DARIÉN


.

.

"In my mind when she's not right there beside me, and I go crazy cause here isn't where I wanna be". AM

.

.

Desde la noche en que Andrew mencionó quién estaba en Tokio me era prácticamente imposible conciliar el sueño. Tenía que actuar rápido o Serena podría descubrir todo y ahora sí la perdería para siempre. En mi desesperación ante la negativa de ella para arreglar nuestra última discusión afuera de mi departamento tuve que recurrir a lo único que consideraba seguía siendo el común denominador entre nosotros, Rini.

Con pesar llegué a comprender que si no lograba que Serena estuviera conmigo no sólo no la tendría a ella, sino que también perdería a mi amada hija, y eso no podía permitirlo. Serena debía estar consciente de las implicaciones que traía consigo su actitud. Estaba muy claro para mí que yo era el culpable de nuestro distanciamiento, pero, también lo era el que no teníamos tiempo que perder. Los presagios que nos habían sido señalados antes no estaban coincidiendo y dependía enteramente de mí el solucionarlo.

Al menos tenía una aliada en todo esto, Luna.

Convencí a la gata de que hablara con Serena, que le recordase que el futuro no sólo era estar a mi lado y fundar el Neo Reino, también implicaba el ver a Rini crecer. Con alivio supe que el cometido de mi pequeña amiga había funcionado a la perfección cuando apareció en mi departamento una Serena llorosa dispuesta a darme otra oportunidad, lo único que tuve que hacer fue reafirmar la tarea de Luna.

Me sorprendí gratamente al ver que luego de nuestra plática ella ya no tomó a mal el casarnos con prontitud. Era la oportunidad de oro para recuperarla, y en mí no hubo mayor anhelo que convertirme en el hombre que tanto soñó. El primer paso para volver a encausar nuestros destinos estaba hecho, el re enamorarla en realidad no me preocupaba tanto porque estaba seguro que en el fondo Serena jamás había dejado de amarme, sólo era cuestión de ser más como ella quería que fuese y todo estaría arreglado. Lo que me preocupaba y bastante, era saber cerca a esa persona.

Durante mi segundo viaje a Boston, luego de sentirme abrumado nuevamente por ella, me reencontré con Saori mi compañera de la Universidad y tormento por algunos años de los celos de Serena. Saori siempre me había parecido una chica linda, educada y muy inteligente. Luego de que su relación con Kobayashi, mi también amigo, no funcionara y él regresara a Tokio nos habíamos hecho muy unidos. Encontraba en ella y su compañía el prototipo de mujer con la que siempre me había imaginado. Ella y Serena no podían ser más distintas, agua y aceite, por lo que con pesar debo confesar que me fue fácil sucumbir a sus encantos femeninos. Entre la soledad que me aquejaba por aquellos años, la presión de todos ante mi relación y mi necesidad de sentirme libre, Saori era el remanso de paz que tanto anhelaba.

Estar entre sus brazos me hacía olvidar que estaba atado, y sobre todo era mi revancha perfecta ante los celos que me atacaban cuando mi mente traicionera me recordaba que en mi ausencia hubo quien me supliera. Trataba de convencerme a mí mismo de que aquella aventura era válida, que me estaba poniendo a mano.

Durante todo mi tórrido romance oculto, Saori supo su posición, y de cierto modo creí que lo comprendía. No la amaba eso estaba claro, yo amaba a Serena, pero quería un poco de alguien más antes de ligarme de por vida a ella. Jamás recibí un reproche, ni nunca fue tema de discusión el que tuviera que pedirle guardar silencio cuando recibía alguna de las escasas llamadas de mi novia estando ella en casa. Esa era la razón por la que no entendía qué demonios hacía Saori de nuevo aquí y encima de todo amenazando lo que ella sabía era mi vida real. Tampoco entendía por qué había recurrido a Andrew y encima le había contado todo pasando por alto el que yo no deseaba que nadie se enterara nunca de nada.

