Capítulo Especial

—¡Raku! ¡Raku, por aquí! —gritaba a todo pulmón la rubia jovencita, con suma alegría y un entusiasmo inigualable. Tan dulce, tan armoniosa era la melodía de su voz, que todos los jóvenes varones que iban transitando por aquella callecilla del centro de la ciudad, inevitablemente voltearon al oírla.

¡Y vaya sorpresa que se llevaron! Pues ante sus ojos se hallaba ni más ni menos que una despampanante chica, cuyas facciones iban entre extranjeras y locales, de larga y sedosa melena dorada y unos enormes ojos que brillaban cuales zafiros bajo los rayos del sol; ataviada en un exquisito vestido de encaje de color rosa pastel, prácticamente idéntico al de una costosa muñeca de aparador. Todos los muchachos al verla de inmediato se sintieron flechados, como si acabasen de caer irremediablemente enamorados a primera vista de su hermosura. Se preguntaron quién podría ser el gran afortunado a quien su nombre ella clamaba con tanta efusión. De seguro su novio tenía que ser uno de esos rompecorazones que sólo llegas a conocer una vez en la vida: alguien con mucho dinero, fama, poder, el porte de un actor de Hollywood y muy carismático. Menuda decepción, o más que decepción, menudo coraje y rabia sintieron al mirar a tan simplón y ordinario sujeto caminar hacia ella con toda naturalidad y desfachatez.

—¡Chitoge! ¡Buenos días! —saludó el fulano a su chica aireando la mano desde la distancia. La preciosa rubia comenzó a acercarse a él.

"¿Ese es su novio?" pensaba uno que otro de los escépticos espectadores, con la mirada atónita y la quijada hacia lo más bajo. "¡Pero eso es imposible! Una belleza como ella no podría…"

—Bueno días, darling. —Chitoge no desaprovechó el momento: antes de que su enamorado pudiera reaccionar, se aferró de su brazo, acción que avergonzó al susodicho en el acto—. ¿Listo para nuestra cita de fin de semana?

—¡C-chitoge! —replicó él por lo bajo, con la mejillas desbordadas de rubor. La manera en que su 'novia' se le había acercado sin previo aviso fue más que suficiente para dejarlo sin saber ni cómo reaccionar—. ¿Qué estás haciendo?

El grupo de jóvenes envidiosos sólo se dedicaron a observar, aún más impactados que en un inicio, la escena. Había entre ellos un par de espectadores quienes eran compañeros de escuela de la pareja. Ellos los conocían desde hacía ya mucho tiempo, y, por lo tanto, no les sorprendía en absoluto verlos así. "No se podría esperar menos de alguien como Ichijou" pensó uno de ellos, con una mezcla de rencor y admiración.

"¡Bastardo!" era, en cambio, el pensamiento unánime de los demás espectadores. Las miradas de celos y de mala voluntad no se dejaron esperar. Tan penetrantes e intensas que Raku incluso podía sentirlas a sus espaldas, como a una especie de aura malévola conspirando en su contra.

—¿Cómo que qué hago? —le dijo Chitoge luego de haber emitido una pícara risilla. Jamás se imaginó que ver a su queridito así de avergonzado, por causa suya, resultaría tan divertido y gratificante—. Estoy acompañando a mi novio a nuestra cita, como cualquier chica lo haría.

—Bueno, sí… —Raku no estaba seguro de qué responder. Actuar como novios era el deber de ambos y algo a lo que él ya debería estar por demás acostumbrado—. Pero no creo que sea necesario que lleguemos hasta estos extremos para…

—¡En marcha!

Y en un abrir y cerrar de ojos, fue arrastrado por ella. Ni el tiempo tuvo de reaccionar, mucho menos las fuerzas para resistírsele; todo lo que atinó a hacer fue suspirar y ponerse a pensar en cómo la actitud de su compañera seguía igual de rara, igual de inquietante que durante los últimos cinco días. Se temía que, de un momento a otro, el estado de ánimo de ella cambiase de nuevo y le metiese, sin previo aviso, una buena tunda; que le gritase, furiosa y apenada, por un supuesto exceso de confianza de su parte —aún cuando en realidad él no había sido responsable de nada—. "En cualquier momento… debo estar preparado" se decía a sí mismo mientras contemplaba la cabeza de Chitoge recargada en su hombro. Mientras tanto, se percató de que sus mejillas ahora estaban ardiendo y su corazón le retumbaba con fuerza dentro del pecho.

