No podía creer lo que escuchaba, los relatos que había escuchado sobre el feudal se quedaban cortos. No era malo, era el mismo demonio.
-¿Quedo claro?-
-Si señor-respondio bajando la cabeza, no podía hacer mas, no le importaba lo que le pasara a ella pero era capaz de cualquier sacrificio por su familia y por Sai.
-Además… entraras a trabajar en el palacio como parte del servicio.
-¿Qué?- Grito llena de rencor.-Eso no es posible, trabajo para la familia Hyuga.-musito con la esperanza de lograr disuadirlo.
-Ese no es problema, enviare a alguien para que hable con ellos. Vivirás en palacio, se te dará un día de la semana para que visites a tu familia. Hoy mismo te espero para que empieces a trabajar.
- ¿Alguna duda?
-No señor-"maldito, infeliz"penso llena de rencor.
-Puedes retirarte.
De camino a su casa Sakura pensaba en lo que le diría a su familia y sobre todo a Sai, el era el que mas le preocupaba, la reacción que tomaría cuando escuchara lo que iba a decirle; tenia que inventarse algo, no deseaba que sus padres sufrieran y tampoco que en un arranque de ira Sai retara al feudal a duelo, eso significaría el fin de Sai; ella no podía permitir que eso ocurriera, lo amaba demasiado; y por eso ya había tomado una decisión. Al acercarse a su casa vio una figura conocida recargada en la entrada de la casa, era su madre que al verla llegar corrió a abrazarla.
-¿Sakura mi amor te lastimo?- pregunto entre lagrimas.
-No mama.
-Chiquita ese infeliz te golpeo, mira tu rostro tiene marcas de sus golpes. Hubiera dado cualquier cosa por evitarte este dolor mi cielo. ¡Perdoname!
-No podías hacer nada madre-dijo abrazándola.
-Te pondré un ungüento de árnica para que se te baje un poco la inflamación de la mejilla. Luego un poco de polvo de arroz y el velo cubriendo tu rostro, nadie notara la marca. No te preocupes lucirás bellísima, cuando Sai te vea vestida de novia se enamora aun mas de ti.
Sakura sentía que cada palabra de su madre la lastimaba mas, el día que Sai la viera vestida de novia jamás llegaría.
- Ya paso mama, y las marcas son porque no se lo deje tan fácil. El también tiene marcas en el rostro. ¡Lo rasguñe!- Declaro orgullosa.
-¡Sakura!- Exclamo su madre al escuchar las palabras de su hija.
-Ya olvidemos ese tema. Entremos a la casa tengo algo importante que decirles a papa y a ti.
-Sobre que hija.
-Lo sabrás dentro de poco. Sai debe estar presente.
Sus padres la veían con expectación. ¿Que seria lo que la pelirosa les iba a decir?
-Sakura habla-dijo su padre, tratando de sonar sereno.
Empezaba a temer lo peor, la actitud de su hija era desconcertante, solo daba vueltas en la cocina. Su pequeña hija, siempre seria su niña sin importar cuantos años tuviera. Al verla entrar a la cocina se había contenido para no correr a abrazarla, eso seria peor. Sabía que esos momentos eran dolorosos para su hija, pues había tenido que pasar la noche con el feudal. Le dolía ver el rostro de su hija, ese animal la había maltratado, no había tenido compasión con su pequeña.
-Hay que esperar a que Sai llegue.
-Ya le mande avisar, no creo que tarde. -dijo su madre.
-Hola mi amor- dijo Sai entrando a la cocina.- ¡Amor! -exclamo al verla sin arreglarse.-Ya deberías comenzar a prepararte, es tarde y la boda comienza a las tres. Sakura ¿Que te paso en el rostro?
-Me pegue con la puerta. Toma asiento Sai. Bien… lo que… quiero decirles es que...
