Advertencias: Los personajes no son míos, son de Kishimoto.
Un final sin principio.
Capítulo seis: Akatsuki.
by Shiga san
Kisame sostenía el cuerpo de Deidara contra el suyo, mientras él y Zetsu le ocultaban pegado a un gran árbol.
Una de las patrullas de Iwa había decidido acampar en el paso que estaban utilizando y era demasiado arriesgado seguir. Aunque Kisame estaba seguro de poder tumbarlos, y mas contando con Zetsu, a su lado también, no podían arriesgarse a una batalla que podría alertar a mas gente.
– Han llegado las órdenes. –Una voz, cruda sonó por encima del siseo de las hojas. Deidara contuvo el aliento y apretó sus manos en la espalda de Kisame. Samehada tembló levemente al sentir el chakra del rubio, pero el tiburón contuvo su arma a tiempo de no dañar al rubio.
Deidara necesitaba todo su chakra intacto.
– ¡Que todo el mundo se acerque!. – Una segunda voz reunió a todos los efectivos en el sitio.
Apenas unos cuatro metros.
– El objetivo de la misión ha cambiado. Hay que encontrar y apresar al crio.
– ¿Y la madre?. –Preguntó otro de los ninjas.
– Eso, ¿Qué hacemos con Deidara?. – El aludido giró la cara en el pecho de Kisame para prestar atención.
–Ya no es necesario para la aldea. Las órdenes son eliminarlo y extraer el niño como sea... y eliminar a cualquiera que esté con él.
– ¿Y el pago?. –Otra voz nueva. Zetsu susurro un número para hacerle saber a Kisame cuantos eran, aunque él ya había sentido sus energías. –Si la misión ha cambiado la recompensa también.
– Pues una cifra con muchos ceros...Parece que ese mocoso es importante o no haría falta tanta gente para darle caza. – Confirmó la primera voz, el que parecía el líder del grupo.
– ¿Cuantos ceros exactamente?, puede que me interese. – La voz de Kakuzu tronó divertida, pillando desprevenidos a la mayoría de los que estaban ahí reunidos.
– Oe, oe, ¿No estarás pensando en vender al rubito y quedarte la pasta, verdad?. – Deidara suspiró aliviado al reconocer la voz de Hidan, no sabía cuanto le echaba de menos hasta ese momento.
– ¡Cállate Hidan!. – Esa frase que tantas veces había escuchado ahora le sacaba una sonrisa. Deidara tembló, perdiendo de vista el bosque frente a él. El agarre de Kisame se hizo mas firme, manteniéndolo en pie con su propia fuerza. Zetsu le acarició el pelo, mientras se pegaba un poco mas y los ocultaba al tiempo que ayudaba a tenerle de pie.
– ¡A por ellos!. – Gritó uno de los enemigos. – Son Akatsuki, de los que ayudan a Deidara...Si los capturamos nos dirán donde está.
– JAJAJAAJAJAJAJAJAAJAJ. – La risa de Hidan se escuchó claramente. – Espera, espera que esto es bueno. – Golpeó en el hombro de Kakuzu con el dorso de la mano. – Es que me ha parecido oír que nos iban a capturar... AJAJAJAJAJAJAJAJAJA. – El mayor asintió sonriendo tras su máscara. – Por favor, por favor... ¿Me dejas jugar?...
– Claro, diviértete... – Hidan ensanchó la sonrisa hasta el limite. – No seas malo con los otros niños, haz amiguitos y no te ensucies mucho la ropa o tu mamá te reñirá.
– ¡Que te jodan!. – Clavó el pie en el suelo y posó la guadaña frente a él.
– Y tu que lo veas, con los ojos en las manos. – Kakuzu caminó hacia atrás mientras le dejaba sitio.
– Me pones cachondo cuando eres tan romántico. – La gabardina cayó mostrando su pecho blanquecino y el pincho extensible en la otra mano.
