquí, por la Hierba, Cascada y llegar cerca de la aldea del Arroz. Si nos movemos con rapidez, estaríamos ahí en una semana.

Deidara se perdió en las habitaciones del fondo y volvió vestido cómodamente y una pequeña bolsa con sus cosas, documentos mas que nada y sus medicinas.

La puerta del quirófano se abrió rompiendo el silencio que se había instalado de repente en el comedor, mientas Kisame memorizaba el camino y así evitar sorpresas y Zetsu y Pain se perdían en sus respectivos problemas.

Sasori caminó hasta ellos limpiándose las manos en una toalla antes blanca, ahora salpicada de sangre por todas partes.

Deidara ni siquiera preguntó, Zetsu tampoco. Los dos corrieron literalmente al cuarto en el que descansaba Tobi.

Había sangre por todas partes, suelo, paredes... la sabana que lo tapaba también estaba sucia, y lo peor para el afinado olfato de Deidara era el hedor inapreciable para el resto que la sangre había imprimido en la totalidad del cuarto.

Se acercó directamente a su amigo, inconsciente en la camilla, para su fortuna, fuertemente sedado. A un lado, los desperdicios de la cirugía.

A la vista. Y el rubio no pudo evitat mirar dentro y ponerse pálido con la vista.

Pero solo quería ver a Tobi, y a su pequeñín.

– ¿Danna?. – La duda surgió de sus labios en un susurro, temiendo despertarlo.

– Está bien, tranquilo. – Posó su mano en el hombro del rubio y tomó una punta de la sabana, descubriendo al pequeño acomodado en las costillas del durmiente.

Zetsu bufó. Se lo había esperado y llevaba meses mentalizándose, pero ahora mismo, ahí, frente a él, con la prueba delante de sus ojos, no pudo evitar demostrar su molestia.

El pequeño, regordete, con una abundante mata de pelo negro, de punta, dormía con la carita apoyada en el pecho de Tobi y el cuerpo inclinado sobre las costillas de su madre.

Kisame dudó, en la puerta. No se movió, aunque tenía la vista fija en el moreno, no dio un paso en su dirección, hasta que Zetsu tiró de él hasta la camilla, dejándolo ver al bebé.

La prueba de que Zetsu era inocente, y que Kisame había perdido el tiempo como un tonto al pensar que el embarazo había sido culpa del chico planta.

El pequeño era azul, tan azul como su padre.

Deidara se inclinó y besó su frente, y la de Tobi, antes de irse hasta la salida, y esperar ahí a sus compañeros de viaje.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOO

Wiii pues otro mas, uff, que genial

Espero que ya tenga mas sentido, nee?

Besitos y mrodiskitos Shiga san

Ya no pido reviews, paso. Leerlo y ya.

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