No supo ni en qué momento exacto fue que pasó, solamente que para cuando cayó en cuenta, Chitoge había dejado de tomarle del brazo para ahora abrazarlo por la cintura. Ante tremenda situación, su mente quedó completamente en blanco durante al menos unos cuantos segundos. "¡Chitoge! ¿Qué haces?" quería decir, pero las palabras se negaban a brotar de sus labios. Se había puesto demasiado nervioso y amedrentado como para hablar.

Y es que Chitoge se veía tan a gusto, tan cómoda, tan satisfecha, que pensó en que interrumpirla de ese estado quizás no sería una buena idea.

"Quizás lo mejor sea esperar a que ella me hable primero, así sabré qué debo hacer y qué no" concluyó.

—Oye, queridito —le susurró Chitoge, con una entonación chispeante y saturada de candor—, ¿recuerdas la última vez que fuimos al parque de atracciones?

—¿Q-qué? —Raku tuvo que espabilar—. S-sí... ¡Sí! Fue hace unos cuantos meses.

No hubo más palabras. La pareja siguió su rumbo caminando a paso lento y sereno, con la mirada un tanto morbosa de los peatones acechándoles.

"¿Qué debería hacer yo? —se preguntó a sí mismo—. Todos nos observan. No es que me moleste ni nada, yo ya estoy acostumbrado a esto, pero… Chitoge, ella es la única que me viene abrazando así mientras caminamos. Se supone que somos novios, ¿yo debería entonces hacer lo mismo?"

Recordó aquella última ocasión hacía ya más de un año, cuando trató de caminar junto a Chitoge abrazándola del hombro, y las consecuencias que esto trajo —una llave que lo mandó contra el suelo—. No obstante, todos los estaban viendo, sería una desfachatez que solamente fuera ella la que se estuviese aferrando a él con cariño. Con un poco de indecisión y miedo, levantó su mano y la posó en el hombro de Chitoge. De inmediato cerró los ojos y se encogió de hombros preparándose para la posible violenta reacción. Uno, dos, tres… pasaron los segundos, y nada. Abrió los ojos y miró que ella permanecía igual de tranquila y contenta. Raku suspiró de alivio.

—Supongo que deberíamos ir a comer algo antes de llegar al parque —sugirió Chitoge, rompiendo el silencio.

—¿Qué? Oye, pero ¿no preferirías que compráramos algo de comida en el parque?

—No, quiero que esta vez vayamos a un restaurante lindo.

Raku tragó saliva. Jaló del cuello de su playera para dejar entrar un poco de aire a su pecho y miró hacia el cielo durante un par de segundos.

—De… de acuerdo —le contestó, de una forma un tanto pausada y en voz baja.

La jovencita sonrió agradecida. Una vez más, comenzó a arrastrar a su supuesto novio rumbo a una de las zonas más concurridas del distrito de Bonyari.

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—Chitoge… ¡no te me pegues tanto! —le susurró a su falsa novia, mientras los dos caminaban en dirección al parque de diversiones—. Q-que siento que en cualquier momento alguien va a venir a matarme.

Ahora, los ojos de los peatones volteaban a verlos con mayor intensidad que antes. Las miradas de odio y resentimiento, Raku las podía percibir detrás de él, como a un centenar de cuchillos a pocos centímetros de apuñalarlo por la espalda.

—¿No me digas que te mueres de vergüenza, eh, queridito?

—Pues sí, también —Raku sufrió de un bochorno y todos los colores se le subieron al rostro—. Pero ese no es el punto.

—Pues yo también —le aseguró Chitoge, aunque por la forma tan suave y despreocupada en que se lo había dicho, junto a su sonrisa, no lo parecía en lo absoluto—, pero sabes que no tenemos otra alternativa. Te dije que hoy Claude iba a estar vigilándonos durante todo el día. —Mentira. Ella en realidad no tenía ni la menor idea de qué estaba haciendo en esos momentos su protector —, así que nos tenemos que aguantar. Además, dentro de poco vamos a cumplir dos años desde que empezamos a salir, es ilógico que aún te avergüences por caminar abrazados en una cita. Ya deberías estar acostumbrado a esto, ¿no?

