Aquí el 5to capítulo, ash… iba a subir otra historia que tenía preparada, pero, no me deja subir mi otra historia, así que intentaré seguirle el ritmo a esta! xD…
Bien, espero no me salga porquería, en este capítulo, ¡Lovi y Toño se encuentran al fin! ¿En qué terminarán? 3… Okei, no xD…
Disfruten :3
Disclaimer: Hetalia Axis Powers no me pertenece, tampoco Titanic, hablando de la película.
Thursday, April 11th 1912. Chapter 6: A life so changed.
- ¡Feliciano! – llamó el joven italiano a su hermano quien se encontraba acostado en su cama tarareando algo extraño.
- Ve… ve… ¿qué pasa fratello? – se levantó al escuchar que su hermano le hablaba.
- Sí Lovino, eres demasiado ruidoso. – decía en tono retador el más pequeño de los tres, devolviéndole una mirada al mayor con cara de "no me mires así".
- ¿No tendrás alguna ropa decente que me puedas prestar? Ya sabes, la cena esa es en 1 hora y hasta yo sé… - se mira en el espejo de cuerpo completo. – Que no debo ir vestido así. – puso una mueca de disguste, y el italiano se quedó pensando.
- Mmm… ¡Ah, ya sé! – exclamó después. – Sé de alguien que quizás pudiera prestarte algo… - canturreó ante la duda del mayor, y del más pequeño, ¿por qué no?
Los tres italianos caminaban por varios pasillos, que al parecer eran camarotes, Lovino y Cassiano se preguntaban dónde podrían estar, nunca habían estado por ahí, de hecho, ellos ya llevaban perdidos desde hace bastante rato.
- Ah, Feliciano, a dónde se supone que… - el italiano de en medio se detuvo frente una puerta que indicaba solamente un…
- ¡Camarote de rico! – exclamaron los dos italianos atónitos y dispuestos a huir de ahí, pero la puerta del camarote fue abierta enseguida.
- ¡Ludwig! – dijo feliz el italiano abrazando al alemán que se asomó del camarote para recibirlo.
- Hola Feliciano – saludó seriamente el rubio alto, pero mostrando algo de serenidad en su voz, cosa que asustó a los otros dos italianos.
- Lud, Lud, mira… te vengo a pedir un favor… - le dijo animoso, mirándolo a los ojos, mientras que el alemán miraba de reojo a los chicos temblorosos del fondo.
- ¿Qué es? – preguntó dirigiendo su mirada nuevamente al más bajo, quien no dejaba de sonreír.
- Ah, pues, es que mi hermano Lovino… – lo apunta – Tiene hoy una cena con los de la primera clase, pero no tiene ropa que pueda usar… - el italiano torció un poco la boca, mostrando tristeza, a reacción del alemán y a sorpresa de los italianos, quienes sólo miraban con extrañeza y un poco de temor debido al rostro intimidante del alemán.
El alemán gruñó y miró a Feliciano. Hizo un ademán, y se apartó de la puerta, invitando a los otros dos a pasar.
- Pasen, quizás tenga algo que les pueda servir. – dijo mirando al italiano de en medio, y luego redirigir su mirada hacia el italiano mayor, y por ende, el más nervioso.
Revisó un baúl grande que tenía junto a su armario, tardó un poco, dejando en la espera al trío italiano.
- Feliciano… - le susurró Lovino al menor. - ¿Crees que sea buena idea?
- Claro que lo es… - le dijo mirándolo de reojo y viendo de nuevo al alemán, que al parecer ya había encontrado algo. – Si no era él quien te ayudara, nadie lo habría hecho. – sonríe y Lovino frunce el ceño.
- Feliciano, aquí tengo algo, pero debe probárselo. – Ludwig le enseñó el traje a Feliciano, y tras asentir como consentimiento, se dirigió al italiano que parecía estar nervioso.
- Pruébatelo, es lo más pequeño que tengo, más bien, es de mi hermano, te debe servir. – el italiano asintió en silencio, tomó el traje y fue a probárselo.
Después de unos minutos, éste salió del baño del camarote y les enseñó a los demás cómo lucía con el traje.
- Woooh, fratello, te ves muy guapo así, vee… - exclamó emocionado el italiano de en medio, mientras que el alemán sólo lo miraba seriamente.
