Mátenme si quieren... ¡No tengo perdón! ¿Cuánto he tardado desde mi última actualización? oh... mucho... Sé que ninguna excusa es válida así que no daré una. Aquí está el nuevo capítulo, para los que quieran lanzar sus tomatazos que con gusto aceptaré. Y espero, en nombre de Odín, poder actualizarles rápidamente.
Muchas gracias a: Anacoreta, farcayas, isabellagarcía, Ares-Sama, meliandrade, Jessica Izayoi, Fanatico Z, joseto1945, Hinayo-semapi, Espartano y analuchera por sus comentarios. De verdad los aprecio y más ahora.
Disclaimer.-Nada es mío. Solo la historia.
Capitulo 7.
¡Adiós, abuelito!
Blegild estaba sentado en el suelo, encima de la alfombra, jugando con unas espadas de madera. Esa mañana, como todas, había sido aburrida. Mamá y papá se enojaron tanto con su aventura contra piratas que le prohibieron salir de casa a jugar por una semana. Su consuelo era que afortunadamente, tal castigo quedaba levantado en un día más.
Gilna jugueteaba en su silla especial, alzando las manos y sosteniendo en ellas pequeños trozos de metal. Astrid estaba en la cocina, terminando el estofado y viendo a sus dos hijos calmados. Bendijo a los espíritus por eso.
La puerta de la entrada se abrió.
"¡Abuelito, abuelito!" gritó Blegild apenas vio la robusta figura de Estoico y se lanzó para darle un abrazo "¡Abuelito!"
Estoico cargó a su nieto y reía a carcajadas por la emoción del infante. Astrid retiró la cazuela del fuego y usó un paño para limpiarse las manos.
"Bienvenido" le dijo a su suegro "¿A que debemos tu temprana presencia?" agregó, inclinándose para darle un beso en la mejilla
"Tengo que hablar seriamente contigo y con Hipo" fue su respuesta "¿Dónde está tu padre?" le preguntó a Blegild, aún cargándolo.
"No ha llegado" repuso el niño.
"Vendrá hasta el anochecer" agregó Astrid "¿Quieres comer un poco de pan?"
Pero el olfato de Estoico estaba muy bien desarrollado.
"¿No puedo agarrar un poco de ese estofado?" señaló la cazuela.
"No" replicó Astrid "La cena hasta que todos estemos sentados en la mesa"
Resignado y con apetito, Estoico aceptó la hogaza de pan y se inclinó para jugar con Blegild a las espadas de madera. A Astrid no le justaba nada que le enseñara a pelear. Blegild había heredad la utilidad de Hipo con las armas. Traducción.-no era nada bueno en ellas. Y temía que en algún momento el pequeño se pudiera lastimar. Lo cual, afortunadamente, no iría a pasar en una gran cantidad de tiempo.
Relevándole a Estoico toda responsabilidad sobre el niño, Astrid prestó absoluta atención a su hija. Cuidó, mimó y jugó con su bebita el tiempo que tardaba el día en caer. No dejaba de pensar que Estoico había llegado temprano por hablar con ella e Hipo ¿Cuál sería el tema? ¿Tan importante era?
"Astrid" habló Estoico, aprovechando que Blegild por un momento dejó de prestarle atención "¿Puedo decirte la razón por la cual quiero hablar con ustedes?"
No faltaba más.
"Claro que sí" de hecho, lo esperaba con impaciencia,
"Verás pequeña" Estoico estrechó las dos manos, un gesto típico de nerviosismo "He estado pensándolo mucho… yo ya no soy joven"
Las canas brillaban entre sus cabellos rojos.
"Y quisiera aprovechar la última juventud que me queda"
Astrid frunció el ceño.
¿Qué quería decirle?
"Niña… quiero viajar hacia el continente por uno o dos años"
Astrid abrió los ojos con sorpresa.
"¿Qué?" no estaba segura de haber escuchado bien.
"¿Irte?..."
"Sería poco tiempo" agregó rápidamente "Además, no es como si hiciera ya mucha falta aquí…"
Estoico había visto que la gente se acercaba cada vez más a su hijo. Las responsabilidades que le cedió a Hipo él las cumplía con pronta precisión y su liderazgo había salido a relucir muy pronto, sobre todo cuando se convirtió en padre de familia. Él iba a ser un buen Jefe, de eso estaba convencido. Y además la familia de su hijo, dígase Astrid y sus nietos, merecían un poco más de intimidad. Día con día se sentía más intruso en su propia casa.
