Advertencias: Los personajes no son míos, son de Kishimoto.

Un final sin principio.

Capítulo Ocho: El final, al principio.

by Shiga san

Deidara despertó tiempo después, no supo cuanto, dolido, confuso, cansado.

En una cálida cama en una habitación desconocida. Vio a Hidan en la misma habitación, aseado, y con ropa nueva, acunando al pequeño al que alimentaba con un biberón.

El otro inmortal también estaba en el cuarto.

Miró a Kakuzu con odio, por alejarle de Itachi, por permitir que se entregara a cambio de sus vidas.

Por que Deidara intuía que eso es lo que había pasado, pero ni lo preguntó ni lo quiso saber.

Una semana después, cuando Sasori entró para hacerle un visita, la cama estaba vacía, y la cunita también.

Deidara se había largado, sin decirle nada a nadie, y se había llevado a su hijo con él.

Sin saber que Itachi estaba bien, ya que los ninjas de las dos aldeas se tragaron que tanto Deidara como el bebé habían muerto.

Las marionetas que Sasori había preparado para ello eran perfectas, y las explosiones de chakra durante el parto, que cesaron cuando el pequeño finalmente nació, hicieron mas creíble la historia de la muerte de los dos.

Los que dudaron de su palabra, quedaron satisfechos con los cuerpos, que afortunadamente consiguió Konoha, ya que Iwa no tenía ningún interés en los cadáveres.

Apenas tardaron unas horas en dar con él y hacerle entender que no podía ir por ahí haciendo el tonto, ahora que la vida del nuevo integrante de la organización dependía de él...

Enfurruñado y avergonzado, Deidara esperó los nueve días que tardó Itachi en regresar a sus brazos, a la casa en la que había vivido gran parte de su embarazo...

Tuvo que cortarse el pelo, y cambiarle el color, pero era un precio muy pequeño por su felicidad...

Al fin y al cabo, estaban muertos, y nadie debía descubrirles de ninguna de las maneras...

*Tres años después*

Sentado sobre un tronco a un lado del camino se recoloca con tranquilidad la capucha que le resguarda del sol. Espera a alguien que sabe que vendrá, aunque siempre lo haga tarde.

Sabe que dirá cuando vea su vientre de nuevo abultado... Sonríe a la personita que trata de coger al insecto con un palo, justo a su espalda, fuera del camino.

El sol alumbra todo, haciendo que el verde de las hojas sea mas verde, que el cálido rojo de las pequeñas flores sea mas intenso y que la fina arena del camino brille como si un montón de pequeños diamantes hubieran sido mezclados con la tierra.

Su fino olfato disfruta de cada uno de los aromas por separado y del conjunto de ellos al mismo tiempo. Su mirada azul se desvía de nuevo al pequeño, que ahora trata de hacer una casa para el insecto colocando hojas y palitos unos sobre otros, aunque el bicho se empeñe en seguir escapándose de sus regordetes dedos.

Otra persona se acerca a él, por el camino natural entre los árboles. El pequeño de dos años, dormido en su hombro no se preocupa de nada mas que de disfrutar del suave colchón que es su padre.

Itachi se sienta a su lado en el tronco y desliza un poco de la capucha para poder besarle la mejilla. Deidara sonríe, y suspira un poco aburrido de esperar.

Está dispuesto a marcharse al hogar que los dos han creado, lejos del mundo ninja que tiempo atrás era su único universo, cuando la figura conocida de un viejo compañero le hizo levantarse y caminar hasta él.

Hidan palmeó su cabeza, retirando la capucha para romper a reír histéricamente.

– ¿Aún sigues moreno?. – Su sonrisa ocupó su cara al completo, como un insulto inocente. Estiró el dedo índice de la mano derecha y pinchó con cuidado el vientre de su ex compañero. – A Kaku le va a encantar esto, ha perdido la apuesta y me debe un montón de dinero, jajaja... ahora en serio, vais a formar vuestra propia aldea, ¿A que si?. – Mira a Itachi, ahora junto a él también, acunando a su segundo hijo con delicadeza extrema. – En algún momento tendréis que parar, tío, va en serio... si seguís fabricando críos sin parar os van a descubrir.

– Yo también me alegro de verte. – Repuso Itachi, que regresó al tronco, con la vista puesta en su hijo mayor, acuclillado al pie de un árbol, jugando con el insecto que había cazado minutos antes.