– ¡Oye! no deberías pasar de nosotros tan descuidadamente. – Mientras ellos discutían como un matrimonio de toda la vida, los ninjas de Iwa se habían ido distribuyendo para la pelea...
… pero ellos ya habían hecho sus deberes y antes de mostrarse, tenían todo previsto y calculado al milímetro.
Los planos que trazó Zetsu junto con Pain y Sasori les habían servido de mucho, y la verdad, es que era un escuadrón demasiado numeroso y torpe como para esconderse, y como para reconocer la amenaza real que suponían esos dos hombres... que segundos después eran cuatro. Confundiendo mas a los "asaltantes".
Zetsu y Kisame aparecieron de la nada, uniéndose a Kakuzu a un lado, dejando el "recreo" amplio para el albino.
Si hubieran sido un poco listos, los otros ninjas habrían salido corriendo sin mirar atrás, pero la codicia a veces ciega a la gente, y la recompensa por el niño era lo suficientemente jugosa como para jugarse la vida ante ellos.
Pero esos cuatro hombres tenían un objetivo mayor. Proteger a un camarada, y a su pequeño, por asociación tan Akatsuki como ellos mismos... y el grupo era como un ente individual. Se protegían unos a otros, y matarían a quien se atreviese a acercarse al rubio lo suficiente.
– Está bien, rendíos y decidnos donde está Deidara y nadie saldrá herido. – De nuevo el líder del escuadrón se adelantó valiente. – Os superamos en número.
– Mira, ¿Sabes que vais ha hacer?. – Hidan señaló directamente a uno de ellos, medio oculto en un árbol. – Tu y tus amiguitos me vais a dar el gustito de morir. Me encanta el contraste del verde con la sangre... y Jashin se pondrá muy contento con la ceremonia...
– Hidan. – Una advertencia clara de que se diera prisa.
El peliplata chasqueó la lengua... quería divertirse un rato, pero ahora mismo la prioridad era sacar a Deidara de ese maldito bosque y ponerle a salvo en la guarida, en la que se había montado una barrera impenetrable y que mantendría a salvo a su amigo y su pequeño.
Giró la pequeña lanza y se atravesó el corazón en un golpe seco y certero. Cayó de espaldas en el símbolo de su dios, sin mas ceremonia.
Uno a uno fueron cayendo contra el suelo, a intervalos. Muchos de ellos sin saber que había pasado.
El único que quedó en pie al cabo de un minuto apenas, era el que portaba el pergamino con las nuevas órdenes en sus dedos; el que había pedido que se rindieran.
–No están muertos, pero eso puede cambiar. –Hidan habló desde el suelo. –Dinos cuantos hay y vivirás para contarlo. –Giró la cara para encararle resaltando su mirada violeta con el blanco y negro de su piel.
Horrorizado miró a sus compañeros nervioso. Esos tíos hablaban en serio, y ahora la situación se había dado la vuelta, y el que estaba en inferioridad numérica era él.
– S-somos muchos... Iwa... mi aldea entera... – Enfocó a los otros tres Akatsukis, tranquilos, esperando su respuesta. –Todos los efectivos de mi aldea están en esta misión.
– ¿Cuantos?. – Kisame le cogió por el cuello y le levantó medio medio metro del suelo.
– N-no lo se... todos... unos trescientos … muchos. – Agarró la mano que mantenía la presa en su cuerpo luchando por soltarse.
– ¿Anbus?, ¿Rastreadores?. –Zetsu preguntó con dos voces.
El ninja se limitó a asentir y Kisame le lanzó contra un árbol cercano, haciéndole perder el conocimiento al instante.
– Hay que moverse rápido. – Kakuzu avanzó hasta Hidan y le ayudó a levantarse, tirando del hierro que le atravesaba el pecho, y se agachó para coger su arma y su gabardina. – Desde aquí estamos a dos días de camino, y eso si no nos invitan "a jugar" de nuevo.
