LA PRINCESA DE LA LUNA Y LA ERA DE LA PERSEIDA ROJA
PARTE II: LUNA CRECIENTE
SETSUNA
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"It might not be the right time, I might not be the right one,
but there's something about us I want to say, cause' there's something between us anyway" DP.
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¿Cómo sobrellevar la maldición solitaria sin sentirte desquiciar?, tal vez su caricia fue la respuesta.
A diferencia de las otras Sailors mis renacimientos siempre han estado marcados por una constante misión: la de proteger las líneas intactas del Tiempo, ser la guardiana de las puertas de Cronos y vigilar que el destino siga su curso corriente.
Siento el frío calándome hondo bajo las suelas de mis botas, avanzo de un lado a otro recargándome de vez en vez en mi báculo. Por estas fechas me es irritable el ver la piedra que pende de él como si fuese un tortuoso y estúpido recordatorio, y sobre todo el motivo desleal y traidor que me tiene hoy aquí con el vientre semi abultado.
Cierro los ojos que aprecio secos, vacíos y memoro con agridulce inquietud el día en que le conocí. Era una jornada habitual en la Puerta del Tiempo y a pesar de que sabía que ese encuentro llegaría tarde o temprano desconocía por completo el cómo, cuándo y en dónde sucedería.
Un aura desconocida me alertó al instante, había un intruso . En automático desenfundé la estaca poniéndola al frente, mientras con voz enérgica ordené que quién fuese el osado invasor se mostrase ante mí.
—Con que es cierto… —pronunció una voz grave detrás de mi guardia.
—¡¿Quién eres?! —rebatí intentando no perder el control de mi cuerpo, seguía sin poder apreciar al interlocutor.
—No temas, Señora del Tiempo, soy tan sólo un visitante, un espectador deseoso de conocerle.
—¿A mí?
—¿Le sorprende?
—¡Muéstrate! —grité ansiosa, deseaba verle primero, había algo en ese tono que me ponía dudosa.
—Sus deseos son órdenes, mi Lady.
Como un vientecillo matutino acompañado de un aroma penetrante a azaleas se presentó quien supe en automático se trataba de mi anunciada perdición. Mi vista reparó en la mirada ardiente que prodigó no a mí, sino a la piedra Granate en la cúspide de mi báculo sagrado.
Temí.
El embrujo hacia mi preciada joya cesó luego de unos instantes en que aquel hombre regresó de su ensoñación para al fin notarme. Su pulcra vestimenta blanca iba decorada con finas hebras del más delicado hilo de oro logrando un exquisito brocado por todo el torso, dos medallones refulgentes a cada lado parecían ensancharle aún más los hombros que sostenían una nívea capa ondeando con el aire enrarecido, nuestro primer encuentro.
—Permítame presentarme mi Lady, soy…
—No hace falta, sé tu nombre.
Aquel hombre enarcó una ceja con gesto de incredulidad a la vez que incorporaba el cuerpo de su interrumpida reverencia. Sus finos cabellos rosáceos oscilaron pretenciosos por su frente adornada por aquella oscura luna creciente. Mi corazón tembló.
Era mi oportunidad de cambiar la historia, pero mi destino también estaba trazado. Como una maldición antigua estaba el encontrarme con esos ojos de alejandrina, provocándome unas locas ansias de estar a su lado, aunque me arrastrasen a la ruina.
—Me halaga el saberme conocido por tan hermosa dama —zanjó con tanta seducción que mis piernas flaquearon.
—¿A qué has venido?
—Deseaba conocer a la dueña de la piedra Granate, la única en su tipo que no está en mi poder.
Sus pasos libres y alargados acortaron la distancia entre nuestros cuerpos electrificando con cada centímetro menos los pensamientos que pecaminosamente me asaltaban la piel olvidada.
—Pues ya que la has visto puedes marcharte —dije intentado sonar convincente, tal vez ese hombre entendería mi frialdad y la horrible profecía de mi traición no se cumpliría.
—¿Así de descorteses son todos los Guardianes de Cronos? —preguntó con una sardónica sonrisa perlando su rostro.
—Lo siento, pero este no es un sitio de recreación.