– Bueno, como sea... – Alarga un sobre abultado que Deidara sabe que contiene dinero. – Esa rata egoísta dice que esta es la última vez... pero tu tranquilo, puedes contar con mi parte, ya sabes. – Hidan se señaló a si mismo exagerando el gesto. – No quiero la pasta para nada. No necesito comer ni lujos de ningún tipo, me apaño bien con el par de mudas que tengo y a vosotros os hace mas falta... y estoy seguro de puedo sacarles algo al resto... aunque a ese pequeño gusano que tenéis por hijo le caiga tan mal que me odie …

– No te odia. – Deidara miró a un lado, a su pequeño, al que le hizo un gesto con la mano para que se acercara. El niño negó apretando los labios, pero ante la insistencia de su madre, no pudo mas que acercarse finalmente, abandonando a su "juguete" a su suerte. – Es solo que siempre le haces de rabiar...

– Los animales y los niños pueden detectar el mal. – Puntualizó Itachi desde su sitio.

– Muy gracioso, Uchiha. – Le miró de soslayo, pero el enfado apenas le duró unos segundos, hasta que sintió los dedos del niño en su pantalón, tirando de él para que se agachara a su altura. – Tu padre es un idiota... menos mal que has salido a Deidara.

El pequeño se carcajeó feliz en los brazos del peliplata.

Hidan miró al final del camino, señalando con la cabeza al niño para que mirase también. Inmediatamente se quiso bajar y corrió hasta la personita que venía.

El otro niño, de piel extrañamente azul, se apresuró hasta llegar a donde Deidara estaba sentado. El pequeño guió al niño nuevo a su casa para insectos, y el hijo de Tobi abrió la boca maravillado por el buen trabajo, aunque él pondría un par de piedrecitas por delante...

Tobi llegó hasta ellos, a paso tranquilo, mientras Hidan se despedía con la mano, prometiendo un que volvería dentro un rato.

No era buena idea que les vieran juntos, la gente podía asociar ideas y eso era malo. A si que siempre que iban a verles, lo hacían de uno en uno, o como mucho en parejas.

Tobi conversó con ellos mientras los niños jugaban a un lado, ajenos a todo lo que sucedía a su alrededor.

Les informó de que seguían controlando cualquier rumor o información que surgía sobre ellos y que para cualquier cosa que necesitaran, contaran con ellos.

Por extraño que pudiera parecer, Zetsu y Tobi habían decidido casarse, ese mismo año... Quizá un hijo no era suficiente razón para hacerlo, pero quererse,se querían.

Todo lo malo, había quedado atrás, perdonado, que no olvidado.

Cosas así nunca se olvidan...

Cuando la tarde empezó a morir, Hidan regresó y Tobi tomó a su cansado hijo en brazos, para volver a su hogar.

La pareja les despidió con la mano, juntos, abrazados, con sus hijos siempre cerca... sonriendo hasta el dolor.

Los dedos de Itachi acariciaron su cabello, negro y precioso, añorando los mechones largos del color del sol que tanto había añorado besar... pero eso era lo de menos. Estaban juntos y era lo que importaba, lo demás solo eran detalles insignificantes.

De camino, ya fuera de su vista, Hidan animoró el paso.

– ¿Crees que estarán bien?. – Preocupación real en sus palabras. – ¿Son felices?

– La felicidad no se vive, se recuerda. – Tobi murmuró con voz seria, acunando al pequeño en su pecho. – Sí, Hidan, creo que algún dia recordarán que justo un día como hoy, fueron imensamentem felices...

– Me alegro. – Murmuró en respuesta el jashinista. – De verdad, que me alegro por ellos.

– Lo sé... todos lo hacemos. – Tobi sonrió y apretó el paso.

Empezaba a refrescar y él solo quería recordar que, tal día como hoy, corría a los brazos de Zetsu para contarle que Deidara volvía a estar embarazado de nuevo.

Nada mas.

***FIN****

Bueno, tenía cargo de conciencia ( Gracias Karu, me has tenido con el come come todo el santo día, espero que estés contenta) y ahora si, he escrito el final que tocaba de verdad. Debería haber cortado el cap en dos, o en tres, pero sinceramente, quería terminarlo ya, por la falta de revis, por que la historia no da para mas y por que necesito el sitio que me ocupa escribir este fic para otros escritos que requieren de mi atención mas inmediata y urgente.

Gracias a todas las que habéis leído y disfrutado con el fic, a las que comentasteis al principio y que luego me obsequiasteis con vuestro silencio. Gracias de todo corazón, por leer, y sobre todo por demostrarme fic a fic, que no merece la pena que pierda mi tiempo en esto.

Seguiré escribiendo, eso por supuesto... no voy a dejarlo. Lo necesito, es importante para mi, para mi vida...

Poco mas, que gracias de nuevo a las que comentasteis, os lo agradezco en el alma.

Y para el resto solo os digo algo que mi padre repetía sin cesar una y otra vez... desde que era niña hasta hace unos años que se fue:

" Cada uno tiene la vida que se merece"

Pensad en ello, nada mas.

Besitos y mordiskitos

Shiga san.