Ojos verdes

O de cómo James no vio que Lily lo miraba


Era el baile de despedida. Su último baile en Hogwarts. Y los Merodeadores, claro estaba, se habían preparado para la ocasión.

Habían pensado en llevar a cabo una broma sin igual esa noche, algo que hiciera historia, pero en el último momento habían decidido posponerlo para el día siguiente, antes de que los alumnos fueran a recoger sus maletas a las habitaciones para coger el tren… dándose cuenta demasiado tarde de que dichas maletas estaban abiertas y rellenas de caramelos de todos los sabores y plumas de azúcar. Los enseres personales de los alumnos, por supuesto, estarían en el jardín, formando una escultura gigante con la forma de los cuatro Merodeadores sonriendo y saludando a todo aquel que se acercara. Sirius había pedido expresamente que su doble estuviera agitando una banderita hecha con los calzoncillos de Snape, y ni siquiera Remus se había opuesto.

Pero en el baile iban a comportarse. Eran cuatro hombres maduros, claro que sí (se dijera lo que se dijera de James y Sirius), y no querían agriar ni tan siquiera un poco ese recuerdo en las memorias de sus compañeros.

Era una noche triste. Noche de decir adiós, tal vez para siempre. De dejar de ser niños. De saltar al vacío, oscuro y terrible.

Era una noche difícil.

James se había esmerado particularmente en su aspecto. Su ropa estaba perfectamente cuidada y limpia, e incluso su pelo tenía un aspecto aceptablemente adecuado para la ocasión. La expresión de su rostro, sin embargo, estropeaba el efecto.

—Vamos, Cornamenta, anímate. ¡Es nuestra gran noche! —le incitó Peter, dándole un suave codazo. Pero James solo negó con la cabeza y suspiró, apoyándose en la pared mientras veía a las parejas danzar en el centro de la sala.

—Lo sería si Lily estuviera conmigo —musitó, apagado. Remus y Peter se miraron con preocupación. Era algo insólito que James se mostrara tan decaído. ¿Dónde estaban su sempiterno entusiasmo y su infantil ilusión?

—¿Y por qué mandrágoras no le has pedido que viniera contigo al baile? —gruñó Sirius. Basto, directo, sin andarse con delicadezas. Demostrando de esa forma tan Black que se moría de ganas de darle una colleja a su amigo por ser un inútil, pero también de abrazarlo y consolarlo a cualquier precio.

James suspiró con cierta teatralidad.

—Está enfadada conmigo.

—¿Qué cojones va a estar enfadada contigo? ¡Os vi besándoos no hace ni dos semanas! —protestó Sirius. Remus frunció el ceño.

—¿Habéis discutido, James?

El aludido negó con la cabeza.

—No… No sé qué ha podido pasar. Estábamos bien. Mejor que nunca, de hecho. Y de pronto no solo no me habla, sino que no deja de lanzarme miradas que me hacen pensar que quiere meterme la varita en el ojo.

Remus se giró y buscó a Lily. Allí estaba, sentada en un rincón con el chico que la había llevado al baile, un Ravenclaw que no le estaba prestando demasiada atención. Lily tenía un aspecto verdaderamente impresionante esa noche, con su pelo rojo suelto y un vestido color bosque que hacía juego con su mirada.

En ese preciso instante, Lily tenía los ojos clavados en los cuatro Merodeadores con gesto consternado, pero cuando descubrió que Remus la estaba observando se apresuró a girarse hacia su pareja.

Remus enarcó una ceja, confuso, y se volvió hacia James.

—Y, sea lo que sea, ¿no crees que deberías hablarlo con ella? Porque no te quita los ojos de encima.

James alzó lentamente la vista y miró a su amigo. Peter asintió con vehemencia.

—¡Claro que sí, tío! Es la última noche. No puedes dejar que acabe así.

—Y menos aún después de haberte tirado casi toda tu adolescencia babeando por su culo —añadió Sirius, dando un trago a su bebida—. Ahora que por fin la tienes, ¿vas a darte por vencido?

—No, pero…

—¿Vas a ser un jodido cobardica como Quejicus?

—Claro que no, yo solo…

—¿Vas a permitir que todos tus esfuerzos y nuestra paciencia al aguantar tus lloriqueos diurnos y tus pajas nocturnas por esa bruja se vayan por el retrete justo ahora?

—Sirius —lo amonestó Remus con una mirada de censura. Pero el dudoso discurso de Sirius pareció haber funcionado, porque James se separó de la pared como un resorte.

—¡Por supuesto que no! Soy un maldito Merodeador, y voy a actuar como tal. Iré allí y no me marcharé hasta que tenga una explicación.

—Así se habla, Cornamenta —asintió Peter. James dio un paso hacia Sirius y lo cogió por los hombros con los ojos brillantes.

—Gracias, Canuto. Eres el mejor amigo del mundo.

Sirius se encogió de hombros y bebió otro sorbo de su vaso.

—Lo sé, lo sé. No me eches demasiadas flores o mi ego se hinchará tanto que reventaré el traje, y después me ganaré un colosal castigo al hacer que todas las chicas se desmayen ante mi cuerpo escultural.

Remus puso los ojos en blanco y Peter rio entre dientes, pero James, inmune al narcisismo crónico de su mejor amigo, le dio un fuerte abrazo y corrió a través de la sala en dirección a Lily.

Los otros tres Merodeadores lo observaron alejarse con diversión.

—Qué duro es el amor —bromeó Peter—. Demasiado azúcar incluso para mí. Es una suerte que vosotros dos no estéis también enamorados, o me tiraría de la torre de Astronomía.

La risa nerviosa y mal disimulada de Remus apenas ocultó la tos de Sirius cuando este se atragantó con el sorbo de cerveza de mantequilla que estaba bebiendo, ganándose una mirada confundida de Peter.

Al otro lado de la sala, James había llegado junto a Lily, que alzó la vista para observarlo con sorpresa.

—James —tartamudeó—. ¿Qué… qué quieres?

—Hablar contigo —declaró él, soltando todo el aire que estaba conteniendo en los pulmones—. ¿Puedes salir conmigo un momento, por favor?

En ese instante, el Ravenclaw pareció recordar que tenía una pareja de baile, y dejó de coquetear con una Hufflepuff sentada a su lado para volverse hacia James, a quien miró con el ceño fruncido.

—Lárgate, Potter. Lily está conmigo. —Se volvió entonces ante la bruja, esbozando una sonrisa que pretendía ser seductora—. ¿Sales a bailar, preciosa?

—Ahora no, Sean —respondió ella con nerviosismo, mirando de reojo a James. Él había apretado los puños, conteniéndose a duras penas para no arrancarle la cabeza al Ravenclaw, que siguió ignorándolo.

—Vamos, Lily. Solo un baile.

—De verdad que no me apetece, Sean.

—Pero…

—Si te lo tiene que decir una tercera vez, Stretton, la ayudaré yo a explicártelo —gruñó James. Sean se giró hacia él, levantándose, pero Lily se puso en pie también y se interpuso entre ambos.

—¿Queréis dejarlo ya? ¡Sois unos inmaduros! ¿Qué será lo próximo? ¿Mearéis en los bajos de mi vestido para marcar territorio? ¿Queréis que llame a Black para que os ayude?

—¡Eh! ¡Te he oído! —protestó Sirius, que acababa de acercarse a la mesa de al lado para rellenar su vaso de cerveza. Lily apenas le dirigió una mirada. En su lugar, se volvió hacia Sean.

—Voy a salir a hablar con James. Volveré en un rato.

—Por mí no vuelvas —replicó él, mirando con odio al otro chico. James le sacó la lengua, y como siempre, Lily le vio. Cogiéndolo del brazo, lo arrastró fuera del Gran Comedor.

—¿Tienes que ser siempre un crío? —le reprochó con rabia cuando ambos estuvieron en los jardines. Era una preciosa noche de verano, con el denso cielo cuajado de estrellas y el aire deliciosamente tibio. James se encogió de hombros.

—¿Tienes tú que escoger al tío más imbécil del colegio para venir al baile?

—Creía que ese eras tú, James.

Él hizo una mueca de dolor.

—¡No he venido a discutir contigo!

—¿Y qué es lo que quieres entonces?

James cogió aire profundamente. Lily lo miraba con los brazos cruzados y esos bonitos ojos verdes llenos de fuego fijos en él.

—¿Por qué estás enfadada conmigo?

La pregunta desestabilizó a la bruja, que vaciló.

—Yo no…

—Sí, lo estás. Creía que ibas a venir conmigo al baile —añadió, removiéndose con incomodidad. Lily pestañeó.

—Eso creía yo también, James.

Él frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué…?

—¡Por Margarette Colins!

—¿Colins? —James se sentía cada vez más perdido—. ¿Qué pasa con ella?

—Me dijeron que le habías pedido que fuera tu pareja esta noche —respondió Lily. Aunque intentaba mostrarse serena, sus mejillas habían adquirido una tonalidad rojiza verdaderamente adorable.

—¿Qué? —graznó James—. ¿Quién te dijo semejante estupidez?

Lily se mordió el labio inferior antes de confesar:

—Severus…

—¡Oh, por supuesto! —Ahora, James estaba verdaderamente enfadado—. ¡Os tiráis dos años sin hablaros, lo primero que te dice es esa absoluta idiotez y tú vas y te lo crees! ¿Por qué le escuchaste? ¿Por qué no me lo preguntaste a mí?

Lily lucía verdaderamente desolada. Todo su rostro estaba ya sonrojado, y James casi podría haber jurado que sus ojos se habían humedecido ligeramente.

Pero, por encima de sus inseguridades, Lily era una Gryffindor. Así que cogió aire, cerró con fuerza los párpados y respondió.

—Porque tenía miedo de haber malinterpretado tus intenciones conmigo. De haberme equivocado… de haber pensado erróneamente que querías algo más que unos besos ocasionales de vez en cuando.

Dos segundos. Tres. Cinco. Diez.

Cuando Lily volvió a abrir los ojos, la expresión de James era de completa perplejidad.

—¿James…?

—Para ser la bruja más inteligente del colegio, Lily, es increíble lo torpe que eres a veces —respondió James. Casi parecía dolido. Lily se estremeció.

—Traté de hablar contigo, James, de verdad. Llevo días intentándolo, pero tú… nunca te dabas cuenta de lo que intentaba decirte. Siempre malinterpretabas las conversaciones, y un día hasta te marchaste antes de que pudiera explicarme. ¡Merlín, incluso estuve a punto de pedirle a Remus que me ayudara a hablar contigo! Pensé que tu forma de evitar el tema era solo una manera de decirme que, efectivamente, se había acabado.

James parpadeó, boquiabierto.

—¿Cómo iba a haberse acabado, si ni siquiera ha empezado? —balbució. Se pasó las manos por el pelo, estropeando la media hora que había dedicado a arreglarlo—. Joder… Lily, el día que me fui a toda prisa, lo hice porque pensé que ibas a decirme que lo nuestro había sido un error. Estabas nerviosa y llevabas unos días rara y yo… yo creí… pensé que… ¡Tuve miedo, joder! No quería perderte antes de haberte tenido. Merlín, eso ha sonado posesivo, ¿verdad? Olvídalo, no me pegues. En mi cabeza había sonado mucho más romántico. Lo que quería decir es que yo…

Pero Lily no le dio tiempo a terminar.

Decidiendo que lo mejor era cortar la incontinencia verbal que asaltaba a James siempre que se ponía nervioso, Lily se puso de puntillas y lo besó. Solo una vez, rápido y ligero, como una brisa.

Fue más que suficiente para silenciar al chico, que la miró maravillado.

Lily, sonrojada, pelirrojísima, preciosa, con esos increíbles ojos verdes que tanto lo habían mirado a escondidas, sin que él lo supiera.

Merlín bendito, ¿se podía ser más feliz? James lo dudaba.

Olvidando todo lo que había querido decir antes (por las faldas de Circe, ¿cómo iba a acordarse de nada con el sabor de Lily aún en los labios?), James se inclinó de nuevo y la besó, atrayéndola hacia sí por la cintura.

Ambos se entregaron a un ósculo lento, cuidadoso, tierno como solo el amor adolescente podía serlo.

Desde la entrada del castillo, tres figuras los observaban sin que ellos lo supieran.

Tres Merodeadores que sonreían felices, genuinamente contentos por ese mago y esa bruja que llevaban años persiguiéndose para, por fin, encontrarse esa noche.

Con suerte y un poco de magia, tal vez para el resto de sus vidas.


N/A. Soy jodidamente incapaz de escribir cosas cortas. Empecé con viñetas de 500 palabras y aquí estoy hoy, con casi 2000 que he escrito ahora mismo... En mi defensa alegaré que es Jamesly. Y el Jamesly se merece todo lo bueno de este mundo.

Calculo que me quedan dos viñetas más. Un millón de gracias a selene lizt y a Lady por sus reviews. Sois amor.

Oh, y Lady... feliz cumpleaños de nuevo :3