—A mí me parece todo lo contrario, casi siento que podría pasar largas temporadas por aquí —musitó muy cerca de mi oreja al tiempo que una fina hebra de mi verdoso cabello danzaba entre sus dedos.
—¿Acaso el Señor Black de Némesis no tiene mejores asuntos que atender?
Garnet Black* se re pegó más a mí hundiendo su perfilada nariz sobre la sombra oscura de mis hombros descubiertos.
—¿De verdad quieres que me vaya, Setsuna?
Mis sentidos se helaron, ¡cuántos siglos habían pasado para que alguien que no fuesen mis amigos me nombrase así!
—¿Cómo sabes…?
—¿Tu nombre? Es lo mismo que me pregunto yo, ¡cómo sabes el mío y de dónde vengo!
—Yo sé muchas cosas, no olvides que soy la Guardiana del Tiempo y que ese no es mi nombre, soy Sailor Plut. Te advierto que si no retiras tu presencia lo más pronto posible no dudaré en utilizar esta piedra que ves con tanta codicia.
—Y yo no sé por qué presiento que no lo harías… Setsuna —repitió tomando mi brazo.
—¡Basta! —desdeñé apartándome de su peligroso toque, bastaba un acercamiento más para olvidarme de todo.
—Sé todo sobre ti, mi querida Plut —allanó retrocediendo sólo unos pasos concediendo el llamarme como más me apetecía. Se alejó lo menos como para seguir percibiendo ese aroma aflorado—. He estado obsesionado contigo y tu poderoso Granate durante mucho tiempo, más del que crees.
—¿Y qué pretendes? Sabes perfecto que esta gema le pertenece al Milenio de Plata y algún día al Neo Reino, nada puedes hacer para volverla una pieza importante de tu colección.
Garnet Black rio por lo bajo haciéndome entender que mi atropellada advertencia le tenía sin cuidado.
—Setsuna, Setsuna, ¡qué ingenua eres! —dijo regresando a mi nombre de pila—. Creí que Lady Plut, la Sailor del Cambio, y dueña de la Piedra Granate sería más… perspicaz.
Con absoluta audacia, esa misma que sin reparos gritaba yo no poseía, el Señor de Némesis se colocó detrás de mí recorriendo con sus afiladas garras mi escueta cintura. Me perdí, me rendí por completo al mal.
—No siempre es necesario tener en una estantería del cristal más resistente a tu joya más preciada. No necesito eso para saber que esa piedra me pertenece.
—Vete… —susurré con falso deseo mientras los labios rojizos del patriarca y Rey de la familia de la Luna Negra me recorrían el cuello haciéndome suspirar.
—Tranquila, Sailor Plut, no quiero forcejear para obtenerlas a ambas, no es mi estilo —murmuró asiéndome por el mentón que con brusquedad exquisita volteó hacia sus labios entre abiertos obligándome a corresponder su pasión.
Desde aquel maldito día nuestros encuentros se volvieron una constante, un vaivén de emociones prohibidas y caricias capaces de refundirme en el infierno de donde estaba segura él provenía. Los meses pasaron convirtiéndose en años. Con cada nueva visita mi corazón se iba embargando de un amor triste, porque era indebido. En más de una ocasión mi razón me tentó a detener mi insensatez, pero nunca pude. En el Rey Garnet Black encontré el remanso de felicidad que el destino, que irrisoriamente protegía, me había deparado.
¡Las Sailors no aman! Me repetía una y otra vez a la par de las sacudidas febriles que mi ser vivía entre los brazos de mi amante. Y él, como un loco sediento me tomaba para hacerme suya como si al hacerlo esa piedra que tanto deseaba se fusionase conmigo y entonces nos poseyera a las dos.
Sacudo la frente intentado disipar los fantasmas de su presencia. Debo irme pronto o comenzará a sospechar que algo sucede conmigo. Me pregunto de qué podría ser capaz Garnet Black de saber que en mí cargo al fruto de nuestra clandestina y silente unión.
Abandono al fin los linderos de la Puerta del Tiempo a sabiendas de que esta vez no me será nada fácil convencerlos de ayudarme, no gracias al regreso de esos tres. Mi llegada a la Tierra se ve envuelta en una férrea lluvia que amenaza con convertirse en tormenta. Mi cuerpo desacostumbrado al nuevo ente que crece en mí se remueve incómodo e irremediablemente termino devolviendo el poco bocado que probé al llegar.