—Bueno, sí. Pero…

Chitoge estaba en lo cierto, mas había algo en toda esa supuesta actuación que no le dejaba a Raku asumirla simplemente como tal. Su corazón latía fuerte, se aceleraba a mil por hora, y cada vez le costaba más y más trabajo mantener la compostura.

"¿Por qué estoy haciendo esto? —se cuestionaba Chitoge entre tanto, pues sabía muy bien que Raku comenzaba a sospechar—. Bueno, ya qué más da…"

Por dentro, su corazón y su mente aún luchaban contra la indecisión y la inseguridad, ahora combinadas también con el miedo, con la incertidumbre de un futuro que amenazaba con alcanzarla más temprano que tarde. Quería encontrar la solución a su dilema, pero al mismo tiempo deseaba también olvidarse de todo y dedicarse a vivir el presente con toda la intensidad del mundo, tal y como lo estaba haciendo en estos instantes.

Llegaron a una esquina. Antes de que el semáforo les diera el pase, varios vehículos transitaron diligentes frente a la pareja. Entre ellos, hubo uno en particular que llamó fuertemente la atención de Raku: una limusina blanca, la cual marchó despacio justo frente a sus ojos. Raku alcanzó a entrever el rostro de un joven detrás del cristal a medio subir de la ventanilla trasera. Los ojos del desconocido se clavaron tanto en Chitoge como en él, detalle que Raku no pudo pasar por alto. No era como si aquel enigmático personaje sólo se hubiese sentido atraído por la escena que estaban dando, al igual que el resto de peatones curiosos, no. Detrás de la fría mirada del sujeto, quien por sus facciones parecía ser originario de otro país, se podía evidenciar sin ningún equívoco que les observaba con otra intensión; como si de alguna manera él supiese quienes son. Los miraba como lo haría alguien que al fin había encontrado lo que tanto había estado buscando.

—Chitoge, ¿viste eso?

—¿Ver qué?

—El sujeto que iba en esa limusina nos estaba observando muy raro.

—¿A qué te refieres?

—¿No lo viste? Era un joven que tenía toda la pinta de extranjero. En mi vida recuerdo haber visto antes su cara. Nos observaba con mucha atención, como si él ya nos conociera. Especialmente a ti, Chitoge. No paraba de mirarte fijamente.

Chitoge soltó una risilla.

—Tonto, es normal que se nos queden mirando si vamos así. De eso se trata.

Raku se ruborizó. Por lo visto, a Chitoge le divertía muchísimo su actitud abochornada.

—¡Que no! No era esa clase de mirada. Era más como si él te hubiese reconocido de alguna parte.

—Si no te conociera —dijo Chitoge, con un pequeño desliz de puya—, pensaría que estás celoso de que alguien se me quedara mirando así.

—¿Qué? —Raku se puso, sin llegar a saber de tan vergonzosa reacción, rojo como el interior de una sandía —. ¿Por qué habría de sentirme celoso sólo porque alguien te estaba mirando? Si ese sujeto supiera que por dentro eres como una go…

La manera en que Chitoge, sin dejar de sonreírle, le apretó del brazo, fue tan brutal que Raku por un instante temió que ella sería capaz de arrancárselo de tajo si él osaba completar la oración. El semáforo por fin les dio el pase. Cruzaron la avenida y continuaron su camino.

"Caramba, parece que hay cosas que nunca van a cambiar… —decía Chitoge en sus pensamientos, con el rostro mirando hacia el otro lado pues no quería que Raku notase lo molesta que se había puesto a causa de su comentario a medias—. ¿Es que esa impresión que tiene de mí no se le va a quitar jamás? Digo, yo sé que no he sido precisamente una santa con él, pero no me parece justo que él siga pensando esas cosas sobre mí. Está bien, acepto que yo aún sigo viéndolo como a un torpe, un estúpido y un bueno para nada con nada de tacto. Pero aún así creo que la impresión que tenía de él ha cambiado muchísimo desde aquel entonces. Me pregunto qué tanto ha cambiado la manera en que él me ve desde que nos conocimos…"

"—Eres muy diferente del tipo de chica que me gusta, eres violenta, terca, poco femenina, nada sexy. Pero... yo... yo no te odio."

—Oye, Raku —musitó Chitoge, con voz taciturna. Su compañero, algo preocupado, volteó a mirarla.

