SERENA
.
.
"Detrás del tiempo me instalé. Ya ves, ni me quejo ni me quejaré.
Mi ser, mis recuerdos y alguna canción, son hoy mi premio de consolación.
Y tú, ¿qué has hecho para olvidar? ¿Qué fue de aquella chica del bar?
Lo sé, prohibido preguntar, muy bien, seré sincera.
Cubrí mis ojos con mis manos y luego imaginé que estabas ahí de pie, disimulando por mí". LODVG.
.
.
La tarde está por caer en Tokio, la entrada principal de la Preparatoria Jubaan luce exactamente igual que hace cinco años, no así yo que ni siquiera me siento capaz de reconocerme. Tanta familiaridad me abruma e irremediablemente los recuerdos me sacuden. He llegado mucho antes de lo planeado porque no sabría cómo reaccionar si lo veo esperándome. Amablemente el conserje Fukuhoshi me ha dejado pasar sin explicaciones aunque tenía preparada toda una excusa; al parecer todavía no se olvida de mí y los miles de enojos que le hicimos pasar Mina y yo con alguna travesura a la hora del receso. Subo trémula por las escaleras que me llevarán al último sitio en que lo vi, a ese lugar testigo silencioso del doloroso amor no correspondido.
Sin razón me detengo a la entrada, el enrejado está intacto, recreo en automático los últimos instantes junto a él y con pesadez también memoro mi cobardía y mi falta de decisión.
Cuando Rei me contó de su regreso sentí volverme loca. La primera duda que atacó mi alma fue el preguntarme por qué no ,e había dicho nada, qué acaso no había sido yo su mejor amiga… amiga, pienso con amargura. "Sí, nosotros seremos siempre buenos amigos" ¿Por qué le dije eso? ¡¿Por qué?!
Avanzo hacia el medio, ahí en donde hace años me hinqué derrotada sintiéndome vacía, sola; ahí en donde me ofreció reemplazarlo. Una gota indiscreta asoma por el lagrimal obligándome a respirar hondo para evitar el soltarme a llorar. Tengo que verlo y saber lo que siento, ¡cómo puedo seguir engañándome! De pronto el peso de tantos años comienza a hacerse notorio sobre estos hombros cansados de soportar tanta responsabilidad y el enojo hacia Darién reaparece con fuerza, un disgusto que ya no sé si extendí de más a sabiendas de su regreso.
Mis mejillas queman molestas al recordarlo con mi celular en las manos.
—¡¿Por qué has tomado mi teléfono?!
—Serena… yo…
No podía creer que hubiese transgredido mi privacidad de esa manera. Lo observé levantarse de su asiento aún con mi celular en la mano para evitar que yo hiciese un escándalo.
—Serena, ¡cálmate! Te llamaron y supuse que era importante.
Mientras se excusaba me obligaba a sentarme junto a él sin regresarme el móvil.
—¿Quién era? —pregunté con el desagrado latente en la voz.
—No sé, colgaron.
—No soy tonta, Darién, perfectamente te escuché decir que yo estaba ocupada.
—Pues después de eso me colgaron.
Entorné la mirada fastidiada, aquello no me parecía normal, fue entonces en que reparé que seguía sin entregármelo.
—Ok, dame el celular, voy a regresar la llamada.
—¿Para qué? Si colgaron seguro se equivocaron —musitó con una franca tensión.
Aquello me iba muy extraño, además de que tenía muy presentes las palabras de Rei, ¿acaso era posible que hubiese sido él? Me dije que lo mejor era no hablar más del tema, al menos no frente a Darién, lo que necesitaba era regresar a mi casa e indagar quién había llamado.
—Bien, tienes razón, debió ser una tontería —dije fingiendo no darle importancia al asunto.
Cuando extendí la mano para pedirle lo que era mío, vi el nervio en sus ojos, prácticamente lo supe.
—Darién —le llamé mientras guardaba mi teléfono bien cerca de mí.
—Sí, Serena.
—Tú confías en mí ¿cierto?
—Por supuesto —contestó sin objetar.
—¿Puedo confiar yo también en ti? —pregunté sin saber a ciencia cierta el porqué de mis palabras.
—Claro.
