Capítulo XI

El dolor de abdomen era tan agudo que incluso padecía de éste en sus pesadillas. La joven sicario, Seishirou Tsugumi, se sujetaba con fuerza el abdomen y emitía fuertes quejidos, revolcándose como un gusano en el colchón; hasta que al fin tomó la suficiente consciencia de sí misma y abrió los ojos.

—¿Qué… qué pasó…?

Miró detenidamente a su alrededor. Ahora mismo se encontraba en la alcoba de su departamento, recostada y completamente envuelta por el edredón. Lo hizo a un lado y notó que no llevaba nada puesto de la cintura hacia arriba a excepción de su sostén y un vendaje que le hacía presión en toda la parte inferior del tronco; misma que le punzaba muchísimo al más leve movimiento que hacía. Intentó incorporarse pero el dolor fue tan excesivo que no tuvo otro remedio que rendirse y permanecer recostada unos instantes más.

¿Quién me trajo hasta aquí? Lo último que recuerdo es a esa mujer de traje negro, la protectora del nieto del Don de la familia Benedetti, frente a mí, a punto de atacarme. ¿Qué pasó después? ¿Me dejó fuera de combate? Esta herida, seguramente fue ella quien me la hizo. Pero entonces, ¿quién me trajo hasta aquí? ¿Qué pasó con la señorita y con Raku Ichijou?

Pasados unos minutos intentó de nuevo ponerse en pie. Lo logró, pero muy a duras penas. Se acercó lentamente, caminando con dificultad, al armario de la habitación. Lo abrió y se encontró con las prendas que había llevado puestas durante aquella fatídica tarde en las afueras de la mansión de los Kirisaki. Estaban debidamente dobladas y colgadas; de seguro la o las personas quienes se habían tomado la molestia de cuidar de ella, las habían guardado ahí. Buscó en su chaleco su teléfono celular para consultar la hora. ¡Pasaban de las doce del mediodía! Desesperada, se vistió como pudo y se apresuró a salir.

Señorita. ¿Usted en verdad piensa marcharse? ¿Va usted a abandonarnos? Esto no puede estar sucediendo. ¿Que la señorita va a casarse con ese sujeto? ¿Que va a dejar la escuela? ¿Que va a irse a vivir a Italia? ¿Y su padre está consintiendo esto?

Tsugumi necesitaba respuestas cuanto antes.

Le costaba mucho mantenerse en pie. El malestar era tan grande que el caminar le resultaba muy difícil, al grado de tener que sujetarse de los muebles o de las paredes para no caerse. Intentó llegar por si sola hasta la salida pero se desplomó antes de siquiera dar más de cinco de pasos fuera de la alcoba. El dolor de abdomen era demasiado para ella; ya no se pudo volver a incorporar por más que lo intentó. Permaneció en el suelo durante un buen lapso de tiempo, que a ella le pareció una eternidad, hasta que por fin Paula abrió la puerta del departamento y la encontró en tan terrible escena.

—¡Black Tiger! —dejó caer de la impresión el par de bolsas que llevaba en brazos y un montón de latas, frutas y demás objetos rodaron por el piso.

La albina llevó a su convaleciente colega de vuelta a la cama.

—No estás bien —le regañó—, necesitas guardar más reposo. Estuviste a una nada de que te reventaran los órganos. Pero afortunadamente sólo es una contusión en tus músculos abdominales. Aún así tienes que guardar reposo por más tiempo.

—Esa mujer, Paula —musitó Tsugumi con el timbre de voz propio de un convaleciente—, tú también te debiste dar cuenta de quién era ella…

—Sí. Lo comencé a sospechar desde la primera vez que la vimos en la escuela. Pero ahora ya no me queda la menor duda de que se trata de ella. La soldato más temida de la familia Benedetti, no, de todo el Cosa Nostra. Se dice que muy pocas veces se la ha visto en acción, pero desde aquel horrible incidente en el restaurante Baccinetti, se ganó una reputación incuestionable. En el bajo mundo se le conoce como Sanguigna, la asesina que se enfrentó y mató por si sola a un regime entero, atacándolos de frente. Veo que los rumores no estaban exagerando: su velocidad, su puntería con las armas de fuego, la facilidad con la que te dejó sin reacción... Pero no me explico que hace alguien tan fuerte como ella siendo la miserable perra faldera de ese hombre. Ahora entiendo por qué estaba tan confiado pese a haber venido solo, a excepción de con esa mujer.

