REIKO


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"Hey jude, don't make it bad. Take a sad song and make it better.

[…] Don't carry the world upon your shoulders. For well you know that it's a fool who plays it cool, by making his world a little colder". TB

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Respiro hondo mientras abro mis ojos con languidez seguido de un par de parpadeos que me cuestan luego de algunos segundos. A pesar de que me he despertado incluso antes de que suene el reloj, mi cuerpo se siente cansado y atribuyo aquella mala noche al lío que me he creado en la cabeza gracias a mi manía por entrometerme en donde no me llaman. Me pregunto con cierta aflicción cuándo dejaré de ser tan preocupona, y sobre todo cuándo dejaré de sucumbir ante las miradas suplicantes de aquellos que se acercan a mí en busca de consejo.

Me desperezo elevando los brazos al techo seguido de una bocanada de aire que termina en bostezo, no tiene caso aplazar más la hora del ritual matutino, así es que calzo mis sandalias y salgo presurosa en busca de un poco del combustible que me anime para lo que sigue. Rezongo molesta al notar que la cafetera no está hecha, olvidé dejarla la noche anterior y la espera remueve mis ansías, no soy precisamente un modelo de paciencia. Aquello me pone un poco reflexiva, si no soy capaz de esperar por una taza de café tal vez no soy la más indicada para pretender arreglar corazones indecisos.

Pasados quince minutos al fin puedo degustar mi enorme americano. Entre cada sorbo procuro recordar fragmentos como intentado tantear los acontecimientos de los últimos días. Después de recibir un mensaje de texto medio encriptado por parte de Serena supe que necesitaba ir pronto por ella. No me equivoqué cuando al llegar la escena reflejaba a la perfección lo que me esperaba de su supuesto "intento" de arreglar las cosas. Mi amiga nuevamente llorando, y él manoteando.

—Vámonos, ¡arranca rápido! —me dijo cubriendo sus ojos con el doblez de su manga.

—Serena…

—No me regañes, por favor, ya no quiero que me digan nada.

Conduje en silencio hasta su casa, al llegar a la esquina, mi intuición me dijo que no la dejara sola. De hacerlo él la llamaría, se disculparía como siempre lo hacía y ahí la tendría de nuevo a la mañana siguiente excusando una salida con nosotras para quedarse en su casa a esperar que él la llamase o pasase por ella. Así era la vida de Serena.

—Anda, manda un mensaje a mamá Ikuko y dile que esta noche pasas por el templo.

Su mirada me imprimió un —gracias— mientras me limité a prodigarle un apretón en el hombro.

Desde que mi abuelito no estaba más, tener en casa a alguien me hacía sentir que seguía viva, con pesar comenzaba a darme cuenta que los años estaban pasando y que yo me encontraba cada vez más sola, el tenerla ahí era una pequeña alegría. Saqué pronta un bowl para hacer palomitas de maíz y el bote de helado de frambuesa que jamás me había terminado. Quería darle a Serena una noche de chicas como en las películas, como cuando éramos adolescentes y nos quedábamos en mi casa después de estudiar.

—¿Quieres que llame a las demás? Deben seguir en el bar, pero seguro vienen si las llamamos.

—No, ¿podemos ser sólo tú y yo esta vez?

Asentí mientras le extendía un pijama para que se cambiara de ropa.

—¿Por qué Rei? ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?

Creí de verdad que no iba a hablar del tema, pero después de eso guardé la película romanticona de los cincuentas para sentarme junto a ella en la alfombra.

—Tal vez sí soy muy tonta… —suspiró dejándose caer en la duela.

—Sólo eres tonta cuando dices cosas así —le reprendí—. ¡Qué fue todo eso en el bar, ¿eh?! ¿princesa? ¿de verdad?

Mis mejillas se inflaron levemente y una risa burlona escapó de mis labios, ella también sonrió.

—Perdón, Serena, pero que eso se lo crea otro.

Mi rubia se talló los ojos fastidiada, había sido un largo día para ella. Me contó con pesar su discusión de la tarde, el cómo Darién intentó sorprenderla, cómo luego le lloró para que no lo dejase y lo que no había alcanzado a ver antes de llegar al departamento en su rescate. Durante todo su relato pude percibir dos cosas: una, que estaba harta, y dos, que si bien yo era partidaria de las oportunidades me parecía que Darién había agotado las suyas hacía mucho tiempo atrás.

—¿A qué le tienes miedo? —alegué como si fuese mi mente la que hablase por mí.