Lo único que se me ocurría era que hubiese quedado afectada luego de vernos por última vez mes y medio atrás en la convención celebrada en Londres. Un viaje exprés en donde investigadores de varias partes del mundo nos dimos cita para discutir unas reformas en biotecnología. Haberla visto y haber terminado en su habitación, ahora sabía, había sido el grave error que nunca debí haber cometido. Saori era una mujer después de todo, temperamental. Quizás el sentirse usada la tenía al borde de la histeria y por eso es que estaba empeñada en armarme todo un escándalo si no me decidía a volver con ella. Me enojaba el hecho de verme acorralado cuando había sido siempre sincero y claro, incluso se lo repetí esa última noche.

—Saori… esto no debió pasar.

—Lo dices ahora que me tienes sin un gramo de ropa —contestó sardónica.

Me levanté de la cama incómodo, era increíble que no hubiese podido decir no, pero mi cuerpo me reclamaba desde tiempo atrás un poco de pasión, algo que con Serena no tenía.

—Sabes perfecto que estoy con…

—No la menciones, por favor.

Callé, después de todo el nombre de Serena era algo que tenía muy presente, tal vez incluso más que yo.

—¿Regresarás a Boston? —pregunté para cambiar el tono de la conversación.

—Si te refieres a si no iré a Tokio a molestarte la respuesta es que regresaré a Boston a hacer mi vida como siempre.

—Me da gusto, de verdad. Te recomiendo que me olvides, Saori tú eres una mujer muy buena y yo…

No había terminado la frase cuando la vi levantarse también, su hermoso cuerpo apenas envuelto por una sábana blanca me recordó el por qué nunca podía decirle que no. Esa había sido la última vez que la había visto, y ahora me dirigía a casa de Andrew con el temor de que ella apareciese en cualquier momento. Necesitaba hablar con mi amigo sin tapujos y saber con exactitud qué era lo que quería esa mujer.

Aparco a la vuelta del edificio en el que vive y cavilo unos instantes antes de bajar si debo ponerme en el papel de víctima o ser enteramente sincero, después de todo, Andrew no puede juzgarme puesto que juega el mismo juego que yo con Lita, he incluso peor porque sé que ya ha involucrado sentimientos.

Subo al ascensor hasta el piso número 16, es un alivio que hayan compuesto ese cacharro o de lo contrario subir tantos pisos me hubiese dejado exhausto. Andrew me recibe con la mirada adusta luego de abrirme. Noto enseguida que está molesto, desconozco si es porque le mentí o porque todo esto le está causando problemas.

—¿Quieres algo de tomar?

—Un whisky estaría bien, si tienes —contesto cerrando la puerta tras de mí.

—Vaya, ¿ahora el Doctor Chiba es alcohólico?

—No digas tonterías, puedo beber de vez en cuando.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

En efecto está molesto por eso.

—Andrew, yo… no quería que se supiera, además tú eres muy amigo de Serena y de Lita y la verdad es que me sentía solo y…

—La vieja excusa.

Lo observo con desagrado, ¡qué se creía él queriendo darme una cátedra de moralidad!

—No me veas así, ya sé lo que estás pensando, qué cara tengo yo para decirte algo si tengo a Lita. Pero amigo, hasta para enredarse con alguien hay que ser más inteligente. Me sorprende mucho viniendo de ti.

—¿A qué te refieres? —inquiero un poco molesto.

—Sólo te dije que Saori estuvo aquí y que sabía lo de ustedes, pero no te conté el motivo que tuvo para venir a buscarte.

El aire comienza a parecerme enrarecido, jamás había visto a Furuhata así de serio.

—Pues, suéltalo de una buena vez.

—Mejor que te lo diga ella —contesta mientras veo salir del pasillo a la castaña que tanto temía encontrarme.

—Saori…

—Darién —me dice con los ojos claramente llorosos.

—¿Qué es todo esto? Andrew, ¿estás de acuerdo con ella?

Aquello es el colmo, si alguien estaba informado de lo desesperado que me encontraba por corregir mi relación era él, mi mejor amigo si es que todavía podía llamarlo de esa forma.

—Déjate de esas cosas Darién, yo no estoy de parte de nadie, pero creo que una cosa es engañar y otra muy distinta ser un irresponsable.

Deshago el nudo de mi corbata totalmente alterado, de qué iba toda esa palabrería.

—Muy bien, entonces hablemos. ¿A qué has venido, Saori? Creí haber sido muy claro, te dije que yo amo a mi novia. No entiendo por qué ahora quieres victimizarte con Andrew.

