Cap. 39 LUNA DE MIEL
Ella se ruborizó, y él acercó su boca hacia su hombro, ella tembló de ansias. Los fuertes y fríos brazos de su Edward la rodearon atrayéndola hacia él. Su respiración se hizo pesada en cuanto los labios de Edward se posaron en su boca. El aire era insuficiente, el corazón galopaba salvajemente y sentía que estaba en llamas.
La llevó de nuevo en brazos hasta la cama y la depositó con suavidad, para luego recostarse junto a ella.
—Eres tan hermosa…—sus palabras estaban cargadas de pasión, haciendo que ella se sintiera como una reina, capaz de merecer a semejante ángel.— Eres tan perfecta… —en cada frase había una lluvia de besos, mientras ella intentaba alcanzar sus labios, él le prodigaba amor a raudales.
—Te amo Bella…—esa sola frase la elevó al cielo.
Las caricias se hicieron más apasionadas, más exigentes, los labios de él no le daban tregua a su piel ni a su boca, no tuvo piedad con ella, a pesar de estar en llamas. La ropa había desaparecido, nunca supo en qué momento, y lo que pudo haber sido, un intento de pudor, quedó olvidado ante la devastadora exigencia de Edward, besándola, acariciándola, llenando sus sentidos de sensaciones tan nuevas y placenteras que ella estaba en el séptimo cielo.
Después de un delicioso tormento, él se alejó un poco, mascullando cosas en voz baja.
—¿Porqué te detienes Edward?— Logró articular Bella en medio de jadeos. Edward se acercó a ella, y le musitó al oído:
—Porque este no es el lugar que está destinado para nosotros, esta es una parada antes de llegar al lugar que tengo reservado para nosotros.—Ella sonrió.
—A mi no me importa el lugar, siempre que tú estés conmigo. Entonces será el paraíso. —Un gemido de él, le indicó que estaba luchando consigo mismo.
—Por favor Edward, quiero ser tuya, no me hagas esperar más…—él ronroneó de placer ante sus palabras.
—Sólo quiero lo mejor para ti, lo mejor que ofrecerte mi amor…—ella buscó su rostro con las manos y lo sostuvo.
—Tú eres lo mejor para mi, lo que quiero es a ti, no puede haber paraíso sin ti. No importa si estoy en él. Sólo deseo ser tuya Edward —No acabó de terminar la frase cuando Edward estampó su boca con la de ella, bebiendo de ella, acariciándola, llevándola a un mundo de placer que era sólo para ellos dos. Acarició sus cabellos , besó con dulzura su cuello, besó con ansias sus pechos, se deleitó en su vientre, marcando cada parte de ella, haciéndola suya a cada momento. Reclamando cada centímetro de su sedosa piel, Edward sentía que el cielo estaba en sus brazos.
La amó con ternura, con deseo infinito, con ansias desmesuradas, con paciencia y amor.
La fue llevando por caminos de placer que ella jamás imaginó que existieran, la hizo sentir emociones nuevas y deliciosas.
Y cuando finalmente se posó en ella para poseerla, ella temblaba de ansias y amor, deseaba este momento, anhelaba ser suya en cuerpo y alma, él se detuvo y ella abrió sus piernas en una clara invitación a que la penetrara. Con sumo cuidado fue entrando en ella, deleitándose en las sensaciones tan intensas y placenteras, y conteniéndose para no arremeter con rapidez en ella porque podría hacerle daño, tuvo que apretar los puños y hacer un esfuerzo titánico para evitar dejarse llevar por la pasión, la que le ordenaba que la poseyera de manera intensa, de enterrarse en ella tan profundamente y beber de ella. La sed la relegó en el mismo momento en que apareció, no iba a perderla por la sed, evitó pensar en ello y se concentró en el delicioso aroma que emanaba de ellos juntos: Pasión.
Una vez que ella se sintió cómoda y comenzó a moverse, él siguió su ritmo. Pero estaba demasiado concentrado en no perder los estribos, esta mujer era su perdición. Su amor le daba fuerza para seguir y luchar contra esas ansias, esos instintos que le pedían todo de ella. Se contuvo a niveles titánicos, pero su recompensa fue mayor, los gemidos de ella, eran música celestial para él. Y cuando Bella llegó al orgasmo, en medio de movimientos frenéticos , espasmos de placer y gritar el nombre de él, fue todo lo que necesitaba para disparar su propio orgasmo, juntos, como uno solo.
Por fin habían consumado su amor. Y la noche aún era joven.
A la mañana siguiente, Edward abrazaba a Bella con una sonrisa radiante en su rostro. Era feliz
Espero puedan disculparme, aún no termino de resolver mis problemas, pero ya van un poco mejor, ya saben, a pesar de todo hay que hacer frente a los obstáculos que la vida nos ponga. Y bueno, la siguiente semana tendrán capítulo, ya vamos en la recta final de este fic, unos cuantos capítulos más y llegará el fin. Mil gracias por leerme y nuevamente una disculpa por mi retraso. Y comodije anteriormente, no abandono ningún fic, sólo que a veces no me dan el tiempo para poder escribir.
Besos
Bella Cullen H.