Voy refugiándome de a poco entre los escasos techos de una ciudad cada vez más urbanizada. Rogando que las fuerzas no me abandonen y me permitan llegar hasta su casa. Suspiro profundo ante mi desdicha e instintivamente llevo mis manos al vientrecillo ligeramente curveado. Aunque mi corazón ahora esté maldito por el amor cruento hacia Black, la verdad es que internamente siempre deseé que fuese él quien me salvase de mi propia historia.
Saber del amor con que procuraría a mi hija me hacía ver que Darién Chiba era el tipo de hombre con quien yo hubiese soñado estar de haberme sido permitido el enamorarme. Lo único que ansiaba era encontrarlo solo, enfrentarme a Serena Tsukino en definitiva no era algo que pudiese soportar, al menos no en este momento. Además, desconocía la situación sentimental de ambos, algo había logrado intuir con las fechas no coincidentes entre la creación de Tokio de Cristal y mi desliz sumado a los vaticinios desmoronándose aceleradamente. De haber seguido todo como estaba estipulado, para estos momentos debería estarme dirigiendo al palacio de Cristal a hablar con los Neo Monarcas y no al departamento de Chiba.
Son casi las siete de la tarde cuando apenas y rozo el botón de su interphone.
—Diga —pronuncia con hosquedad.
—Príncipe Edymion —respondo con solemnidad a pesar de que hacia mis adentros siempre lo llamo por el nombre de Darién, ante él no puedo.
—Espera, bajo por ti.
Ingreso al vestíbulo del complejo en que vive, es amplio, sobrio, pulcro, así como él. Lo veo salir del elevador con sus característicos Dockers y un sweater ligero de cachemira parda. Me saluda apenas con una inclinación de cabeza, su ceño es profundo, no tiene la característica mirada afable que me regálese antaño, ni la mística sonrisa prodigada por el futuro Rey, este hombre luce totalmente distinto.
Amargado.
Sin mediar palabras se adentra nuevamente en dirección al elevador, lo sigo. Pulsa el onceavo piso, haciéndome contener los deseos de vomitar ante la agitación que el viaje ascendente provoca en mi maltrecho estómago.
—¿Te sientes bien?
—Eh, sí, sí, supongo que algo cansada.
—Puedo revisarte si quieres, te ves muy pálida.
—No es necesario, Príncipe, son otros motivos los que me tienen aquí.
—Darién… —susurra volteándome el rostro—. Sólo dime Darién.
Nunca había estado a solas con él, aquello me es extraño. Chiba no lo sabe, pero en el futuro mi devoción por el Rey Endymion caía casi en una obsesión. Nunca supe si era por lo guapo que me parecía o porque sin chistar fue el padre amoroso y bueno que mi Pequeña Dama necesitaba.
—¿Segura que no tienes nada? —inquiere mientras abre el departamento.
Me ensimismé tanto que no noté que él estaba de pie esperando que hablase.
—Lo siento, estoy algo dispersa.
Darién concede con la mirada, parece cansado. Lo veo enfilarse hacia la cocina de donde extrae un par de tazas y algo de té de hierbabuena. El aroma calma mis náuseas y tomo asiento frente a él. Mis palmas caladas se refriegan ansiosas contra la falda que comienza a apretarme.
—Supongo que estás aquí porque sabes que algo no anda bien entre Serena y yo —comienza él.
—Algo hay de eso. ¿Qué ha pasado?
Darién contiene una mueca, sorbe con avidez del líquido humeante empañándose los cristales de las gafas que ha recogido de la mesilla de centro. Ese pequeño gesto lo hace lucir etéreo, me parece que tengo ante mí a otro hombre, jamás imaginé que el futuro Rey tuviese complicaciones de visión.
—El problema es que no ha pasado nada, me pregunto en dónde demonios están las Outers cuando realmente se les necesita.
Su pregunta retórica me incomoda, hace tanto que no sé nada de mis compañeras. Cada una se ha dedicado a sus asuntos, y qué decir de mí que me he vuelto una traidora.
