DARIÉN
.
.
"Quién te llenó de primaveras esos ojos que no me saben mentir". RB
.
.
Cuando todo regresó a la aparente normalidad cinco años atrás, muy en el fondo sentí que me había perdido a mí mismo. Pasé un año en el que en el estricto sentido de la palabra estuve muerto, ¿acaso alguien se había detenido a pensar en ello? No, para los demás tan sólo estuve ausente, lo que hice fue dejarla, había incluso quienes se atrevían a mencionar la palabra abandono, y aquello no hacía más que trastocarme los nervios. Parecía que desde que Serena Tsukino había llegado a mi vida no era más que el eterno segundón, dejando de ser yo para convertirme en la extensión de ella. Tal vez en mi loco afán de recuperarme, de saberme individual fue que acepté sin condiciones el intercambio a Boston. A veces creo que el ataque a mi avión fue un castigo divino por querer ir en contra de mi destino.
Me fui con Serena en la mente, la quería claro, ¿la amaba? Tal vez comenzaba a hacerlo, pero quería amarme más a mí, saber un poco hacia dónde iba mi vida más allá de un amor reencarnado.
¡¿Es justo ser juzgado por querer un poco de normalidad?!
A pesar de todo le debo la vida, ella me la devolvió y después de eso me fue imposible volver a separarnos, al menos en un tiempo. Nunca he sido lo que la gente llama un hombre cariñoso, no sé cómo ser esa persona. Mis padres murieron siendo yo un niño y el afecto no era algo que rondase comúnmente en mi cotidianidad. Me resultaba irrisorio el que los jóvenes se demostraran su amor públicamente. Llegué a ser un patán durante la universidad cuando sentía que alguna chica buscaba algo más de mí. ¡Cómo pretendían que de buenas a primeras me convirtiera en el príncipe azul de una adolescente!, ¡¿cómo?!
Luego vinieron las preguntas: ese chico sale contigo en muchas fotos ¿no? Y este peluche ¿lo compraste? Entonces fue que llegué a comprender lo que había sucedido, después de todo no había estado tan abandonada. Comenzó a molestarme que sacaran a colación a la primera provocación a aquellos individuos que pintaban como lo más maravilloso del planeta. Claro, a fin de cuentas, ellos sí eran el arquetipo de sueño adolescente, no como yo.
Intenté por los primeros años, luego de la batalla, el convertirme en el buen novio que los demás esperaban que fuese, sobre todo ellas, las temibles Outers que me acosaban con sus visitas inesperadas y sus locuciones indescifrables. Cuando se lo proponían, Haruka y Michiru podían ser unas auténticas arpías.
Echo un vistazo nuevamente al celular, no ha contestado, seguro que no lo hará. Un miedo desconocido me ataca los sentidos. No quiero perderla. Después de todo, cuando Serena se comporta como lo que siempre quiero es cuando más indefenso me siento. Creo que la mayor parte del tiempo disfruto sobrestimarla para no quedarme atrapado en esta sensación que ahora tengo, en esta incertidumbre de pensar que tal vez no soy tan indispensable en su vida. Posteriormente vienen los celos, esa maquinaria despiadada de imágenes y suposiciones mentales que me revuelven el estómago. Es mi ego herido es el que me dice que ella es mía, que antes lo fue y que ahora también debe serlo.
Me afecta el no saber mucho de mi rival, hacía tiempo que ya nadie hablaba de él, ni de ellos y eso más que alegrarme me preocupaba.
Va media hora desde que le envié el mensaje. Tal vez no debí besarla así, pero… ¿qué no se supone que eso era lo que le gustaba?, el arrebato, la pasión.
De pronto el engarce de la llave suena, y sé que alguien está entrando. Mi corazón da un vuelco, vino, lo hizo. Me pregunto si es buena idea encontrarla en el pasillo, pero resuelvo que es mejor que me busque. Permanezco en mi cama, zarandeo un poco mi cabello y pongo una cara más apesadumbrada. No me reconozco, me estoy haciendo un embustero con tal de que se apiade de mí. ¿De verdad quiero que me tenga lástima?
Lo que sea, es preferible a esto que siento, a este miedo de perderla.
La veo parada en el marco de la puerta, lleva la misma ropa de la tarde y noto por primera vez lo lindas que lucen sus piernas.