—¿Qué pasa?

—¿Tú aún piensas que yo soy una mujer muy violenta y poco femenina?

"¿A qué viene esa pregunta?" se preguntó Raku. Ahora sí que había quedado verdaderamente dislocado. No tenía idea de qué o cómo responderle.

—¿Pero por qué me preguntas eso? ¿Y por qué de repente tú…?

—Sólo contesta y ya —le dictaminó ella, tajante y sin disposición en lo absoluto a negociaciones.

Raku giró por inercia el rostro hacia el otro lado. Tras pensarlo por uno o dos segundos, tratando de anticipar las posibles reacciones de su a veces inestable e impredecible novia —y que, para colmo, se había estado comportando más raro de lo normal estos últimos días—, pasó a decirle:

—Siendo honesto —dijo, un poco inhibido y cabizbajo—, debo reconocer que ya no eres tan violenta conmigo como lo eras antes. No, pensándolo mejor: tu manera de ser conmigo sí que ha cambiado mucho. Al principio no hacíamos otra cosa que pelear y siempre terminabas echándome a mí la culpa de todo. Pero siento que cada día que pasa es más raro que nos peleemos como hacíamos al principio. Ahora mismo estoy tratando de recordar cuando fue la última vez que me golpeaste con todas tus fuerzas. —Raku se llevó la mano a la nuca y sonrió como si todo lo que acabase de decir le pareciera amargamente gracioso.

—Ya veo —susurró Chitoge. Y luego guardo silencio durante el resto de la caminata.

Raku se preguntó el porqué de esa respuesta tan seca. Se esperaba que Chitoge le contestase de forma mordaz, dejándolo mal parado, burlándose de él; lo usual en ella. Pero no fue así. Aquello comenzaba a preocuparle un poco.

Finalmente, llegaron al parque de diversiones. De inmediato se dispusieron a explorar el sitio, guiados en gran parte por el desbordante optimismo de la rubia, quien se divertía y emocionaba como una niña pequeña ante cada atracción, juego y puesto de comida con el que se topaban. Actitud bastante contrastante con la monotonía en la que habían caído casi todas sus citas a aquel lugar desde hacía ya más de un año. Se subieron a varios juegos mecánicos, entraron a la casa de los espejos, asistieron a un espectáculo al aire libre, compraron algodón de azúcar. Había momentos en que Chitoge salía corriendo a mirar algún local que le había llamado mucho la atención, y Raku no tenía más opción que correr detrás de ella hasta terminar exhausto. Una vez la alcanzaba, le reprendía diciendo que con toda la gente que había ella podría perderse de vista, que debía de tener más cuidado. Chitoge sólo le sonreía, como si sus intentos fallidos por ser protector no fueran más que un chiste para ella; actitud que estresaba y desesperaba aún más a Raku.

Un par de horas más tarde acordaron ir a descansar a un banco de una zona verde, lejos de todo el bullicio del aglomerado de gente y atracciones mecánicas. Como si una de esas tantas maquinaciones funestas de su suerte fuera de nueva cuenta la responsable, Chitoge, al dar un paso en falso, se quebró el tacón de su zapatilla, perdiendo el equilibrio. Raku de inmediato reaccionó y trató de sujetarla por el brazo, pero lo hizo con tal torpeza que lo único que consiguió fue agravar el tropiezo y caer junto con ella al césped.

Chitoge terminó tendida bocarriba, con Raku encima de ella y aprisionándole los brazos con los suyos; con los rostros de ambos peligrosamente cerca el uno del otro. Raku trató de incorporase, mas no pudo. Con cada torpe intento lo único que hacía era ejercer aún más presión sobre el cuerpo de Chitoge, a quien estaba aplastando con todo el peso de su cuerpo. Aún se encontraba demasiado aturdido por la caída como para poder coordinarse bien. Chitoge apretó los dientes a causa del dolor y tensó sus músculos.

—¡Chitoge! —gritó Raku—. ¡N-no es lo que tú piensas! Yo… yo sólo…

"Siempre es lo mismo. Por alguna extraña razón él y yo hemos siempre terminamos en las situaciones más raras que uno podría imaginarse —pensó Chitoge mientras los recuerdos de embarazosas situaciones en concreto, como los dos incidentes en las aguas termales, los baños públicos, el preludio a su cumpleaños número diecisiete y su funesta cita durante el April's Fools, venían a su mente—. Y es ahí donde no puedo contenerme y lo golpeo. Es por culpa de esta mala suerte y la manera en que reacciono que él siempre me ha visto como a una mujer violenta…"

Raku, temiendo la más que predecible reacción de su chica para estos casos, apretó los ojos y se preparó para la inminente golpiza que lo habría de mandar a volar por los aires.

