¡Por los dioses! lamento haber tardado taaaaaaantooo en actualizar, realmente no sé que me pasó. Me desenchufe de fanficiton :P en fin, aquí estoy, poniéndoles lata con un capítulo nuevo, que espero les guste como los otros.
Muchísimas gracias a: analuchera, Chofis, Espartano y Hinayo-Sempai por sus comentarios ¡Me dan tanto ánimo! :D
Sin nada más que decirles, salvo gracias por tenerme paciendo y más gracias por leerme, les dejo este capítulo nuevo ¡Disfruten!
Disclaimer.-Nada es mío, solo me divierto escribiendo.
Capitulo 5.
Un hijo no es cosa fácil.
Chimuelo había sido repentinamente sacado de la choza y varias personas entraron con semblantes animados. Hipo desapareció en uno de las alcobas y la compañera de su jinete dejó de gritar. Casi al mismo tiempo, el dragón pudo sentir el olor de una criatura nueva. Era humano, pero desconocido a él.
El Furia Nocturno lanzó una pequeña llamita para incendiar parte del pasto, sobre el cual se acurrucó cómodamente. Toda la demás gente parecía demasiado concentrados en lo que fuera que estuviera pasando allí dentro. No le gustaba quedare al margen de las cosas, menos de las que Hipo estaba involucrado. Pero conocía a su jinete, él le diría después todo lo que estaba pasando. Siempre lo hacía.
El dragón comenzó a dormitar. La gente se fue yendo a sus hogares. Fue cuando pareció el progenitor de su jinete, ¿cómo le decían los humanos? Podre… pudre… ¡Como sea! El alto y robusto hombre colocó una mano sobre su cabeza.
"Chimuelo" lo llamó "Vamos a la casa. Torméntula ha de extrañarte ¿No?"
El dragón se puse de pie con movimientos perezosos. Estoico caminó a su lado, subiendo la colina. Lucía cansado, pero con una extraña sonrisa de satisfacción y orgullo.
La casa estaba ahí, con el establo abierto. El Nadder azul parecía ya dormido sobre un montículo de paja. Estoico esbozó una sonrisa y lo acompañó hasta la esquina donde el Furia Nocturna acostumbraba dormirse.
"¿Sabes? Hoy fue un día realmente bueno" le dijo. Al parecer, el hombre estaba cogiendo las costumbres de su hijo, tomándolo como confidente "Admito que tuve mis temores… pero se ve tan sano. Seguro será un gran vikingo"
Estoico se fue hacia la casa y escuchó unos ruidos, parecía estar limpiando. No tenía sueño, así que recostado, se puso a ver las estrellas en el cielo. Torméntula alzó su cabeza, ojos entrecerrados por el cansancio:
"¿Está bien Astrid?" le preguntó "Hasta acá se escuchaban sus gritos"
"Parece que sí" repuso el dragón "Todos se veían felices. Nadie estaba triste"
El Nadder se removió con mayor tranquilidad "Me alegro. Ha estado tan rara estos días…"
"Vaya que sí…"
El Nadder volvió a dormir. No pudo escuchar los pasos de varias personas acercarse a la casa. Chimuelo se asomó por la puerta del establo. Estoico estaba en el umbral de la casa, esperando a los recién llegados. Era un grupo de cómo veinte personas, aunque no lo vio, le llegó el olor de Hipo y el de Astrid, así como ese extraño que desconocía.
Las personas dijeron unas cuantas cosas y después se despidieron. Estoico cerró la puerta. Hipo murmuró algo, Astrid le respondió no supo qué cosa. Las luces fueron apagándose hasta quedar una sola prendida. Después, la puerta que conectaba la casa con el establo se abrió. Ahí estaba Hipo, sosteniendo un bulto envuelto en telas con ambos brazos. Tenía una enorme sonrisa de felicidad, de orgullo y de emoción.
Dio unos pasos firmes hacia él. Chimuelo se puso de pie con mucha curiosidad. Se inclinó hacia el bulto, olfateándolo varias veces. El aroma era extraño, era como la fragancia de Astrid, ligeramente combinada con el olor de Hipo y un dejo del de Estoico. Hipo acercó el bulto y después le indicó que se sentara. Inclinándose, el joven reveló el rostro.
