SEIYA


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"And I'd give up forever to touch you, 'Cause I know that you feel me somehow.

[…] I just don't wanna miss you tonight, and I don't want the world to see me, 'cause I don't think that they'd understand". GGD.

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Reconozco ante el espejo las formas femeninas que ahora no me resultan tan irritantes, tal vez es por el dejo de nostalgia que carga el saberme por última ocasión una mujer. He renunciado a lo que soy en esencia, a veces me cuestiono si lo hice por ella o por mí. Mis hermanas me observan a lo lejos, silenciosas de ese ritual que consideran necesario para poder afrontar lo que viene. Sé que se preguntan por qué he tardado tanto en decidirme, y eso es algo que tampoco yo entiendo del todo.

Si mis cuentas no me fallan, allá han pasado cuatro o tal vez cinco años, suficientes para saber que, aunque en Kinmoku ha sido apenas un chispazo, a mí me ha parecido una verdadera eternidad. Entiendo que mi Princesa, o debería decir la Reina Kakyuu —puesto que ha contraído nupcias y ahora puede ostentar este título— me ha depuesto de mis deberes reales en una muestra de amor incondicional. Me deja ir porque sabe que una parte de mi corazón siempre será suyo. Mientras continúo en mi despedida, lágrimas en mis ojos me dicen que extrañaré mucho ser ella, pero que, aunque mi forma cambie, muy en el fondo seguiremos siendo uno y pensarlo me reconforta.

El momento de enfrentarme con el destino ha llegado.

Los recuerdos arremolinados en lo más profundo de mi subconsciente me hacen palpitar agitado. Si estoy cometiendo el más grande error de mi vida ya pagaré el precio a su debido tiempo, si no es que ya lo estoy pagando. Regresaré a la Tierra por esta duda que me carcome el alma, por estas ansías de cerrar el círculo que no me permiten ser feliz, esto que no me deja dormir por las noches. Me siento exhausto, las fuerzas han abandonado mi cuerpo y necesito, suplico por un poco de ese aire en mis mejillas para sentirme vivo de nueva cuenta.

Mi mirada repara en cada rincón del palacio, en sus balaustrados y en el tapiz de las habitaciones. Recorro sus pasillos silencioso, ahora soy él.

He querido marcharme de noche porque odio las despedidas, la última que tuve me ha dejado un ligero trauma y hacerme el fuerte ya no me sale como cuando era adolescente. Cómo hubiese deseado que ellas partiesen conmigo, pero mi egoísmo no puede llegar a tales extremos. Aquí el que está decidiendo forjarse un destino diferente soy yo.

Atravieso el jardín principal y aspiro el aroma de las flores que a mi paso parecen despedirse con sus esencias almizcladas rozándome los pulmones. El punto más alto de la Colina Luminosa es el sitio exacto en el que pronto voy a desmaterializarme para convertirme en una perseida refulgente surcando los lindes del universo, viajando a través de las galaxias hasta llegar al que creo es mi verdadero hogar. Titubeo un instante cuando comienzo a sentir la energía rodeándome. No estoy seguro de hacia dónde pienso dirigirme al llegar, tampoco sé con certeza si encontraré la vida que dejé hace tanto. Solo, además, presumo que aquello será muy diferente. De pronto no soy más que un polvo cósmico fundido con El Todo. Mi consciencia es lo único que permanece ahí, intacta, como prueba fehaciente de que no me perderé en el trayecto.

Estoy por llegar y concentro mi energía en hacerme caer en algún lugar distante de mi objetivo, deseo procesar todo lo que he hecho antes de un posible reencuentro. Llego a una ciudad luminosa. Es de noche y las farolas clásicas de aquella metrópoli me envuelven gustosas. No hay marcha atrás, he finiquitado lo que tanto anhelé. Al fin he regresado.

Busco en mis bolsillos la cartera que solía usar, veo con extrañeza que la gente me observa curiosa al caminar y caigo en cuenta de lo anticuado de mi vestimenta. Vaya que han pasado los años, me abruma un poco la celeridad del tiempo inclemente, la vida ha seguido, ¿acaso ella también lo ha hecho?

Traigo conmigo mis identificaciones pasadas, mis tarjetas, todo. Sigo mi trayecto en la pesquisa de una cabina telefónica que me permita teclear el número conocido de quién supongo me pudiese ayudar, nunca la encuentro. Por doquier me veo rodeado de modernos dispositivos que me hacen sonreír hacia mis adentros al reconocerme un completo ignorante de toda esa novedad que quizá pronto pueda dominar. Sigo mis pasos hasta encontrar algún hotel decente, rogándole a los Dioses que funcionen mis viejas tarjetas de crédito. Me decido por uno que no pinta tan mal. Le Marcel reza el letrero de la entrada.