– Separémonos. – Kisame señaló delante y le indicó a Zetsu la derecha. – Cubriremos mas terreno si podemos ir localizando las patrullas y despejando el camino antes de que llegue la mamá.
– Yo iré detrás, por si nos siguen. – Hidan ya compuesto de nuevo buscó alrededor hasta que vio el mechón rubio que asomaba por la corteza de un árbol a unos diez metros de ellos.
Kakuzu se quitó la gabardina y apretó los dientes, dejando salir dos de sus máscaras. Cayó de rodillas mientras las criaturas se arremolinaban a su alrededor, buscando el objetivo que debían derrotar sin resultado.
Deidara se apoyó con el hombro para no caer.
Estaba muy sucio, con el pelo enmarañado cubierto de tierra y hojas secas. Su ropa en el mismo estado. Un rastro de sangre asomaba por sus sandalias. Tenía los pies en carne viva, llenos de ampollas que habían estallado y algunas de ellas, infectadas. Y las manos también heridas.
La camiseta tenía un desgarro que dejaba ver su vientre abultado hasta el límite.
La cara con la que Hidan le estaba mirando le hizo atusarse el pelo, peinándolo hacia atrás con los dedos, quitando la suciedad que podía abarcar con sus manos.
– Habrá que esconder los cadáveres. – Deidara señaló los cuerpos diseminados cerca de ellos.
– No están muertos. – Hidan agitó la lanza metálica antes de ocultarla en su manga. –Aunque me gustaría, no podemos. Pain lo ha prohibido, no necesitamos mas enemigos. Si vamos matando por ahí las aldeas tomaras represalias y no hace falta mas gente metida en el ajo.
– Pero si los matamos irán quedando menos, y tendremos menos enemigos, ¿No?. – Puntualizó Deidara.
La mirada de Hidan se posó un segundo en la piel expuesta de su vientre y el rubio se apresuró a solapar la parte cortada de la camiseta para cubrirlo.
– Me gusta como piensas, pero no puede ser. – Chistó fastidiado, mirando alrededor con una sonrisa siniestra.
– Son órdenes. – Kakuzu le tomó del brazo con cierta violencia, que hizo temblar al rubio. – Coge aire. – Mandó con una mirada severa. Estaban perdiendo demasiado tiempo y a él eso no le gustaba mucho.
La criatura de la máscara azul rodeó a Deidara, empapándole por completo. Los hilos negros que surgían del hueco dejado por las máscaras le mantenían suspendido en el aire, mientras Kakuzu le arrancaba la ropa a tirones, sin emoción alguna en la parte de su rostro que podía verse.
Kisame no hizo nada, por que la tranquilidad con la que miraba Hidan le decía que todo estaba bien, ademas todos estaban para protegerlo, no pensaba que el moreno fuera a dañar a Deidara.
La criatura azul fue reemplazada por la roja, envolviéndole en un cálido ambiente que secó su piel y pelo. Estaba limpio y relajado.
Kakuzu puso pomada en sus pies y los vendó con cuidado, al igual que el resto de heridas, cortes y roces producidos por la naturaleza mas que nada.
Con nuevo juego de prendas, nuevo, le vistió, sin dejarle hacer nada. Incluso colocó las sandalias con cuidado de no estropear el vendaje antes de dejarle en el suelo.
Sacó de la mochila que colgaba de su hombro una cantimplora y le dio de beber.
– Yo quiero agua, dame. – Hidan intentó quitarle la bebida a Deidara, pero se llevó un fuerte manotazo de vuelta. – ¡Ehhhh!
– Es para Deidara. Sasori lo preparó para él, son nutrientes que necesita. – La mamá clavó sus ojos azules en su severo compañero, dándole las gracias mudamente.
Aún le daba un miedo terrible, pero en ese momento se estaba comportando estupendamente. No quiso pensar que detrás había una jugosa suma de dinero, quiso pensar que le agradaba hasta el punto de querer ayudarle, aunque fuera por que estaban en el mismo bando.