Era una cría humana. Bebé, como ellos les dicen. Era tan pequeñito y tenía la cara muy parecida a la de Hipo. Las cosas encajaron por completo cuando éste dijo:
"Chimuelo, éste bebé es mi hijo" y al decirlo, acariciaba las palabras. Como si fuera lo más importante que nunca antes hubiera mencionado "Soy su padre"
¡Ah, padre! Ya entendía. Eso explicaba a la perfección porqué toda la gente hizo tanto escándalo. Cuando Torméntula despertara ya podría librarla de sus angustias. Seguro que Astrid estaría también muy feliz. Era progenitora.
Observó detenidamente al nene. Ahora era parte de la familia y sería su deber cuidarlo si algo malo le pasaba. Estaba dormido, pero de repente comenzó a moverse de manera inquieta. Hipo lo abrazó con mayor fuerza, meciéndolo delicadamente y cantando una canción de cuna. Pronto, quedó dormido de nuevo.
"Debo recostarlo" se puso de pie, colocando una mano sobre la cabeza de Chimuelo y acariciándolo con extremo cariño "Nos vemos mañana amigo. Descansa"
Chimuelo se durmió muy pronto después de eso.
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Astrid estaba cansadísima. Postrada en su cama, la curandera le indicó que no se moviera por al menos dos días, al menos no de manera brusca. Lo que la consolaba era la delicada respiración que escuchaba a su lado. Aunque Hipo había tenido la precaución de comprar una cuna, la pareja prefirió acostar al bebé con ellos las primeras semanas, como se les recomendó.
A la mañana siguiente, muy temprano, un llanto agudo y curioso los despertó. Hipo inmediatamente se sentó y cogió a su hijo en brazos, pero Astrid demandó, como madre, poder consolarlo. Al final resultó que tenía hambre e Hipo vio por primera vez en toda su vida cómo las mujeres alimentan a sus hijos recién nacidos (cosa que le hizo sonrojarse bastante).
Fue hasta ese momento, ya despiertos y con el bebé removiéndose sobre el suave colchón, que pensaron cómo nombrarlo. En todo ese rato solamente sintieron la felicidad de verlo sano y nada más. ¿Qué nombre llevaría el niño?
"¿Erick?" sugirió Astrid.
Hipo se encogió de hombros. "No sé… ¿No sería mejor Gildi*?"
Astrid hizo una mueca grande y negó varias veces. "No me gusta ese nombre"
"¿Por qué no? Es un gran nombre"
"No…mejor… ¿Blessun*?... me gusta más"
"Blegild" propuso Hipo "Dos grandes nombres en uno"
"Y feo para ahuyentar a los Trolls" agregó Astrid con una sonrisa.
"¡Hey, ya quisiera yo llamarme Blegild!"
"Es broma amor…"
Astrid se recostó nuevamente, se sentía extrañamente vacía tener otra vez el abdomen plano, sin nada adentro. Ya no había pataditas, o movimientos repentinos, bruscos. Aunque debía ver el lado bueno ¡No había más dolor de espalda!
Volteada de forma que podía ver perfectamente hacia su bebé, Astrid sintió un extraño cariño y calor en su corazón. Hipo estaba inclinado sobre Blegild, jugueteando con sus manos. En determinado momento el niño abrió por primera vez sus ojos, cerrándolos otra vez. Fue parpadeando lentamente hasta acostumbrarse a la luz.
Tenía los ojos verdes. El cabello castaño y delgado, apenas y podía sentirse en esa cabecita. La piel pálida y unas pocas pecas distribuidas en sus mejillas. Blegild era muy parecido a Hipo, podría decirse que idéntico. Astrid estaba de verdad satisfecha por ello.
"Te traeré algo de desayunar" dijo Hipo, caminando hacia la puerta.
"La verdad, no tengo hambre" replicó Astrid.
"Pero debes comer. Órdenes de los médicos"
"Hipo" Astrid hizo puchero "No quiero…"
"Ni modo"
Salió y bajó las escaleras. Era temprano, se sorprendió de encontrar a su padre en la cocina. Estoico rebuscaba en la alacena, pero no podía encontrar ni una hogaza de pan. En cambio, los betabeles, berenjenas e higos abundaban. Cansado de la verdura, Estoico pensó seriamente desayunar por ese día en el Gran Comedor.
