Hola :U… muchas gracias por todos los reviews que recibí, en verdad me sacaron una lagrimita de felicidad :'3… ¡muchas gracias! En fin… aquí el segundo capítulo, si les soy sincerísima, me acuerdo CERO del inicio de la película, solamente me acuerdo como más o menos del final, pero bueno quise hacer el fic más histórico que ficticio, pero eso es como que imposible ¿no? No podría saber qué hicieron los pasajeros xD…
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, Titanic, película de James Cameron, tampoco, la tragedia menos, de hecho si fuera por mí, me hubiera encantado que la tragedia sólo se quedara en ficción.
Wednesday 10th april 1912. Chapter 2: Distant memories.
-¡Maldición! ¿Tenían que hacernos esas pruebas? ¡Ni que tuviéramos sarna! – se quejaba un Lovino furioso que caminaba junto sus hermanos, recién de salir de una revisión sanitaria.
Esto sólo se lo hicieron a los pasajeros de la 3ra clase, y pues, se reconocían por las vestimentas.
-Lovino cálmate, no llames más la atención de lo que ya habías llamado ahí dentro… - intentaba apaciguarlo Cassiano, sin éxito, porque el mayor seguía diciendo habladurías inentendibles, que bien Cassiano ignoró y Feliciano pues, él estaba en otras cosas.
Ya se había calmado el italiano mayor, caminaban recorriendo todo el gran barco, tan grande, que estaban seguros que no podrían terminar de recorrerlo en ese mismo día, asombrándose por todo lo que se encontraban.
-Maldición, todo esto es de ricos… nos tratarán como mierda podrida de seguro. – Lovino se quejó, cruzó los brazos y se detuvo para descansar. Cassiano se acercó y Feliciano salió de su trance. –Fratello, si sigues con ese comportamiento de seguro te tratarán como es que dices… - decía Feliciano con un tierno tono. – Hazle caso a Feli, esta vez sí tiene muchísima razón. – Los tres italianos se sentaron en el suelo, la gente de diversas clases pasaban por frente a sus ojos, pudieron reconocer a los de la primera y segunda clase, por la manera en que los miraban, ni se fijaron en las vestimentas.
-Ah… creo que este lugar no será muy diferente de Nápoles, me parece… - dijo Lovino con intención de que sus hermanos lo escucharan.
-¿Aún recuerdas esa ciudad? – contestó Cassiano.
–Pues… entiendo que no te acuerdes – se dirigió al italiano menor. – Nos largamos de ahí cuando aún estabas muy joven y tu memoria aún no se desarrollaba, como hoy en día. – El más chico iba a reclamar, pero se calmó al notar ese rostro melancólico que aparecía en el rostro del mayor.
-Qué bueno que no te acuerdes… - sonrió. – Memorias distantes… -. Feliciano se recargó del hombro del mayor, parecía reconfortarse, el más chico miró con confusión.
En Nápoles, se puede apreciar a tres chicos, uno de 9, otro de 8 y el más pequeño de 5 años. Caminando por las calles de la ciudad, sin deseos de huir de la lluvia, tan sólo de mantenerse juntos y sobrevivir ese día, como habían estado luchado todo este tiempo.
-Aún recuerdo cuando salimos de ese horrible lugar, encontrando oportunidades de vida en Irlanda… ahí en Italia no teníamos vida, desearía omitir esos horribles momentos… y omitirlos también de sus recuerdos, Feli, Cassi… - miró a sus hermanos, quienes prestaban atención en todo momento, las tres miradas se encontraron, cada una perdiéndose en la otra, sintieron esa conexión que sólo los hermanos podían sentir.
-Este viaje, tomémoslo como nuestro destino, una nueva nos espera en el Nuevo Mundo, dejaremos todo atrás y comenzaremos desde cero, esto sólo será una transacción hacia un nuevo futuro, un futuro próspero del cual seremos protagonistas… - dijo Cassiano para reconfortar a sus hermanos, que parecían haberse puesto tristes por recordar aquellas memorias distantes de las cuales él no se acuerda, y que al parecer, no querría que aparecieran en sus recuerdos.
-Así será, certo- Dijo Feliciano, con una sonrisa en los labios y tomando de las manos a sus dos hermanos.