Tsugumi frunció el seño. No le importaba en lo absoluto sentirse inferior o superado por alguien más; lo que le dolía era el no haber podido proteger a Raku Ichijou y llegar hasta Chitoge, y en su lugar haber terminado fuera de combate de esa manera tan patética y humillante.

Al igual que Raku Ichijou hizo en su momento, Tsugumi le preguntó a Paula por todo lo que había acontecido; y ella pasó a explicarle con lujo de detalles la situación. Eso incluyó también el paradero del propio Raku, quien hasta hace unas horas también se encontraba descansando en el mismo departamento luego de haber sido herido, en compañía del resto del grupo quienes se marcharon hace poco para atender el colegio.

—No es posible —se lamentó Tsugumi, conteniendo el llanto—. Ahora, ¿qué es lo que le voy a decir al señor Claude cuando se despierte?

—¿El señor Claude aún sigue inconsciente?

—Sí —dijo a modo de lamento—. Me dijeron que ya estaba estable, pero que le tomaría de un día a otro despertarse.

Por prescripción de su amiga, permaneció en cama durante el resto del día; de esa manera debería poder moverse sin problemas a la mañana siguiente.

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A primera hora del día, luego de haber desayunado, lo primero que hizo Tsugumi fue ir a visitar la ahora deshabitada mansión de los Kirisaki.

Se quedó contemplando la fachada de la residencia durante un considerable tiempo. Los dolorosos recuerdos de aquella tarde se le vinieron a la mente de uno por uno hasta casi reproducir por completo toda la escena.

"Los matones que había en los alrededores supervisando la mudanza… ellos no eran sicarios del Beehive. De seguro eran los propios soldati de los Benedetti. ¿Cuándo fue que llegaron a la ciudad? ¿Y cómo fue que terminaron dándose así las cosas sin que yo me diera cuenta? Desde que el señor Claude fue hospitalizado perdí el contacto con la mansión y la señorita. Fue la misma Paula la que tuvo que venir a informarme a la clínica que habían comenzado a sacar los muebles. Corrimos juntas a averiguar lo que ocurría. Vaya horrible sorpresa. No sólo ya no podré volver a ver a la señorita de nuevo, sino que, además, si lo que me dijo Paula es cierto, pronto se me dará a mí también la orden de retirarme de este país."

—Sabía que te encontraría aquí —exclamó Paula, quien acababa de allanar los jardines de la propiedad.

Tsugumi cerró los ojos y soltó un suspiro.

—Se suponía que teníamos que evitar que esto sucediera —dijo lenta, pausadamente—. ¿Cómo fue…? ¿Cómo fue que las cosas terminaron así?

—Deberías verlo por el lado positivo, Black Tiger. Ahora que la señorita ha terminado su relación con ese tontorrón, ya no hay ningún obstáculo para que puedas salir con él —le comentó de manera muy despreocupada y trivial.

Tsugumi, al oír esto, se puso nerviosa y su rostro enrojeció.

—¿Pero cómo puedes decir esa clase de cosas en un momento como este? —gritó tartamudeando. Si lo que trataba de hacer su colega era sonar graciosa, a Tsugumi no le había hecho ninguna gracia sus palabras.

—¿Y por qué no? Digo, si esto es lo que en verdad quiere la señorita, entonces ya no hay ningún problema, ¿no? Además, deberías ver cómo está de abatido el pobre chaval. Deberías aprovechar y ser tú quien lo consuele.

—¿C-consolarlo dices?

La imagen mental de ella abrazando a un Raku que había caído en llantos, y a quien le decía: 'No te preocupes, yo siempre estaré a tu lado. Todo va a estar bien', cruzó por su imaginación. No lo soportó ni por tres segundos y se echó a correr al muro de la residencia para estrellar su cara repetidas veces contra él.

—¡Escoria, escoria! —se reprendía a sí misma—. ¡Cómo te atreves a pensar en eso en estos momentos!