"Buenos días" saludó Hipo "¿Dormiste algo? Te ves cansado"
Las enormes ojeras bajo los ojos de Estoico lo delataban. El hombre, tras dejar a su hijo y nieto a salvos en casa, salió por la noche a seguir festejando con otros vikingos. Ya para cuando regresó, tras romper su récord personal de bebidas en una hora, empezaba a amanecer.
"Algo" repuso "Hijo ¿No recuerdas si compré pan? Estoy seguro de haber traído dos docenas hace dos días"
"Está en la caja de pan, papá" repuso Hipo extrañado. Su padre fue quien propuso esa famosa caja para encontrarlo siempre.
"Ah ¡Verdad!"
Estoico agarró dos hogazas y las engulló enteras "¿Astrid está bien?"
"Perfectamente. Igual que el bebé"
"¿Escogieron ya como llamarlo?"
"Le pondremos Blegild"
Entrecerró los ojos.
"¿Blegild? ¿Acaso alguien de su familia se llama así?"
"No" repuso con calma "Lo escogimos entre los dos"
"Bueno, mientras no escojan Egarto todo estará bien"
Hipo rió y comenzó a lavar unas cuantas berenjenas. Estoico tomó asiento en la mesa y apretó con ambas manos la cabeza ¡Le dolía horrible! Debería pasarse a la choza de los curanderos más tarde.
"Recuerda que el Gerói Sonur será a mediodía"
"Si"
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Efectivamente, Gerói Sonur se festejo al mediodía. Astrid estaba mejor y aún cuando los sanadores le advirtieron que fuera cautelosa, ella se puso de pie, dio un largo baño, vistió elegante y trenzó todo su cabello. Cargaba llena de emoción a su hijo durante la fiesta. Hipo lucía una sonrisa de orgullo total: era su familia.
Blegild fue presentado ante todo el pueblo. El bebito estaba dormido. Las regordetas mejillas, según la anciana, indicaban un gran nivel de salud. Ella lanzó sus bendiciones a la pareja y al recién nacido, orando a todos los dioses para su protección y felicidad. Después, las madres y mujeres casadas fueron pasando para cargar de una en una al bebé, haciéndole cariños. La última en tenerlo fue Brutilda, que además de aquello le juró protección: ella sería, a partir de entonces, su madrina.
Las solteras solamente veían todo a cierta distancia, al igual que los hombres. Solo el padre, Hipo y Estoico, abuelo, podían formar parte de ese acto considerado exclusivo de las mujeres.
Cuando la ceremonia terminó, Astrid regresó a la casa con Hipo detrás. Otro día que no iría a la Fragua. Ya se imaginaba el regaño y sermón de Bocón, pero que se aguantará. Uno no se convertía en padre todos los días.
Aunque esa misma tarde Hipo vendría descubriendo más cosas sobre los bebés que ni él ni Astrid sabían. Estoico, que tenía algo más de experiencia, se descubrió salvador de la joven pareja. Pues aunque la madre de Astrid supiera más que todos juntos, ella no vivía en la misma casa que su hija.
Al día siguiente fue cambiando la cosa. Hipo se levantó temprano, cuando Astrid y Blegild aún dormían. Bajó las escaleras despistadamente y se fue a la Fragua. Bocón de inmediato le mandó terminar los trabajos pendientes y el chico debió quedarse horas enteras trabajando, sin descanso.
Y al otro lado del pueblo, en la casa Haddock, Astrid estaba descubriendo el montón de atenciones que necesitaba su hijo: comer, cambiar los pañales, cantarle, entretenerle, jugar con él, dormirlo. Todo sumado a sus deberes hogareños. Dioses ¿Cómo le hacían las mujeres casadas?
Apiadándose de que era madre primeriza, la Señora Hofferson acudió a la casa de su hija y le ayudó cuidando a su nieto. Le encantaba porque el bebito le recordaba a sus propios hijos cuando nacieron. Astrid pudo dedicarse a limpiar la casa y hacer la cena, para después volver a cuidar a su bebé.
