SEIYA


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"No sé si aún me recuerdas, nos conocimos al tiempo;

tú, el mar y el cielo, y quién me trajo a ti.

[…] El día de la despedida de esta playa de mi vida, te hice una promesa;

volverte a ver así" LODVG

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El encuentro con Hino y la cruda realidad de saber a mi Dulce Bombón con Darién me abrieron la posibilidad de dejar Tokio definitivamente, olvidar por completo aquella locura de querer luchar por su amor a sabiendas de lo imposible que representaba una oportunidad, pero el que Rei se hubiese atrevido después a darme su número fue como un pequeño rayito esperanzador que traicionero me dijo que de alguna u otra forma mi amada no era feliz, y su amiga quería que lo supiera. Después de todo en mi naturaleza estaba el pelear por lo que amaba, si en el pasado actué como un cobarde fue porque me pudo en demasía el verla tan enamorada, feliz con su reencuentro, siendo mi presencia el sobrante en aquella ecuación. Con todo y lo anterior siempre estuve seguro que no había sido un insignificante amigo, me lo habían dicho sus miradas indiscretas, sus risas sueltas, y el particular sonrojo que cubría sus mejillas cuando me acercaba peligrosamente a ella. Tenía que descubrir pronto qué postura pudiese adoptar mi Bombón de saberme enamorado y dispuesto a esperar una oportunidad para demostrarle todo lo que ya no me cabía en el pecho.

Durante días abrí y re abrí el contacto de Serena al grado de aprenderme de memoria los números, no estaba seguro de cuál era la mejor forma de contactarle y enterarle de mi regreso, hasta hoy.

Me encuentro recostado en mi habitación, mis hermanos han salido a una reunión exprés con Mr. Thomas, yo he pretextado sentirme un poco enfermo porque deseo absoluta privacidad en este momento. Mi primera opción es escribirle un mensaje, sí, creo que eso será lo mejor.

NEW MESSAGE

TO BOMBÓN:

A pesar de la distancia, a pesar de las mil estrellas que nos separaban, yo jamás dejé de percibir tu hermoso resplandor…

Seiya.

Sacudo la cabeza inconforme, y borro el mensaje para volver a escribir.

Mi Dulce Bombón.

Prometí secuestrarte, he regresado a cumplirlo. Déjame verte.

Seiya.

¡No! Esto no está funcionando. Quiero decirle tanto que las palabras me cuestan, siento que el que debe hablar es mi corazón y entonces es cuando me decido, ¡nada de mensajes!, quiero escuchar su voz. El corazón me late con fuerza y un rubor cubre mi rostro, me incorporo de la cama y comienzo a andar en círculos por toda mi habitación, me siento tan nervioso, me pregunto cómo será escuchar su timbre nuevamente, ¿ella recordará el mío? Echo un vistazo al reloj, son las ocho con veinticinco, supongo que es buena hora debe estar en casa. Me la imagino en su recámara leyendo alguna historieta mientras come uno que otro dulce. Sonrío emocionado, ¡cómo deseo verla!, poder estrecharla y aspirar nuevamente ese aroma que me vuelve loco.

Toso para aclararme la voz e instintivamente marco el número de memoria. El primer tono de la llamada entrante me eriza la piel, puedo escuchar mis pulsaciones arrítmicas ahogándose en mi garganta, respiro profundamente deseando calmarme en la medida necesaria para poder hilar los vocablos que quiero enunciarle. El pitido de llamado cesa, han contestado, pero no se escucha nada; aquella pausa me parece una eternidad. Me quedo en suspenso esperando que me digan algo. Ahora que lo pienso marqué el número entero, tal vez en mis nervios me he equivocado, no tengo más opción que preguntar.

De mis labios sale la forma cálida y afectuosa en que solía llamarla acompañada de un tono dubitativo, de nuevo una pausa y entonces una voz grave. No entiendo, la cabeza comienza a darme vueltas, ¡está con él! Cuelgo en el acto sintiéndome el hombre más imbécil de la galaxia. Me resulta complicado respirar, mi cuerpo tiembla y ya no sé si es de decepción, de coraje o de tristeza. Esto era lo último que me hubiese imaginado, idealicé esta llamada, y ahora como resultado tengo esto, este vacío que me ha dejado escuchar al hombre que me recuerda a cada momento quién soy y a dónde pertenezco.

