¡Hola!
Ufff... ¡Al fin el capítulo 2! disculpen muuuucho las demoras. Pero la escuela ha estado más fastidiosa que de costumbre, por no mencionar la inspiración que desaparece cual fantasma. Hubiera deseado que el capitulo fuera más largo, pero sencillamente no salió más. Aunque tengo muy fija mi idea para el siguiente capítulo y seguro será más largo.
¡Muchas gracias por todos sus comentarios! Tayloves, Chofis, Veddartha, Espartano y Analuchera.
Disclaimer: No me pertenece nada. Es de DreamWorks.
Capitulo 2.
¿Qué dijo?
Hipo fue el primero en despertar esa mañana, en parte porque fue incapaz de dormir toda la noche. Aún estaba pensando en lo que Astrid le dijo el día anterior. Por todos los dioses ¡Iba a ser padre! Las cosas no podrían cambiar de manera más brusca.
Claro que había pensando muchas veces tener hijos. Y siempre lo aceptaba con una sonrisa; siempre le encantó la idea de una familia grande, más si era con Astrid. Solo que no se sentía emocionalmente preparado para una responsabilidad tan grande. Viéndolo desde esa perspectiva, no entendía cómo Estoico sobrevivió al cuidado de su primer hijo sin ayuda, pues Valhallarama murió cuando era muy pequeño.
No estaba solo, eso era una realidad. Astrid estaría con él. Después de todo ella sería la madre. Astrid como madre… le vino a la mente una imagen rápida y concisa; su dulce esposa sostenía en ambos brazos un bebé envuelto en mantas oscuras, y acariciaba las regordetas mejillas con una enorme sonrisa. Astrid sería una gran madre, lo supo desde mucho antes de que se casaran.
Pero eran jóvenes, inexpertos, apenas se habían adaptado a su vida marital y tendrían que enfrentarse a un bebé. No es como si fuera la gran cosa, después de todo, si todos esperaran al momento en que se sintieran preparados para ser buenos padres, la tierra estaría despoblada. Nunca hay un momento exacto. Simplemente pasa. Como ahora.
Hipo se sentó en la cama, pasándose una mano por los mechones castaños. Astrid dormía profundamente a su lado en la cama, abrazando una almohada con mucha fuerza. Se veía muy tierna en esos momentos, relajada, libre de todo tipo de pensamientos o estrés.
Miró alrededor, la alcoba estaba tranquila. Se puso de pie con movimientos lentos, para no despertarla. Se vistió rápido y salió hacia el establo. La fragua debería esperar ese día.
Chimuelo estaba dormido y alzó su cabeza apenas sintió la entrada de Hipo. Era raro que su jinete lo visitara por las mañanas y de inmediato se puso de pie, acercándose y demandando atención.
"Hey amigo" dijo Hipo "¿Dormiste bien?"
El dragón alzó sus dos orejas y entrecerró un poco los ojos. Algo andaba mal. Podía adivinarlo por las líneas púrpuras bajo los ojos de Hipo, y su expresión de pánico. Golpeó suavemente con su nariz el pecho del chico, después su costado, para verlo a los ojos. Hipo conocía esa expresión, era la de "¿qué ocurre?"
Acarició suavemente su cabeza, detrás de las orejas, que era donde más le gustaba.
"Nada serio amigo… Astrid me dijo algo importante"
El dragón se sentó, escuchándolo.
"Seré…padre… ¿Puedes creerlo?"
¿Padre? ¡Ah, progenitor! Los humanos a veces le daban nombres raros a todo. Chimuelo sabía que tener crías era algo serio y duro para los humanos. No pasaba como los dragones, que bastaba con cuidar a los bebés unos meses y después ellos podrían valerse por sí mismos. Los humanos cuidaban de sus crías años enteros, y además de enseñarles a sobrevivir, debían aprender muchas reglas. Normas sobre cómo comportarse.
Desde su perspectiva, Chimuelo pensaba que los humanos se complicaban a sí mismos la existencia. Tener crías no era nada malo, al contrario, garantizaba la perpetua existencia de la especie. Estaba feliz porque Hipo tendría descendencia, algo vital. Y le sorprendía descubrir que su jinete se mostraba tan nervioso y preocupado por ello.
Para relajarse, Hipo montó a Chimuelo como de antaño lo hacían. Subieron hasta las nubes, dieron vueltas, piruetas, saltos mortales, esquivaron acantilados… ¡Muy buen día! Hipo debería preocuparse más a menudo y prestarle mayor atención.
Pero sus deberes no se hicieron esperar. Regresaron a la aldea, y ya era algo tarde. En su establo, Chimuelo encontró bastantes peces que Astrid le dejó para comer. El dragón fue por su almuerzo y su jinete se despidió desapareciendo en el interior de la casa.