Bonsoir, Monsieur.

Bonsoir. Necesito una habitación, s'il vous plaît —pronuncio con mi atropellado francés esperando que me entienda.

—Claro —responde haciéndome sentir aliviado.

Comienza el llenado de mis datos y mientras lo hace no deja de verme escrudiñante, después de todo era famoso, tal vez si mi intuición no me falla no he dejado de serlo.

—Kou, Seiya —alego cuando pregunta a nombre de quién pondrá la habitación. El momento de hacer efectivo el cobro llega y me siento sudoroso.

Excusez-moi, Monsieur ¿Puedo usar su teléfono antes?

Oui, está al fondo del pasillo.

Merci.

Al fin un teléfono conocido, pienso. Al lado hay una lista con los códigos numéricos para marcaciones de larga distancia y reviso antes que el de Japón no hubiese cambiado. Tecleo al fin con la esperanza de que mi llamado sea contestado.

—¡Bueno! —me gritan del otro lado, y sonrío al reconocer la áspera voz.

—¡Mr. Thomas! —digo esperando que también reconozca la mía y se vaya de espaldas.

Thomas Wesley había sido nuestro manager por aquellos años en que Three Lights era la sensación pop del país del Sol Naciente. Además de dicha tarea, era un afamado productor musical en América y Europa, de ahí nuestro éxito a nivel internacional.

—¡Hasta que te comunicas, muchacho!

Me parece gracioso que me hable como si me hubiese visto la semana anterior, pero ese hombre tiene tantas cosas en la cabeza que hasta cierto punto me es normal.

—Mr. Thomas, yo…

—No digas nada, ya sé cómo eres de rebelde, tus hermanos me lo han dicho. ¿En dónde demonios estás? Pensé que me darían la sorpresa todos juntos.

—¡¿Qué dice?! —gimo aturdido, ¡de qué diantres habla! —. Pero es que yo vengo…

Un pitido en la bocina me indica que me ha puesto en el speaker.

—¿Francia? ¡De verdad, Seiya; tu ridiculez no conoce límites!

—¡Tai!

—Mueve ya tu trasero a Tokio, y para la otra escoge una mejor zona horaria, ¡nos has despertado a las seis de la mañana! —finiquita Yaten refunfuñando.

Cuelgo con lágrimas en los ojos, ellos han venido, no me han abandonado.

Mi llegada a Tokio me remueve de nueva cuenta los sentimientos, ahora sí he regresado por completo. Por indicaciones de Mr. Thomas llevo una especie de "disfraz", me fue tan grato el escucharlo decir que permanecemos en el gusto del público a pesar de los años, ahora sé que han pasado cinco, ya tengo la certeza. Debo reconocer que ha sido un gran alivio encontrar todo más o menos como lo dejé. Con esto no me refiero a otra cosa que el ver que Tokio de Cristal sigue siendo una mera leyenda. La Princesa Kakyuu nos había hablado ya de ella. Recorro los pasillos del Aeropuerto Internacional de Haneda enfundado en unos skinny jeans y sudadera roja a juego. Unos lentes de sol cubren mi rostro y la coleta la llevo dentro de la capucha. No puedo evitar sentir mi mente transportada al pasado, a ese instante en que la vi colgada del brazo de alguien más absolutamente embelesada, al día que firmé mi sentencia y me puse a cuestas la gran roca que significaba el amar a alguien imposible.

Me detengo un instante al sentir el mareo de los recuerdos aturdiéndome el cerebro y me recargo sobre la barandilla de seguridad del pasillo de llegadas internacionales. Estaba ahí solo, sin el tumulto ensordecedor de antaño, ni las fans sacándome de quicio, y mucho menos sin los ojos más azules que jamás hubiese visto, ni ese esplendoroso brillo emanando de la persona más perfecta en todo el universo. Entonces exteriorizo que tengo miedo, recelo de lo que sigue, del movimiento que daría más adelante. Sopeso las posibilidades encontrando la mayoría desalentadoras. Quizá ella ya se hubiese casado, sólo pensarlo me enferma. ¿Qué habrá hecho en tanto tiempo?, espero de corazón que se encuentre cada vez más fuerte porque de lo bella no tengo ni la menor duda.

Un cosquilleo me recorre, las ansías por saber de mi Bombón no cesan. Estoy tan cerca y a la vez tan lejos. Revuelvo la cabeza y tomo mi maleta para seguir el trayecto hacia la entrada principal en donde me esperan. Pensar en ver los rostros de Taiki y Yaten me llena de confianza. Pienso también en la forma en que he de vengarme ante la crueldad de su proceder. ¡Mira que no avisarme! Me hicieron sufrir tanto cuando entre gimoteos pensé que jamás volvería a verlos.

Ahí estaríamos de nuevo, los hermanos Kou, ya no en las mismas condiciones, ya no siendo unos adolescentes, pero juntos que era lo importante. Camino con la cabeza gacha como me lo indicaron, en parte para no desobedecer indicaciones, en parte porque cada resquicio de aquel lugar me la recuerda demasiado y debo controlar lo más que pueda mis emociones.

Escucho un taconeo acercándose peligrosamente y cuando al fin alzo la vista para esquivar a quien venga, me veo atrapado entre unas féminas manos sobre mi pecho y mi maleta chocando entre mis piernas trastabillando mi retroceder. Un grito de espanto cuando todo su peso me hace caer de espaldas es lo único que percibo.

—Lo-lo siento, es que llevo prisa, debo recoger a…

Sus ojos se clavan en los míos, todo yo se pone alerta. A través de las micas oscuras de mis gafas puedo divisar a la perfección esos ojos que conozco tan bien. La encuentro aún más linda y auténticamente me alegro. Ella parece dudosa de si soy yo en realidad, sus mejillas palidecen como si estuviera viendo un fantasma.

—No te preocupes —le digo, y me incorporo para darle la mano y levantarla también.

Ahora que ha escuchado mi voz parece más asustada. Ninguno de los dos dice nada, pero seguimos con la mirada clavada el uno en el otro como esperando a ver quién es el primero en atreverse a cortar la tensión del momento y reconocer que sabemos perfecto nuestras credenciales. En vez de eso, opta por dar la vuelta y seguir su camino por el pasillo. Se va turbada al extremo, lo sé por cómo me mira por última vez como para asegurarse que no está soñando.

Me siento tentado a ir tras de ella, pero algo me dice que tal vez lo mejor sea esperar. Sigo por el largo pasillo hasta donde quiero creer que ya me esperan mis hermanos. Mientras avanzo, viene a mi mente el día que descubrí que me había confesado ante ella creyéndola una gitana adivinadora. Rei Hino siempre me había simpatizado, aunque nunca hubiese podido entablar una amistad real con ella. Vuelvo mis ojos hacia el pasillo donde segundos antes tropezamos y la encuentro corriendo hacia mí como si los dos hubiésemos estado pensando lo mismo. La alcanzo con prontitud a la mitad del camino.

—Seiya —me dice jadeante mientras creo vislumbrar una duda entre si me abraza o no, yo lo hago por ella.

La estiro hacia mí y la rodeo con mis brazos, ver a la guerrera de Marte en primera instancia, hasta cierto punto me parece una buena señal del destino.

—Creí que no ibas a hablarme.

—No seas tonto, es sólo que jamás imaginé que volvería a verte —dice apartándose de mi abrazo.

—Bueno, es que mi buzón estaba atiborrado de las cartas de mis fans suplicando mi regreso y yo…

Sonríe condescendiente.

—Tenemos que hablar, pero no aquí, anota mi número.

Busco en mis bolsillos sabiendo que no cargo nada para tomar nota.

—Olvídalo, si no corro jamás llegaré a tiempo por la persona que debo recoger.

—Pero…

Turret Coffee, viernes a las seis de la tarde —me dice mientras emprende la carrera nuevamente.

Hago lo propio.

En la salida veo aparcado un lujoso auto negro y de inmediato sé que son ellos. Río ante lo preocupado que estaba de encontrar si quiera un poco de los beneficios que solíamos tener, cuando mis hermanos parecen haber recobrado el estatus en un santiamén. El vidrio polarizado de la parte trasera baja lo suficiente como para alcanzar a divisar las miradas socarronas de mi única verdad, mi familia. Entro al auto fingiendo una seriedad que los desorbita, los dos se recorren para dejarme un lugar aunque el espacio es bastante amplio. El silencio que reina se ve cortado por el quedo sonido del switch emprendiendo la marcha y es entonces cuando decido abalanzarme sobre ellos.

—¡Son unos idiotas! ¡¿Por qué no me lo dijeron?! —grito entre lágrimas y besos que les prodigo por igual en las frentes y mejillas.

Yaten es el primero en quitarse.

—¡Basta, Seiya!

—Creí que no volvería a verlos.

—No seas dramático, como si no supieras que no nos fiamos de que puedas sobrevivir una semana solo —dice Taiki acomodándose los anteojos que le he desordenado.

—Gracias, mil gracias. Pero…

—No empieces, estamos aquí por voluntad propia.

—¿De verdad? —pregunto todavía dudoso.

—Tal vez no eres el único que cree que esta es su vida real —susurra Yaten mientras se acomoda el cinturón de seguridad.