—Aunque hay un pequeño problema —agregó Paula, llevándose la mano a la barbilla a modo de alguien que se dispone a pensar a detalle—: si la orden directa de nuestro jefe fue que todos los miembros de la banda debemos dejar Japón cuanto antes, eso significa que tú también te tendrás que ir.

"Eso es cierto… —Tsugumi dejó de hostigarse y se puso a pensar más a detalle en la situación—. Ahora que la señorita se ha marchado, ya no hay ningún motivo por el cuál yo deba permanecer en este país. Además, si la señorita va a casarse con ese hombre, significa que dentro de poco ella pasará a formar parte de la familia Benedetti. Mientras yo siga siendo miembro del Beehive, ya no seré capaz de continuar a su lado."

—Es una pena —continuó la albina—, porque entonces no vas a poder estar mucho tiempo al lado de él. Pienso que al menos deberías aprovechar el poco tiempo que te queda y ser uno con él, aunque sea sólo por una vez en la vida.

—¿A qué… te refieres con ser 'uno con él'? —su desconcierto llegó a tal grado que se echó hacia atrás un par de pasos y su enrojecida cara comenzó a hervir de tal manera que brotaba vapor a través de sus poros.

—Y bueno, si tienes algo de suerte, es probable que, tras esa unión, te puedas quedar con un pequeñito recuerdo suyo que te acompañará a dónde quiera que vayas —le dijo en un tono medio irónico, medio serio y, a su vez, medio malicioso, mientras cruzaba los brazos y los movía como si estuviese arrullando 'algo' en ellos. Tsugumi, al verla hacer semejante ademán, no lo soportó más y su rostro explotó de vergüenza. Cayó de sentón al piso.

—¿QUÉ? ¿Yo, llevarme un 'recuerdo' de… de… de…? —La pobre jovencita hizo empleo de toda su fuerza de voluntad para evitar que su imaginación se dejase arrastrar por las insinuaciones un tanto subidas de tono de Paula. Pero fue inútil: por su mente cruzó la imagen de ella misma sosteniendo un infante—. ¡No! —Rápido sacudió la cabeza con fuerza—. ¡De ninguna manera yo sería capaz de…! ¡Espera un segundo!

"Ahora lo recuerdo —se dijo en sus adentros—. La señorita, ¿acaso ella no está esperando un hijo de…? ¡De Raku ichijo! Oh, no… si ese hombre se llega a enterar, ¿qué es lo peor que podría suceder?"

Entró en total pánico.

—Deja de gritar como loca y correr en círculos —dijo Paula al ver el rarísimo e inexplicable comportamiento que su compañera había adoptado tan de repente—. Oh, por cierto. Hace poco recibí un mensaje de uno de los subordinados del señor Claude. Me preguntó sobre el por qué habías tenido tu celular apagado todo este tiempo, y me pidió que te dijera que te reportaras al hospital cuanto antes.

Tsugumi se detuvo en seco y guardó la compostura.

—¿Y sabes para qué desea verme?

—Ni idea.

Soltó un pronunciado suspiro y, tras unos minutos de descanso, se dirigió galopantemente a la clínica.

"Señor Claude, ¿qué es lo que le voy a decir cuándo se despierte? Me pregunto cuál será su reacción cuando se entere de todo. Él me había encomendado que cuidara a la señorita y yo le prometí que no permitiría que ese hombre se acercara a ella. Le fallé. Quizás, si en aquella ocasión no hubiese permitió que ese hombre se acercara a la señorita… ¡Pero ella me ordenó que lo dejara! ¿Qué más hubiera podido hacer? ¿De qué manera la habría podido proteger sin desacatar sus órdenes?"

Ya en la habitación dónde su tutor yacía convaleciente, se encontró con uno de sus hombres de mayor confianza, quien pasó a explicarle que el resto de los subordinados del señor Claude habían tenido que marcharse del país inmediatamente por órdenes directas del jefe, por lo que él era el único que quedaba. No obstante, él también debía irse lo más pronto posible, por lo que le encargaría a ella el cuidar del señor Claude hasta que se rehabilitara por completo. Una vez hecho, ambos tendrían que abandonar el país al igual que el resto.