Puso en su mano un trozo de pan, blandito y cremoso, relleno de carne y le alzó la mano para que se lo comiera.
Estaba seguro que esos dos ni se habían preocupado de si había comido en los cinco días que llevaban de viaje con él, teniendo en cuenta el aspecto que tenía, descuidado, herido.. y por las ojeras que marcaban su rostro, era consciente de que apenas habría dormido un par de horas en los últimos días, distraídos como estaban en su propio culebrón, con el tema de Tobi y el mocoso medio pez.
A él eso le importaba una mierda. Deidara era el único de ellos que no tenía razón alguna para estar en Akatsuki, y el chaval le echaba huevos. Era igual de escandaloso que Hidan, pero algún defectillo tenía que tener, no podía ser perfecto.
Deidara comió con ansia, hasta que se dio cuenta de que le miraban, y sonrojado empezó a masticar contando los movimientos. Cuando lo terminó, Kakuzu puso en su mano una manzana, roja y jugosa, totalmente apetecible.
La criatura roja, que había estado sosteniéndole como si fuera un cómodo asiento mientras comía, se enredó sobre si misma, tomado la forma de un animal, dejando a Deidara sentado sobre su lomo, en una hendidura como un gran sofá, miró a su "Dueño" esperando la orden.
Zetsu surgió del suelo, confirmando que había tomado las precauciones adecuadas para seguir el viaje.
Se dividieron con rapidez, dejando a Deidara con Kakuzu.
– Itachi va de camino, por el este, con Konan. – No hacía falta que lo dijera, pero hizo sonreír al rubio. – Vamos a llegar antes que ellos, duerme un poco. No permitiré que te caigas, tranquilo.
Deidara se acomodó de costado y bostezó. No se había dado cuenta de cuanto cansancio tenía acumulado hasta que Kakuzu le dijo que durmiera.
– Gracias. – Murmuró antes de caer profundamente dormido con el suave vaivén que el movimiento de la criatura hacía en cada paso.
–No tienes por qué darlas, ya me lo cobraré a su debido tiempo. – Le miró dormir un segundo, antes de tomar el camino que bordeaba el acantilado, seguro de que nadie iría por el por lo complicado del terreno.
Deidara durmió mas de doce horas seguidas, recuperando las fuerzas y el color en su piel, que el cansancio había borrado. Se incorporó lentamente, y notó que la criatura bajo él reducía la velocidad hasta detenerse.
No bajó, esperó a ver que pasaba.
Miró alrededor sin conocer muy bien donde estaba, aún medio dormido y bostezó limpiándose las legañas con los dedos.
Su estómago rugió pidiendo alimento y acarició a su pequeño para darle los buenos días.
Kakuzu apareció a los pocos minutos, jadeante.
– Necesito mear. – Pidió Deidara desde las alturas. El moreno asintió, dejando que la criatura se agachase para dejarle bajar, y alargó las dos manos para tomarle por las axilas y depositarle en el suelo delicadamente.
– Date prisa. Estamos en la frontera de Konoha y no me gusta este sitio. Estos son mas listos que los de Iwa y no tenemos tiempo para perderlo.
– Vale. – No se alejó mucho, quedando a la vista del mayor, que le preparó de nuevo comida y bebida.
Mientras se alimentaba revisó sus pies, cambiando los vendajes y la crema.
El sueño había hecho milagros en el rubio, y las heridas tenían mucho mejor aspecto que horas antes.
No tardaron mucho en retomar el camino.
Esta vez no iba a haber relevo, Kakuzu pensaba ir con él hasta el refugio, que estaba a un día de su posición.
Cuando le dijo que llegarían antes que los demás hablaba en serio. Se movía mas rápido que los otros dos, y mucho mas calmado y agradable.
El silencio adoraba a Kakuzu y Deidara no tenía necesidad de perturbar a su callado compañero, cosa que el mayor agradecía con la mirada.
Era un cambio agradable, para variar, no tener que escuchar un parloteo constante como un soniquete infinito a medio metro de su oreja.