- Así es hermanito, quién diría que hasta tú puedes parecer de la primera clase… - Cassiano rió.
- Cállate – se miró en el espejo, y reacomodaba el traje, viendo cómo le quedaba en todos los ángulos posibles.
Hubo un silencio en los presentes, que segundos después rompió el alemán.
- Bien, con esto comprobamos que te queda bien. – le dio una palmada en la espalda y los guió a todos a la puerta.
- No hay necesidad de que lo regreses, en realidad, fue pura suerte que haya estado eso ahí, mi hermano ya ni se acuerda de que tiene ese traje. – le dijo seriamente, el italiano tan solo asintió.
- Grazie… - agradeció después y empezó a alejarse, seguido por Cassiano.
En cambio, Feliciano se quedó en la puerta frente a Ludwig.
- ¡Vee, muchas gracias por tu ayuda Lud! – exclamó feliz el italiano, lo cual provocó que el alemán más alto se sonrojara levemente.
- No sé qué hubiéramos hecho de no ser por ti. – mira sonriente al alemán, sin percatarse del sonrojo de éste.
- En fin, me voy, ci vediamo!... – le dio un beso en la mejilla y se fue de ahí, dejando a un atolondrado alemán con el corazón latiendo a mil por hora.
Entonces, nos encontramos con los tres italianos corriendo por los pasillos, un Lovino peinándose y respirando agitadamente por todo el esfuerzo que ya hizo al correr.
- Fratelli, nos separamos aquí, no hagan tonterías, intentaré volver temprano. – se empezó a alejar por otro lado. - ¡Deséenme suerte bastardos! – y con esta frase desapareció.
Un español esperaba en las escaleras del vestíbulo de la primera clase, miraba constantemente el reloj de ángel mostrando ansiedad porque el italiano apareciera.
- Vamos… sé que vendrás… - decía para darse confianza, pero que al final tomó como invocación porque vio al italiano acercarse un tanto precipitado.
- Hola, pensé que no llegarías… - dijo el español intentando no mostrar su emoción por que su adorado italiano apareciera.
El italiano recobraba la respiración, volviéndola normal.
- Ya ves que vine… - sacude su traje y lo saluda.
El español, le echó un vistazo a su invitado de honor en esa cena, se veía muy bien, no pudo evitar sonrojarse, y darse cuenta de que se veía excepcionalmente guapo.
- Te ves muy bien L-Lo… - el italiano torció la boca y le respondió.
- Lovino Vargas, recuérdalo ¿sí? – Y por supuesto que lo recordaría. - Ahora, me dices tu nombre, que no quiero referirme a ti como señor durante la cena… - el español reaccionó y sacudió su cabeza.
- A-antonio Fernández, pero, llámame Antonio, no digas nada de señor ni nada de eso… - sonrió nerviosamente.
- Tranquilo, no planeaba llamarte señor… - frunció el ceño y cerró los ojos pensativo el italiano.
- Y bien, ¿qué esperamos aquí? Cuando llegué parecía que tienes prisa. – dijo el italiano alzando una ceja, mirando al español atolondrado.
- Ah, s-sí, es verdad… ven, es por aquí. – hizo un ademán para indicarle al italiano el camino que debía seguir.
Caminaron por varios pasillos, topándose con gente de la primera clase, vestidas elegantemente.
- Bien Lovino, para que no te desubiques y puedas mezclarte fácilmente, te diré nombres de personas y te diré qué hace cada quién, por si te llegan a preguntar. – El italiano miró extrañado al español, pero escuchó.
- Mira, ese hombre que vez ahí… - apuntó a un hombre que tenía el cabello castaño, largo y tenía apariencia de ser asiático. – Él es dueño de una importante empresa china de medicamentos y herbolaria medicinal, repartiendo mercancía en todo el mundo y por ende, gana muchísimo dinero, su nombre es Yao Wang. – el italiano asentía a cada palabra que le decía. – Y mira, ese otro asiático que se le acercó es su socio, sólo que se encarga de las ventas en Japón, su nombre es Kiku Honda.
Siguieron su recorrido, el español le decía más nombres y de qué se encargaba cada persona.
