Este es el punto de vista de Loki cuando conoce a Harry
Sowilo
De Evandar
Al principio, no había comprendido la fascinación de Thor con los humanos. Eran tan débiles y aburridos. Observar su mundo era como observar hormigas. Los seres humanos parecían todos fusionarse en una sola identidad sin rostro de absoluto aburrimiento. Eso – y el apego de Thor hacia ellos – fue lo que hizo su planeta tan maravillosamente perfecto para apoderarse de él.
Él los gobernaría, detendría sus incesantes guerras, y construiría un reino pacifico. Uno que lo buscaría a él por guía en vez de a su padre y hermano. Y si no podía tener Asgard, entonces un planeta como este – uno que a Thor le gustaba – seria un sustituto adecuado. El cariño de Thor por él sólo haría su victoria más dulce, a la larga.
Pero gobernar humanos significaba que tendría que tener algo de comprensión en los puntos más finos sobre las diferentes culturas terrestres. Había recorrido la Tierra extensivamente desde que había llegado aquí, y por la mayor parte le gustaba lo que había encontrado. Mientras que los humanos eran básicamente lo mismo, con las mismas esperanzas, sueños y errores, ellos eran bastante diversos. A él le gustaba la variedad. Eran una especia que hacía que el planeta fuera menos monótono.
Había terminado en Londres, Inglaterra, en lo que parecía ser un día típicamente gris. La lluvia caía ligeramente aunque mejor dicho en vez de caer se pegaba irritablemente a la ropa y con lentitud enfriaba a la gente hasta los huesos. Multitudes de personas pasaban a su lado, acurrucados bajo sus paraguas o caminando apresurados con los cuellos de sus abrigos levantados en una pobre defensa contra la humedad. El mundo aquí era gris y lúgubre – nada tenía color.
Caminó entre ellos hasta que no pudo más y busco refugio en una tienda de café. Pidió su orden y pago sin mirar a nadie y luego encontró un cómodo asiento cerca de un calefactor. No le molestaba tanto el frio como le molestaba la humedad, y se saco con gracia el abrigo antes de mirar alrededor.
El lugar era pequeño y lleno de libros y extraños adornos. Las mesas eran de tamaños diferentes y parecían venir de una colección de diferentes tiendas de antigüedades. La que había elegido al parecer en su vida previa había sido un escritorio o una especie de buró. Tenía cajones y su superficie estaba cubierta de un liso cuero verde. Tuvo que resistir el deseo de abrir los cajones para ver si había algo en ellos.
"Su cappuccino, señor."
Miro al camarero y parpadeo sorprendido. El joven poseía los ojos mas verdes que hubiera visto en un ser vivo. No podía ser una característica natural en un ser humano, pero al parecer lo era. El resto de él era hermoso en una especie de forma juvenil: su piel era pálida, tenía alborotado cabello oscuro que parecía haber sido peinado por un huracán, y tenía una extraña cicatriz en su frente. Parecía como si alguien hubiera tallado la runa sowilo en su piel.
El chico noto su mirada y levanto la mano para cubrir la cicatriz con su cabello. "¿Hay algo mas en que puedo servirle?"
Loki negó con la cabeza. Luego pensó. El chico estaba marcado, de alguna manera, por el sol y la victoria. Por fin había encontrado algo verdaderamente interesante.
"¿Hay algo en los cajones?" le pregunto. Preguntar de forma directa sobre la cicatriz, juzgando por la reacción anterior del chico probablemente sería una mala idea.
El chico ladeo la cabeza y sonrió ligeramente. "Secretos, supongo," le dijo. "solo las personas que necesitan este lugar son capaces de encontrarlo, y esta mesa –" la miro con una extraña expresión de cariño "- esta mesa parece atraer a la gente con secretos. A veces, dejan cosas. Yo no las leo. A veces la curiosidad es algo malo."
Dijo lo ultimo como si supiera de que estaba hablando y Loki se sorprendiendo a si mismo riendo. "¿Que sucederá cuando los cajones se llenen?"
"Nunca lo harán," respondió el chico. Vacilo un momento, y luego volvió a sonreír. "Lo dejo. Sólo llame si necesita algo."
Loki lo observo marcharse, admirando las líneas de la espalda del joven y el ligero vaivén de sus caderas. Llamaría, quizás. Incluso podría regresar a este lugar. Bebió su café y suspiro con satisfacción, acomodándose en la silla. Cada gobernante supremo necesitaba un consorte, y un joven marcado por la victoria sería apropiado.