Aviento el celular a la cama seguido de mi cuerpo, todavía me encuentro sobresaltado. Sus palabras me calan en lo más profundo de mi alma —mi novia— como si ella fuese una propiedad. ¡¿Por qué?! ¿Por qué tienen que ser así las cosas? ¿Suya? ¡No! Me recuesto de lado mientras abrazo mis piernas y meto la cabeza cerca del pecho, el mismo pecho que ahora me duele a profundidad. Una punzada aguda comienza a recorrerme entero, hasta que las lágrimas salen sin remedio como prueba irrefutable de mi nueva humanidad. ¡Qué he hecho! De pronto siento una necesidad imperiosa de estar en casa, en mi alcoba, de regresar a ese momento en que no sabía de ella, a cuando era feliz en Kinmoku viviendo la vida que me había tocado y nada más.

Sollozo, lloro como un niño pequeño al que le han roto el corazón de todas las maneras posibles que ya le resulta risible el querer seguir sintiendo. Mi llanto me sabe aún más amargo que todo el que derramé al partir hace cinco años porque ahora está henchido con una desilusión. ¡Cómo pude pensar que ella iba a dejar todo por mí! ¡Qué de bueno podría tener yo por encima de él! Me abrazo con más fuerza odiándome por desear que fuesen sus cálidos brazos los que consolasen esta aflicción que permea mi ser. Grito, grito fuerte pegado a las mantas para desahogar esto que me está acabando, no puedo seguir así. Me levanto de la cama y voy directo al espejo frente a mí, me encuentro patético. Resuelvo entonces que no quiero estar ahí, tal vez un poco de aire fresco me haga sentir mejor. Finalmente este es el camino que elegí.

Seco la humedad de mi cara, tomo del armario un abrigo con capuchón integrado que me permita encubrirme y agradezco infinitamente el haberme decidido pronto por un auto. Al llegar al subterráneo veo a lo lejos mi Camaro Coupé, y sé que una vez que lo encienda y me pierda entre las calles al menos renunciaré un poco a estos tempestuosos pensamientos. Prendo el potente motor anhelando que el sonido sofoque las voces en mi cabeza que me recuerdan una y otra vez que no tengo cabida en este lugar. Ando por las calles como autómata, sin dirección fija, mis ojos aun llorosos están puestos sólo sobre las líneas divisorias de los carriles y esto me hace reflexionar en que tal vez no es tan buena idea manejar estando tan desconcentrado. Me estaciono cerca de un parque solitario, una caminata será mejor si no quiero terminar arrollando a alguien. Camino entre las hileras de árboles que condescendientes sirven de refugio a las aves que comienzan a llenar sus copas.

A excepción de alguno que otro corredor nocturno el sitio luce despoblado, a lo lejos puedo observar una pareja de acaramelados novios ocultos en la privacidad de la banca más alejada por lo que doy media vuelta, no deseo ser espectador de un romance adolescente. Ando en dirección contraria con mi vista fija en los tenis que traigo puestos, pateando de vez en cuando alguna piedrilla que se me atraviesa en el camino. Me pregunto cómo tomarán mis hermanos el saber que ellos siguen juntos, seguramente me van a volver a increpar como lo hicieron tantas veces Maker y Healer en Kinmoku. Pateo más allá de mí la última piedra obligándome a elevar la vista para saber qué tan lejos ha llegado. Y ahí, bajo una farola veo a una chica sollozante, paso de largo sin prestar mucha atención, me resulta extraño el que dos almas afligidas estén en el mismo lugar. A medida que me alejo su llanto me es cada vez menos perceptible. Encogido de hombros como me encuentro vuelvo a dar media vuelta resoplando. ¡Hasta cuándo voy a dejar de ser tan sensible al llanto femenino! Sin más remedio me enfilo hacia la jovencita, luce encantadora, aunque lleva el cabello medio revuelto y la nariz enrojecida; supongo que de tanto llorar. En sus manos descansa un sobre, tal vez es que se ha enterado de una mala noticia, o es una carta que no sabe si deba entregar, o quizás se la dio su enamorado para romper con ella. Mi mente está demasiado dispersa.

—¿Te encuentras bien? —pregunto lo más cordial que puedo.

Ella iza la mirada hacia mí con la vista nublada por el llanto.

—Perdón, es que te vi aquí sola, y me pregunté si necesitabas ayuda.

—Es muy amable de tu parte, pero estoy bien.