Un español, un alemán y un francés, muy coqueto por cierto, caminaban en la plataforma de los de la primera clase, podían observar el océano sin obstáculo alguno.
-¡Vaya!... Este barco tiene una vista impresionante, Ich mag- El alemán se asomó por los barandales, y se encontró con el azul del océano atlántico-
-Oye mon ami, ten cuidado que si alguien pasa y te empuja te caerás, te ahogarás y morirás… ¿Oui?- Dijo el francés en afán de molestar al alemán.
-¿Eh?... Pues no sé quien podría empujarme… ¡soy tan genial que nadie se atrevería a hacerlo! – Y así empezó una discusión de sentido, pero el tercero del grupo observaba el océano, intentaba encontrar el límite entre el cielo y el mar, ambos eran de un azul muy parecido, parecían ser un solo manto.
-Mi destino… cuándo conoceré a esa chica… - pensaba, se apoyó en el barandal e inclinó un poco su cuerpo. –Estoy asustado… ¿a esto se le llama inmadurez… temor… quizás?...- Un mar de pensamientos se apoderó de su mente, irónico, un mar, de pensamientos.
Se fijó en la plataforma de los de la tercera clase, bajando su mirada unos pocos centímetros.
-Vaya, son muchísimos… - dijo intentando verles la cara a cada uno de ellos. –Evitaré toparme con ellos de cualquier forma… - iba a subir su mirada cuando entonces, en la lejanía, pudo observar a un joven castaño de ojos verdes penetrantes, mirar en dirección contraria al mar, hacia el cielo, mirada distante, perdida, pero, muy hermosa.
El gesto del español cambió a uno de aparente calma, serenidad, la mirada de aquel muchacho le hacía olvidarse de todas sus preocupaciones, quería conocerlo, averiguarlo todo sobre él, sólo sabía dos cosas.
Que era de la tercera clase y que con sólo verlo una vez… ya estaba perdidamente enamorado de él.
Un golpecito en su espalda lo despertó de su ensimismamiento. Y una voz lo llamaba a regresar.
-…tonio… ¡Antonio! – la voz del alemán resonaba entre sus pensamientos, y fue ahí cuando regresó al mundo real.
-¡Ah! ¡Eh! –sacudió su cabeza y miró a sus amigos. -¿Qué, qué quieren?...- el español los miró aún medio atontado por lo de hace rato.
-¿Qué queremos? Hace rato que estamos hablándote y ni reaccionas… ¿qué estás mirando?- El español miró al alemán quien lo estaba regañando, le contestó con una mirada hacia la plataforma de abajo.
-¿Qué?... ¿Ves a esa plebe?... Jajajaja- lanzó una estruendosa risa y le dio otra fuerte palmada en la espalda para dolor del castaño. –En verdad que no tienes que hacer, hace unos 4 años recuerdo que te la pasabas mirando a las doncellas que paseaban por el boulevard, ¿y ahora ver plebes?... Te perdimos Antonio…- El español se sintió ofendido, pero, era verdad, miraba a los de la tercera clase, aunque, a una persona en especial.
-Ya, no molestes Gilbert, podría ser interesante observar su comportamiento… - contestó Francis, intentando ayudar a su amigo.
-¿Comportamiento?... ¡Ni que fueran animales! – El español respondió ahora sí, molesto por los sobrenombres que les ponían a los de la tercera clase, pero, igual defendía a este grupo simplemente por el ojiverde que recién había divisado.
-Ellos… -se dio media vuelta y volvió a mirar la plataforma. –Parecen libres, sin preocupaciones… -el alemán y el francés se extrañaron por tal extraña oración. -¿Saben?... de cierta manera, los envidio. – finalizó.
-Oh oh mon amour, estás completamente perdido Antonio, ven… - lo abrazó por la espalda y lo jaló, alejándolo de ahí. –Necesitas relajarte, vamos a la sala de fumadores – le guiñó un ojo, y junto con Gilbert, se lo llevó de ahí.
Bien, aquí el segundo capítulo, ahora intento subirlos lo más rápido que puedo, pero pues si no viene la inspiración, no viene Xdddd…
Datos:
Fratello: Hermano en italiano.
Ich Mag: Me gusta en alemán.
Certo: Ciertamente, por supuesto(¿) en italiano.
Si me dejan un review me animan a hacer un capítulo con la escena del coche(¿)
