Capítulo VI

En el transcurso del día las tres serpientes terminaron por ultimar detalles, posteriormente los chicos se ducharon, se vistieron con sus mejores atuendos para dejar boca abierta a las chicas, no era necesario ir tan formales, pero para ellos era de lo más normal, sobre todo Draco. Por otro lado, Hermione y Luna hacían lo mismo, se preparaban como si se fuese a asistir a una boda.

Es la hora, prácticamente todos se habían ido a divertirse, por suerte las jovencitas no tuvieron ningún contratiempo con sus amigos, después de todo irían con Neville. Solo faltaba el último toque, el labial, ambas lo colocaban con delicadeza y maestría con la punta del labial delineaban perfectamente la línea de sus labios posteriormente el centro.

—Listo, quedamos perfectas. — El joven ya antes nombrado esperaba a ambas chicas.

—Hermione, Luna, ya es tarde, tenemos que estar en punto de las ocho. —Grito Longbottom, ya desesperado comenzó a caminar por los alrededores de la sala común, se recargaba en el sofá, colocaba maderos en la chimenea, arreglaba su corbata, ordenaba los libros que se encontraban en su camino, por ultimo decidió leer uno de estos últimos, hasta que una voz interrumpió su lectura.

— ¡Estamos listas! — las dos jóvenes se postraron en el primer escalón, ambas chicas se deslizaban por la escalera como todas unas princesas. Sus vestidos eran hermosos.

Hermione, lucía un vestido a media pierna, en color negro con lentejuelas formando un pequeño moño en la parte del pecho enlazando un listos del mismo material que bajaba por la cintura, lo que le estilizaba aún más su figura, zapatillas color negro con pequeños detalles en color oro, su cabello rizado perfectamente acomodado por encima del hombro izquierdo, con broches dorados que hacían resaltar su bolso de mano.

Por otro lado Luna, lucia al igual que la castaña un vestido a media pierna en color azul satín entallado que le hacía lucir su esbelta figura, en la parte superior del busto llevaba un adorno en color plata con tirantes en este mismo diseño, sus zapatillas, bolso aretes y adornos en el pelo en plata, su peinado una trenza que comenzaba de la parte superior del lado izquierdo terminando del lado derecho entre la trenza se colocaron los adornos que le hacían lucir de manera maravillosa su peinado. El maquillaje de ambas chicas no era excesivo sino moderado sombras en color neutro, un brillo moderado de acuerdo a su vestimenta.

— ¡wow! ¡Chicas se ven hermosas!—Neville les hizo un cumplido como todo un caballero.

—Gracias Neville. Tú también te ves muy bien —Respondió Hermione.

—Gracias, hice lo que pude, será mejor que nos demos prisa, hace rato que los demás están esperando. —Sugirió el joven.

Como Neville lo había dicho ya las tres serpientes esperaban un poco desesperados ya era la hora y las chicas no llegaban;

— ¿Se abran arrepentido, ya es hora y no han llegado? —Pregunto Draco.

—Ash ¡se ve que no conoces a las mujeres, "querido"! —Alegó Zac —A nosotras nos gusta vernos como todas unas princesas al momento de una cita. —Zac sabía lo que decía. Después de todo ella se sentía como una. —Crean lo que les digo.

—Al menos dijiste princesa y no reina.

—No querido, aun soy princesa, ¡mama no ha muerto!

—Esto de esperar a una chica sí que es desespe… ran…te…—Draco ya no pudo pronunciar bien la última palabra, Hermione se encontraba frente a él, su figura resaltaba aún más en ese vestido "Negro Straple" perfectamente adherido a su cuerpo que llegaba a pocos centímetros a riba de la rodilla, sus zapatillas altas color oro, su peinado a un costado de uno de sus hombros. Su labial rojo le daba volumen a sus labios haciéndolos ver sexis, sin llegar a lo vulgar.

—Luna, te ves hermosas. —Dijo Theo al tiempo que se le acercó para ayudarle a bajar los pocos escalones que llevaban al patio de la torre. Mientras que Draco y Hermione seguían sin decir alguna palabra.

—Cof, cof, cof —Tocio Blaise cerca de Draco para que este volviera a su realidad. —Es hora, ya saben lo que tiene que hacer—Indico Zabini.

Utilizaremos el arco de la fuente, hicieron el conjuro trasladándose hasta Londres, exactamente en la zona donde se situaban la mayoría de los antros gay.