—El doctor me dijo que su estado de coma no es muy profundo, y que seguramente se despertará durante los próximos días. Por favor, Seishirou, encárgate de informarle sobre todo lo acontecido una vez se haya despertado.

—De acuerdo.

—Gracias, cuento contigo.

El gánster salió del recinto y Tsugumi se quedó a solas observando al inconsciente Claude.

Señor Claude. Usted siempre fue el qué más cuidó de la señorita desde que era pequeña. No me quiero ni imaginar cómo se sentirá cuando se entere de todo esto.

—¿Puedo entrar? —Preguntó Paula desde el otro lado de la puerta.

—Pasa —contestó Tsugumi. La albina le tomó la palabra—. Por cierto, Paula, ¿no vas a marcharte también?

—No —negó moviendo la cabeza—. No me importa si luego me reprenden. Permaneceré a tu lado hasta que te puedas marchar, para que al menos así las dos regresemos juntas a América. Sólo soy una simple agente, no creo que mi presencia cause mucho escándalo mientras no haga algo que sea demasiado… ¿Black Tiger?

Tsugumi ni se había esperado a que terminase de hablar cuando se lanzó a abrazarla.

—Muchas gracias, Paula. Ahora más que nunca necesito de tu apoyo.

—Hablando de eso, ¿qué hay de tus compañeros y la escuela?

A Tsugumi se le formó un vacío en el pecho. Soltó a Paula, caminó hacia la ventana y se puso a contemplar el atardecer a través de las persianas, como si tratase de divisar, entre la lejanía del paisaje de aquella nostálgica ciudad, sus recuerdos.

—He estado pensando al respecto y creo que lo mejor será que ya no me presente de vuelta en el colegio. Permaneceré oculta, cuidando del señor Claude, hasta el día que nos marchemos.

—¿Por qué?

—Porque sé que si voy con ellos y me despido —respondió la pobre Tsugumi con la voz que se le quería romper y llevándose la mano al pecho—, eso hará para mí las cosas mucho más difíciles de lo que ya son. Además, es muy probable que todos piensen que ya me he marchado. Lo mejor en este caso será dejar así las cosas.

—Bueno, si ese es el caso. —Paula se llevó las manos a la nuca y miró hacia el techo con un poco de incertidumbre—. Pero, Black Tiger… ¿En verdad vas a dejar así las cosas con Raku Ichijou?

Tsugumi, al oír aquel nombre, se puso algo tensa y su ceja se arqueó exageradísimamente, como una especie de tic nervioso.

—¿A qué te refieres? —tartamudeó—. Ya te dije que no hay nada entre nosotros.

—Ya te lo dije —dijo la albina—: si por como están las cosas ya no vas a ser capaz de volver a verlo, al menos llévate contigo un recuerdito suyo. —A Tsugumi no le estaba dando nada de gracia ni la manera ni los gestos con los que Paula había pronunciado la palabra 'recuerdito'—. ¡Qué mejor oportunidad ahora que el pobre se encuentra despechado!

—¡Basta, Paula! Ahora no es el momento de pensar en eso —gritó Tsugumi irritada—. Por cierto —buscó cambiar rápidamente de tema—, ¿cuándo y cómo fue que ese hombre se volvió a acercar a la señorita? ¿No se suponía que la estabas escoltando?

—Lo siento, Black Tiger —Paula se rascó la cabeza y desvió la mirada, como si estuviese algo apenada—. Pero desconozco esos detalles por completo. La verdad es que… la verdad es que dejé de escoltar a la señorita unos días antes de que todo esto pasase.

—¿Qué has dicho? —Tsugumi sujetó a Paula de los hombros. Se le veía furiosa—. ¿Pero por qué hiciste eso? ¡Te dije claramente que no te despegaras de la señorita por nada!

Paula se encogió de hombros.

—Tuve que hacerlo. El señor Kirisaki organizó a un selecto grupo para darle búsqueda al Sottocapo de los Benedetti; estaba desesperado y quería encontrarlo cuanto antes. Yo fui llamada y tuve que asistir a la misión.