—Pues si estamos claros en eso, entiende esto, ¡no me gusta que tomen mis cosas!, jamás me he metido en tus asuntos —sin darme cuenta comencé a subir la voz—. ¡No voy a permitir que violentes mi privacidad!
—Serena, ¡no me hables de esa manera!, sólo contesté una llamada.
—¡No me importa, no me gusta!, no quiero sentir que no puedo dejar nada privado cerca de ti o vas a querer entrometerte.
—¿Entrometerme? ¡No hablas en serio!, lo dice la mujer más celosa del planeta.
Mis mejillas ardieron ante la vergüenza de recordar lo infantil de mi proceder durante años.
—¿Lo ves?, no tienes derecho a reclamarme el haber tomado una estúpida llamada.
Bufé fastidiada.
—Eso era antes —susurré—. Ya no tengo 14 años, no lo olvides, tal vez sigas creyendo que soy aquella niña tonta e inmadura, pero te equivocas. De la Serena celosa e insegura no queda nada. Y para que lo sepas, si vamos a estar así, creo que lo mejor será replantear nuevamente nuestra "relación" —zanjé mis últimas palabras con tanta ironía que no creí que fuese yo quien decía aquello.
Después de eso, Darién dio por terminada la cita llevándome a casa lo más rápido que pudo. Se le notaban a leguas las ganas de pelear que tenía para conmigo y su urgencia de deshacerse al menos esa noche de mí.
Camino hacia la reja en donde descanso ambas manos mientras aprieto con fuerza el alambrado como intentando liberar la tensión que me apalea. Secretamente he soñado en tantas ocasiones con esta escena, con nuestro reencuentro. En todas esas imaginaciones era siempre él el primero en llegar y yo aún con mi uniforme escolar corría hasta su figura abrazándolo por la espalda echa un mar de llanto. Lo veía girarse regalándome esa mirada que sólo mi estrella posee. Besaba primero mis mejillas para enjuagar mis lágrimas, y al fin, sin palabras de por medio, ni rechazos estúpidos, mucho menos miedo; buscaba mis labios suplicantes en un beso sincero. Tal vez esa es la razón que me tiene aquí primero, el recelo a querer reproducir esas ilusiones. No soy libre, debo tenerlo muy presente.
He dejado de voltear a ver el reloj, sumida en mis pensamientos, imaginándolo de pie tras de mí, que el momento en que siento unas cálidas palmas sobre mis hombros me hace juzgarme loca, con la mente jugando en contra. Un apretoncito seguido de su torso muy cerca de mí me recuerda que ya no estoy soñando e instintivamente contengo un suspiro. Cierro los ojos y en silencio me doy la vuelta, me resulta curiosa esta extraña reproducción con un cambio de posiciones. Aun no me atrevo a verlo. Lo aprecio más alto y eso me turba, aunque no quiera.
—Bombón…
Escucharlo es un bálsamo acariciando cada parte de mi cuerpo, me siento flotante, pero también estoy dudosa, temo abrir los ojos y no verlo ahí.
—Abre los ojos —susurra en mi oído estremeciéndome—. ¿Acaso no deseas ver a este chico tan guapo?
Sonrío, no ha dejado de ser un engreído y eso me derrite tanto.
Siento mis pupilas dilatarse, frente a mí sólo tengo su pecho que atribuyo es más grande, más fuerte y en efecto también está más alto. Al fin alzo la mirada.
¡Qué zafiros tan hermosos cubiertos por la negrura de sus pestañas! Están cristalinos, afables, tiernos y la emoción me consume.
—Seiya —musito con la voz entrecortada, me asombra el pensar cuánto hemos llorado con este reencuentro.
Lo siento rodearme con sus brazos fuertes y depositar un tierno beso sobre mi cabello al tiempo que aspira mi aroma haciéndome cosquillas con su nariz. Quizá no hubo el beso arrebatado de mis sueños, pero esta proximidad es tan íntima, tan nuestra que considero supera por mucho a mi imaginación.
—¿Estoy soñando? —pregunta hundiendo su rostro en el espacio de mi cuello y aquello me tienta a ser yo quien tome la iniciativa de lo que realmente deseo pase, pero me detengo.
—Pues si es un sueño, supongo que es uno muy bonito.