—Darién…
—Gracias por venir —digo incorporándome en la cama.
—Es sólo un momento.
Con eso tengo, pienso.
Duda en entrar a mi habitación, ¡por todos los cielos tampoco es que yo sea un monstruo! En tantos años jamás he intentado sobrepasarme. Con certeza puedo decir que fueron más las veces que ella ansió intimidad que yo.
Recuerdo cuando Andrew me cuestionó sobre aquello
—¿Esperas que te crea que jamás ha pasado algo? —acusó irónico mientras yo sorbía mi café y leía un informe que recién me había enviado mi secretaria.
—Nada, Andrew, nada.
—Pues yo no sé cómo aguantas, y teniendo a esa linda empleada vuelta loca por ti, todavía menos —me dijo mientras escaneaba por el cristal a Kaori, mi nueva asistente.
Me encogí de hombros y pasé de página.
—¿Ni siquiera cuando estuviste en Estados Unidos? —vuelve a preguntar incrédulo.
—Sabes que Serena nunca fue a verme.
—No me refiero a ella y lo sabes.
Andrew era mi mejor amigo, un hermano, y al mismo tiempo un perfecto desconocido si de mi vida real se trataba. Cómo podía decirle que tenía un futuro prefabricado, una hija, que sería Rey, de haberle dicho siquiera alguna de aquellas cosas me habría ganado una carcajada en la cara.
—No todos somos unos casanovas como tú, Furuhata —solté esperando que aquello lo incomodase y desistiera de su interrogatorio.
En cambio, sonrió de lado como recordando alguna travesura.
—Lita es maravillosa.
Lo miré con los ojos bien abiertos.
—¡Qué! ¿Esperabas que como tú me hiciera el desentendido?
Y la verdad es que así había sido.
—La señorita Kino me tiene loco desde hace años, pero Reika…
—Está muy lejos.
—Lo sé, dice que va a volver, y bueno, sabes que es el amor de mi vida, aunque para serte sincero últimamente me pregunto si ya sólo estoy enamorado de una idea.
—¿Entonces qué con Lita? —pregunté.
—Esa mujer es pasión, es ternura, es calidez, pero…
—No es Reika —completé.
—No, no lo es.
Serena sigue de pie en el umbral. Reconozco que no dará un paso si yo no hago algo para atraerla por lo que me levanto de la cama y ando hacia ella.
—Me merezco todo esto ¿verdad?
Sus ojos se asombran con mi declaración y niega con la cabeza. Después de todo ella sigue siendo el ser más noble del universo.
—Serena, sé que me perdí en el camino, que he actuado mal, que no he estado lo suficiente contigo, pero no quiero que me dejes.
Agacha la mirada, y mi corazón se siente punzante.
En un arranque tomo su mentón entre mis dedos y la obligo a verme a los ojos.
—Serena ¿me amas? —digo para arrepentirme de preguntar eso, temo la respuesta.
Sus ojos celestes comienzan a vidriar. Si antes me molestaba que fuese tan llorona, ahora sólo ruego para que sus lágrimas le ablanden el corazón y la hagan recapacitar.
—Es que ya no sé qué siento por ti —me responde al fin.
Mi cuerpo tiembla, por primera vez me encuentro verdaderamente perdido. Mi mente empieza a trabajar, qué digo, qué hago.
—Déjame intentarlo —digo mientras poso mis manos suplicantes en sus hombros y aquello hace que me vea estupefacta.
Sigue sin decir nada, ya no sé si llora por mi cara suplicante, por mis palabras o porque sigo con los manos sobre ella. Reparo en que no quiere mi contacto y me retiro.
Por fin habla.
—Yo…
—¿Tú? —susurro con su pausa que me parece eterna.
—Yo… quiero darnos una oportunidad.
Mis ojos se alegran y ella sonríe con timidez. Deseo abrazarla, besarla como nunca lo he hecho. Siento que el alma me regresa al cuerpo. Cómo pude ser tan imbécil como para no darme cuenta de lo que era ella en mi vida.
Con cuidado vuelvo a acercarme, esta vez no me rechaza, la tomo entre mis brazos y la beso, primero lento, luego un poco más rápido. Todo mi ser reacciona, se pone alerta mientras degusto sus labios como si fuese la primera vez.