"Pero ya estoy cansada de esto…"

Sin embargo, y para gran sorpresa del chico, la resistencia de Chitoge desapareció y su cuerpo poco a poco se fue relajando.

"Si al menos por una sola vez dejara que las cosas siguieran su curso. Si al menos una sola vez…, si al menos una sola vez no fuese yo la que lo termina alejando de mí cada vez que lo tengo así de cerca…"

—Chitoge, ¿te encuentras bien? —preguntó Raku, medio nervioso, medio preocupado.

—Sí. Estoy bien —susurró Chitoge en respuesta. A partir de ahí ya no hizo nada salvo mirarlo fijamente a los ojos, quieta, dócil, como si simple y llanamente se mantuviese a la expectativa de algo.

Ambos podían sentir el aliento del otro chocando sobre sus rostros. Raku, por su lado, ya no fue capaz de asimilar lo que estaba pasando; todo lo que hizo de ahí en adelante fue perderse en el profundo azul de aquellos ojos que yacían frente a los suyos. Unos ojos indefensos y que, por primera vez desde que él lograba recordar, lucían apacibles, transparentes y sinceros.

"Y descubrir cómo podrían haber terminado estos momentos si yo no los hubiese siempre interrumpido. Descubrir qué es lo hubiera seguido después."

Chitoge, al cabo de unos instantes, tuvo que cerrar los ojos. Su corazón palpitaba con tal ímpetu que era como si el pecho le fuese a reventar con cada latido. Un segundo se le figuraba una eternidad. Si algo iba a ocurrir, si algo tenía que suceder, fuera lo que fuera, quería que pasara de una buena vez, pues ya no iba a poder seguir soportando la espera por más tiempo.

No poca fue su sorpresa cuando, de repente y sin más, dejó de sentir el peso de Raku encima de ella. Abrió rápidamente los ojos. Y vio que él ya había encontrado la manera de incorporarse sin lastimarla. Ahora mismo Raku estaba inclinado junto a ella, ofreciéndole la mano para ayudarla a levantarse.

—Discúlpame. No era mi intención —le dijo como si se estuviese haciendo completamente responsable del accidente. O quizás sólo le estaba pidiendo disculpas por haber estado arriba de ella de esa forma tan vergonzosa.

Chitoge intentó responder, pero de sus labios sólo salió un seco y abobado 'Ahh'. En cuanto hubo terminado de ponerse de pie, Raku de inmediato comenzó a revisarle los brazos en busca de posibles raspones.

—¿Te encuentras bien? ¿No te lastimaste? —le preguntó.

—Era de imaginarse —susurró Chitoge con una sonrisa forzada.

—¿Qué? ¿Chitoge? ¿Te sientes mal?

—No, nada. No te preocupes, Raku, estoy bien.

Chitoge se dio la media vuelta y se echó a caminar de regreso a los locales del parque.

—¿Chitoge? ¡E-espera!

"Debí imaginármelo. Él no es esa clase de chico."

—Chitoge, ¿qué te pasa? ¿A dónde vas?

"Y aún así, yo en muchas ocasiones lo traté muy mal, pensando lo peor de él…"

—Voy de regreso a los juegos —contestó—. Ya fue suficiente descanso.

—¿Qué? Pero si ni siquiera nos hemos…

"Pero lo cierto es que nunca debí haber desconfiado así de él…"

—¿Vienes o te quedas? Porque no pienso quedarme atrás por ti, tonto frijol de soya.

Raku hizo una mueca de resignación y apresuró su paso hasta ir a la par con ella.

"La que siempre se mantuvo distanciada todo este tiempo de él fui yo. Era yo quien siempre lo alejaba de mí. Pero ya no quiero que las cosas sigan así. Quiero estar cerca de él y no volverme a distanciar nunca más. Pase lo que pase, encontraré la manera de quedarme a vivir aquí para siempre. Porque no quiero separarme de él nunca. Nunca."