Serena me vio con ojos susceptibles.

—No sé, antes pensaba que era a no ser lo que los demás esperaban que fuese, pero ahora pienso que es más un miedo ilógico a la soledad.

La mueca que hice en los labios la hicieron meter la cabeza entre las rodillas, me parecía la excusa más absurda del mundo.

—Eso no es y lo sabes. Serena, si me dices que… todavía lo quieres, voy a entender.

—Si te digo que dejé de amarlo hace mucho ¿también?

No dije nada, eso era la obviedad más grande en ella, y hasta cierto punto me parecía incoherente que todavía creyese que nadie estaba al tanto de qué sus latidos pertenecían desde años atrás a alguien más.

El café se terminó junto con mis recuerdos de aquella noche en la que estuve sumamente tentada a sacar a colación lo que todas queríamos, pero ninguna se atrevía a mencionar, Seiya Kou. Ahora me resulta tan risible el habérmelo topado justo cuando corría despavorida para alcanzar al señor Watanabe. Sacudo la cabeza para evitar que el rubor suba por mis mejillas.

—Señorita Hino, la puntualidad no es una virtud en su persona ¿cierto?

—Lo-lo siento —musité con una vocecita tan patética que quise matarme.

Ken Watanabe* era un actor consagrado, de esos que ya están más allá del estrellato de reflectores y se mueven por el medio misteriosos, tomando de vez en cuando obras que les parecen pueden llegar a ser dignas de sus magistrales interpretaciones. Precisamente Akane, como le decía desde que me había prohibido el mote religioso para con ella, había conseguido que el gran Watanabe participase en la primera obra que yo había logrado coescribir con ella. Para mi pesar aquel retraso no había hecho más que dejarme muy mal parada frente él. Me confundía el no saber si el colorado de mi rostro había sido producto de la carrera emprendida, la reprimenda, el fortuito encuentro con quién pensé jamás volvería a ver o a que Ken Watanabe con todo y sus 41 años era más apuesto de lo que nunca hubiese creído.

El despertador al fin suena, me levanto de donde estoy para ir de nueva cuenta a la recámara a apagarlo gustosa de haber aprovechado esos valiosos minutos para tomar mi café como se debe y cavilar mis días. La cita con Seiya es hasta pasada la tarde, pero antes debo ver a Serena, considero necesario el saber qué planea antes de siquiera escuchar al amigo eternamente enamorado.

Si ya me he puesto la carga de celestina, al menos he de hacerlo bien.

Resolví encontrarme con Serena antes de la primer lectura de libreto. Espero de corazón que no me deje muy afectada o de lo contrario volveré a arruinarlo con Watanabe. Luego de una ducha rápida y dos panecillos que recojo inconscientemente de la barra desayunadora salgo en busca de mi amiga. Hemos resuelto encontrarnos en las oficinas de Resplandor Estelar, es decir, su casa. No he sabido nada de ella desde la mañana en que la regresé de la no planeada pijamada y quedamos formalmente de vernos el día de hoy, ahora es que comienzo a preguntarme si ella está enterada del regreso de Seiya, conociendo a ese niño impulsivo no me sería raro que ya hubiese corrido a buscarla.

La puerta está abierta como es costumbre en la casa Tsukino, son demasiado confiados, aun así por educación toco la puerta. Mamá Ikuko me recibe con un afectuoso abrazo mientras me hace entrar directamente a la cocina. Con los años la madre de Serena se ha convertido en la mía también, así es que presiento que aquello más que una invitación es una orden a probar alguno de sus deliciosos platillos matinales.

—Es bueno tenerte en casa —dice mientras embarra un poco de mantequilla en la tostada que está por darme.

—Perdón si no me he dado mis vueltas, he estado un poco ocupada, y además Serena…

—Nunca está, lo sé —explica interrumpiéndome.

—Eh, sí algo así.

—Rei, por favor, habla con ella.

La señora suena preocupada y eso me alarma.

—Kenji y yo hace tiempo que decidimos no entrometernos, son asuntos que no nos conciernen, pero, además de Sammy no hay nada que amemos más que a Serena y queremos verla feliz.

Supe inmediatamente por dónde iba el tono de la conversación, no podía ser otra cosa que Darién.

—Prometo hablar con ella —contesto mientras le doy un beso en la mejilla.

Subo las escaleras hasta la alcoba de Serena, no me extrañaría en lo más mínimo encontrarla dormida, y así es.