Me aferra.
—Te extrañé como un loco.
Mi garganta se cierra, de nuevo siento el nudo formándose, no he dejado de ser una llorona. Y entonces me pregunto, ¿por qué no regresó antes?
—¿A qué has vuelto? —lanzo con sequedad.
Sus mejillas coloreadas lo hacen ver más guapo, pero el ceño que se forma en su frente me indica que aquello es serio, y temo que algo malo le esté sucediendo. Busco encontrar respuestas, pero no puedo.
—¿Sigues siendo tan despistada como para no saberlo?
Agacho la mirada avergonzada.
—Seiya, yo…
Antes de que diga nada él toma mi mentón obligándome a verlo. Mi corazón está agitado y juro que si no fuese porque me tiene sujeta por la cintura ya habría caído.
—Te mueres porque te repita las galanterías de adolescencia —dice con media sonrisa socarrona.
Finjo una mueca, me encanta que sea así y a la vez me asusta verme tan descubierta.
—Tal vez sí —respondo dejándolo frío, lo sé porque su sonrisa desaparece para dar paso a esos azulinos ojos más abiertos que el mar mismo.
Ahora soy yo que la sonríe, no obstante mis pómulos sigan calados. En un impulso le echo los brazos al cuello obligándome a ponerme de puntillas.
—Tengo miedo —confieso mientras recorro con mis manos su espalda.
—Lo sé, pero yo estoy aquí.
—Quizá tengo miedo de ti.
—¿De mí o de lo que sientes?
¡Lo sabe! Como lo sabe todo el mundo.
—No digas nada, mi intención no es confundirte, pero esto me lo debo, me debo el luchar por ti y por lo que quiero.
Quiero decirle que no hay confusiones, que lo sé, sé quién es el dueño de mis desvelos, y que es él, que muy probablemente siempre lo fue. Sigo sin pronunciar una palabra, tan sólo colgada de su recio cuello.
—Bombón, quiero que sepas que, aunque no te conocí antes, aunque tienes novio y que no pertenezco aquí mi amor por ti es más grande que todo, y estoy dispuesto a esperar a que te des cuenta.
—Seiya…
Mi estrella me separa un poco y toma con delicadeza extrema mi rostro entre sus finas manos.
—No quiero verte así, esa no es la Serena de la que me enamoré, quiero ver de nuevo esa sonrisa radiante, sin miedos, ¡entendido!
Sólo puedo alcanzar a asentir.
—Vine por una oportunidad, sólo tú sabrás el momento para dármela, por lo pronto, déjame cumplir lo que te prometí.
¿Una promesa? Busco con premura en el pasado intentado descifrar lo que dice, pero sus labios me asaltan tomándome por sorpresa.
Cierro los ojos temblando, con ese beso puro que me quema y anhelo más que nunca tener las agallas para olvidarme de todo, para mandar al carajo el destino auto impuesto y voltearle el rostro. Me ha rozado apenas la comisura del labio, en ese resquicio reservado para los besos cobardes. En ese pedacito de piel que sabe más a deseo que cualquier otra parte porque no es un contacto de amigos, pero tampoco de amantes.
—Voy a secuestrarte —susurra todavía tan cerca que su aliento acaramelado me cala los sentidos.
Sin decir más me toma de la mano y su sonrisa me llena el corazón. Salimos presurosos bajando a trompicones los escalones. El Señor Fukuhoshi nos observa alegre, presiento que se piensa en que al fin nos hemos decidido a estar juntos.
—¿Adónde vamos?
—Es una sorpresa.
Su auto nos espera, me abre con galantería la portezuela y una excitación me recorre. Me siento como una adolescente de nuevo. Durante el trayecto ambos nos sonreímos como bobos. De vez en cuando desvío la mirada al camino porque me descubro con la vista clavada en sus labios, ¡dioses, cómo lo deseo!
El trayecto parece largo, un anuncio despidiendo a la ciudad y la caseta de peaje me alertan.
—¡Te has tomado muy en serio esto del secuestro, jovencito!
—Todo lo que tenga que ver contigo me lo tomo muy en serio —responde con la voz profunda—. Quiero llevarte a un lugar especial, pero pretendo que te sientas cómoda por eso no vamos al original.
