Primero que nada me gustaría aclarar que este capítulo es más que nada relleno, es un punto de vista de Cassiano y una escena de Ludwig y Feli que sé que quieren leer acerca de ello(¿?) o bueno, eso espero xD. Se mencionará la aparición de unos personajes y datos acerca de otros, por si querían saber de Arthur Kirkland (¿) Okei, comencemos x3

Disclaimer:Hetalia y Titanic no me pertenecen.
Nota: La parte de Cassiano estará en primerapersona, así que si leen este tipo de narrador, ya saben quién es.
Nota 2: Si se dan cuenta el capítulo se desarrolla en viernes... ¡y nos habíamos quedado sábado! Tomen este capítulo un flashback, pero con Cassiano y Feliciano como protagonistas~


Friday, 12nd 1912. Chapter 9: A promise kept.

Odio cuando mis hermanos se largan y yo me quedo aburridote en el camarote. Bueno de esta forma tengo la libertad de irme por ahí sin tenerlos a ambos sobre mí, hasta puedo coquetear libremente a unas cuantas chicas lindas sin que ellos les echen el ojo.

Hablando de eso, noto a mis hermanos muy extraños… ¡les ocurre cada cosa! Por ejemplo Lovino hoy irá a una cena con ellos en agradecimiento por salvarle la vida a uno de los ricos, recuerdo que me dijo el nombre; Antonio, me parece… ¡sí, es él! Me parece extraño porque normalmente Lovino odia todo, los ricos, los pobres, los medios, todo, y que haya aceptado ir a una cena de esas…

Ahora vamos con Feliciano, él se junta con un hombre que da miedo a simple vista, digo simple vista por su apariencia intimidante… ¡y conocemos que Feliciano es un cobarde! Pero bueno…

Me pregunto qué pasará con ellos.


Ese día temprano decidí salir a pasear, a mis hermanos no les importaba para nada el hecho de que me fuera. Y bueno, era ridículamente temprano, había poca gente en los pasillos, o quizás todas ya se habían ido hacia cubierta a disfrutar de los rayos del sol, cosa que yo haría en ese momento.

Un gran golpe evitó que continuara mi camino, claro, y quedara en el suelo por lo intenso que estuvo… abrí mis ojos después de exclamar de dolor y sobarme la cabeza, aunque aún me pregunto el motivo del porqué hice eso… total que ni siquiera me golpeé ahí.

—¡Lo siento, lo siento mucho!escuché una voz infantil y a la vez me sentía zangolotear por el sujeto de donde provenía la voz. —¡Ya, ya, no fue nada, tranquilo! —exclamé para que éste se detuviera y le diera a entender de que no fue nada grave, al parecer estaba muy preocupado o quizás era preocupación falsa, quién sabe.

Pude visualizar mejor al niño cuando dejó de agitarme: era un niño de ojos azules, cabello rubio, de obvia baja estatura y… cejas grandes.

—¡Lo siento, de verdad que no fue mi intención! —se disculpaba numerosas veces, mientras que yo nada más me limitaba a escucharle hasta que se le pasara el sentimiento de culpabilidad.

Pasaron unos momentos para que el pequeño niño dejara de disculparse, aparentaba unos 12 años, no era mucho menor que yo, pero se veía más infantil.

—Ya, ya… —dije serenamente, estaba decidido a demostrarle que no había sido nada. Me levanté yo solo e incliné mi torso levemente para estar a su altura, claro, también le sonreí como yo solo sabía hacer. Funcionó, el otro se tranquilizó y me devolvió la sonrisa.

Estuvimos así un buen tiempo que de nuevo pensándolo bien, me pregunto porqué no nos dijimos nada; hasta que escuché otra voz que al parecer llamaba hacia nosotros, pero no me llamaban a mí. —¡Peter, Peter! ¿Estás bien? —otro chico corría hacia el que, había descubierto, se llamaba "Peter".

—Sí mamá, ¡a mí no me pasó nada! —contestó recuperando el ánimo… y llamándole "mamá" al otro chico que había corrido hacia allá.

—Sea, ya dije que…

—¡Papá! —el pequeño cejón siguió de largo dejando con la palabra en la boca al otro chico y se dirigió ahora a… a un hombre más grande y con cara temerosa e intimidante. Debo aceptar que me dieron escalofríos cuando sin querer crucé una mirada con la suya de color azul.

El chico rubio más bajo, del cual aún desconocía su nombre, se percató de que yo estaba ahí aún observando toda la escena. Se dirigió a mí con una leve sonrisa.

—Disculpa a Peter, le decimos miles de veces que no corra en los pasillos y es lo primero que hace.

