Capítulo 8: Pánico

Emma ayudó a Regina a ir al baño y a meterse en la cama mientras Henry empezó a hacer macarrones gratinados de cenar. También inició el hervidor para el té para él y Regina y algo de café para Emma.

Emma ahuecó las almohadas alrededor de Regina.

"Es bastante autosuficiente para ser un niño tan joven."

Regina se encogió de hombros, "Siempre le ha gustado ayudarme con la cena, o solía gustarle." Pretendió estudiar las sábanas para evitar ver la simpatía en la cara de Emma.

"Realmente le quieres, ¿no?"

Regina hizo contacto visual, "Lo es todo para mí."

Emma se sintió fatal, al principio sólo se había quedado porque estaba convencida que Regina no le quería. Pero golpeada y herida con nada que perder, estaba hundiéndose por los meses en los que su hijo ni siquiera la miraría.

Emma cogió su mano, "Todo va estar bien Regina, las cosas mejorarán."

Los ojos de Regina estaban vidriosos debido al contacto. Emma estaba siendo tan amable con ella.

Arrugó la cara y suspiró entrecortadamente. "No, no lo harán… especialmente si Gold trae la magia, no confiará en mí, mucho menos quererme."

Emma no sabía por qué estaba haciéndolo pero al momento estaba sujetando delicadamente a Regina entre sus brazos.

"No digas eso. Tú no sabes eso. A lo mejor sólo tienes que continuar demostrándole que esa no eres tú. Las personas intentarán decirte quién eres, toda tu vida. Simplemente tienes que empujar y decir no, esta es quien soy. "

Regina se aferró a Emma, no había nadie más a quien acudir.

Henry se aclaró la garganta en la puerta.

"Mamá… He hecho tu favorito. Té chai con manzana."

Regina titubeantemente salió de los brazos de Emma para coger el té.

Henry se fue presuntamente para ir a por su comida.

"Ves, te ha hecho tu té preferido, aún se preocupa por ti…"

Hubo un golpe en la puerta.

Regina miró a Emma, y con todas sus fuerzas en su momento de pánico, salió corriendo de la habitación