Ella amaba a Blegild, demasiado, era su hijo, una parte de ella. Pero de verdad que estaba algo cansada. Su sonriente expresión desapareció cuando el bebé comenzó a llorar y no supo cómo hacerlo callar. Fue entonces cuando llegó Hipo, cansado por el ardo trabajo de la Fragua. No es un secreto que Hipo es más paciente que su esposa, por mucho. Y como el buen padre que era, mandó a Astrid a descansar mientras él cuidaba de Blegild. El bebé lo único que quería era jugar.
Bostezando ocasionalmente, Hipo colocó una manta en la sala y dejó al bebito ahí recostado. Era recién nacido, después de todo, y para el bebé los juegos se concentraban en balbucear y conocer. Hipo le hacía cosquillas al bebé y le cantaba canciones de cuna, hasta que se quedó profundamente dormido.
Para cuando llegó Estoico, la cena estaba servida, pero nadie en la mesa. Astrid estaba profundamente dormida en la cama, Hipo al lado roncando, y Blegild cuidadosamente tapado en su cunita. Sonriendo por la escena familiar, Estoico cerró la puerta y bajó al comedor, cuidando de no hacer ruido. Apenas empezaban…
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"¿Una fiesta?" dijo el alarmado de Hipo "Pero… ¡Solo tiene seis meses!"
"¿Y?" repuso Astrid, vistiendo a Blegild con un conjunto nuevo y limpio "No es una gran fiesta, Hipo. Es una reunión de bebés, son completamente normales"
"Claro, para bebés de dos a tres años ¡No casi nacidos!"
Astros suspiró. Blegild, acostado en la cuna, estiraba sus manitas hasta lograr alcanzar una manta no muy grande, la cual comenzó a estirar y jalar, divirtiéndose.
"Hipo, claro que habrá bebés de la edad de Bleg" repuso Astrid con serenidad "¿No has creído que llevaría a mi propio hijo a una reunión donde correría peligro, verdad?"
"No" el muchacho apenas pudo ocultar la expresión de duda "Pero… pero… no me termina de gustar la idea"
"Será corta, no durará mucho"
"¿Y me dices que no puedo ir?"
"Bueno, si quieres ser el único hombre entre un montón de casadas hablando cosas de mujeres… ¡Ven! Estoy segura que podremos conversar calmadamente sobre cómo consigues quitarle las manchas de grasa a las ropas" rodó los ojos con ironía.
Hipo suspiró frustrado. En Berk, muchas madres organizaban una especie de convivios donde sus hijos podrían convivir y ellas charlar. Era lo más cercano a la vida social que tenían las ocupadas madres y mujeres casadas de Berk. El equivalente a las noches de juegos y cerveza que tenían los hombres una vez cada dos o tres semanas. Cosa rara, los vikingos sabían perfectamente que aunque la vida en matrimonio y en familia era necesaria, también lo era la vida individual. Y qué mejor de fomentar el relajo y unión de la tribu que en estas pequeñas fiestas.
Bajando la colina de la casa Haddock, a tres casas, estaba la residencia de la familia Gutendart. Su mujer, una chica dos años mayor de Astrid, tenía un bebé de un año y medio. Había invitado a todas las madres y las que tuvieran hijos pequeños, menores a dos años, podían llevarlos. Era la primera vez que Blegild iría a una de esas reuniones, aunque Astrid había asistido a eventos parecidos de casadas muchas veces.
Hipo no estaba del todo convencido con la idea, pero para su mala suerte se había comprometido a ayudarle a su padre esa tarde con el conteo y revisión de naves. Ni qué hacer. Se despidió de su esposa, de Blegild, encargó a Chimuelo que cuidara de los dos y se fue al puerto.
Astrid dejó a Chimuelo y Torméntula en los establos, dándoles de comer, y se fue. Bajó la colina con Blegild en brazos y llegó a la casa. La sala de la residencia estaba dividida: del lado izquierdo los mayores de un año. Del derecho, los bebitos de meses. Astrid dejó suavemente a su hijo en una colcha, donde varios bebés de casi la misma edad dormían o se movían de un lado al otro, divirtiéndose con mantas, juguetes o entre ellos mismos. Después se sentó y comenzaron a charlar.
Astrid nunca se le hubiera ocurrido que Blegild, a su escasa edad, sería tan curioso, digno hijo de su padre. Ella sabía que le encantaba conocer el mundo, pero lo acreditaba a la curiosidad normal de los bebés. Metida en la conversación, tan interesante sobre armas, no se percató de Blegild finalmente pudo sostenerse sobre sus manitas y rodillas.