—Descuiden, ya le dije al niño que no pasó nada, incluso creo que el que salió más lastimado fue él. —le respondí esperando que así se le bajara la preocupación que se notaba a millas que sentía.

—Ya veo, de cualquier forma discúlpalo… ¡Peter! —llamó a Peter enseguida y el pequeño atendió a su llamado con cara de perrito regañado, quien igual fue acompañado por el hombre intimidante, acercándose a mí igualmente. El chico de ojos violetas (extraño color, pero debo decir que se veían muy lindos) miró al pequeño rubio. —Promete que no volverás a correr en los pasillos. —era una escena muy graciosa, el más pequeño con los brazos cruzados y el mayor regañándole intentando parecer molesto, me di cuenta enseguida que la pinta de "estricto" no le quedaba para nada.

—… —el pequeño chasqueó los dientes infantilmente, no pude evitar soltar una risita que al parecer no escucharon los adultos, y el menor tampoco.

—Dale Peter. —me animé a hablarle. —Esta vez porque chocaste conmigo no pasó nada, pero después no sabemos con quién puedas chocar. —le dije tratando de sonar convincente y comprobé que así fue cuando poco a poco bajaba sus brazos y arqueaba levemente las cejas, mirando después a su "madre".

—Lo prometo. —dijo algo más calmado, causando una sonrisa al de ojos violáceos e incluso, al mayor de ojos azules.

El rubio se dirigió a mí aún con la sonrisa en su rostro. —Gracias por entender. —asentí, mencionando que no era nada importante. —Por cierto… ¿cómo te llamas?

—Cassiano. —respondí. —Cassiano Vargas, y antes de cualquier pregunta por mi acento, sí, soy italiano. —respondí enseguida, parecía que el rubio preguntaría algo más.

—Jaja, qué bueno que lo mencionas, de hecho eso te iba a preguntar. —respondió. —Me alegro que no seamos los únicos extranjeros… ¿no, Berwald? —el rubio mencionó otro nombre, el cual lo atribuí al rubio más alto que extrañamente ya no me causaba temor ni intimidaba.

—Ah, mi nombre es Tino. —se presentó. —Yo soy finlandés y él es sueco. —apuntó al de anteojos, quien recién había pasado un brazo por la espalda del chico finlandés, poniendo una mano en su hombro; cosa que me fijé puso algo nervioso al más bajo, e incluso a mí…


El italiano de en medio caminaba en los pasillos en busca de algo en especial, o más bien, de alguien.

Caminaba como si supiera que ese alguien aparecería en cualquier momento, pero lo que no pensaba era que recorría el nivel de la tercera clase y la persona que quería ver era de la primera clase. Se decepcionó por no verlo rondando por ahí, así que decidió ir a cubierta para ver un poco el cielo y mar.

Cuando no pensó que encontraría al alemán (sí, quería encontrar al alemán), lo encontró; ahí parado como si estuviera esperándole desde hace rato.

—¡Ludwig! —el animoso italiano corrió en dirección al alemán agitando sus brazos casi de manera infantil, haciendo sonrojar al rubio más alto porque quizás y sólo quizás, sentía algo de pena que se le refieran a él de esa manera.

El alemán no contestó nada, más le dirigió una mirada al italiano quien ya se encontraba frente él.

Más que mirada una sonrisa…

—¿Y qué harás cuando llegues a América, Ludwig? ¿Por qué motivo te diriges ahí? —el italiano y el alemán se encontraban sentados en una banca que daba vista al mar y al cielo. Una vista maravillosa, el cielo anaranjado marcando el atardecer y el mar haciendo juego con los colores, simplemente maravilloso.

—Yo… —comenzó el alemán después de procesar su respuesta. Echó un ojo al italiano quien lo veía despreocupadamente y con extremo interés en su posible contestación. —Mi hermano mayor y yo firmaremos un convenio con una compañía en América, en la cual nuestra firma alemana será su principal asociado.

El italiano no comprendía bien qué quería decir "convenio" "firmas" "socios" y demás en el aspecto económico, pero sólo asintió a todo lo que el alemán dijo. —No sabía que tuvieras un hermano mayor, ¡me pregunto si será igual de grande y fuerte que Ludwig!

El alemán arqueó las cejas y se apenó por lo "descriptivo" que podía llegar a ser el italiano. Suspiró. —Eh bueno, algún día de estos te lo presentaré… —sabía que eso era imposible, su hermano odiaba a la plebe e incluso si él se enteraba que hablaba con alguien de la tercera clase, no reaccionaría de la mejor manera.

—¡Wah! ¿En serio? ¡Es una promesa!

—Sí, te lo prometo.

Así ambos hicieron una promesa que Ludwig dudaba en cumplirla.