—¡Despierta, tonta! —gimo aventándole el cojín que encuentro cerca de la puerta.

—Cinco minutos más…

—Ni lo sueñes, tengo mil cosas que hacer hoy.

Ver al amor de tu vida por ejemplo, pienso.

Al fin se levanta con el cabello revuelto, esa mujer jamás podrá levantarse a tiempo, simplemente no está en su naturaleza. La recorro con empujoncitos leves para sentarme al lado de ella, y de un bocado termino mi tostada.

—¡Qué mala, yo quería un poco!

—Pues era mía, me la regaló mamá Ikuko —respondo burlona.

—¡Eso no es justo, parece que te quiere más a ti! —me alega con medio puchero en los labios.

Después de todo, los destellos berrinchudos de Serena siempre están ahí y eso más que molestarme me alegra, me recuerda que todavía no la perdemos, y yo por mi parte disfruto haciéndola enojar, es mi extraña manera de demostrarle cuánto la quiero.

—Tu madre está preocupada —suelto sin más—. ¿Todo bien?

—Ah, ya te pidió que hablaras conmigo.

—¿Qué ha pasado?

Se vuelve a tirar en la cama mientras cubre su rostro con las sábanas.

—No puedes esconderte —le digo mientras retiro las mantas de su rostro—. Hablaste con él ¿verdad?

—Nos vamos a casar.

Siento atragantarme, ¡qué ha dicho! ¡No, tonta, Seiya está aquí! Quiero gritar, pero callo.

—¡¿Es una broma?!

—Ojalá lo fuera —suspira—. Me ha hecho ver que si no arreglamos esto cuanto antes Rini, no va a… —el nudo en su garganta le impide terminar.

Cierto, no había reparado en la niña. Y no es que no pensara en ella o que fuera una insensible como para que no me doliese su destino incumplido, pero prefería mil veces aquello a condenarla a una vida infeliz al lado de unos padres que se soportaban por obligación.

—¡Eso se llama chantaje! —espeto muy molesta.

—Yo lo llamaría ser consciente, algo que me ha faltado últimamente.

—¡Serena, no! ¡Acaso quieres que Rini nazca de una pareja sin amor!

—Darién dice amarme, y yo puedo aprender a…

—¡No, ahora sí que pareces una tonta! —la rabia me está haciendo hablar de más.

Ella llora, pero aquello ya no me conmueve.

—Yo no estoy de acuerdo, así es que no esperes que me siente a ver cómo arruinas tu vida y la de los demás.

—Rei… por favor…

—¡¿Por favor?! ¡Perfecto!, si quieres hundirte ¡hazlo sola! Pero recuerda esto, cuando estés sintiéndote miserable en tu trono piensa en quienes intentamos persuadirte y apoyarte, y sobre todo, no te olvides que hubo alguien que sí te amó y lo dejaste ir.

No quiero estar más ahí, ya no puedo con ese ir y venir de decisiones por parte de ella, siento haber llegado a mi límite. Ahora qué le diré a Seiya, cómo le voy a explicar que de nada sirvió el que regresara si mi amiga está por tirar todo a la borda. Deseo con amargura que el motivo de su retorno sea otro, diferente a ella, aunque sé que aquello es poco menos que imposible.

Estoy por salir echando chispas de su habitación cuando sus brazos rodeándome me detienen en el umbral. Mi respiración es agitada, estoy bufando por decir lo menos. Serena hunde su rostro en mi cabello y puedo apreciar una humedad calándome el cuello.

—Me siento perdida… sabes que no sería capaz de olvidarme de ella.

Ahora lo entiendo, lo hace por Rini más que por él o por el futuro ¡Es demasiado peso sobre sus hombros! De todos modos sigo muy enojada y por más que desee voltearme, y tomarla entre mis brazos para consolarla no puedo. Distante como me mantengo con ella detrás de mí sujetándome para que no la deje sola, susurro lo único que creo la puede hacer recapacitar.

—Él está aquí.

Salgo sin esperar una reacción de su parte, grito desde las escaleras para despedirme de mamá Ikuko sin darle tiempo a que pregunte cosas. ¡Maldita sea! Llegaré mal al ensayo, no podré pensar otra cosa que no sea en Seiya y nuestro encuentro.

La tarde transcurre como lo pensé desprovista de concentración. Al menos no he tenido mucha participación ya que es Akane quien da las primeras indicaciones.