—Creo que mejor los dejo solos, ya hablaremos tú y yo después. Y por favor, no tarden demasiado, Lita ha comenzado a sospechar algo y puede aparecerse por acá sin avisar.

—Entiendo —contesto al tiempo que lo veo salir del departamento.

—Y bien… habla.

—Darién, yo…

La mujer llora, y yo comienzo a perder la paciencia.

—¡Habla!, ya oíste a Andrew, no tenemos tiempo.

—Creo estar embarazada.

Sus palabras resuenan en mi cabeza como un eco diabólico que amenaza con hacerme estallar. Remuevo la frente esperando que con eso se esclarezcan los sonidos, tal vez no he escuchado bien.

—¡¿Qué has dicho?! —espeto tomándola de los hombros, ella llora todavía más.

—¡Lo que oíste! —me grita apartándome—. O acaso quieres que te recuerde cómo lo hicimos hace poco más de un mes.

Mi cerebro trabaja con rapidez intentando recordar cada fragmento de aquel encuentro, era verdad, no me había protegido, pero se suponía que ella sí.

—¡No puedo creerlo! ¡Me tendiste una trampa! —descargo furioso.

—¡¿Qué?! No puedes hablar en serio, ¡eres un idiota!

—Vamos, Saori no finjas, siempre deseaste que dejara a Serena.

—Sí, siempre lo quise, pero no de esta forma, esto ha sido un error.

Comienzo a caminar por la estancia a pasos agigantados, el espacio me es insuficiente y parezco un león enjaulado. Esto no me puede estar pasando, debe ser una pesadilla. Entonces reparo en que ella ha dicho: "creo estar embarazada", no lo ha confirmado.

—¿Te has hecho una prueba? ¿Estás segura?

Vuelve a llorar, haciéndome enloquecer aún más.

—¡Contesta! ¿Estás segura?

—No, no lo estoy, tengo un retraso y no quería ir a hacerme una prueba hasta primero hablar contigo.

—¡Me quieres decir que estás armando todo este espectáculo y ni siquiera estás segura! —le grito muy cerca del rostro—. ¡Esto es inaudito, Saori!

Un fuerte golpe arremete contra mi mejilla que comienzo a sentir hinchada, ella me ha abofeteado. Las lágrimas corren por su rostro totalmente desencajado y lleno de furia.

—No quiero volver a saber nada de ti. Si estoy o no estoy embarazada es algo que jamás sabrás. Maldigo el día en que me enamoré de ti y espero que Serena abra los ojos y se dé cuenta del monstruo en el que te convertiste.

—No me amenaces, no voy a permitir que te metas con ella.

—Descuida, no me interesa en lo más mínimo enterarla, estoy segura que ella se dará cuenta.

La veo caminar hasta la puerta, no puedo dejarla ir así, sin estar completamente seguro de que no tengo algo que temer y que todo esto no ha sido más que una maquinación enferma de su mente.

—Saori, vamos ahora mismo a hacerte unos análisis —le digo reteniéndola por el brazo.

—¡Suéltame! Ya te lo dije, no quiero volver a saber nada de ti.

—¡Saori!

En vano intento detenerla, ella sale corriendo. Tal vez sea lo mejor, olvidarme del asunto y hacer cómo si nunca hubiese ido a buscarme, estoy casi seguro que no está esperando un hijo, y siendo sinceros quién me asegura que no es de alguien más.

Andrew entra casi inmediatamente después.

—¿Qué ha pasado? Saori no me dejo siquiera despedirme.

—Tú sabías por qué quería hablar conmigo, ¿verdad? —pregunto con profunda irritación.

—Me lo dijo apenas, Darién es muy grave.

—Lo sé, lo sé, pero ahora no quiere saber nada de mí. Dice que nunca me voy a enterar si realmente está… —corto mis palabras, ni siquiera me siento capaz de mencionarlas.

—Esto se salió de control, déjame intentar hablar con ella, quizás pueda calmarla y convencerla de que se haga los análisis en tu presencia.

—Puede ser, ahora lo que me preocupa es que sus sospechas sean ciertas y quiera intervenir en lo mío con Serena.