Astrid estaba de pie sacudiendo el polvo de unas armas que llevaban colgadas en las paredes desde que entró por primera vez en esa casa. De verdad, no les vendría mal un poco de cuidado. La espada sobre todo debería afilarse, después se la daría a Hipo. Se sorprendió un poco cuando vio a Hipo entrar a la casa, cabello despeinado por el viento.
Usualmente en las mañanas él era el último en levantarse y siempre se quedaba a desayunar. Le pareció extraño pero comprensible que desapareciera desde tan temprano para volar con Chimuelo. Astrid le dedicó una corta sonrisa:
"Buenos días" saludó "¿No fuiste a la Fragua?"
"Iré más tarde" le respondió, dando pasos cortos hacia ella "¿Mi padre ya se fue?"
"Si, pero volverá para comer. Le dije que debíamos decirle algo importante"
Sintió un nudo en la garganta.
"¿Le diremos esta misma tarde?"
Dejó el escudo que limpiaba de lado para verlo fijamente a los ojos "¿Por qué deberíamos retrasarlo? Él debe saber"
"Sí, sí… en eso estoy de acuerdo contigo pero… ¿No pudiste esperar hasta en la noche?"
Hipo estaba nervioso. Se le veía en sus mejillas coloradas y ojos moviéndose de un lado al otro buscando dónde mirar. Astrid se cruzó de brazos.
"Hipo ¿Acaso pasa algo malo?"
Resopló, sabiéndose derrotado.
"Astrid, no estoy seguro aún de haber asimilado esto..."
"¿Y qué mejor manera de decirle a tu padre para aceptarlo? No es la gran cosa. No somos ni los primeros ni los últimos, Haddock"
"¡Eso lo sé!"
"¿Entonces?" para ese punto, ella ya había alzado la voz. De repente se sintió extraña. Una sensación en su pecho que la hizo llenársele los ojos de lágrimas. "O… Acaso…"
Le dio la espalda ¿Por qué maldita sea estaba llorando? ¡Ni que fuera para tanto! Habían tenido discusiones mucho peores. ¿Entonces porque se sentía más triste que nunca?
"Astrid…" la llamó.
"¿Acaso no quieres al bebé?" su voz sonó algo pastosa, pero sin sollozos. Hipo inmediatamente se puso detrás de ella y le dio un abrazo. Sensibilidad, una de las principales características del embarazo.
"¡Claro que sí!" y le dio un beso en la mejilla "Más bien, estoy preocupado por él… o ella"
"¿Ah si?" Astrid se limpió las lágrimas de sus ojos con una mano "¿Por qué?"
"Digo… no he sido un buen hijo, y llevo muy poco tiempo siendo esposo ¿Seré un buen padre?... ¿Podré ofrecerle lo mejor?" bajó el rostro "Sólo de pensarlo me pongo… paranoico"
"Yo también estoy asustada" admitió la rubia vikinga "Pero no dejaré que el temor me domine"
"Supongo que en eso tienes razón…"
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Si, Estoico llegó, con mucha hambre para variar. Astrid hizo una ración doble de asado que a duras penas alcanzó para que todos comieran. El Jefe de la Tribu, a pesar de comer entre bromas y disfrutar el momento con su hijo y nuera, sabía que ellos tramaban algo. Nunca le pedían que comiera con ellos, ni se sentaban a su lado en el Gran Comedor por las tardes.
Además, conocía demasiado bien a su hijo. Hipo se le veía un poco nervioso, y Astrid sonreía con mucha alegría. Demasiada.
"¿Te gustó?" Astrid retiró los platos de la mesa, dejándolos en el fregadero "Acabo de aprender la receta"
"Estuvo delicioso" agarró su jarrón de aguamiel y bebió un trago "Espero que lo hagas más seguido"
Ella se encogió de hombros "¿Por qué no? No es difícil…"
Miró a su marido, alzando las cejas. Tenían que decirle ya. Hipo inmediatamente se sentó erguido en su silla, mirando a su padre. Estoico dejó el jarrón de lado.
"Papá… tenemos que decirte algo"
Astrid, que había empezado a lavar los platos, se secó las manos con un trapo y se sentó al lado de Hipo. Los dos sonrieron mutuamente, animándose.
"¿De qué se trata?" Estoico esperaba que la noticia no fuera mala.
"Bueno… Astrid… ella y yo…" como siempre, los nervios hicieron que las palabras se le atoraran en la garganta. Astrid resopló con fastidio.
"Estoy embarazada" lo hizo sonar tan casual, como si dijera que el pan de la mesa era dulce.
Estoico inhaló de manera profunda.