- Él es Sir Arthur Kirkland, tiene una industria de radio, pero últimamente anda decayendo, así que anda perdiendo ganancias y está a punto de quedar en la quiebra. – el italiano lo mira fijamente.
- Sí que tiene unas cejas grandes… - se fijó de las cejas pobladas del inglés. El español rió.
- No lo vayas a comentar, que el Sir tiene muy mal temperamento.
Siguieron caminando hasta encontrarse finalmente con la mesa donde estaban reunidos todos para la cena.
- ¡Hey, Antonio! Tardaste demasiado, te dimos por muerto o que te habías escapado. – exclamó el albino, para luego fijarse en su peculiar acompañante.
- Oh vaya, no tengo el gusto de conocerte. – se levantó de su silla y caminó hacia él. – Soy Gilbert Weillschmidt, un gusto… ¿y tú eres? – El albino estiró una mano, para saludarle.
El italiano dudó un momento. Miró de reojo al español, y éste asintió para indicarle que le saludara.
- Un gusto, soy Lovino Vargas. – El albino agitó su mano y se le quedó mirando.
- Mmm, no te habíamos visto por aquí ni hemos escuchado tu nombre… ¿qué empresa diriges? – el italiano se estremeció, no sabía cómo mentirle. Entonces el español intervino.
- Ah, Gilbert, es sencillo, él dirige una empresa de fotografía, es muy buen fotógrafo, aunque él admite que sólo lo ve como un pasatiempo más que como un negocio. – El español sonrió y le guiñó un ojo al otro chico, quien solamente suspiró aliviado.
- Oh, ya veo… interesante Lovino, kesese… - el albino rió y regresó a su asiento.
El español y el italiano se sentaron también, y entonces fue que inició una plática en la cual el italiano estaba más que perdido. Se le podía ver mirando a todos lados buscando una señal que le indicara en qué situación se encontraba y qué debía hacer.
Toda la cena se sostuvo en base de economía, finanzas y negocios, cosa que al español ya tenía muy aburrido y que al italiano muy confundido.
- Ah, Señor Vargas… - la chica belga, prometida del español se dirigió al italiano, captando la atención de éste.
- D-dígame… - el italiano le respondió, y la belga le sonrió. – De su empresa jamás había oído, ¿dónde es que tiene abarcamiento, exportación, tratados y demás?... – la belga sonrió desafiante, no confiaba para nada en ese italiano, más por lo que le había comentado su hermano.
- Ah, pues… - respiró y tragó saliva, tendría que decir algo que realmente le convenciera.
- Mi empresa es muy pequeña y exclusiva, y por serlo así muy pocos la conocen, pero por la calidad de mi trabajo es que puedo ganar dinero. – dijo intentando sonar serio, la belga lo miraba a los ojos, hasta que después rió.
- Ah, ya veo, entonces, qué suerte tienes, me alegra que empresa sea exitosa de ese modo – la belga entonces dejó de dirigirse a él y platicó con la persona que estaba al lado de ella.
- Bien hecho Lovino – el español que estaba a su lado le susurró y el italiano asintió con confianza.
La cena pasó sin más, hasta el final que unos hombres se levantaron de la mesa.
- Ey, Vargas… ¿quieres ir a fumar con nosotros? No sería buena idea que le dejemos a usted solo con las damas – el albino rió, pero al fin y al cabo el italiano terminó negándose.
- Gracias, pero no, me tengo que retirar… - le lanzó una mirada al español quien lo miró dudoso.
Se levantó y comenzó a alejarse, no sin antes despedirse.
- Fue un placer cenar con ustedes, espero algún día poder repetirlo. – se despidió y caminó junto al español, despidiéndose de un apretón de manos, dejándole una nota.
El español agarró el trocito de papel y lo abrió disimuladamente para leer su contenido.
"Esta cena es una idiotez, si quieres realmente divertirte como se debe, veme frente al reloj" pudo leer, el español sintió un piquete en su corazón.
- ¿Una segunda cita? – pensó ilusionado.
Okei, este me quedó muy largo, lo dejo hasta aquí y escribiré pronto el siguiente, espero les haya gustado...
¡Ya saben qué sigue!... Espérenlo con ansias x3
Gracias por sus lindos reviews, favs y alertas! Me hacen muy feliz!
Me dejan un review? :'D...