No era nada que Astrid hubiera fomentado ni que pudiera solucionar. Estoico se acercaba a sus cuarenta y jamás había salido de Berk salvo con las tribus aliadas. Quería conocer un poco más del mundo antes de acompañar a su esposa en el Valhalla. Lo que en nuestros tiempos modernos se llama andropausia.
"¿Cómo que no haces falta aquí?" Astrid, que veía a Blegild jugar calmadamente, se contuvo de gritar "Tu eres el Jefe, el abuelo de mis hijos, el padre de mi esposo ¡claro que haces falta!"
Astrid, con todo y su carácter, era muy apegada a las personas que amaba. Estoico ya se esperaba una respuesta así por parte de la rubia.
"No dejaré de serlo por marcharme un poco de tiempo."
"¿Años?"
"Dos a lo mucho"
Astrid iba a replicar, pero se contuvo. Eso le correspondía más a Hipo que a ella. Bajó el rostro.
"Has tomado tu decisión ¿No es cierto?"
Estoico asintió con porte erguido.
"Así es" agregó con voz potente.
Astrid podía ver en esa actitud la misma que vio en Hipo el día en que ella conoció a Chimuelo. Padre e hijo eran increíblemente parecidos, necios y taciturnos. Los conocía bien a los dos. Si ya había tomado su decisión, entonces nada le haría cambiar al respecto.
"No tengo entonces nada más que decir, salvo una cosa" lo miró fijo "Muchas bendiciones en tu viaje. Te vamos a extrañar."
Ante la palabra extrañar, Blegild inmediatamente prestó atención a la conversación de los dos adultos.
"¿Quién va a extrañar?" preguntó el niño.
Astrid no tuvo corazón para responderle. Y Estoico tampoco.
"Lo hablaremos cuando llegue tu padre, cielo" fue la respuesta de Astrid.
Y como si hubiera sido invocado, Hipo llegó a los pocos minutos.
Estoico habló a solas con su hijo, pero Hipo no se contuvo de gritar un potente "¿¡Qué!?" capaz de asustar al niño. La discusión ni siquiera duró, porque Estoico lucía increíblemente seguro de su decisión. Hipo debía admitir que él se sentía preparado para llevar las riendas de Berk. De lo que no se sentía preparado era decirle adiós a su padre.
Estoico no había sido un padre perfecto. Pero ¿Quién lo es? Hizo lo mejor que pudo cuidando completamente solo de un niño apenas más grande que un bebé a la muerte de su esposa. A pesar de tener miles de oportunidades, jamás de volvió a casar. Primero, por la fidelidad a su difunta Valhallarama. Segundo, para que la imagen de esa nueva mujer no borrara el recuerdo de una afectuosa madre en la pequeña mente de su hijo. Al pasar el tiempo, se cuestionó varias veces si hizo lo correcto. Sobre todo cuando su hijo, siendo un muchacho, no podía ni disparar una flecha y menos resistir un combate cuerpo a cuerpo. Pero Hipo había demostrado una valentía e inteligencia diferente a la de lo demás y no podía estar más orgulloso de él.
De la misma forma, Hipo siempre recordaba a su padre al lado, apoyándolo. Debió aprender desde muy temprana edad que su padre tenía diversas responsabilidades y casi lo compartía con el resto del pueblo. Su madre, un recuerdo cada vez más lejano pero igual de nítido, había sido respetado y alentado por Estoico toda su juventud. Se esforzó por años en hacer lo correcto para enorgullecerlo y solo Odín sabía cuánto apreció le tenía. Cualquiera, por tener a un hijo enclenque, lo hubiera desheredado. Estoico amaba demasiado a su hijo como para eso. Y aunque la amistad de Chimuelo puso en verdadero riesgo esa relación padre e hijo, al final solo la afianzó.
Los dos habían hecho una vida juntos y ahora, que iban a tomar diferentes caminos, al menos a Hipo lo rodeaba una inmensa melancolía.
Pero se haría al final lo que Estoico había decidido.
Ahora Hipo debía hacer lo que su padre siempre hizo: aceptar y apoyar.
0o0o0o0o0o0o0o0
La ceremonia fue bastante solemne. Para Blegild, no obstante, fue un poco aburrida. Él estaba en el centro del pueblo, con sus abuelitos, viendo cómo abuelo Estoico le daba a su padre una gran hacha bellamente decorada y un casco de vikingo sobriamente diseñado. Hipo tenía una expresión seria, aceptando la responsabilidad tan enorme que le estaban otorgando.
"A partir de ahora tú, Hipo Horrendo Haddock III, serás el que guíe a nuestro pueblo ante toda adversidad…" decía Estoico. Hipo solamente asentía. Él conocía las responsabilidades de un Jefe.