—Las predicciones no coinciden, Prín… Darién —termino corrigiendo.
—¡Y crees que no lo sé! Tienes que ayudarme.
Sin darme cuenta de en qué momento pasa, lo tengo muy cerca sujetando la mano que conservo libre mientras con la otra retira la taza para poder tomarme ambas.
—Darién… yo…
—Por favor Setsuna, eres la única que puede hacer algo por salvar mi compromiso y el futuro. Serena está mal, se dejó deslumbrar por una tonta ilusión adolescente, pero yo soy su indicado, además Rini —percibo su voz quebrar al nombrarla—. Mi hija, yo no podría vivir sabiendo que ella no…
Libero una mano para ahora ser yo quien lo sostenga obligándolo a verme a los ojos.
—Precisamente de eso quiero hablarte.
El joven pelinegro toma asiento junto a mí sin soltarme. Sus manos se me antojan cálidas y viriles. Aparto con celeridad dichos pensamientos, ¡acaso no me es suficiente perjurio el haberme revolcado con el Rey Oscuro como para encima desear a mi legítimo soberano!
Desconozco cómo comenzar aquella confesión. Así es que resuelvo que es mejor que la obviedad corpórea sea la introducción de mi súplica.
Me incorporo dejando a Darién echado y elevo ligeramente la blusa holgada que llevo puesta dejando expuesta mi incipiente gestación sobre la falda de tubo que calculo va cercana a la doceava semana.
Parece no entender del todo mi acción, aunque sus ojos recaen en mi vientre.
—Yo, no…
—Estoy embarazada —musito conteniendo las lágrimas agolpadas en mi garganta.
Darién carraspea.
—Bueno, eso sí que es una sorpresa, pensé que ustedes…
—¿No podíamos?, bueno en teoría no debemos —digo dejándome caer nuevamente en el mullido sofá.
Se sacude con molestia.
—¿Quién es el padre? —pregunta como intentado aclarar las lagunas que mi irreflexiva declaración le ha dejado.
Suspiro hondo, sé que esa historia no se la espera, sobre todo porque Garnet Black no es un personaje que figure en su imaginario. Para él la Familia Black Moon se reduce al clan presidido por el Príncipe Diamante, futuro hijo de Garnet y por ende medio hermano de Rini.
Entre sollozos contenidos le relato nuestros encuentros y quién es él. El peligro que supone el nacimiento de mi hija es latente. Ella lleva la semilla oscura dentro de sí.
—Entonces, quieres decir que Serena, es decir, la Neo Reina Serenity y yo aceptamos ser los padres de Rini.
—Sí, si la historia estuviese siguiendo su curso normal para estos momentos ustedes deberían estar ya gobernando y al enterarse de mi estado la Neo Reina tomaría esa decisión.
—Pe-pero ¿por qué?
—Porque Rini contiene una semilla estelar impura y a la vez sumamente poderosa. La única forma de evitar una catástrofe en el futuro era que el poder del Cristal de Plata residiese dentro de ella.
Con pesar relato cómo el día del nacimiento de la Pequeña Dama la Neo Reina estuvo a mi lado, para que con el primer soplo de la nueva vida ella pudiese depositar un fragmento del Cristal Lunar dentro del cuerpo de la niña, sellando así el poder maligno de su ser, de ahí que ella pudiese transformarse y usar el poder de su supuesta madre.
Darién parece no dar crédito a mis palabras, y sé por su semblante desencajado que le ha dolido el no saberse el padre biológico.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Ustedes me lo prohibieron, fue una condicionante, y la verdad es que nunca tuve el valor suficiente.
—Entonces Rini, no es…
—¡Es tu hija Darién!, la amaste y protegiste desde el momento en que la tuviste entre tus brazos, tú y la Neo Reina, yo estoy sumamente agradecida. Mi castigo fue el ver crecer a mi hija en las sombras, ser tan sólo su protectora y amiga nada más.
El Doctor Chiba se levanta de su asiento recorriendo la estancia, ha dejado las gafas sobre el respaldo del sillón. Se talla los ojos, adusto, y no sé si es porque quiere llorar o porque está harto de todo el drama que es su ilusoria vida. Mi corazón se aflige.