—Te amo, Serena —le murmuro en los labios que no dejo de consumir, pero ella calla y me duele.
Entiendo que tengo un largo camino por recorrer.
—¿Quieres quedarte? —digo luego de separarme un poco.
Ella me ve con sus celestes aún más grandes y me siento estúpido. Pies de plomo, Darién.
—Pensaba que podíamos salir, las chicas estarán en Black Sheep.
Si algo detesto son esos tugurios que mal llaman bares. El ruido estridente, las personas pretenciosas, las copas de más, definitivamente es algo que evito. Jamás he ido a uno con ella, sabe que no me gusta tomar.
—Perdón, sé que odias esos sitios —dice como leyendo mi mente.
—No, está bien, vamos.
Enarca una ceja en señal de que duda de mis palabras. Pero, si quiero hacer esto bien, tendré que adaptarme un poco a ella.
—¿Seguro?
Vuelvo a besarla.
Si pudiesen darme una medalla por cada rostro desencajado que encontré al llegar a Black Sheep, tendría cuatro preseas doradas colgando de mi cuello. Las chicas parecían divertidas al fondo del lugar en la mesa que me señaló Serena momentos antes era la predilecta. Tomo ventaja pasando un brazo por alrededor de mi novia, y observo como sin pena Rei hace un mohín de inconformidad mientras sorbe un poco de su cerveza. Serena lo nota e irremediablemente se suelta de mí para encontrarse con ellas. Mi mente vuela, ¡cómo es posible que esas niñas me traten así!, ¿acaso ya olvidaron quién soy?
La primera en acercase es Ami.
—Darién, no pensé que pudiéramos verte aquí.
—Ya ves, Serena tenía ganas de venir y quise acompañar a mi princesa —digo en un intento de sonar galante.
Serena y compañía me ven como si fuese un extraterrestre y Mina no puede contener una carcajada que le hace escupir su bebida. Me siento burlado. ¡Qué demonios quieren de mí, entonces! ¡Si soy un témpano malo, si intento ser cariñoso, también!
Serena la recrimina, pero noto que ella también está a punto de reír. Tal vez deba tomar aquello con filosofía, después de todo, si lo analizo es gracioso que algo tan cursi como eso provenga de mí. Río fuerte mientras alzo mi mano para pedir que el mesero se acerque. Ahora son ellas las que callan, apuesto que eso no se lo esperaban.
—Una ronda de cervezas para las señoritas y una más de shots de Tequila, por favor.
—¿Y para usted joven?
—Igual.
—¿Vas a tomar? —pregunta mi novia con la boca abierta.
—Por algo dejé el auto en casa.
No dice nada, sólo sonríe como procesando mis palabras cuando el mesero llega con mi orden. Tomo de una en una las bebidas que voy entregando a las jovencitas. Supongo que debo hacer un brindis así es que levanto por lo alto mi licor.
Después de ciertas copas comienzo a sentir los efectos en mi desacostumbrado cuerpo. Las mejillas enarboladas me mantienen sonriente y encuentro que Serena es mucho más sexy de lo que pensaba. Todas se aprecian bastante normales, lo cual me apena un poco. Son unas chiquillas y parecen tener tanta experiencia. Agito nuevamente la mano para llamar la atención del mesero, pero alguien más me detiene.
—¿No te parece que has bebido demasiado? —me dice fastidiosa.
—Me estoy divirtiendo, Hino —contesto zafando mi mano de la suya para volver a llamar al mesero que se ha ido.
—Cuáles quiera que sea tu juego, no me gusta.
—¡¿Piensas que estoy jugando?!
Se ríe por lo bajo.
—Sabemos perfecto que tú no eres esto.
—¡Y qué si ahora quiero serlo!
—Lo encuentro algo… tardío —sisea.
—No creo que sea razón de tu incumbencia.
Esa mujer comienza a exasperarme.
Serena llega al notar que Rei se cruza de brazos, parece que sabe leer mejor a su amiga cuando está molesta que a mí. Lo sé porque la intercepta a ella y le pone la mirada de gatito azorado. Reiko dice más con esos ojos violetas que si recitara un discurso, está furiosa pero no me importa. No me interesa Hino, ni los demás, ni esa estúpida estrella que espero se encuentre en la última galaxia del universo. A mí me importa ella.