"¿Ya? ¿Tan pronto?" se puso de pie, y pasado el pasmo inicial, dio una sonora carcajada "¡Muy bien hecho, hijo!"
Le dio uno de esos golpes en la espalda amistosos, que sacudían los pulmones del delgado muchacho. Hipo tosió débilmente y trató también de ponerse alegre.
"¡Esta es una gran noticia! ¡Debemos celebrar!"
Se puso el casco y caminaba de manera apurada hacia la puerta de salida.
"Papá" interrumpió Hipo "¿Qué piensas hacer?"
"Difundir la noticia"
"Pero…"
Astrid colocó una mano sobre el hombro de su marido, deteniéndolo. Como si fuera un niño pequeño, Estoico salió de la casa y comenzó a gritar a los mil vientos que sería abuelo. El Jefe de la Tribu había deseado nietos desde que su hijo cumplió la mayoría de edad, es decir, dieciséis años. Hipo nunca entendió ese afán de su padre, pero le dio cierta gracia verlo así de feliz.
"Creo que eso significa visitas ¿No?"
Astrid sonreía. Abrió la puerta de la despensa y sacó una bandeja llena de panes dulces, que dejó en la mesa.
"Porqué no me sorprende que estés preparada…" dijo con ironía, sentándose y agarrando un pan.
"¡Son para los invitados!" reprendió.
"Tengo hambre"
"Acabas de comer"
"¡Solo uno!"
"Y no más, Haddock"
Entre los deberes de una buena ama de casa estaban ser gran anfitriona. No muy difícil, en realidad, a menos que no te gustara cocinar en grandes cantidades, algo que Astrid hacía a diario solamente para satisfacer el apetito de su suegro.
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En la noche, Astrid e Hipo se dejaron caer exhaustos en su cama. Una sola vela alumbraba toda la recámara, y se podían escuchar los ronquidos de Estoico. No pasaron ni diez minutos de que Estoico saliera a difundir la noticia, cuando llegaron a felicitarlos. Brutilda, Patán, Brutacio, Patapez, Bocón, Spitelout, los padres de Astrid, sus vecinos, los sanadores ¡Había tanta gente!
Todos hacían preguntas al mismo tiempo, todos querían acaparar su atención. ¿Cuánto tiempo llevaba de embarazo? ¿Para cuándo nacería? ¿Qué nombre le pondrían si fuera niño? ¿Y si fuera niña? ¿A quién lo consagrarían? ¿Quién atendería el parto? ¿Qué oficio llevaría el niño o niña? ¿Querían tener uno o más hijos?
Una tarde realmente larga.
"No sé, es como si fuera el único niño que va a nacer" dijo Hipo, para romper el silencio "A veces no comprendo cómo pueden emocionarse de algo tan… cotidiano"
"Hipo, eres el futuro Jefe la Tribu y el héroe de Berk. No es algo cotidiano" le dio un rápido beso en la mejilla "Están felices por nosotros... y algo curiosos"
"Como sea"
Silencio.
Hipo dudaba sobre hacer la pregunta que llevaba en su mente toda la tarde. Al final, la hizo:
"Y…" respiró "¿Qué crees que sea?"
Astrid lo miró de reojo. Hipo tenía su mirada completamente fija en el techo y las mejillas coloradas. Se encogió de hombros.
"No sé… no lo he pensando. Aunque me gustaría un niño… con tus ojos"
"¿Mis ojos?" la miró "¿Qué tienen mis ojos?"
"Son verdes, muy lindos… me recuerdan al bosque"
"Espero que tenga tu talento con las armas" la abrazó delicadamente, posando una mano sobre su vientre "Y tu cabello rubio"
Río.
"Puede ser gran herrero ¿No has pensado en eso?"
"Sí… pero no me importa en realidad"
"¿Ah no?"
"Seré feliz sea como sea"
Astrid se enterneció por esa declaración de su esposo y se abrazó a él con mayor fuerza. Súbitamente, el cansancio desapareció y le dio un apasionado beso en los labios, cargado de caricias intensas.
Era una manera más profunda de festejar.
Creo que esta era una conversación que necesitaban tener. Una cosa es lo que se arregla cuando apenas se van a casar y otra los acuerdos que toman cuando están casados. Como se habrán dado cuenta, he tratado de poner el matrimonio de Hipo y Astrid como uno comunicativo, donde haya confianza, porque ese es el elemento principal para poder tener una sana vida marital.
Astrid tiene entre dos y tres meses de embarazo (en aquel tiempo el embarazo no se detectaba de manera rápida, y menos si la mujer tenía un ciclo irregular) El próximo capítulo profundizará sus síntomas de embarazo: cambio de humor, náuseas, antojos, apetito, calambres, sensibilidad... y más cosas.
¡Espero que les haya gustado!
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