Sin distracciones pensaba mejor, mas rápido y el viaje le resultaba cómodo y agradable.
– ¿Cómo te encuentras?. – Preguntó sacando al rubio de sus pensamientos.
– Bien, gracias. – Tiró el corazón de la manzana lejos.
– ¿Quieres andar un rato?, esta zona es segura. – Señaló el frente, donde pudo distinguir a Kisame delante.
– Si no te importa, me gustaría quedarme aquí. –Pidió.
– Mejor, iremos mas rápido de este modo. – Empezó a correr antes de que Deidara cambiara de idea, y el rubio se sentó de nuevo, pegándose a lo que sería la espalda del "animal", contemplando el cielo azul y preguntándose cuando podría volver a usar sus pájaros...
...al menos ya solo quedaba un día mas... y podría tener a su pequeño en los brazos.
Nada mas importaba.
Volvió a dormirse y despertó suspirando.
Parecían haber pasado muchas horas, por que era de noche, no sabía la hora , pero seguramente de madrugada por lo negro del cielo.
La mano de Kisame en su boca le indicó que debía mantener silencio. Buscó a Kakuzu con la mirada y lo encontró a su derecha.
Se incorporó aún con la mano en su boca, y miró alrededor. La noche ocultaba todo, pero el inconfundible aroma de la pólvora le llegó claramente a su afilado olfato pre mamá.
El humo, no muy lejos de allí también era visible.
Reconoció la montaña en el horizonte, estaban cerca de la guarida, muy cerca, pero se habían detenido. Por la manera en la que Kisame y Kakuzu miraban al frente supo que sus otros dos compañeros luchaban no muy lejos y que el humo era consecuencia de la pelea.
– ¿Por qué nos paramos?. –Preguntó el rubio en un susurro apartando la mano de Kisame despacio.
–Es una emboscada. – Señaló a los lados, donde le fue diciendo los sitios en los que había trampas. –No podemos garantizar tu seguridad hasta que esos dos limpien el jardín y desactiven las trampas.
– Y la cosa está complicándose por momentos. – Kakuzu le dio de nuevo bebida y comida. –Las detonaciones nos dirigen a un solo camino posible y ademas están alertando a todo el mundo en esta dirección. Si no se dan prisa esto va a convertirse en una mierda enorme.
– Hay sitio,pero tienes que pasar ya. –Zetsu surgió de la nada desde el suelo. –Hidan ha desviado los detonadores en los siguientes cinco kilómetros en esa dirección. – Señaló. –No es la dirección correcta, pero sirve si podemos alejarte de aquí.
Kakuzu le tomó en brazos, recogiendo la máscara de nuevo en su cuerpo. Ahora no podía bajar la guardia y necesitaba todos sus corazones disponibles.
Siguió la dirección que le había marcado Zetsu, con Kisame pegado a sus talones un poco mas allá de la zona que había asegurado Hidan, con Deidara aferrado a su cuello con los dos brazos.
Apartó a Kisame en el último segundo, cuando fue consciente de que habían tirado de uno de los cables trampa. No hubo tiempo de pensar en nada mas, la explosión les lanzó a varios metros, pero Kakuzu se las arregló para asegurarle junto a una gran roca y ocultarle con las ramas que la misma explosión habían arrancado.
– Y casi hemos llegado, no te muevas de aquí, no hagas ruido, volveré por ti... por vosotros. – Deidara asintió, con un terrible pitido en su cabeza y un inquietante hilito de sangre saliendo de su nariz.
Escuchó la batalla desde su escondite. Los crujidos de las ramas partidas, el choque metálico de las armas, los gritos, jadeos... los pasos apresurados... las órdenes...ve aquí, ataca a ese...
...y después de mucho tiempo, que se le hizo eterno...
Silencio.
Deidara esperó, quieto como le había dicho Kakuzu. La angustia subió por su pecho a su garganta. Le faltaba el aire y la presión en su cabeza hizo que el pitido subiera de volumen.