—¿Y por qué no les dijiste que estabas ocupada vigilando a la señorita? —grito sin dejar de zarandearla, sin reparar en que la estaba lastimando—. ¡Si se los hubieses dicho…!

—Porque ese era originalmente tu trabajo.

—¿Qué?

—Si les hubiera dicho que era yo quien estaba vigilando a la señorita en tu lugar, se habrían dado cuenta que habías dejado de lado tu misión, y te habrías metido en problemas. Yo pensé que si sólo era por unos cuantos días, no iba a haber ningún problema. Black Tiger, yo…

Paula apretó los ojos, estaba más que preparada para recibir una buena reprimenda por parte de Tsugumi. Pero no fue así. Ella, en lugar de eso, la soltó y caminó cabizbaja a sentarse en un banco junto a la cama donde reposaba Claude.

—Déjame sola, por favor —susurró con el rostro tapado por ambas manos.

—Pero, Black Tiger, yo…

—Que me dejes sola.

Paula suspiró. —De acuerdo.

Y así fue como Tsugumi permaneció en solitario, al lado de un aún inconsciente Claude, durante el resto de la tarde.

"Todo es mi culpa. No debí haberme separado de la señorita sin importar nada. Subestimé la gravedad de la situación y pensé que estaría bien descuidar mi puesto por cuidar del señor Claude. ¡Pero estoy segura que si él hubiese estado consciente, me habría dicho que no me preocupara por él y fuera al lado de la señorita! ¡Que ella era mucho más importante que él! Sin darme cuenta, he desobedecido por completo la orden que se me dio y he fracasado en mi misión. Si no lo hubiese hecho, es probable que nada de esto estuviera pasando ahora. ¿Con qué cara voy a ver al señor Claude cuando le tenga que informar y sepa que le he fallado?"

Esa noche Tsugumi la pasó en vela, llorando en silencio y odiándose a sí misma por todas y cada una de sus malas decisiones.

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Transcurrieron los días. Tanto Paula como Tsugumi continuaron cuidando de Claude, y ninguna de ellas volvió a aparecerse en el colegio, dando así la impresión de que ellas ya se habían ido del país.

Hasta que, durante una mañana cualquiera, Claude por fin salió del coma.

Como era de esperarse, lo primero que le preguntó a Tsugumi fue sobre cómo se encontraba la señorita y la situación actual con el capo del Cosa Nostra que la acosaba. En un principio Tsugumi pensó que lo mejor sería esperar a que Claude se estabilizara un poco más antes de soltarle tan terribles noticias, pero él, ansioso, no paró de insistirle con vehemencia que le informara con lujo de detalles todo lo que había pasado durante su letargo. A su vez, le hizo a Tsugumi una revelación que la dejó helada e iracunda al mismo tiempo:

—Entonces… ¡Entonces fue esa miserable mujer la que le hizo esto! —Gritó Tsugumi alzando su puño, el cual le temblaba de lo fuerte que lo apretaba, a la altura de su pecho.

—Pero eso es lo de menos, Seishirou. Aún no has contestado mis preguntas. ¿Cuál es la situación actual con el hombre que te encomendé que no dejaras acercarse a la señorita? ¿Cómo se encuentra la señorita? ¿Y cómo es que no estás escoltándola como se te ordenó? ¿Acaso ya pasó el peligro? Pásame el informe.

Resignada a su suerte y preparada para lo peor, Tsugumi pasó a contarle con lujo de detalles todo lo que estaba sucediendo. Tal y como lo había imaginado, Claude estalló en cólera, vociferó, maldijo profundamente al desgraciado de Maximiliano Benedetti, juró vengarse y clamó a los cuatro vientos que encontraría la manera de evitar a como diera lugar que la boda se llevase a cabo.

—¡Seishirou!

—¡Sí, señor Claude! —se puso rígida y comenzó a temblar de miedo, lista para recibir la arremetida de su tutor.

—Vamos a hacerle pagar con sangre a ese bastardo. ¿Estás conmigo?

—¿Eh? —Pero, para su sorpresa, tal cosa no sucedió—. ¡Sí!