Todos alrededor, de forma silenciosa, veían la forma en la que el joven heredero ahora un hombre hecho y derecho aceptaba con orgullo sus deberes. Astrid recibió un pequeño casco, puesto que ella como esposa del Jefe de ahora en adelante merecía ese digno respeto. Sería consultada y obedecida como a una igual.
"Abuelita" le dijo Blegild a la madre de Astrid "¿Qué están haciendo mamá y papá?"
Su abuelita sostenía en brazos a Gilna y sonreía con los ojos brillantes llenos de lágrimas.
"Tus papás están siendo coronados jefes máximos de Berk, cielo" respondió a su nieto "Ahora ellos son la autoridad de todo el pueblo"
Terminada la ceremonia y recibiendo las bendiciones de la anciana, la gente se regocijo. Años sin tener una Jefa ¡Y ahora Astrid lo sería! La gente sabía perfectamente que Hipo era un hombre responsable. Había demostrado liderazgo y valentía desde su juventud, cuando puso fin a la guerra entre vikingos y dragones. Confiaban en él y en que iba a ser un buen Jefe.
¡Era momento de celebrar!
Hipo, Astrid y Estoico fueron conducidos al gran salón donde un enorme banquete fue puesto a su disposición. Comieron y bebieron entre bromas y risas. Los padres de Astrid se llevaron a los nietos a su propia casa donde los cuidarían el resto de la tarde.
"¿Mamá y papá van a venir por nosotros?" preguntó Blegild.
"No por ahora cariño" respondió la madre de Astrid "Vendrán hasta mañana"
"¿Por qué?"
"Ellos ahora son los Jefes" agregó su abuelo "Tienen muchas cosas por hacer"
Los niños no iban a entender que sus papás iban a ponerse borrachos hasta la médula.
En la casa de sus abuelos, Blegild tenía un pequeño cuarto acondicionado tanto para él como para Gilna. Entraron a la casa y él inmediatamente se fue hacia la ventana, de donde se podía ver las luces de antorchas encendidas en el Gran Salón y escuchar débilmente la música.
Gilna se removió inquieta en brazos de su abuela mientras ella la mecía con cariño para darle de cenar. Blegild amaba mucho a sus dos abuelitos porque los padres de Astrid consentían mucho a sus nietos. Su abuelo le dio un estofado como cena y después lo llevó a la cama, diciéndole que si algo malo le pasaba a Gilna en la noche fuera inmediatamente a decirles.
"¡La cuidaré muy bien!" fue la respuesta del niño.
"Eso nos consuela" su abuela se inclinó dándole un pequeño beso en la frente "Descansa amor. Sueña con el Valhalla"
Después de eso cerraron la puerta y apagaron la veladora, deseándoles dulces sueños.
La pareja caminó hacia su propia alcoba.
"¡Nuestra hija Jefa! ¿Puedes creerlo?" decía la mujer emocionada.
"Hipo de verdad ha cuidado bien de ella y nuestros nietos" fue la respuesta de su marido "Sé que cuidará bien de la Tribu"
"Los Dioses lo quieran"
Los dos se fueron a dormir.
Hipo y Astrid salieron relativamente temprano del festejo. Fueron a su casa, disfrutaron de lindo uno del otro, aprovechando la ausencia tanto de sus hijos como de Estoico y después de eso quedaron prontamente dormidos sobre la cama sin casi nada de conciencia. A la mañana siguiente, despertados a primera hora por Estoico, debieron atender sus funciones.
Ahora que Hipo era el Jefe de la Tribu debía coordinar absolutamente todo lo que pasaba en ella. Estaba cada vez más acostumbrado a sus deberes por que Estoico lo había educado en vistas de ese día, pero aún así el cambio fue algo notorio para él.
Astrid apenas salió Hipo acudió a la casa de sus padres a recoger a sus hijos. Ella por ser madre tenía la prioridad de cuidar a sus niños, pero si Hipo estaba enfermo o sus deberes eran demasiados era automáticamente la segunda a mando. Y todos la respetaban por eso.
"¡Mami!" gritó Blegild.
Gilna se removió en brazos de su abuelo, reconociendo a su madre.
"¡Hola amor!" Astrid se inclinó tomando en brazos a su primogénito "¿Te has portado bien?" miró a sus padres para esperar la respuesta.
"¡Si!" dijo el niño. Sus padres asintieron. Así que ella se concentró en besar sus mejillas "¿Y papá?" preguntó el pequeño.