—A todo esto… —pronunció el alemán mirando al italiano, del cual había captado su mirada. —¿Tú por qué motivo vas a América?

El alemán tomó por sorpresa al italiano; a decir verdad para él y sus hermanos, no tenían motivos en especial para ir a América. Bueno, quizás Feliciano sí tenía.

—Mmm… bueno. —miró hacia el mar, intentando buscar el límite, encontrando la fina línea que lo unía con el cielo y sonrió nostálgicamente. —Nuestro motivo es encontrar un futuro, mis hermanos y yo, vivir estables y felices… huir de lo que alguna vez nosotros llamamos "hogar" y que solo nos funcionó como un… —pensaba buscando la palabra correcta. —¡Ah sí! Como un entrenamiento a la dura vida real. —respondió.

El alemán prestaba total atención a las palabras del castaño con el rulo curioso. Parecía tan serio, totalmente diferente a como hace rato.

Su primera impresión de él fue de alguien despreocupado, holgazán e incluso infantil, pero escuchándolo hablar ahorita con tal seguridad, seriedad e incluso, determinación le hacía cambiar de opinión al respecto.

—En Italia vivimos momentos difíciles. Estuvimos de país en país buscando oportunidades de vida, en que mi hermano mayor tuviera algún trabajo, donde yo fuera útil en algo, en donde mi pequeño hermano pudiera vivir plenamente… pero simplemente no se podía. —suspiró.

—¡Pero ese es nuestro deseo como familia! —exclamó, sorprendiendo al alemán. —Ahora, mi deseo es vivir feliz. —el alemán arqueó una ceja confundido. —Yo ya soy feliz, no me quejo claro, pero quisiera ser feliz de otra manera. —Ludwig notó un sonrojo ligero en las mejillas del otro apenas mencionó esto último; podía darse cuenta de las intenciones que tenía el italiano tras esas palabras, cosa que hizo que su corazón diera un saltito en su interior.

—América para mí será un nuevo comienzo, quiero llegar y… ser muy feliz con mis hermanos y con… —se detuvo antes de seguir su frase y giró su rostro para dirigirlo al alemán.

—Ve~ tengo hambre… —se levantó de la banca. —¡Espero que aún quede algo de almuerzo! —tomó la muñeca de Ludwig con ambas manos y lo jaló para sí. —¡Vamos, vamos!

El alemán se quedó pensando acerca de los deseos del italiano, eran tan inocentes (para él) y tan sencillos.

Se encargaría de cumplir todos sus deseos…


Ah… otro día estúpido terminado, estuve todo el día fuera y a decir verdad, conocí a unas personas muy interesantes.

Ese chico de sonrisa linda y el otro de rostro intimidador me contaron que ellos se encargaban de cuidar al hermano pequeño de un importante empresario en decadencia… creo que se llamaba Arthur Kirkland o algo así ¡y me comentaron que es igual o más cejón que el niño! Me imagino que tan gracioso ha de ser.

También me comentaron que poco a poco comienzan a ganarse la custodia de Peter, pero que el señor Kirkland no lo sabía, aunque sin saberlo éste lo permitía. El señor Kirkland hacía mal manejo de sus industrias, la cual era según recuerdo una importante productora de tazas de cerámica, y que poco a poco sus ganancias iban bajando conforme salía la competencia… y estaban a uno de la quiebra.

Me parece un acto egoísta por parte de Tino y Berwald el querer quedarse con Peter, pero si éste quería quedarse con ellos pues… no les veo nada de malo.

En fin, ese tipo de asuntos jamás los entendí y no me molestaré en entenderlos.


El día finalizó para los hermanos Vargas, uno con un nuevo amigo y el otro con una promesa hecha y esperaba mantener, aunque una promesa que probablemente no se cumplirá era lo que más deseaba.

Un deseo inocente, una promesa que quería que fuera cumplida, un choque accidental, motivos aparentes, todo se encontraba correlacionado en aquel barco, todo se entrecruzaba y poco a poco comenzaría a demostrar el verdadero futuro de todos los tripulantes de éste, el barco Titanic.

"Una promesa cumplida"


¡LISTO! Perdónenme la tardanza, mi cerebro murió y acaba de revivir, espero les haya gustado el capítulo, en los próximos es cuando todo comenzará a tomar forma: Los sentimientos de Antonio, el futuro de Ludwig y Feliciano, la decisión de Lovino...

Y claro... la superviviencia a todas las adversidades prontas a ocurrir.

¿Les gustó? ¿No les gustó? Díganmelo por review

Pd; Se me acaba el soundtrack... eso quiere decir ¡ya merito final! Le veo aproximadamente unos 4 o 5 capítulos más...

¡Gracias por seguir leyéndome!