CAPÍTULO 9: Encerrada

Emma no tenía ni idea de cómo una mujer así de herida podía moverse tan rápido. Debía de estar doliéndole un montón. La siguió lo más rápido posible sintiendo de repente una ráfaga de energía cargada de miedo. Agarró la parte de atrás de su camiseta y tiró de ella, colocando sus brazos alrededor de la parte superior de su cintura, antes de que pudiera caerse por las escaleras.

"Qué demonios…"

"¡HENRY! ¡NO TE ACERQUES A LA PUERTA!"

Regina chilló mientras Henry estaba, de hecho, de camino hacia la puerta. Paró ante el tono de su madre, estaba aterrorizada.

Emma les observaba.

"Henry, podría ser alguien que viniera a matarme, ¡por favor aléjate de ahí!" Forcejeó contra Emma.

Emma podía sentirla torcerse del dolor, pues tenía demasiado dolor por estar forcejeando, pero la vida de su hijo podría estar en peligro.

Henry asintió y subió las escaleras. Emma dejó a Regina sobre el primer escalón. Ésta se agarró a la barandilla intentando respirar ante las olas de dolor que estaban martilleando sus costados.

Henry se sentó a su lado y empezó a masajear su espalda.

"Está bien mamá, estoy aquí mismo. Me voy a mantener alejado de las puertas, ¿vale?"

Regina tenía todavía sus ojos cerrados fuertemente, "Y de las ventanas."

Henry puso los ojos en blanco, "Vale mamá, vale."

Ella lo atrajo hacia ella, "No puedo perderte."

Henry se lo permitió, "Mamá, estoy aquí."

Fue entonces cuando se dio cuenta de que Emma estaba yendo a la puerta.

Debería haberla parado a ella también.

Emma abrió la puerta para ver a sus padres allí de pie.

"No viniste a casa, pensamos…. Pensamos que había pasado algo."

Snow levantó la vista hacia Regina sentada en las escaleras con la sudadera y ropa interior de Emma.

Charming tenía su mano en la espalda de su mujer, intentando calmarla.

Emma se encogió de hombros, "Pensé que disteis por sentado que me estaba quedando con ella."

Snow miró a Regina, luego de nuevo a Emma.

"Gold está trabajando en una forma de traer de vuelta la magia, ella necesita estar encerrada."

Regina se puso rígida, no, otra vez no. Henry notó el cambio, levantó su manga para limpiar sus ojos y nariz.

Lo que produjo más lágrimas.

Henry rio ligeramente, "Mamá, tienes que parar, estás ensuciando toda mi manga, tendré que ir a encontrar otra chaqueta." Él la sonrió.

Ella asintió mientras que las lágrimas seguían cayendo. Él fue a limpiarla de nuevo, pero ésta se levantó, volvió a su cuarto y cerró la puerta con pestillo