NOTA: DISCÚLPENME POR REPETIR EL CAPI, muchas gracias por avisarme que estaba repetido, estúpida mente que me confunde, pero de verdad me sorprende, creo que estaba muy distraída, de igual manera pido una disculpa y perdón por haberles hecho perder el tiempo u.u
Creo que no seré capaz jamás de actualizar cada semana, la musa de la inspiración me odia y yo tengo que hacer doble esfuerzo para que salga algo decente para que ustedes leanUu, en fin, aquí el siguiente capítulo.
Advertencia: Éste capítulo se suponía que tendría lemon, pero preferí no darle tanta importancia a esa escena y dejarla mejor en un leve lime, sin nada muy explícito pero está en su decisión el querer leer o saltarse esa parte, no ocurrirá nada relevante para la historia.
Saturday 13rd April 1912. Chapter 12: Hard to Starboard
Los pasillos eran los testigos de lo que estaba ocurriendo, ambos castaños corrían a como fuera posible, alejándose lo más que podían de aquel neerlandés que los perseguía como si su vida dependiera de ello.
Esta persecución era motivo de duda del italiano, quien ya se había cansado de esquivar, chocar y correr como un loco. —¡Idiota, ¿qué está pasando? —gritó, mientras trataba de mantener el paso por sí mismo, si no fuera porque el español estuviera sujetando su muñeca, el italiano ya hubiera caído al suelo desde hace mucho tiempo.
El español no volteó por obvias circunstancias, pero escuchó la pregunta del menor. —¡Espera! —le gritó y giró violentamente en dirección a un pasillo donde ya no había gente, viendo como el neerlandés se perdía entre la multitud, totalmente desubicado.
Ambos finalmente tuvieron tiempo de respirar, de recuperar el aliento y de secarse el sudor que brotaba de sus frentes.
Lovino, evidentemente confundido y enojado, le exigió una respuesta. —Ahora… ¿sí me vas a explicar qué pasa?
El español le miró sonriendo, suspiró y finalmente ya había recuperado el aliento para hablar de manera corrida. —Bueno, él… —empezó. —Él es el hermano menor de mi exprometida. —el rostro de Lovino se volvió a uno más sorprendido aún. —Y parece que actuara como su guardaespaldas… —dijo esto a regañadientes, con esto se dio cuenta el menor de que estaban escapando de un grave peligro.
—Se notaba enojado. —agregó el italiano, aunque pensó que no era el comentario más inteligente que se le hubiera ocurrido.
—Sí que lo estaba. —volvió a responder el español, echando finalmente una risita y mirando al italiano, causando en éste sorpresa que lo haría extrañamente estremecer.
—¡Bueno! Veamos qué hay por aquí… —Antonio se giró en busca de algún lugar escondido para salir, y caminando encontró que habían unas escaleras que llevaban hacia la cabina donde se guardaba todo el equipaje de los pasajeros. Sonrió ampliamente. —¡Hey Lovi! —llamó, captando la atención del otro. —Ya encontré un lugar dónde escondernos por un momento. —canturreó y llamó al otro con una mano.
El otro, obedeció sin chistar y se acercó al otro, quien ya empezaba a bajar las escaleras.
La cabina era un lugar muy grande, lleno de ciertamente maletas, cajas, hasta automóviles. La pareja recorrió la sala por unos minutos y finalmente se detuvieron en un auto negro que enseguida pensaron le pertenecía a alguno de la primera clase.
Lovino chasqueó los dedos. —Malditos ricos. —el español rió nada más y comenzaba a subirse en la parte del pasajero. El italiano lo detuvo. —¡Oye oye! —el español se detuvo. —Toda tu vida has vivido como príncipe, hoy te toca ser chofer. —el español pestañeó sorprendido, pero al final le enseñó una cálida sonrisa, ¿por qué no?
Antonio se bajó y, a su vez, abrió la cabina del pasajero, colocando su brazo por sobre su abdomen, como todo un chofer de verdad. Lovino se sonrojó, pero al fin y al cabo se lo había buscado. Caminó hacia adelante y miró fugazmente al español, antes de seguir su camino, frunciendo el ceño levemente; le gustaba recibir aquel trato, ese trato que jamás en su vida hubiera pensado que podría recibir, de alguien que para cualquiera parecía bastante inalcanzable, pero ahora…
Lovino ya sentado en el asiento del pasajero, miró por dentro cómo el español subía al lugar del conductor, haciendo toda la mímica que haría un verdadero chofer. El italiano se sonrojaba y pensaba en lo estúpido que se veía, y no se lo guardó.