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Pasaron los días. Durante ese tiempo, Claude se la pasó hablando por teléfono con todos sus contactos. Lo que fuese que haya estado discutiendo con ellos, no parecía estarle sentando bien; se le veía en su rostro cada vez que colgaba de forma violenta su teléfono móvil. No obstante, su mayor fuente de frustración no provenía de sus conversaciones sino de saber que, según los médicos, pasaría aún mucho tiempo antes de que siquiera se pudiese volver a poner de pie.

Una tarde, Tsugumi se encontraba deambulando por las calles de la ciudad. Si ella hubiese sido la misma Tsugumi de hace apenas un mes, de seguro se hubiera percatado con sobrada antelación de que estaba siendo seguida, y se habría ocultado perdiéndose entre los innumerables peatones. Pero la Tsugumi de este presente iba tan absorta en sus pensamientos que no fue sino hasta escuchar la voz de su perseguidora que se dio cuenta:

—¡Tsugumi-chan!

La sicario de cabellos azabache volteó a mirar hacia atrás. Confirmó que aquella amable y familiar voz que le había saludado desde la distancia, pertenecía a la señorita Yui Kanakura, Don de la organización criminal Char Siu, y profesora a cargo de la clase donde hasta hace poco ella asistía como alumna.

—K-kanakura-sensei. —Tsugumi sintió un estupor. Yui sonrió al notarlo—. Buenas tardes.

—¡Qué sorpresa! Yo creía que todos ustedes ya se habían marchado. ¿Qué haces aquí, Tsugumi-chan? ¡Raku-chan se pondrá muy contento cuando se entere que te has quedado! Pero entonces, dime, ¿por qué no has asistido a clases?

—¡No, se equivoca! —pasó a corregirle, poniendo sus manos abiertas al frente y moviéndolas a manera de negación—. En realidad, yo también deberé abandonar el país dentro de poco, así que no tiene ningún caso que los demás se enteren que sigo aquí. Se lo suplico, no le vaya a decir a nadie que me ha visto. Guarde el secreto, por favor.

Yui quedó dubitativa por unos instantes. No quería consentir algo como eso, pero también entendía que Tsugumi debía tener sus razones.

—De acuerdo —aceptó con una opaca sonrisa—. Pero, Tsugumi-chan, ¿se puede saber por qué te has quedado más tiempo? ¿Alguna razón en especial?

—¿Eh? Bueno, yo…

A final de cuentas, no es como si Tsugumi hubiese terminado contándoselo todo a su profesora por mera confianza, o sólo porque ella se lo había pedido. Quizás simplemente aceptó compartirle sus pesares porque en el fondo eso era lo que necesitaba hacer para desahogarse; porque tenía que sacárselo del pecho de una manera u otra.

—Ya veo —dijo Yui en cuanto terminó de escuchar el relato—. Entonces, al juzgar por el rumbo que tomabas, imagino que ibas camino al hospital de la zona oeste a visitar a Claude-san, ¿no es así?

Tsugumi asintió con algo de pesadumbre.

Yui la reconfortó con un cálido abrazo y le dijo que todo estaría bien. La joven sicario ya no pudo contenerse más: de sus ojos carmesí se derramaron sendas lágrimas, como lo estuvieron haciendo todas las noches que pasó en vela cuidando de su mentor. Cuando por fin se hubo tranquilizado lo suficiente, se despidió de su profesora y continuó su camino.

Yui la observó alejarse, preguntándose si en su posición habría algo que pudiera hacer por ella.

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Una tarde, Tsugumi iba de regreso a la clínica con un par de bolsas de supermercado en manos. No fue poca su sorpresa al escuchar, en la lejanía del pasillo que conducía a la habitación privada del señor Claude, los gritos y súplicas de una conocidísima voz, la cual llevaba semanas sin haber oído.

No puede ser. ¿En verdad él está aquí?

Dejó caer las bolsas al suelo y corrió hasta situarse a un par de metros de la puerta entreabierta del recinto. Desde ahí pudo mirar y escuchar a detalle tan increíble escena. ¡Raku Ichijou postrado ante Claude, suplicándole ayuda para viajar a Italia y traer de vuelta a Chitoge!