La noche era mucho mas oscura y siniestra con el silencio a su alrededor, pero aún así tenía que quedarse ahí. Kakuzu le había dicho que volvería.
Escuchó unos pasos acercarse a él, claramente. No se movería por nada del mundo, pero su hijo eligió ese preciso momento para moverse, haciéndole que ahogara un jadeo con las dos manos apretadas contra los labios.
Sintió el frío de la noche cuando las ramas y hojas que le estaban ocultando se alejaron de él, dejándole al descubierto.
Una mano le agarró por el antebrazo y le puso de pie. Aunque le estaba llamando no podía oírle por culpa del pitido. Así que abrió los ojos, y le vio.
Una sonrisa acudió a sus labios sin permiso, que fue borrada por un beso, cálido y con una disculpa en su suave superficie.
Había soñado tantas veces con verle, que maldecía que fuera en ese preciso momento.
Escucharon mas voces, desconocidas, agrupándose para buscarle. Sintió los dedos de Kakuzu a su espalda y a Zetsu también a su lado.
Y algo cálido bajando por sus piernas... y un dolor punzante y brutal recorrerle el vientre y alojarse en sus riñones.
– Tenemos que seguir, mientras sigan confusos y se ocupan de sus camaradas. –Kisame puntualizó al resto.
–Hay que moverse ya. – Deidara susurró a Itachi, que lo abrazaba contra él, haciendo que sus energías brillasen intensamente, hermanadas. Resonando con la de su pequeño, una mezcla perfecta de las suyas propias.
– Lo sabemos enano. – Hidan le dió un golpecito en el hombro con los dedos, esperando su queja, pero no llegó. En su lugar la voz de Kakuzu les puso de nuevo en movimiento.
– No vamos a llegar a tiempo. – Todos le miraron sin entender, menos Deidara que tembló agarrándose con mas fuerza al torso de Itachi. – Habrá que improvisar algo por aquí cerca.
– Pero que tonterías estás diciendo, ¿Eh?. –Bromeó Hidan, sin gracia.
– Itachi estamos en tu terreno, ¿Algún sitio seguro?. – Konan a su lado, acariciando al rubio mientras hablaba con dulzura.
– Pues... – Miró alrededor, procesando el lugar donde estaban, asociandolo a lo que podía recordar en ese momento, con su mente completamente puesta en Deidara y su pequeño bebé. – al pie de la montaña, hay un templo viejo, dedicado al dios del bosque. Los viajeros le dejaban ofrendas y ante vivia un monje, pero cuando hicieron la carretera quedó abandonado. Creo que una parte, la delantera se derrumbó hace unos años, pero es posible que la parte del templo dentro de la montaña siga en pie.
– ¿Por donde?. – Preguntó Kakuzu. Itachi señaló en la dirección. – Ve con él, nosotros nos ocuparemos de lo demas.
– Pero ya casi estamos llegando a la guarida. – Protestó Hidan que no entendía por que cambiaban de repente de objetivo. – Debemos seguir, aún hay tiempo.
– No, no tenemos tiempo. Deidara está de parto, ahora mismo.
Hidan iba a decir algo,pero no llegó a pronunciar palabra. Los habían detectado y ahora, los ninjas de Iwa y Konoha se habían aliado para darles caza.
Comenzó la huida para la pareja, mientras sus amigos se colocaban como escudo para darles tiempo de ventaja.
Itachi aferró la mano de Deidara y le indicó con la cabeza hacia donde debían correr. Le dolía tener que hacerle eso, pero de verdad, tenían que ir lo mas rápido posible que le dieran sus piernas.
Deidara aferró su mano a la de Itachi, y la otra a su vientre, abarcando todo lo que pudo, y asintió con determinación.
Tenían que llegar a ese templo como fuera... menos mal que apenas estaba a un par de kilómetros...
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Ya casi, un capi mas y se terminó...
Ay que ganitas.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