Por su tono entiendo que quiere que me vaya, tal vez al igual que yo sólo necesite un poco de soledad para sacar lo que lleva dentro.

—De acuerdo, hasta luego —digo mientras emprendo nuevamente mi camino.

—E-espera…

Giro mi rostro ante su sorpresivo cambio de parecer.

—Disculpa, tal vez te sonará muy loco esto que voy a pedirte, pero estoy hecha un manojo de nervios —dice mientras extiende el sobre en dirección a mí.

La veo con cara de no comprender nada y entonces se sonroja.

—Son unos resultados —musita como leyendo mi rostro aturdido—. No he tenido el valor de abrirlos, tengo miedo a lo que diga, ¿podrías abrirlos tú y decírmelo? Prefiero la calidez de una voz a un papel.

—De acuerdo —contesto recibiendo el sobre.

Lo abro dudoso, no sé de qué van aquellos resultados, su nerviosismo me contagia porque no sé qué es lo que ella espera escuchar. Una vez abierto por el costado saco la hoja que contiene y puedo ver al calce el sello del Hospital General de Tokio, me tenso al momento. Su nombre escrito en negritas seguido de la petición de análisis —HCG BETA SUB/ Química Sanguínea Embarazo— en letras un poco más pequeñas, ahora comprendo más.

Sus ojos me buscan impacientes, y reparo en que no he dicho nada por ver todo aquello como si estuviese haciendo un análisis a detalle cuando ella lo único que desea es saber si está embarazada o no. En medio de la hoja, en letras grandes y enérgicas el resultado aparece y vuelvo a temer, desconozco qué es lo que desea.

—Ne-negativo —tartamudeo mientras la escudriño para saber cómo ha tomado aquello.

La mujer jadea llevando las manos que otrora tuviera en el pecho a los costados de su cuerpo como soltando algo y yo la detengo por puro instinto. La tomo de los hombros mientras en un segundo me encuentro pegado a su cuerpo que me envuelve con fuerza mientras llora nuevamente.

—Lo-lo siento —susurro correspondiendo el abrazo que me sirve a mí también aunque ella no lo sepa.

Se despega unos milímetros buscando mi rostro, la veo y parece aliviada, como si le hubiesen quitado un peso de encima.

—No, no tienes nada que sentir, esto ha sido lo mejor.

Comprendo entonces que el resultado al parecer es favorable y lo que apetecía escuchar, y me digo que ha sido muy triste que un extraño como yo la esté acompañando en un momento así, ¿en dónde está su novio o esposo? Nos separamos sonrojados al darnos cuenta que el abrazo ha durado demasiado, después de todo sólo somos dos extraños que por azares del destino cruzaron sus tristezas.

—Entonces, ¿todo bien?

—Sí, todo bien, gracias —dice extendiendo un saludo—. Me llamo Saori.

—Seiya, mucho gusto —respondo estrechando la nívea mano—. Disculpa que me entrometa, pero ya es algo tarde para que estés sola.

—Descuida, estaré bien y gracias nuevamente, fuiste como un ángel que me salvó.

Sonrío ante sus palabras, quién sea el patán que la ha dejado sola sin duda no la merece.

Me despido siguiendo mi camino, al menos esta extraña situación me ha sacado un poco de mis propios pensamientos, encuentro que las desgracias ajenas nos ponen en perspectiva las propias. Esa hermosa chica me lo ha demostrado.

Sí, tal vez ese hombre me contestó, pero no era algo de lo que no estuviese consciente aun antes de marcar. Yo decidí regresar sin importarme nada, además, ¿qué no me dije en tantas ocasiones que lo que deseaba era luchar? Quiero verla, necesito verla, no me importa si tengo que recibir antes mil contestaciones de su novio para lograrlo.

Subo a mi auto con la confianza renovada, con el ferviente deseo de enfrentarme a quién sea por mi Serena. Después de todo, la única que puede acabar con cualquier tipo de esperanza es ella, sólo ella. Ando entre las calles resolviendo cómo he de acercarme, cuál es la mejor forma de encontrármela sin causarle problemas. No sé cómo, pero mi ir y venir entre avenidas me conduce al lugar conocido, me encuentro a escasas calles de la casa Tsukino. Rememoro con una sonrisa agridulce las noches que sentía volverme loco e irremediablemente caminaba hasta esa casa, cinco años y sigo ahí, en ese sitio en el que he convertido el amar a Serena.