Se para en seco, observando a través de su ventanal la magnífica vista de Tokio, las luces de la ciudad comienzan a hacer su aparición, ha oscurecido.
—Eso quiere decir que Serena y yo debemos estar juntos para contrarrestar ese poder maligno que dices tiene la niña, ¿cierto? —acuña con reflexión.
En el caso práctico no es así, si bien la jurisdicción que el Heredero de la Tierra posee es grande, tan sólo es un apoyo, que en dado caso pudiese ser reemplazado por alguien igual o más potentado que él. Serena Tsukino tiene el suficiente poder como para menguar sola el problema que significa esta unión maldita, pero no deseo decirle eso. Él es el único que puede estar conmigo, de mi lado, además de que no concibo mejor padre para mi Rini que Darién Chiba.
—Así es, ustedes tienen que estar juntos.
Puedo apreciar una risa floja escapar de sus labios otrora cerrados.
—Bien, en ese caso debemos pensar muy bien cómo actuaremos. ¿Puedo confiar plenamente en ti?
—Por supuesto.
—Gracias, Setsuna, me siento muy perdido, todo esto ha venido a descolocar mi mundo, pero de algo sí estoy seguro: Serena es mía y de nadie más.
Los huesos me tiemblan, pero lo hecho, hecho está. Ahora mi lealtad, si es que queda un ápice de ella en esta traidora, está para con él, para Darién nada más.
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"Y a la primera persona que me lleve a la verdad, pienso entregarle mi tiempo, no quiero esperar más.
Yo no te entiendo cuando me hablas ¡qué mala suerte! Y tú dices que la vida tiene cosas así de fuertes.
Yo te puedo contar cómo es una llama por dentro, yo puedo decirte cuánto es que pesa su fuego.
Y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo, donde no existe ni Dios, donde no existen verdades". AS.
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¡A que no se veían venir esto! ¿O sí? :O
¡Hola, hola, hola, mis conejitos bellos!
Una nueva entrega y el primer capítulo de la segunda parte. Quiero contarles un poco de cómo surgió esta idea. Así es que aquí voy.
Cuando realicé mi primer fic Post Stars era una novata, y como muchos me dejé llevar por la "vieja confiable" hacer a Seiya el padre de Rini, pero no me dejó un buen sabor de boca, la verdad es que no odio a ningún personaje porque es estúpido (sorry, así lo veo) pero sí hay uno que otro que me molesta, la bola rosa es uno de ellos.
Nunca entendí porque era tan mala con Serena y tenía esa obsesión enferma con su papá. Luego de darle vueltas me dije, a veeeeeeeeeeeeer, quién es la única que la tolera además de Darién (?) Sailor Plut.
Debo confesar que me pasó por la mente el que Setsuna y Darién tuvieran un desliz, porque sabemos del 'crush' entre ellos, pero entonces cómo justificas que ella tuviera a Rini y Serena lo aceptara sin más y abnegada, si nuestra Princesa es súper celosa (punto uno) y eso podría significar una oportunidad para huir de ese horrible destino que odiamos y correr a los brazos de Seiya. Entonces, pensé y pensé y dije mmmm, ¡ÁREA DE OPORTUNIDAD!
Asi nació Garnet Black* Garnet para los que no se les dé mucho eso del inglés es Granate, la piedra que casualmente tiene Plut en su báculo, y si se fijaron en la descripción (si no regrese, jaja) es la viva imagen de la bola rosa.
Serena igual no iba a tolerar una infidelidad, pero por salvaguardar a sus seres queridos, ya sabemos que la chica hace todo.
Garnet es un personaje enteramente mío, espero que les guste, aún no defino el grado de participación que tendrá, pero bueno si lo quieren imaginar sólo piensen en el suculento de Diamante con el cabello rosa (ojo, el color de Rini, no de Rubeus).
Me extendí de más en esta explicación, pero la consideré necesaria. Una disculpa de ante mano si esperaban otro capítulo SxS pero esto ya tiene una estructura, y lo que va de a poco se disfruta más, confíen en mí.
¡Les mando mucho amor!
Happy Valentine's day!
WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!
