Los personajes pertenecientes a Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos, personajes originales son míos así como la trama, el fic es sin ánimo de lucro, y el único fin es de entretener al lector.
Cap.38 AL FIN SOLOS
Bella sentía que no podía más de dicha. Edward no se separó de su lado en ningún momento, Jacob su amigo, la había felicitado y le había dicho que Edward le tenía un trabajo en otro lugar. Eso la puso un poco triste, su amigo se iría, y ella lo apreciaba, ojala y que no sucediera, le agradaba tanto su compañía. Sintió el abrazo protector de Edward en el momento justo, como si pudiera leer su mente, y dejó ese pendiente para después, ahora era tiempo de disfrutar y así lo haría.
Muchas personas los felicitaron, sus pequeños niños estaban embelesados con Esme que constantemente les llevaba golosinas y juguetes, felices junto a ella.
Rosalie al ver los regalos que les llevaban, se sintió más furiosa, abrazó a su pequeña hija y salió de ahí sin probar bocado, era detestable ver como Edward miraba con adoración a la ciega y no se le despegaba para nada. Alice feliz de la vida revoloteaba por ahí con su marido detrás de ella, siempre al pendiente de la arrimada de Bella. Pero Rosalie no se dejaría amilanar por eso, ella quería a toda costa, hacer sufrir a esa arribista, esa que le estaba quitando lo que era destinado para ella y para su hija. Quitaría los obstáculos que le impedían ser feliz y tener lo que siempre quiso.
—Me voy, no me siento bien.—Afirmó con acritud, mientras Esme veía algo molesta su actitud, pero de inmediato se olvidó de ella, porque el bebé que tenía en brazos reclamaba su atención.
Emmett la llevó a su choza, y ella se acostó de inmediato y arropó a su hija. No dijo nada cuando vio que Emmett se salía para ir a la fiesta. Sabía que no contaría con él para nada. Un nuevo plan se fraguaba en su mente. Tendría que esperar un poco, pero valdría la pena.
Su pequeña hija dormitaba en sus brazos, mientras ella le cantaba una canción de cuna, imaginando que pronto la tendría en una cuna de oro, como merecía.
Edward contemplaba arrobado a Bella, era increíble lo hermosa que era, cómo había esperado este momento, ahora era su esposa, para siempre. Le dio un beso en la mejilla y ella se ruborizó.
— ¿Nerviosa, señora Cullen?—ella sonrió algo intimidada por su nuevo nombre.
—Ahora ya no. Soy muy feliz.—su esposo le tomó la mano y la besó delicadamente, ella resplandecía de dicha.
—Bueno creo que es hora de que la feliz pareja se vaya de luna de miel.—comentó Alice cerca de Bella, lo que la hizo temblar inesperadamente, había suplicado por este momento y ahora que lo tenía, no sabía bien qué hacer. Alice prácticamente la arrancó de los brazos de su amado y la llevó a la recamara donde se dio a la tarea junto con Esme de cambiarla y prepararla para el viaje.
Algo estuvo a punto de decir Bella pero Esme la interrumpió.
—No te preocupes Bella, los niños se quedarán con nosotros hasta su regreso, después veremos que decides hacer al respecto.—Esme era un verdadero amor. Eso era lo que quería preguntar Bella y se quedó más tranquila.
Los nervios la hicieron temblar.
—No te preocupes Bella, irán a un lugar muy hermoso. Te lo aseguro. Además no es mucho tiempo, así que estarán pronto de regreso.—Pero su voz contenida decía otra cosa, no le habían dicho nada respecto a la luna de miel porque Edward quería que fuera una sorpresa. Las maletas ya estaban listas en el carruaje, y Edward la tomó de la mano en cuanto salió de la recamara, estaba impaciente por volver a tenerla en sus brazos.
—Wow, Edward, sólo fueron unos minutos, ¡qué posesivo!—Le reprendió con falsa molestia Alice.
—Es natural Alice, recuerda como se puso Jasper contigo…—un silencio y un suspiro muy largo le indicó a Bella que Alice había pasado por lo mismo.
—Les deseo la mayor de las dichas hija mía —el abrazo y las palabras de Esme, hicieron que Bella llorara de felicidad.