—Te ves estúpido ¿sabes? —escuchó una risa como respuesta y después cruzó su mirada con la esmeralda del moreno, ahí, sonriéndole.
—Eres cruel Lovi, es decir, ¡ahora mismo estoy a punto de darte un paseo que nunca olvidarás!
El rostro de Lovino mostró duda y extrañeza, una cosa es verse estúpido y otra muy diferente era el serlo. Decidió que, en vez de insultarle, le seguiría el juego de manera sarcástica.
—¿Ah sí? —cruzó los brazos. —¿A dónde planeas llevarme?
El español sonrió. —A dónde Lovi desee ir.
—Deseo ir a donde quieras llevarme.
Hubo un breve silencio que desesperó al italiano. Se acercó al otro moviéndose de su asiento. El español sintió la cercanía y rompió el silencio. —Te llevaré a las estrellas. —dijo con una voz decidida y tranquila, contrastando con el rostro de Lovino.
—… ¿y cómo planeas llevarme ahí?
El español se giró en media vuelta, quedando de frente al de ojos verdes claros, en un momento instantáneo en que ambas miradas se cruzaron y la cercanía hizo aumentar el ritmo de los latidos de ambos corazones. Antonio sonrió y tomó suavemente el rostro de su pareja. —Así.
El español cortó la distancia, uniendo a ambos en un beso suave y profundo a la vez, que fue correspondido por el italiano sin chistar, disfrutando de ese contacto que nunca creyó haber sido capaz de sentir.
Y no supo en qué momento, ambos chicos se encontraron en la cabina del pasajero.
El contacto que hubiera comenzado momentos atrás, pasó a algo más intenso cada vez. Claro, el español lo había deseado desde algún momento atrás, quizás la chispa inició mientras retrataba a su querido italiano.
Para sorpresa de ambos, el italiano se dejó acariciar suavemente, lentamente y con todo el amor que en tan poco tiempo Antonio fue capaz de sentir por aquel chico de tercera clase.
Conforme pasaban los segundos, los casi 3° que hacía en el exterior no importaron nada dentro de ese automóvil, perdieron rápidamente significado. La ropa iba desapareciendo, quedando asentada en cualquier lugar de esa cabina, utilizando el ingenio de ambos para acomodarse de la manera más confortable posible, para disfrutar del momento que estaban a punto de experimentar.
Los cristales empañados del auto, las huellas de las manos del italiano marcadas en éstos, el sudor corriendo en ambos cuerpos de tanto calor que había ahí dentro eran solo unas cuantas cosas que estaban ocurriendo en ese momento, donde olvidaron por completo su clase social, problemas y demás, concentrándose en ello.
Entre besos, caricias y palabras sencillas de amor, ambos se manifestaron (aunque más era Antonio) lo mucho que se querían y estaban dispuestos de seguir juntos apenas el barco tocara tierra en un nuevo mundo.
—¡Señor! ¿Usted ha visto a este o a este sujeto? —un cierto neerlandés iba de persona en persona mostrando dos fotografías de Antonio y Lovino, con mucha ansiedad, como si necesitara encontrarlos a como dé lugar.
Ante tantas negativas, siguió corriendo por el lugar y finalmente decidió pedir ayuda a las autoridades del barco.
—¿Unos fugitivos, dice? —un marino cuestionó al neerlandés, mostrando su obvia incredulidad acerca del asunto.
—Así es. —levantó las fotos. —No los tome como fugitivos si desea, pero necesito encontrarlos y no sé dónde podrían estar.
Sin más que decir, salieron a ayudar a Wilhelm, después de todo él seguía siendo un pasajero y debían cumplir con sus órdenes.
De curiosidad una de las autoridades empezó a observar las fotos con cautela y, un pasajero que iba de paso, se acercó con curiosidad a las fotos.
—Creo haber visto a esos chicos. —dijo el hombre anciano.