Son las cinco con diez de la tarde, con el tráfico infernal de Tokio calculo que si no salgo en cinco minutos jamás llegaré a tiempo. El Turret Coffee me queda del otro lado de la ciudad, pero es un sitio seguro, privado y sobre todo con el mejor expresso de todo Japón. El camino me parece más corto de lo que hubiese deseado. ¡Qué le voy a decir! Antes de esta mañana tenía pensado citarlo para animarle a luchar por mi amiga, pero ahora no sé si deba alentarlo. Sería como amarrarle la soga al cuello y eso es demasiado cruel.

Desciendo temerosa de lo que viene, las manos me transpiran y en un reflejo involuntario acomodo mi cabello, después de todo estoy por ver a un chico muy guapo. Son las seis en punto, busco con la mirada un sitio desprovisto de barullo, la esquina al fondo de la barra parece ser buen lugar. Camino con paso tembloroso cuando una mano fuerte jala de mi brazo.

—Pensé que no vendrías.

Giro mi cuerpo hacia la melodiosa voz, sus ojos del color del zafiro más brillante me reciben afables a través de las gafas oscuras. Sigue en modo incógnito por lo que veo, y ¡qué bueno!, no han dejado de ser famosos. Desconozco si sabe eso.

—Son las seis en punto —contesto defendiéndome.

—Cierto, soy muy impaciente. Ven ya te ordené algo.

Adiós expresso, pienso resignada.

Un enorme cappuccino moka, ¡¿de verdad, Seiya?! Espero que con mi cara se dé cuenta que no sabe nada sobre mí. Nos sentamos en la mesa que ha elegido. Me sacudo incómoda con las manos jugueteando con la correa de mi bolso, resuelvo que será mejor esperar a que él hable primero.

—Me da gusto verte de nuevo —me dice con una sonrisa tan encantadora que me es imposible no sonrojarme—. Y bien, ¿de qué querías hablar conmigo?

¡Demonios! Es cierto, yo lo cité.

—Bu-bueno, me pareció que no te di la bienvenida como debería, llevaba prisa y…

Veo como alza una ceja, no se ha creído una palabra, suspiro.

—¿A qué has vuelto? —digo como un buen comienzo.

—A terminar lo que dejé hace cinco años.

Lo observo confundida, él vuelve a sonreír.

—No me veas así, es confuso ¿no? No lo sé Rei, si quieres escuchar que vine por ella, la respuesta es sí y no —vuelve a sonreír, pero ahora con un dejo de tristeza—. ¿Cómo está ella?

—Bien, ha madurado mucho, ahora es una profesionista y filántropa —no puedo evitar reír con estas palabras para definir a la nueva Serena Tsukino.

Él abre los ojos sorprendido.

—¡Increíble!, me da tanto gusto, yo sabía que haría grandes cosas.

—Lo sé, tú siempre confiaste en ella.

—Y… ¿es feliz? —cuestiona con una incertidumbre palpable.

Doy un sorbo del cappuccino, tengo la boca seca y ese dulzor extremo no ayuda mucho.

—Te refieres a si está con él ¿verdad? —suelto sin más, no le veo caso el aplazar las cosas.

Sé que lo hago incomodar, porque se recarga nuevamente en el respaldo de la silla como para alejarse un poco de mí y mi poco tacto.

—Siempre fuiste así de directa, ¿verdad, Hino? En eso te pareces a Yaten.

Yaten… lo recuerdo bien al igual que a Taiki, me pregunto si ellos también han vuelto. Quiero preguntar, pero no es el momento.

—Perdóname, Seiya.

—No, está bien, no es un secreto el que ella ame a otro.

—Pero no, las cosas no son así —tartamudeo.

—Ah, ¿no? Entonces ¿cómo?

Arrugo la frente ante mi incapacidad para decirle que Serena no es feliz sin fomentarle el que cometa una locura, no quiero meterme más de lo que debo, pero tampoco sería justo que el creyese que mi amiga está muy bien con alguien más.

—Es complicado, sólo puedo decir eso.

—Ya veo… Rei, ¿crees que yo pueda verla?

Su pregunta más que eso me suena a un ayúdame por favor. Temo de lo que tengo que contestar, ni siquiera me esperé a saber qué pensaba Serena de saberlo nuevamente en la Tierra.

—No creo que sea buen momento.

—Entiendo —resopla mientras busca su chaqueta.

—Espera… —ya no sé qué decirle, pero no quiero que se vaya así.

—¿Todavía te simpatiza?