—Gracias, no tengo con qué pagarles lo que han hecho por mi.—Después de despedirse de casi todos los miembros de la familia y allegados, finalmente partieron. El día había sido gris pero sin lluvia y apenas eran las cinco de la tarde, había bailado, habían brindado y todo lo que podía ser tradicional en una boda, pero había llegado el momento de partir. Bella se sintió volar, pero en realidad Edward la llevaba en brazos, con tanto cuidado y ternura que ella estaba conmovida y emocionada. La subió al carruaje como una preciada prenda y finalmente cerraron la puerta y el carruaje se puso en movimiento. Ella suspiró mientras Edward le acariciaba dulcemente su cabello.
—Por fin eres mía para siempre Bella.—su voz emocionada, era un eco de lo que cantaba en su corazón, ella se sentía igual, ahora él le pertenecía, ambos eran uno solo. Y eso la tenía eufórica de felicidad.
En todo momento, Edward le decía frases tiernas y le prodigaba besos en el rostro, pero los besos en los labios eran fabulosos. El corazón de Bella se desbocaba con cada uno de ellos, el contacto con su boca la hacía desfallecer.
Finalmente después de un largo recorrido, Edward bajó con sus esposa dormida en brazos y entró en una hermosa casa. Era una parada dentro del viaje, para que ella pudiera descansar. Y aunque él deseaba muchas cosas, lo primordial era que ella descansara, ya llegarían a su destino y sería otra cosa.
Bella despertó sin saber bien dónde estaba, sólo era consiente de los brazos fríos de su marido y que estaba acostada.
—¿Estás bien amor, deseas algo? —la voz dulce y solicita de su marido la hizo sonreír de felicidad.
—Sólo a ti. — El acomodó el rostro en el cuello de ella, y sonrió.
—Nunca lo dudes, soy tuyo. —ella lo abrazó sintiendo que su corazón explotaría de felicidad.
—¿Dónde estamos? —preguntó después de unos minutos de disfrutar de sus besos, dejándola aturdida.
—Una parada antes de llegar a nuestro destino. Es sorpresa, y espero te guste.
—Contigo, cualquier lugar es hermoso. —La risa de él, la contagió y ambos rieron. Luego él se levantó y después de unos minutos, regresó con algo que colocó en una mesa, por el sonido metálico que produjo, Bella dedujo que era una charola.
—Debes estar hambrienta, no comiste mucho en la boda.—Ella fue consiente en ese momento que era verdad. No había podido comer nada porque los nervios la estaban torturando.
Se iba a levantar cuando las frías manos de su esposo, la obligaron suavemente a acomodarse en su regazo. Luego con delicadeza la hizo comer. Hasta que estuvo satisfecha.
—Me mimas demasiado Edward, puedo sentarme a la mesa y comer.—El sonrió.
—Pero así no podría disfrutar del toque de tu piel, ni alimentarte yo. —Ella admirada, sólo sonrió. Él era único. Una vez satisfecho su apetito, la llevó al tocador, donde la ayudó a cepillar su cabello, le ayudó a cambiarse y fue un momento muy bochornoso para ella. Escuchó el jadeo de él, y ella se avergonzó pensando que él no la había encontrado de su agrado o que algo en ella estaba mal.
Se cruzó los brazos en el pecho antes de que pudiera ponerse algo que tapara lo horrible de su cuerpo. Y una opresión en el pecho le hizo casi imposible respirar.
—No, por favor. No te cubras, eres tan hermosa. Me has hechizado Bella, no hay ninguna mujer que se pueda comparar con tu belleza. Eres perfecta…— sus manos hicieron que sus brazos se movieran y ella al escucharlo sintió que volvía a la vida. Era hermosa para él. Y era todo lo que necesitaba saber.
Y eso que no es la noche de bodas, aunque... quien sabe, jiji.
Gracias a: Guest (jamás las abandonaría), Caresme hermosa, Guest, bellami (no has tenido que esperar mucho), mil gracias.
Nos leemos pronto. Un gustazo poder escribir de nuevo y leer sus comentarios. Besos y gracias por sus comentarios.