El neerlandés reacción más rápido aún, ignorando a las autoridades y acercándose él a hacer las preguntas.
—¡¿Dónde, dónde los vio? ¡Dígame! —el hombre, mirando la ansiedad del rubio, respondió velozmente.
—La última vez que los vi estaban en un pasillo muy estrecho, al final de éste tenía unas escaleras que se dirigían a no sé dónde pero…
—¡La bodega de equipajes! —gritó un marino y Wilhelm, agradeció la información y se lanzó a correr, siguiendo a los marinos.
Al llegar ahí, encontraron todo intacto, revisaron con completa cautela cada uno de los rincones del lugar, acercándose a todos los posibles rincones de escondite, hasta que finalmente dieron con el automóvil con los cristales empañados.
El neerlandés miró con asco el auto y se acercó, los había pillado y ahora pagarían las consecuencias.
—¡Aquí están!
En la cubierta del barco Antonio y Lovino corrían, uno muy feliz y emocionado… el otro no tanto.
—¡A Lovi, no me dejarás mentir! ¡Eso fue estupendo!
—¡Cállate bastardo! ¡¿Quieres que todo el mundo se entere? —contestó avergonzado el italiano.
El español sonrió. —Pues si pudiera sí me gustaría. —recibió un golpe del italiano, pero uno no tan fuerte a diferencia de muchos otros que ya le había proporcionado.
Se detuvieron en algún punto sin importancia de la amplia cubierta. El español captó al italiano, éste le miró por breves momentos sin golpearlo milagrosamente.
Antonio atrapó al italiano entre sus brazos y éste, lo miró fijamente recibiendo por parte del otro un suave beso que poco a poco fue aumentando de intensidad.
—¡Ah! ¡Mira Thoris! Hay dos chicos abajo besándose, ¡eso no se ve mucho por estos días! Quizás podríamos intentarlo, tipo, como que se ven cómodos haciendo eso. —un vigilante con acento polaco se dirigió al otro de nombre Thoris, quien vigilaba hacia el frente, y, se asustó por el comentario de su compañero.
—Eh… Feliks, deja de decir cosas tan incómodas y mejor ponte a vigilar…
—¡Ah, Thoris qué aburrido eres! Como que no ha pasado nada en un mes… ¿o eran dos los que llevamos vigilando?
—Feliks… llevamos vigilando solo 4 días… —respondió el de origen lituano, arrepintiéndose de haberlo tomado como compañero de turno.
El polaco se sorprendió. —¡¿Eh? ¡Entonces no me quiero imaginar cómo se sentiría un mes de vigilancia! Pero te tomas todo muy enserio de verdad que sí, total, ¡los témpanos se huelen a distancia, sobre todo si yo estoy vigilando!
—Sí, como digas… —el lituano prefirió ignorarlo y regresar su mirada distraída hacia el frente, donde debería haber estado cuidando hace momentos atrás…
Se fijó en su frente y empalideció, y no era por el frío que hacía.
—Feliks… llama a la cabina…
—¿Eh, por qué? —preguntó fastidiado Feliks, a lo que Thoris le entregó lo binoculares para que se fijara en la situación.
—¡Qué rayos, es un témpano Thoris!
—¡Claro que es un témpano! ¡Apúrate y llama a cabina!
El polaco no dudó más y comenzó a marcar, esperando respuesta. —¡Contesten contesten! —pedía desesperado el polaco mientras el otro lloriqueaba.
—¡No habías dicho que olías los témpanos a distancia! —regañó.
—¡Olvidé decirte que tengo algo de gripa y mi nariz como que está tapada! —se excusó, el lituano empalideció aún más.
Finalmente, obtuvieron respuesta de cabina.
—¿Qué suced…?
—¡Témpano a pocos metros! ¡Témpano he dicho!
En la cabina, colgaron el teléfono y pasaron reportes de lo que sucedería.
Desesperados, hicieron absolutamente todo lo posible por evitar un choque, nada tuvo éxito.
En poco tiempo, éste bote se hundiría.
Bueno, ese "lime" resultó más ganas que otra cosa xDDDDD... bueno, como siempre tardo demasiado en actualizar, ¡pero aquí lo tengo! Empieza lo bueno kkk o lo malvado! -mala persona(?)- En fin, muchas gracias por leer c:
