Capítulo dos:
El recuerdo del que teme.
No era común que lo llamaran para ir al liceo de Romeo, diciéndole que se había metido en problemas. Era, de hecho, la primera vez que eso le pasaba. Hasta donde tenía memoria su hermano menor era alguien muy bien portado, así que el recibir una llamada así…
No podía evitar sentirse demasiado preocupado de hecho a lo que podía estar pasando.
Después de poner al corriente a Lovino sobre la situación, avisándole que se tendría que ausentar en la mañana, lo único que el inmortal pudo hacer fue asentir, viendo frente a sus ojos la puerta cerrándose y sin hacer nada como para detenerlo. Sólo se quedó viéndolo irse, sintiendo un extraño miedo correr por sus venas.
Se quedaría solo el segundo día de haber llegado a esa casa.
Lovino siempre odió la soledad. Siempre odió el sentimiento de estar vulnerable a cualquier cosa que le pudiera pasar y no poder hacer nada al respecto. Porque si alguien se enteraba de que era inmortal…
Si alguien se enteraba que era el último vivo de aquel inhumano experimento…
—Mierda.
Lo último que quería era ponerlos a ellos dos en peligro. Lo último que quería era que Alfred lo encontrara y entonces lastimara a Feliciano y a Romeo para hacerlo irse con él.
Lo último que quería era tener que volver a ser parte de esos experimentos. A volver a ser presa de las torturas que ellos siempre aplicaron en todos, riendo por los desgarradores gritos de dolor. Aún tenía las innumerables cicatrices en su espalda y piernas como prueba de aquello.
Aún podía sentir el metal caliente sobre su piel, los cortes que llegaban hasta el hueso, las amputaciones de brazos completos. ¿Cuántas veces cayó inconsciente gracias al gran uso de energía que requería la regeneración de sus extremidades? Le daban náuseas siquiera el intentar recordar.
Sólo… Sólo se quedaría allí unos días. Unos días y después se iría a cualquier otro lugar, incluso si eso incluía cruzar ilegalmente varios países como hizo hasta llegar a su natal Italia. No los iba a poner en peligro, no cuando ellos confiaron en él tan fácilmente.
Les devolvería aquella inocente amabilidad dejándolos fuera de peligro.
Cuando Feliciano vio a Romeo sentado fuera de la oficina del director, con el rostro golpeado y a punto de llorar, lo primero que hizo fue abrazarlo.
Su hermanito no era del tipo que iniciaba peleas; de hecho las aborrecía. Entonces, ¿por qué demonios estaba en ese estado? Si él era tan bueno y amable con todos…
Entró a la oficina del director, su rostro serio como casi nunca se le veía fuera del escenario. Iba a exigir respuestas y no se iría hasta conseguirlas.
Claro que, su enojo fue reemplazado con curiosidad cuando, al entrar, vio a una madre y a un chico que no conocía ya adentro. Por supuesto, el chico no tenía ni un rasguño, sólo su camisa descosida en señal de que la habían halado. No tardó en hacer suposiciones, pero lo mejor que podía hacer era actuar de forma calmada.
—Señor director, ¿qué sucedió?
—Oh, señor Vargas. Por favor tome asiento, le explicaré lo que me han dicho.
Cuando Feliciano hizo esto el señor de avanzada edad comenzó a hablar, explicándole que ese chico ileso había comenzado a golpear a Romeo después de llamarlo "maldito marica". Podía sentir la rabia creciendo en su cuerpo, tratando lo más fuerte que podía de ocultarlo. ¿Por qué debían golpear a alguien sólo porque sus preferencias sean distintas? En primer lugar, ¿de dónde había salido ese rumor de que Romeo era gay? El niño tenía catorce años y ya había tenido más novias que él a sus veinticinco. Miró en dirección a su hermano, quien sólo se encogió en su lugar negándose a alzar la mirada. Miró entonces en dirección de ese chico desconocido, notando simplemente que era alguien normal. Alguien que no había visto antes.
Y ahora, alguien inútil.
—Los testigos dicen que el joven Romeo no devolvió ningún golpe, sólo se trató de quitar de encima al joven Samuel. Lo llamé para que recogiera a su hermano, pues, aunque lo tratamos en la enfermería, no podemos decir con certeza que no tenga daños colaterales internos.
Feliciano no pudo evitar tensar la mandíbula ante esto. Que lo hubiera golpeado tanto como para que sospecharan que tuviera daños internos…
— ¿Y qué hará contra Samuel? —Por supuesto que debía tener alguna consecuencia, después de haberle dado tal golpiza a su hermanito. Miró de reojo a la mujer y al otro niño, notando que dicha mujer estaba sonriendo—.
—No haremos nada.
Miró entonces en dirección al director, la sorpresa siendo obvia en su expresión y sus acciones. Boqueó un par de veces, no sabiendo cómo debía expresarse ante tal respuesta. Y lo que inicialmente fue sorpresa pasó a ser ira.
Ira pura.
—Es una broma, ¿no? Debe estar bromeando.
—Lamento informarle que es una decisión ya tomada. Dadas las circunstancias en que se presentó la pelea, decidimos-
— ¡No me joda! ¡Usted mismo dijo que Romeo no devolvió ningún golpe y que fue este mocoso quien inició la pelea! ¡¿A qué mierda se refiere con "circunstancias"?! ¡Mi hermano es la víctima aquí!
—Señor Vargas, le pido que se calme o las consecuencias las sufrirá el joven Romeo.
No podía creer lo que estaba escuchando. Ese hijo de puta le acababa de decir que su hermano fue la víctima, ¿pero quería dejar impune a quien inició la pelea?
Miró nuevamente en dirección de esa mujer rubia de cabello corto, quien ahora le devolvía la mirada. No parecía italiana para nada, si la miraba de ese modo.
Pero lo que más le molestaba era esa sonrisa inocente que tenía en los labios.
—Su hijo golpeó a mi hermano por rumores, ¿le parece bien esto?
—Por supuesto, mi pequeño Samuel no hizo nada malo.
—No hizo… —Feliciano estaba que explotaba de la ira, pero el toque a su brazo que Romeo le dio fue suficiente para que pudiera al menos respirar. Se levantó de la silla, tomando a su hermano menor de la mano, volteando su mirada al director—. Romeo no se volverá a presentar en este liceo, mañana vendré a completar el proceso para retirar los papeles. Si no presento una demanda en su contra es por el simple hecho de que eso pondría más presión sobre mi hermano. Espero se hunda en la más putrefacta de las mierdas, señor. Con permiso.
Cuando Feliciano salió de la oficina no notó la sonrisa triunfante en la rubia, quien sacó su celular para enviar un simple mensaje.
«Carnada localizada».
Lovino notó la ira irradiar de Feliciano. Lovino notó las marcas de golpes en Romeo. Lovino notó el rastro de lágrimas en el rostro de ambos.
Y sin embargo Lovino no mencionó nada.
En lugar de hacer a Feliciano enojarse más por mencionar el tema le ofreció hacer la cena, cosa que el más joven aceptó forzando una sonrisa. No pudo hacer nada más pero fruncir los labios, asintiendo. Nunca le gustó que forzaran expresiones cuando hablaban con él, la falsedad siendo la segunda cosa que más odiaba en el mundo.
La primera tenía nombre y apellido.
Pero no alargó más la conversación, encaminándose a la cocina y preguntándole a Romeo si quería algo de tomar. El chico sólo pidió agua, cosa que le extendió antes de ponerse a cocinar.
Habían pasado años desde que cocinó para alguien. Siendo específicos, medio siglo. A pesar de que estaba al corriente de los avances tecnológicos –en el centro de investigación muchas veces los mismos individuos de experimentación eran quienes hacían las tareas cotidianas–, había algo demasiado distinto entre cocinar para él solo y cocinar para tres personas.
Alguien realmente iba a comer lo que cocinaría.
Se apresuró en cortar y poner a hervir, no queriendo pensar mucho sobre ello. Ya era demasiado con estar en un constante estado de alerta y una muy segura depresión, ahora no era momento como para ponerse nostálgico.
Como para recordar los momentos que vivió felizmente junto a Natalia…
Recordar ahora mismo era su martirio.
Pero, para su mala suerte, recordar era lo único que lo mantenía cuerdo.
—Sabes, Lovino…
Alzó la mirada, notando que era Romeo quien le había hablado. Hizo un pequeño sonido con su boca, indicándole que estaba escuchando.
—Feli normalmente no hubiera reaccionado de forma tan calmada ante un extraño entrando a la casa, mucho menos lo hubiera dejado quedarse. Debió haber visto algo en ti como para que confíe tan ciegamente…
—En un principio pensé que tu hermano era un asesino, si te soy sincero, pero parece una muy buena persona. Es decir, cualquiera ya me hubiera echado de la casa a estas alturas.
Romeo rió, asintiendo. Lovino no pudo contener su sonrisa.
—Feli es alguien muy bueno para su propio bien. Muchas veces lo he visto terminar herido por confiar demasiado en las personas incorrectas, pero él sigue teniendo tanta esperanza de que todos son buenas personas… Hoy fue la primera vez que lo escuché insultar a alguien, en realidad.
— ¿Oh, lo hizo? ¿Por qué?
—Hm… Es una larga historia. Pero no era eso lo que quería hablar contigo —El inmortal dejó de cortar la carne para mirar en dirección del chico, notando lo serio que estaba sobre lo que sea que quisiera hablar. Asintió, haciéndole saber que podía continuar hablando—. Por favor, prométeme que no vas a lastimar a mi hermano. Prométeme que no lo harás arrepentirse de haber confiado en ti.
Lovino sintió un dolor punzante en su pecho, tragando saliva. Sólo hace unas horas había pensado en irse de esa casa lo más pronto que podía, ¿qué clase de broma era esa?
Apretó el agarre en el cuchillo, tratando de que la frustración no fuera notable en su rostro.
—… Te lo prometo, Romeo.
La sonrisa pura y alegre en el rostro de aquel chico sólo aumentó su dolor.
En verdad era un ser despreciable por haber dicho esa mentira a alguien que no lo merecía.
Pero no tenía más elección que mentir en ese momento.
Respondiendo reviews.
Guest: Oh my God! I'm so excited that you were so interested in my story to read it through Google Translate! I'm so glad! Thank you very much for your review and your support, it really makes me happy! Don't worry, I'll keep bringing more of this story!
Guest 2: ¡Te agradezco mucho por tu apoyo y tus palabras! Me hace feliz saber que los demás disfrutan de lo que estoy escribiendo. ¡Muchas gracias por tu review!
¡Gracias por el apoyo a la historia! Nos vemos~.