Calculo que será mejor empezar a tomar algo de agua mineralizada si no quiero que terminen llevándome a cuestas. ¡Por Kami, cómo beben estas chiquillas! Volteo a la entrada del sitio y veo ingresar a Andrew sonriente, algo presumible considerando que Lita está aquí. Sé perfecto cómo se entienden ellos, cómo juegan a la amistad mientras en la intimidad del departamento de mi mejor amigo son una pareja como cualquier otra.
La cara de asombro que pone al verme ahí la verdad es que me divierte. Comienzo a pensar que me he comportado como un amargado de lo peor, tal vez todavía lo soy. Agito mi agua en dirección a él con un cheers en los labios, él no sabe que estoy bebiendo aquello porque ya estoy mareado. Seguro cree que Serena me ha obligado y que yo estoy con los nervios de punta y la cabeza a punto de saluda a Lita, como era de esperarse. Un insulso beso en la mejilla de la castaña y ya está, ahí quedaban de nuevo haciéndose los tontos frente a los demás. Mina lo jala del brazo para que baile un poco con ella. A veces me pregunto quién está más loca. Andrew se abre paso hacia mí, las chicas entienden que desea saludarme y tal vez salvarme de la apoplejía de estrógenos que se suscita en la mesa número 12. Extiendo mis brazos para tomarlo con fuerza, el alcohol me ha puesto cariñoso y de pronto encuentro que sin Furuhata estaría más perdido de lo que ya me siento. Él es la normalidad que siempre busco dentro del caos en que he convertido mi vida. Me oprime con fuerza en un abrazo fraternal mientras muy cerca de mi oído me dice algo que me deja helado.
—¿Cuándo? —pregunto sin salir por completo del asombro.
—Esta tarde —contesta sin despegarse para que no lo escuchen.
Mi mente comienza a plantear los escenarios posibles, todos me parecen horrendos. Luego comprendo que estamos en Tokio, no en Boston y tal vez aquello tenga una razón más que no me incumba del todo. Busco los ojos de mi amigo para sopesar la situación y no me gusta nada lo que veo. Está preocupado.
—¿Y no pensabas decírmelo?
—Sabía que estarías con Serena, por eso no lo hice.
Lita se acerca y Andrew cambia el tema con habilidad.
Me alejo para estar nuevamente con mi novia, después de lo que ha dicho mi amigo me es difícil pensar. Concluyo que debo estar maldito para encontrarme en semejante situación justo cuando estoy pensando jugarme el todo por el todo en mi relación.
Ella me siente.
—¿Estás bien?
—Sí, sí, tal vez sólo algo cansado —miento.
—Podemos irnos ya si quieres.
Quiero decir que sí, que he sobrepasado mi cuota de diligencias aborrecibles, que no podré dormir pensando en las palabras de Andrew y que esforzarme en recuperarla me ha dejado seco.
—Estoy bien, ¿quieres otra cerveza?
—Seguro.
Y yo sólo pienso ¡cómo puede beber de esa manera con ese cuerpo tan pequeño!
La música está por todo lo alto, un cambio en el beat y la cancelación de los graves arenosos me indica que pondrán otro género. Al fin sonará algo más calmado y mis sienes lo agradecen profundamente, por ahora. Una balada más romántica invita al baile en pareja, tal vez sentir cerca el cuerpo de Serena me apacigüe los nervios que me ha dejado el saber quién anda rondando. Acerco mi mano hasta la de ella y con una sonrisa la invito a seguirme. Nos colocamos a un costado de la mesa mientras me echa los brazos al cuello y yo comienzo a hacer el confiable un-dos con mis pies. La pieza es cálida, la letra habla de unos enamorados que se han dado una nueva oportunidad luego de años y me parece perfecto. Al menos el Black Sheep tiene algo de decencia en su repertorio, la canción está por terminar haciendo sentirme envuelto en ese aire de romanticismo al que me había resistido con tanto esmero. No deseo que el momento acabe.
El dj mezcla con agilidad los próximos acordes. Me alegra que el mood continúe siendo el mismo porque debo reconocer que me agrada tenerla muy cerca. De pronto una voz irrumpe en mis tímpanos como un recordatorio de que no puedo declararme vencedor del todo. ¡¿Por qué demonios siguen tocando esa estúpida canción?!