Recargo mi peso sobre el respaldo cubierto de piel y cierro los ojos. Bombón viene a mí como siempre, escarbo en mi memoria para completar su rostro con absoluta perfección. Busco el atinado recuerdo de esos ojos amables que inspiran la más profunda ternura, esa nariz pequeña y respingona que tanto deseé besar, sus mejillas altas, rosadas muchas de las veces por mí, lo sé. El mar dorado que es su cabello, esos odangos curiosos y bellos que la resaltaban del resto del mundo, su aroma a fresas mezclado con flores y esos labios carnosos y brillantes, dueños absolutos de mis delirios, de mi penuria ahuecada, de estas ansías de saberla conmigo, de esta necesidad de probarlos aunque sea una vez.

Rebusco inconsciente mi teléfono, quiero saber de ella, tal vez me ha mensajeado. Quizá mi rubio ensueño se esté preguntando quién la ha llamado. Me juzgo tonto por haber colgado, rabio todavía un poco de sólo especular la satisfacción que debió haber sentido al saberme derrotado y trino todavía más al pensar que es un entrometido, un celoso y falto de respeto. Continúo hurgando en mis bolsillos hasta recordar que lo he dejado en el departamento, tal vez aquello sea una señal de que es hora de regresar, tomar las cosas con calma y volverlo a intentar.

Llego a casa, mis hermanos han regresado, me lo dicen los restos de comida rápida que descansan sobre la barra de la cocina, me acerco a buscar algo que indique que han pensado en mí, en efecto, una de las bolsas lleva mi nombre y el estómago comienza a rugirme, no he probado bocado desde la tarde y encima el llanto me ha dejado exhausto. Degusto con prontitud el emparedado doble mientras sorbo un poco de la bebida que probablemente dejó Yaten. Recuerdo el teléfono, el motivo de mi regreso y de dos bocados termino algo satisfecho. El celular yace justo en donde lo dejé, en esa cama revuelta que horas antes me vio flaquear.

Me echo nuevamente y desbloqueo el móvil al instante. El corazón vuelve a agitarse al descubrir dos notificaciones, las abro en el acto y una decepción vela mi mirada. Ninguna era de ella. Un mensaje de Taiki preguntando en dónde estaba más un correo para confirmar la reunión de la semana entrante con la disquera no era precisamente lo que esperaba. Aviento el celular malhumorado; lo recojo luego de unos segundos y abro de nueva cuenta las llamadas estando ahí la única que he hecho. Bombón reza el contacto seguido de un happy face. Jugueteo con el gadget sopesando si acaso será muy arriesgado el volver a llamar. Si él me contestase de nuevo ¿cómo sería? Seguramente ya no me quedaría callado y exigiría hablar con ella, finalmente, no tiene nada de malo.

Pasan de la diez con cuarenta, demasiado tarde para que todavía estuviesen juntos. Remuevo la cabeza alejando el pensamiento malintencionado que amenaza con atacarme. Suspiro profundo y zanjo que lo mejor será llamarla por la mañana, conociendo a Serena debe estar profundamente dormida. Me dirijo a mi baño privado para llevar a cabo las diligencias propias de la hora de dormir, siempre con la mente puesta en ella y el cosquilleo que me provoca el esperar a que amanezca para volver a contactarla. Repaso el día mientras me cepillo los dientes. Meto las manos nuevamente en la pila y empapo mi rostro para hacerme despertar del aletargamiento que me ha dejado el pensar tantas cosas. Estoy por apagar la luz del cuarto de baño cuando el celular comienza a vibrar seguido del tono de llamada entrante. Me quedo frío observando hacia la cama con la luz del teléfono reflejando en dirección al techo. Corro atarantado hacia el centro de la cama y en el trayecto tropiezo con una silla sofocando un quejido de dolor. Mi sangre bombea como loca arremolinándose pretenciosa en mis mejillas acaloradas.

¡Es ella!

Respiro agitado, sabiendo que si no contesto rápido se perderá la llamada y en un impulso que me hace cerrar los ojos deslizo el dedo índice sobre el botón de Accept. Ahora soy yo el que calla aunque estoy seguro que quien esté del otro lado de la línea puede escuchar mi latido desbocado.

—¿Bu-bueno?

¡Sí, al fin es ella, mi corazón salta emocionado! ¡Qué lindo es escucharla de nuevo!

—Tengo una llamada perdida y yo… —pronuncia vacilante.

Reparo en que no he dicho nada, me siento tan conmocionado que no he articulado ni media palabra.