—¡No es posible que sea eso lo que te preocupa! —me rebate Andrew absolutamente disgustado.

—Sabes perfecto que lo único que me importa es ella y no voy a permitir que mi felicidad a su lado se vea empañada por esto. No lo voy a permitir.

No quiero estar más en ese departamento, tomo la chaqueta que me quité llegando y salgo presuroso hacia mi auto. Tengo que evaluar bien la situación, Saori no puede aparecerse así porque sí a querer chantajearme. Ahora es cuando más que nunca necesito que Serena se case conmigo.

Tomo con celeridad la arteria que me lleva directo al conjunto habitacional en que vive ella, tengo que verla, eso me ayudará a calmarme y a pensar con mayor claridad. Coloco el manos libres y la llamo, no hemos quedado en vernos, pero supongo que no habrá ningún inconveniente.

—Bueno.

—Mi amor, ¿estás ocupada?

—Eh… bueno, yo estaba por…

—Paso por ti, quiero verte.

—Darién, no creo que sea buen momento, mejor nos vemos después.

Puedo percibir que su voz no es la misma de días anteriores, de nuevo la siento dudosa.

—Por favor, no ha sido un buen día y quiero estar contigo, aunque sea un rato, te invito a cenar algo —suspiro—. Por favor…

—Está bien —resopla al fin y yo me siento aliviado.

—Gracias, te veo en un momento.

—Ok…

—Serena…

—¿Sí?

—Te amo.

Cuelgo la llamada, no quiero esperarme a que ella no me lo diga también, sé que me he ganado a pulso el que ya no me quiera como antes, pero eso tiene que cambiar.

Estoy por llegar a su casa y paro antes en una florería, he de llevarle unas rosas rojas como hace siglos no lo hago. Mi rubia prometida me recibe en la puerta como siempre, eso de que no me dejen pasar me parece una ridiculez, pero tengo que aceptarlo, pronto todo eso va a cambiar cuando la haga al fin mi esposa. Intento poner mi mejor sonrisa mientras ella parece sorprendida de verme ahí parado con un ramo entre las manos.

—Hola.

—¡Hola, Serena! Ten, son para ti.

—Gracias, dame un momento, las pondré en agua y regreso.

La veo entrar de nueva cuenta y por lo bajo me molesto de su poca delicadeza para conmigo. ¡Le traje flores, qué más quiere!

Durante el trayecto en el auto la siento muy callada, me preocupa un poco lo que ha estado pensando, tal vez debí haber sido más enfático en las repercusiones de cambiar nuestros destinos.

—Estás muy seria ¿pasa algo?

No me responde, sigue viendo por la ventana como si yo no estuviese ahí.

—¡Serena!

—Oh, perdón, ¿dijiste algo?

Suspiro intentando calmarme, no pienso discutir.

—No nada, mira vamos a ese restaurante de comida libanesa, me han dicho que es muy bueno.

Me hace una mueca, a veces no entiendo qué quiere o qué necesita para estar contenta.

—No me gusta la comida rara.

—No es rara, Serena por dios, es un restaurante nada más… —callo porque sé que de nuevo la estoy regañando—. Te parece bien ir entonces a una cafetería, tal vez algo de pastel de fresa te haga sentir mejor.

Niega con la cabeza, y yo tengo que controlar mis deseos de reprenderla.

—Vamos a donde dijiste, a lo mejor debo empezar a cambiar ciertas cosas —dice con amargura.

Me enfilo nuevamente hacia El Beirut. Al llegar pido una mesa apartada de los demás comensales, deseo un poco de privacidad por si las cosas vuelven a ponerse algo intensas. La conduzco con galantería por el pasillo principal hasta el fondo, la iluminación tenue y los acabados de lujo son algo que encuentro exquisito, aunque ella sólo haga cara de no saber por qué está ahí.

—Creo que vengo muy desarreglada, no encajo para nada aquí —dice llevándose las manos a su faldón color coral.

—Te ves preciosa —susurro en su oreja, pero ella se quita.

Hago un nuevo esfuerzo por no soltar un reclamo, esto me está costando demasiado, tanto que siento que ya no soy yo.