Mi rostro se torna rojizo.
Al fin entramos a Yokohama, tenía años sin visitar aquella ciudad. Puedo darme cuenta de la felicidad que le provoca el verme tan emocionada. Luego de alguna búsqueda rápida por el GPS de su Smartphone, Seiya me indica que casi hemos llegado. Al final de la avenida por la que transitamos diviso una enorme rueda de la fortuna y volteo a verlo ansiosa.
—¿Crees que es muy infantil? —musita dudoso.
—¡¿Bromeas?! ¡Eres el mejor! —digo abalanzándome sobre su brazo libre.
Me separo pronto, estoy siendo demasiado efusiva y mi sentir tarde o temprano terminará traicionándome.
Bajamos entre risas contagiosas, sin decirlo parece que hemos pactado no hablar de los años que han pasado, ni de las decisiones que nos obligaron a separarnos. Hoy sólo somos él, yo, y nuestra segunda cita. Lo jalo emocionada hasta el primer puesto de comida que se me atraviesa, hambrienta por el delicioso sabor que despiden sus brochetas.
—Tres para mí, por favor ¿y tú Bombón?
—¡El doble! —contesto entusiasmada por la carcajada que suelta, al fin lo he escuchado y me siento tan feliz.
Luego de ser despachados y con Seiya cargando las ordenes corremos hasta las taquillas, los juegos estás próximos a cerrar por lo que debemos elegir muy bien a cuáles queremos subir.
¡La rueda de la fortuna!, respondo cuando me pregunta.
De unos pocos bocados termino mi comida ¡Me siento tan viva, tan yo! Así es siempre que Seiya está mi lado. Carcajadas seguidas de una cara de preocupación adornan el aire cuando con torpeza resbalo antes de subir a la canastilla. Me toma con firmeza por los brazos y me alza sin dejar de abrazarme, otra vez estamos en esa cercanía que me tienta y me invita a dejarme ir.
—¿Estás bien? —dice intentado contener una risa escandalosa.
—¡Ya ríete!
Me obedece, pero lo hace por lo bajo mientras me planta un beso en la mejilla.
—Anda, sube.
Comienzo a creer que hace aquello para ponerme impaciente, para que sea yo la que no soporte tenerlo tan cerca y me decida a morder esos labios de tentación. Inconscientemente me muerdo el propio y su mirada fija en mi acción me ruboriza.
—Te han sentado bien los años, Bomboncito —musita cerrando la puertita de seguridad.
—A ti igual —concedo intentado no sonar muy torpe, para nadie es novedad que no soy precisamente una experta en flirteo.
—Lo sé —dice guiñándome uno de esos zafiros de impacto.
—¡Qué molesto!
—Sabes que bromeo, si quieres sinceridad estoy muerto de miedo.
—No me digas que te asustan las alturas.
—Me asusta el no poder contenerme.
Trago saliva. Mi corazón emprende la carrera y el golpeteo bajo mi pecho me acalora. Nos quedamos unos segundos suspendidos en la cúspide, el suave balanceo de la canastilla parece animarnos sumado al silencio que pende como una gota amenazando con caer al vacío de nuestros sentimientos que ahora sé son mutuos.
No puedo decir quién es el primero en abandonarse a sus pasiones porque somos ambos buscándonos. El juego se reanuda abruptamente y con torpeza nos obliga a sentarnos nuevamente justo cuando estamos por acortar la distancia.
Mis mejillas están sonrosadas, y las suyas también.
Después de un par de vueltas, bajamos de la rueda envueltos en esa extraña sensación. No puedo creer que estuve a punto de besarlo, y aunque no quiera aceptarlo me molesta la interrupción, otra oportunidad como aquella no creo que venga pronto. Camino sin más hacia el siguiente juego, pero con pesar veo que ya no dejan subir a nadie, el parque va a cerrar.
—Hemos venido muy tarde.
—Sí, es una lástima, ¡mataría por verte como hace tanto!, petrificada en la Casa del Terror.
Gimo enarcando una ceja.
—¡No hablaras en serio!, te recuerdo que eras tú el que estaba pegado a mí gritando como un niño de cuatro años.
Él sonríe como recordando aquello.
—En ese caso soy un excelente actor.