El bebé giró la cabeza de un lado al otro, viendo a sus compañeros. Dos estaban profundamente dormidos y otros tres balbuceando, jugando con pedazos de madera finamente tallada para que no pudieran astillar. Blegild no encontró divertido esos juegos, si no una reluciente y brillante pieza de cobre que reposaba al otro lado de la colcha.
Si Astrid se hubiera puesto feliz de ver a su hijo gateando por primera vez, lo que ocupó sus pensamientos fueron la desesperación y el susto. Claro, Blegild no sabía que esa pieza de metal era parte del pilar que sostenía la casa. Ni que alcanzarlo, significaba bajar de la colcha, una caída de veinte centímetros. Poca cosa si es de sentón, pero mucho si caes de cabeza.
"Mi vida… pero ¿Cómo pudiste darte tan feo golpe?" Astrid reprendía a su hijo sin dejo de enfado, todo lo contrario, apremiante y algo preocupada. Con un trapo mojado limpiaba la cabeza de su hijo, que estaba rojo por el llanto.
"¿Quisiera saber qué paso?" preguntó Hipo. Él solamente vio a su esposa entrar a la casa nerviosa y sosteniendo a Blegild llorando. Ya se imaginaba que no todo podría salir bien…
"Se cayó y se pegó" explicó sin mayor ciencia "No se ha lastimado mucho, fue más bien el susto lo que le hizo llorar"
"¿De verdad?"
Hipo analizó cuidadosamente a su hijo. Efectivamente, Blegild tenía un golpe en la frente, poco morado y sin sangre. Ya no lloraba, pero tenía las mejillas rojas y empapadas de lágrimas, así como una cara de puchero.
"¿Pero qué es todo ese llanto?" preguntó Estoico mientras entraba en la casa.
"Blegild se ha dado un buen golpe" explicó Astrid de forma maternal "Ya se le ha pasado, creo"
"¿Con que andan dejando a mi pobre nieto pegarse en todas partes?" Estoico cargó al bebé y éste inmediatamente dejó de llorar "¿No te cuidan bien tus padres?" sonaba tan consolador.
"Papá" replicó Hipo "Sabes que no es eso"
"Quiero a un nieto sano Hipo. Cuídenlo bien"
Era muy bien sabido que un bebé tenía tantos riesgos de morir, que los padres prácticamente encerraban a sus hijos hasta que cumplieran tres años. Y aún así, las probabilidades de vivir en una tribu guerrera eran algo bajas. De un tiempo acá, con la domesticación de dragones, los niños se vieron creciendo en un ambiente mejor y la taza de mortalidad infantil descendió bruscamente. Eso no borraba los recuerdos de Estoico, cuando se desvelaba con Valhallarama cuidando de un Hipo bebé demasiado inquieto para su bien.
Astrid agarró a su pequeño y lo arrulló en un intento de dormirlo. Estoico simplemente murmuró un "Buenas noches" antes de acostarse en su cuarto. El joven matrimonio subió a la alcoba donde recostaron a Blegild en su cuna, no del todo dormido pero cerca de pasar al mundo de los sueños.
"Descansa, hijo" Hipo acarició suavemente sus mejillas "Has tenido tu primer gran golpe de vikingo"
Astrid rió por el comentario.
"Buenas noches mi amor"
Velas apagadas, esposos felizmente recostados en la cama, bebe durmiendo tras su primera herida… bueno. Cosas así pasan en una familia vikinga.
*Gildi significa "valor" y Blessun "Bendición" todo en islandés.
¿Qué les pareció? Me divertí mucho escribiéndolo, se habrán dado cuenta que entre escena y escena pasan días o hasta meses, el próximo capítulo no será así, pero quizá unos más futuros sí lo sean :)
Para quienes no me han leído antes, tengo más fics, a saber:
¡BODA!
Cuestión de Costumbre
A SEPTEMBER NIGHT
A éste último todavía no le termino el siguiente capítulo pero espero no demorar mas de dos días en subirlo. Ojalá les haya gustado y me despido deseando aunque sea uun pequeño comentario :)