Como sea, me siento completo al tenerlos conmigo. Me encuentro más decidido a luchar por lo que quiero, a luchar por ella, por ellos y por mí. Me lo merezco.

Llegamos al complejo residencial en donde se encuentra la torre en la que viviremos. El modernismo del sitio me abruma y me pregunto cómo es que le hicieron.

—Ahora que lo pienso, ¿no entiendo cómo llegaron antes? si partí de noche y sin avisar.

—Supuse que usarías la vieja ruta. Así es que programé unas nuevas coordenadas interplanetarias y así de sencillo Yaten y yo llegamos en la mitad de tiempo que tú.

—Nunca vas a dejar de sorprenderme, Taiki. Pero bueno, ¿y todo esto?, ¡¿cómo de buenas a primeras nos aceptaron de nuevo, así sin chistar?!

—Seiya, seguimos más vigentes de lo que crees. Bastó una llamada a la disquera para hacer enloquecer a medio mundo.

—¿Alguien aparte de Mr. Thomas o la gente de la productora sabe que hemos vuelto? —cuestiono con el corazón acelerado.

—No, nadie. He pedido absoluta discreción por el momento en lo que nos dices qué planeas hacer.

Me remuevo en el asiento, no estoy seguro.

—Me encontré a Rei en el aeropuerto.

—¿A Hino? —pregunta Yaten enarcando una ceja.

—Es cierto, a veces olvido que es todo un séquito el que rodea a Serena —agrega Taiki pensativo.

—Voy a verla, quiere hablar conmigo, tal vez después de eso pueda estar más seguro sobre qué hacer.

Los dos asienten y yo vuelvo a sumirme en mis pensamientos.

Llegamos al fin al departamento, es mucho más amplio que el anterior y está lleno de aparatos electrónicos que no comprendo. Taiki había mencionado en el elevador que las regalías que habíamos generado en esos cinco años nos aseguraban una vida de comodidades aunque no quisiéramos volver a la música. Todos estábamos de acuerdo que en cuanto nos acomodáramos, volveríamos de lleno a los estudios planeando un relanzamiento.

Después de recorrer todo el lugar y escoger cada quien habitaciones me disculpo para ensimismarme en la intimidad de mi nuevo refugio. El agua de la ducha circula por mi cuerpo más masculino que nunca. Ya no soy un chiquillo. Cierro los ojos y su maravillosa presencia viene a mi mente con potencia. Comienzo a sentirme ansioso, capaz de salir corriendo a buscarla a los lugares que solíamos visitar. Reflexiono en lo que ha sido retornar, estar de nuevo en la posición de idol, sabiendo que mi forma no volverá a permutar, que ahora soy un hombre en toda la extensión de la palabra. Pienso también en cómo voy a reaccionar cuando la vea, ¿la voy a abrazar como a Hino? ¿o me quedaré estupefacto mientras la contemplo como a una visión? Mi visión.

¿Seré capaz de soportar el verla con él?, ¿podría ser yo de nuevo el amigo incondicional? Salgo de la regadera con esa desazón de no saber si estoy realmente consciente de lo que estoy haciendo. Me digo que sí, pero no lo sé. Con toda seguridad puedo decir que hace cinco años recogí los pedazos de mi corazón en aquella terraza antes de partir a Kinmoku. Su despedida vuelve a mí.

—Sí, nosotros seremos siempre buenos amigos.

Amigos…

No, algo me dice que hubo algo más, me siento tan confiado que considero necesario el comenzar a bajarme de la nube paulatinamente o la caída será estrepitosa y sumamente dolorosa.

Cualquiera que sea lo que suceda en los próximos meses, estoy muy seguro de algo: Yo, Seiya Kou, llegué para quedarme.

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"Invítame a sentarme junto a ti, escucharé todos tus sueños en mi oído.

Y déjame estrechar tus manos, y regalarte unas pocas de ilusiones.

¡Ay, ven y cuéntame una historia que me haga sentir bien!". CT

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¡Qué emoción!

Bienvenidos a esta nueva locura, me siento sumamente feliz de poder compartir con ustedes lo que ha ido generando mi cabecita. Un nuevo longfic que espero de corazón esté lleno de amor, de nuevos lectores, amigos, etc.

Gracias por el apoyo brindado durante este tiempo, ya casi un año y de verdad es maravilloso reconocer el avance.

Por favor háganme saber qué les parecieron estas primeras entregas, sus comentarios son el alimento que me hace subsistir.

Quiero comentarles, que los capítulos darán inicio y término con un fragmento de alguna canción, por lo que crearé un PlayList en mi Spotify personal con el título del Fic, cuando esté listo les estaré pasando la liga con gusto.

De nueva cuenta mis agradecimientos sinceros, ¡son lo más, mis conejitos de la Luna!

¡Nos leemos!

WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!