Ella nota como me tenso al instante en que la primera estrofa resuena en el vocalista principal de cierto grupito de quinta. Serena para el baile en el acto haciéndome sentir observado. La sonrisa maliciosa de Hino me enerva... no les daré el gusto.
—¿Pasa algo? —digo con toda la calma del mundo.
—Eh, no nada, sólo ya me cansé. —miente.
—¡Vamos, es tu canción favorita! —suelto con un dejo de ironía que clama ser escupida.
Sé que voy a ocasionar su molestia y aunque me increpo por mi terquedad, también es cierto que quiero que entienda que aquello me molesta y mucho.
—¡Cuánto sarcasmo en tus palabras, Darién!
La aprieto con fuerza contra mí y le levanto el rostro en dirección mía. Si quiere intentarlo debe estar consciente que de ese hombre ya no puede haber nada más.
—Estoy celoso, ¿contenta?
Sus mejillas se colorean.
—Muero de celos al saber que…
—No digas nada —me suplica.
—Mejor vámonos ya, ¿te parece?
Y sólo me asiente con la mirada.
Nos despedimos medianamente, es evidente que especulan que nos hemos enojado por la canción, así es que me apresuro a salir de ahí, no quiero seguir alimentado sus cuchicheos. Pido un taxi mediante una app y en automático ingreso como destino mi departamento. Serena va tranquila a mi costado observando el noctambulismo de un Tokio que me sabe desconocido. Cuando reconoce el camino entiendo que no está de acuerdo, pero que tampoco desea desencadenar una pelea frente a un tercero.
—Tomaré mi auto para llevarte —falseo.
—Pero… bebiste.
—Entonces quédate.
Sacude la cabeza y regresa su vista a las calles. Al menos no protestó.
Llegamos a la entrada del edificio y ella me ve de brazos cruzados. Hago el ademán de dejarla pasar primero, pero a cambio recibo un mohín.
—Tu auto está en el subterráneo.
—Eso es correcto.
—¿Para qué quieres que pase, entonces?
—Porque no tengo las llaves conmigo —respondo llevándome las manos a los bolsillos—. Serena, tranquila, si no he intentado nada en ocho años, no lo voy a hacer ahora que falta tan poco para la boda.
La veo respingar aturdida.
—No me veas así, creo que es momento de encausar de nuevo todo, estamos muy a tiempo.
—Pe-pero… Apenas estamos viendo si esto puede funcionar todavía, hablar de boda es como…
Mi puño se cierra.
—Lo entiendo y sé que no me merezco el apresurar nada, pero comprende algo, no puedo vivir más tiempo sin estar contigo. Creo que es lo que nos falta.
Me acerco a ella y la tomo por la cintura, está tensa.
—Es que yo…
—¡Es que tú qué Serena!
De nuevo ese enojo irracional que me ciega.
—¡No me grites! —me recrimina.
—Perdón, perdón, es que por momentos me vuelvo loco con todo esto.
—¡Y cómo crees que me sentí yo por años!, ¡¿crees que fue fácil?! ¿¡De verdad piensas que porque me lloriqueaste un rato y me llevaste de fiesta con mis amigas todo se va a arreglar?! Si te dije que nos daría una oportunidad no hablaba de casarnos mañana. Pero ya veo que no entiendes nada, no sabes nada.
—Serena, no…
—No, ¡suéltame!, regresaré a casa por mi cuenta.
—Es tarde, de ninguna manera.
El compacto de Rei aparece en una absurda sincronía al frente del edificio y entonces sé que ella la texteó mientras íbamos en el taxi.
—¡¿Te vas?! Así es como pretendes que arreglemos todo, ¡y luego dices que soy yo el que no entiende nada!
No me responde, sólo veo su espalda enfundada en su sweater lila mientras abre la puerta del copiloto para huir. Grito internamente, estoy rabioso. Subo a mi departamento maldiciendo, y azoto la puerta al entrar. ¡Ya no sé qué más quieren de mí!
El llanto cobarde me ataca y me desahogo como solía hacerlo de niño. La amo, la amo y no quiero que se vaya.
.
.
"Please don't go, please don't go, I love you so, I love you so. Please break my heart" AJ
.
.