Al fin nos sentamos a la mesa, ordeno algunos platillos de la carta para mí y para ella, ya que no creo que entienda nada de lo que viene en el menú. Parece no importarle y eso me pone un poco nervioso, está totalmente ausente desde que pasé por ella.

—¿Ocurre algo?

—Ah… no nada.

—Serena, por favor, habla conmigo —digo tomando sus manos entre las mías, sintiendo como tiembla bajo ellas.

No me responde, no entiendo por qué no habla, ¡qué tiene!, ¿será que sabe algo?, no, conociendo a Serena si supiera el lío que tengo con Saori ya me habría enfrentado. Tiene algo más.

Las entradas al fin llegan, aunque he perdido por completo el apetito. La veo dar algunas mordiditas insignificantes al pan de pita sin ánimo, yo me siento igual, pero tengo que encontrar la forma de mejorar la noche. He estado pensando que después de todo no sería mala idea el convencer a Serena de quedarse conmigo en mi departamento, estoy casi seguro que una interacción íntima entre los dos avivará el fuego de nuestra relación, pero, para pensar siquiera en eso, antes debo sabernos bien.

—Sabes, soñé con Rini —miento.

Su mirada recae en la mía con angustia, y creo haber hecho mal en usar esa treta.

—Discúlpame, tengo que ir al baño.

Antes de que pueda detenerla la veo levantarse pronta hacia el mesero. El tocador se encuentra en la segunda planta. Con curiosidad noto que ha dejado su celular sobre la mesa y me siento sumamente tentado a curiosear un poco, tal vez tenga tiempo suficiente como para dar un vistazo. No es que crea que Serena esté viéndose con otro, eso me es absurdo, pero sí creo, es más estoy seguro que sus amiguitas han estado hablando con ella, no me extrañaría en nada que esta actitud errática para conmigo sea resultado de alguna conversación con ellas. Ahora es que puedo averiguarlo.

Doy un último vistazo a la escalera a mi costado por donde ha subido. No hay rastro de ella, tomo con rapidez el celular sintiendo mi pulso acelerado. Navego rápidamente por él hasta llegar a los mensajes, el corazón me galopa con fuerza, si soy descubierto estaré en graves problemas. Estoy por abrir la última conversación que como pensé es con Minako, cuando de pronto, comienza a entrar una llamada.

Número desconocido, me es un tanto anormal, la clave indica que se trata de un celular de Tokio. ¿Quién podría estar llamando a mi novia pasadas las ocho de la noche? Intento contener el aliento mientras aprieto el botón verde para aceptar la llamada. Se hace un silencio de tal vez un segundo cuando al fin percibo del otro lado de la línea una voz pronunciando el estúpido mote que pensé jamás volvería a escuchar.

—¿Bo-Bombón? —tartamudea mi odiado interlocutor.

La sangre me hierve, y estoy a punto de aventar el teléfono. No, no puede ser este tipo, no de nuevo. Con la ira corriendo por mis venas contesto.

—No, soy Darién, mi novia está ocupada.

Sólo hay silencio del otro lado de la línea, seguido del pitido que indica que ha colgado. Sonrío triunfante cuando un par de ojos celestes me ven acusadores.

—¡¿Por qué has tomado mi teléfono?!

—Serena… yo…

.

.

"Mi ego va a estallar, ahí donde no estás.

¡Oh… los celos otra vez!". GC

.

.


¡No me odien, por favorrrrr! Sólo pásenme la receta de anti ácidos.

No saben lo que me cuesta escribir a este Mamochan, pero es necesario muy necesario. Prometo compensarlos en el próximo capítulo.

Noté hace unos días que mi corrector ortográfico me jugó una mala pasada con el nombre de la asistente de Darién en su primer capítulo, lo comento por si alguien lo leyó antes de la corrección, ella se llama Kaori, no Saori como la de este capítulo, si alguien no lo recuerda Saori aparece en el anime en el episodio 132 "El amor de Serena y Darién" (creo), ella estaba enamorada de Darién pero se hizo a un lado, bueno pues aquí la estamos retomando.

Descarguen su furia, recibiré los impactos porque me los merezco. :(

De cualquier forma, mil gracias por sus reviews, estoy muy feliz.

¡Besos y abrazos mis conejitos de la Luna!

WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!