"Está ocupado en su trabajo" respondió Astrid, parándose para coger en brazos a su niña "Regresará para la cena. Vamos a casa a limpiar todo y preparar un verdadero banquete ¿De acuerdo?"
"Está bien" pero un poco de tristeza se coló en la voz del niño.
Sus abuelos le dieron pastelitos dulces y se despidieron con mucho cariño mientras Astrid caminaba por el sendero hacia la casa Haddock. Llegaron y Astrid inmediatamente se puso a limpiar, pero mientras más se concentraba en sus deberes, más se daba cuenta que todo estaba demasiado silencioso. Blegild estaba en la sala, jugando con las espadas de madera, sin hacer casi ruido ¡Gilna estaba más inquieta que su hermano!
"¿Qué pasa amor?" preguntó Astrid.
"Nada" fue la única respuesta del niño.
Astrid pensó en preguntarle después qué andaba mal, porque estaba cocinando un estofado muy complicado que casi se le quemaba.
Hipo llegó casi en la noche, muy cansado pero saludando a su hijo con una enorme sonrisa.
Blegild recuperó inmediatamente su buen humor.
"Quizá solo extraño mucho a Hipo" pensó Astrid.
Por ahora le restaría seriedad a la situación.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0
Estoico miró fijamente a su hijo.
"Te mandaré una carta cada mes" le dijo con su potente voz de repente dulcificada "Y también todos los libros que encuentre interesantes" agrego recordando la afición de su hijo por la lectura "Ánimo hijo. Tu puedes con esto y con más"
Hipo asintió, sonriéndole a su padre.
"Lo sé papá" ambos se miraron intensamente "Sólo cuídate mucho"
Olvidándose de toda la gente alrededor del puerto, Estoico abrazó fuertemente a su hijo sin dejar de sonreír.
"Eres una mujer fuerte y orgullosa vikinga" le dijo a Astrid "Mi hijo no pudo escoger mejor esposa. Eres como la hija que nunca tuve" colocó una mano en el hombro de su nuera "Sé que mi hijo y mis nietos contigo estarán más que bien"
"Muchas gracias Estoico" le dijo ella en respuesta "Me has enseñado muchas cosas"
"Y más te habrán de enseñar la vida"
Estoico entonces prestó toda atención a sus nietos.
Blegild era el que le preocupaba. El niño era tremendamente parecido a su padre y muy sensible para su edad. Estoico se inclinó frente al pequeño, buscando las palabras correctas. El niño contenía lágrimas en sus ojos ¡Quería bastante a su abuelito!
"Me iré unos meses, Blegild" le dijo, explicándole con harta paciencia "Pero te mandaré cartas y regalos" agregó sonriendo "No te preocupes, volveré antes de lo que puedas extrañarme"
Blegild se echó a sus brazos, llorando abiertamente.
"Te extrañaré" balbuceó.
"Y yo a ti"
¡Cómo amaba a su nietecito!
Estoico le devolvió el abrazo hasta que Hipo se inclinó para agarrar a su hijo. Estoico tenía que aprovechar el buen clima. Estoico cargó un poco a su nieta, todavía bebé, recordando su rostro para los viajes y pensando que cuando volviera encontraría a una enérgica niña.
Subió al bote, donde estaba Bocón y ambos partieron por aventuras y diversión.
La gente se quedó en el puerto mientras la silueta del barco se iba perdiendo a la distancia, siendo consumida por las olas del mar. El sol comenzó a ocultarse casi al mismo tiempo. Todos extrañarían al antiguo Jefe, pero él volvería, de eso estaban seguros. Y confiaban mucho en Hipo.
Todos avanzaban al ritmo que el tiempo estaba imponiendo.
Hipo cargaba a Blegild con cariño y comprensión. Él mismo extrañaría muchísimo a su padre, pero sabía que Estoico lo necesitaba. Nadie podría quitarle el dolor de extrañarlo, pero se encogía de hombros ante eso. Tenía que ser fuerte por su familia y por su gente.
"Vamos" dijo Astrid "Volvamos a casa"
Ya estaba anocheciendo.
Pos bueno eso fue todo y aunque sé que no puede recompenzar la espera quise subirlo pos porque sí... tenía que hacerlo ¡tengo que terminar este fic! y el de September Night, aunque a ese capítulo creo que le falta... NO sé, veré, si puedo terminarlo esta tarde pero no garantizo nada así que mejor me despido esperando que hayan leído...
Les diría que espero comentarios, pero no sé si los merezca así que, bueno si dejan un reviw yo bien feliz.