—¡Bombón! —es lo único que puedo decir, la escucho contener un alarido y una sonrisa recubre por completo mi rostro.

—Seiya…

—Sí, Bombón, soy yo.

Irremediablemente Serena comienza a gimotear a través del teléfono y sus lágrimas me contagian.

—¡No llores! —le pido con voz quebrada.

—Yo pensé que jamás… —corta sin poder hablar.

Quiero decirle tanto: que he vuelto a pedirle una oportunidad, que la amo, que no puedo estar más tiempo lejos de ella, pero el momento me sobrepasa y en silencio la escucho llorar.

Encapsulamos un tumulto de emociones y sentimientos en llanto sincero cargado de frases incompletas, de pasado, de años de anhelo y sobre todo repleto de recuerdos juntos. Ella no dice nada, ni yo lo hago y no importa.

—Déjame verte —susurro luego de unos segundos de ese extraño desahogo entre los dos.

Ella guarda silencio y de nuevo siento el pecho punzante.

—¿Me extrañaste? —pregunta con esa vocecita aniñada que hace cuando quiere que la consientan, y yo me derrito con sólo imaginarle el puchero.

—Más que a nada.

Los dos suspiramos matando con nuestros alientos los fantasmas del pasado.

—Yo también quiero verte, si por mí fuera lo haría ahora mismo.

—¿De verdad?

—Sí, pero…

Temo que mencione lo que ya sé y no deseo arruinar el momento, así es que la interrumpo antes de que ella desmantele esto que siento.

—No digas nada, ¿mañana puedes?

—Pues…

—Di que sí, por favor —le suplico.

—¡Sí! —contesta decidida—. Dime ¿en dónde te veo?

—¿Qué tal en el lugar en que me viste partir?

Suspira por enésima ocasión en esa llamada, yo también lo hago.

—Cinco en punto, ahí te veré.

Entrecierro los ojos y me llevo una mano a los labios para que no me escuche gritar de emoción.

—Sí, ahí nos vemos —musito quedamente sellando nuestra cita.

Ya no sé qué más decir, yo que estuve tentado a enarbolarle las más bellas palabras me encuentro más mudo que nunca envuelto en esa aura melancólica y a la vez feliz.

—Seiya…

—¿Sí?

—Yo también te extrañé más que a nada.

La sonrisa boba asoma nuevamente y con mayor intensidad.

—Descansa, Bombón.

Cuelgo la llamada queriendo gritar, abrazo fuerte la almohada a mi costado como si fuese ella y me arremolino entre las mantas sabiendo que esa noche no podré descansar, que ella ocupará cada espacio de mi mente, tanto o más que el día en que la conocí.

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"Voy a capturar nuestra historia en tan sólo un segundo.

Y un día verás que este loco de a poco se olvida, por mucho que pasen los años,

por mucho que pasen los años de largo en tu vida". LODVG

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¡Lo prometido es deuda! Tal vez ya es un poco tarde pero aquí esta pequeña compensación por el mal rato que los hice pasar en el capítulo anterior.

Les quiero contar que una tarde de amigas nos pusimos sentimentales y comenzamos a escuchar a La Oreja de Van Gogh, la viejita, y evidentemente salió La Playa tema que abre y cierra este capítulo. Cuando la escuché ese día, fue cuando nació en mí la necesidad de hacer este fic, de una canción parte todo. :) ¡Ojalá que les guste! Es cursi, lo sé, pero también encierra mucho de lo que considero siente Seiya.

Perdón por hacerlo sentir triste, pero ya saben que ese hombre tiene un corazón tan grande que es casi imposible que no sienta al máximo todo lo que vive.

Para quienes se preguntarán KHÉ?! ¡no está embarazada! La respuesta es sencilla, no lo está porque el embrollo de esto no pretendo que se centre en Darién son apoyos que me servirán a lo largo de la historia para darle su merecido por viejito frío.

Disfruté mucho haciendo esta nueva entrega, lloré como Magdalena y al final me regocijé también en a felicidad de mis consentidos, de mi Sere y mi Seiya.

¡Mil gracias por sus reviews! Elenmar, Kat, Martha Kou, Gueramonti, Ana, Anaí, Janny, Ale, invitado especial, y quien me falte. Sé que las hice enojar, mil perdones.

¡Les mando mucho amor, y mucha luz para este inicio de semana, mis conejitos de la Luna!

WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!