—¿Actor?
—Es admirable lo que uno tiene que hacer para estar muy cerquita de la chica que le gusta, ¿no crees?
Ya no sé qué más decirle, ese hombre tiene una habilidad, en efecto admirable, para trastocarme completa. Sencillamente me desarma.
—Será en otra ocasión, entonces —suelto al fin recuperando un poco el aliento.
—¿Me estás proponiendo una tercera cita? —dice llevándose las manos a la boca con gesto exagerado de impresión.
—No cabe duda que te volviste peor en todos estos años —digo girando hacia la salida.
—Serena.
Cuando dice mi nombre no sé qué pensar o sentir. Me paro en seco esperando que diga algo más.
—Estoy bromeando todo esto porque es la única forma que encuentro para que no te des cuenta que mis manos tiemblan —al tiempo que se confiesa sus palmas reposan en mi cintura obligándome a voltear—. Promete que no vas a pensar en nada.
—Lo prometo... —murmuro con un poco de duda de no saber si lo que creo es a lo que se refiere.
Me toma con más fuerza asiéndome a su pecho y yo entre abro los labios a sabiendas de que pronto serán electrificados.
—Te amo —musita a milímetros de mi boca agitada, y yo me dejo llevar.
Besarlo es diferente a todo, Seiya posee la ternura y la pasión conviviendo en perfecta armonía. Con el primer roce rompo irremediablemente lo que acabo de prometer, porque pienso. Pienso en él partiendo, en todas las tardes vacías en las que pretendí que no lo extrañaba y en lo miserable que es todo si él no está.
Su tibia lengua regodeándose conmigo me hace regresar a lo que me acontece. Mis brazos antes refundidos en mi pecho se escurren hasta su cuello y mis manos repasan su suave nuca enredándose de tanto en tanto en su espesa cabellera. Con audacia muerdo ligeramente su labio inferior, él me comprime y puedo sentir su mano derecha apresando mi mejilla.
Quiero morirme besándolo.
Su sentimiento acumulado me llega en forma de gotitas cayendo sobre mis párpados. Seiya llora mientras me besa y el corazón se me arruga. ¡Cómo pude ser tan tonta! Me pregunto si algún día podré perdonarme el haberlo hecho sufrir. Tengo ante mí al hombre más bondadoso del universo entero, al que se entrega sin medida y él único que siempre confío ciegamente en mí.
Me abandono entre sus brazos y atesoro en mi memoria cada partecita de él y esta maravillosa sensación de liberación. Por mi mente desfilan todas las imágenes de hace cinco años mientras sigo probando esos labios suaves y dulces que me enseñan que el cielo existe y se llama Seiya Kou.
.
.
"Cierra la puerta, ven y siéntate cerca, que tus ojos me cuentan que te han visto llorar.
Llena dos copas de recuerdos e historias, que tus manos aún tiemblan si me escuchan hablar". LODVG.
.
.
Hello!
Mis conejitos, qué olvidados los he tenido, espero me perdonen, pero quien me tiene en FB no me dejará mentir, me puse un fiestón de aquellos como adolescente descarriada y apenas me ando recuperando.
Le estuve dando vueltas a cuál fic actualizar, y ¡qué les digo! este es mi nuevo bebecito, sé que las otras también son importantes, y créanme, no las dejaré pero la musa anda un poco de vacaciones y no quiero entregarles algo mal hecho sólo porque sí. Sé que me quieren (ajá) y me tendrán paciencia. :) Ya le voy a bajar a mi vida de socialité y a mi adicción al trabajo para ponerme a mano prontito.
Pero bueno, aquí una nueva entrega (algo corta) pero no me hagan mucho caso, 'maybe' será de dos partes. La verdad es que no iba a terminar en besito, pero lo consideré un regalito para todas las fans de esta parejita, además de que Seiya no cruzó media Vía Láctea para no llevarse aunque fuese un piquito.
Me emociona mucho el rumbo de esto, ya pronto comenzarán a ver que habrá más involucrados, nuevos capítulos, nuevos personajes narrándonos sus historias.
Quiero agradecer profundamente a ti que pasas por este mi espacio y te das la oportunidad de leerme, lo atesoro.
¡Besos a todos!
WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!