Él sonríe con ironía como si mi pregunta fuese estúpida, y sé que es que es así. Pero quiero estar segura.

—La amo, Rei. Pero entiendo cómo son las cosas, por favor cuídala mucho.

—¿Intentarás verla?

—No lo sé, no puedo prometerte que no lo haré, pero si puedo prometerte que no me involucraré si ella no lo desea.

Termina por acomodarse la cazadora negra mientras bebe lo último de su americano.

—Me dio gusto verte, lo digo muy en serio —dice poniendo dos billetes en la mesa para luego marcharse.

No puedo articular palabra, no he hecho más que confundirlo, jamás debí de haberlo citado. Lo veo alejarse hacia la puerta y mi corazón se estruja. ¡Qué demonios le sucede a la vida! Ese hombre no se merece aquello. Repaso con celeridad la locura que estoy por cometer, pero no encuentro algo mejor para aliviar mi alma acongojada. Salgo presurosa buscando con desespero entre los autos del estacionamiento. Lo encuentro al final de la fila de aparcados. Corro hasta él sin saber si lo que hago está bien. No me importa.

—¡Seiya! —grito para llamar su atención, él se vuelve hacia mí—. ¿Ya tienes en dónde anotar, o todavía andas sin nada en los bolsillos? —digo para aligerar el momento.

Él se encoge de hombros mientras saca de su bolsillo un Smartphone, por su enorme sonrisa sé que quiere alzarme en sus brazos y girar conmigo. Le proporciono el número que me sé de memoria, mientras una voz en mi interior se debate con mi prudencia, tomo su mano entre la mía y con una mirada intento expresarle todo lo que no puedo con palabras.

—Gracias —musita al tiempo que besa mi pómulo calentándolo al instante.

—¿Siempre eres así de cariñoso?

—Siempre —me responde con un brillo en los labios.

Lo veo subirse a su auto como un niño al que le acaban de dar un dulce y no puedo evitar el sentirme algo culpable. Desconozco por qué actué tan impulsivamente, como fuese, ya lo hice y no hay marcha atrás.

Por la noche me siento inquieta, una vez más no podré conciliar el sueño y aquello me estresa. Tengo una cita con Akane y Watanabe por la mañana, y sé que ninguno aceptará una distracción de mi parte. Me siento tentada a llamar a Serena para contarle lo que hice, pero no me atrevo, tal vez Seiya no la ha buscado, no tengo más opción que confiar en su buen juicio, aunque no crea que lo tenga. Luego viene a mi mente la cara que puso cuando le di el teléfono, una acción tan sencilla como esa fue capaz de iluminarlo de tal forma que si mi optimismo me lo permite tal vez pueda ser una buena señal, señal de que aún hay esperanza.

Sí, Seiya tiene que ser nuestra esperanza.

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"Hey Jude, don't let me down.

You have found her, now go and get her.

Remember to let her into your heart, then you can start to make it better". TB

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Nota de autora: Ken Watanabe, es un actor japonés que me encanta, 'gugleénlo', no se van a arrepentir ;)

¡Hola mis conejitos!

No ha pasado mucho desde que anduve por acá. muchas gracias por sus lecturas y sus reviews de infarto. Es súper lindo saber que les agrada lo que hago.

Este capítulo quise traerlo lo antes posible, porque de aquí empezará el embrollo, el drama, la lloradera, pero no os preocupeis que el amor siempre triunfa.

Está con dedicatoria especial a Sol Levine, quien ama a Reiko y me ha pasado con sus maravillosos fics un poco de ese cariño hacia la guerrera de Marte. Pordrán leer a una Rei muy parecida a la de ella con mi toque, ya que no encuentro mejor referencia que la viene de su mano. ¡Espero que te guste, amiga!

Aquí van también los agradecimientos de todo corazón y las disculpas por hacerlas enojar con el capítulo de Darién, siento decepcionarlas, pero habrá más D:

Un abreso (abrazo con beso) a mi amiga del alma Elenmar por su review kilometrico lleno de amor, esos son mis favoritos. a Kat Kou, Klaudya, Martha Kou, Ana, Serusessho, Janny, myaenrique02, Alejasmin, Anai Kou que alcancé a ver su review. ¡Mis hermosas, no sé qué haría sin ustedes, saben cuánto las estimo y lo feliz que soy al leer sus reacciones!

¡Seguimos en el camino! No les prometo nada, pero en estos días sale algo de Celos de Sangre o New Girl.

¡Muchos besos, conejitos!

WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!