"Ahora lo entiendo…

»Raku Ichijou, él está humillándose de esa manera porque quiere traer de regreso a la señorita a como dé lugar. Porque a pesar de todo lo que ha pasado, él no se ha dado por vencido. Incluso el señor Claude… aún cuando creí que él me iba a culpar de todo lo ocurrido y me aborrecería, a pesar de que todo fue por mi negligencia… él no me ha recriminado nada. Todo este tiempo ha estado buscando la manera de solucionar las cosas, sin detenerse a buscar o castigar culpables. Porque eso no es lo que importa en estos momentos. Regañar y reprender no es el camino para solucionar los problemas. Y yo, ¿qué he estado haciendo yo? Todo lo que he hecho es sentirme miserable y despreciarme a mí misma por los errores cometidos, pero, ¿realmente he hecho algo para enmendarlos? Llorar en un rincón y sentirse miserable no es el camino para expiar tus pecados. Si en verdad yo estuviese arrepentida de mis acciones, ahora mismo buscaría la manera de volver las cosas a la normalidad, de reparar con mis propias manos lo que yo misma estropeé. ¡Lamentarse sin hacer nada es de cobardes y mediocres!"

En ese momento, Seishirou Tsugumi finalmente tomó su decisión.

—Espere, señor Claude.

Caminó hasta situarse a un costado del joven Ichijou y, en un acto que dejó con la boca abierta a Claude, pasó a postrarse del mismo modo.

—¡S-seishirou! —tartamudeó un Claude que no daba crédito a lo que veían sus ojos—, ¿pero qué estás…?

—Todo esto es mi culpa —le interrumpió—. Fue a mí a quien se le encomendó la misión de evitar a toda costa que ese hombre se acercara a la señorita en primer lugar. Pero no fui capaz de hacerlo. Es por mi negligencia que esto está pasando. He fracasado totalmente en mi deber de protegerla. Si desde un inicio hubiese cumplido con lo que se me ordenó, si no hubiese cometido el terrible error de dejar que ese hombre se acercara a la señorita, quizás nada de esto habría pasado. ¡Si alguien es culpable de esto, sin duda ese alguien soy yo!

»Es por eso que yo, aunque sé que no me lo merezco, quiero enmendar mi terrible falta a cualquier costo. Si no hago algo para arreglar las cosas, mi deshonra será tan grande que ya no soportaría seguir viviendo. Señor Claude, se lo ruego, permítame escoltar a Raku Ichijou a Italia. Le prometo que la traeremos de vuelta. Incluso si tengo que dar mi vida; es lo menos que puedo hacer para reivindicarme. Se lo suplico, señor Claude, encomiéndeme esta misión. ¡Hágalo por la señorita! Yo no puedo… yo no puedo seguir de brazos cruzados mientras ella está a punto de…

Aunque ninguno de los presentes pudo verlo, un par de lágrimas salpicaron en donde ella yacía con la frente en el piso.

—Estoy segura que si alguien puede persuadir a la señorita de que nos diga la verdad, es Raku Ichijou. Yo confío plenamente en él. Así que, señor Claude, se lo ruego, acepte la petición de Raku Ichijou y encomiéndeme la misión de escoltarlo. Se lo suplico, esta vez no le fallaré. ¡Se lo juro con mi vida! Le juro que evitaremos esa boda a como dé lugar.

Claude guardó silencio. Apretaba los dientes y fruncía el entrecejo. Ver a su subordinado más fiel, al que él mismo había criado desde que era un infante, poniéndose del lado de aquel mocoso al que tanto odiaba… ¡no podía soportarlo! Mucho menos hacerse a la idea de flaquear ante él, de hacer algo que significase ponerse de su lado. Pero, ¿qué más podía hacer, en su impotente estado actual; tan vencido y desbaratado como se encontraba?

Finalmente, el gánster cerró los ojos y exhaló un pronunciado suspiro en señal de resignación.

"Este es el camino que he elegido. Sin importar lo que pase, no voy a descansar hasta haber enmendado cada uno de mis errores. Sólo así podré ser capaz de perdonarme a mí misma algún día. Debo hacerlo, además, por la señorita Chitoge. Incluso, de ser necesario, no dudaré en dar mi vida para lograrlo."