Disclaimer:

Los personajes le pertenecen a Cassandra Clare.

Yo solo me divierto con ellos.

Capítulo 2. Will Herondale.

Will y Jem estaban peleando contra unos demonios que habían encontrado en un callejón.

Will reía mientras cortaba, golpeaba y volvía a cortar.

El último demonio cayó y ambos chicos se apoyaron en la pared para descansar un rato.

El de ojos azules captó un movimiento y se dio la vuelta.

No sabía muy bien lo que era así que decidió acercarse con cautela.

Sacó una daga por si acaso y continuó caminando.

El silencio de las calles era casi absoluto.

Will se dibujó una runa de visión nocturna para poder ver mejor lo que había delante de él y cuando pudo hacerlo, se arrepintió de habérsela puesto.

una manada de los más despiadados demonios se encontraba delante de él mirándolo con unos ojos amarillos aterradores.

El chico no era capaz de reaccionar. Por primera vez, Will Herondale se había quedado paralizado.

Jem había decidido seguir a su parabatai.

Llegó donde él estaba y se encontró con que estaba quieto como una estatua.

Carstairs no entendió por qué Will no se movía hasta que miró hacia donde miraba su compañero.

Jem no sabía si reír o tirarse de los pelos.

Delante de los chicos había una mamá pato y cuatro patitos pequeños que la seguían.

Se habían quedado quietos mirando fijamente a Will.

El chico salió de su parálisis y miró a esas bestias de manera desafiante.

"Cuac"

Aquel sonido espantoso le erizó los pelos de la nuca pero no lo demostró.

Otra mamá pato se acercaba con sus tres patitos.

-¡Nos invaden Jem! ¡Esas bestias nos quieren comer!

Will se acercó amenazante a aquellos horribles seres disfrazados de inocencia. Inocencia que era falsa tal y como él había descubierto hace bastante tiempo.

levantó su daga dispuesto a clavársela a una de esas bestias, cuando se avalanzaron sobre él.

Recibió varios picotazos de dos mamás pato muy cabreadas.

La daga se le había caído de la impresión.

Unos minutos después, cuando Jem consiguió sacar a Will de allí y evitar que volviera para matar a los pobres patos, el Herondale comenzó a despotricar contra ellos.

-Esas bestias inmundas Jem, han picado mi hermosa cara. ¿Cómo han podido atreverse a hacer tal cosa?

James suspiró.

-¿Y si me queda alguna cicatriz? ¿Qué será de mí si me queda alguna cicatriz en mi bella tez?

-No exageres William.

-¿Exagerar yo? ¡Yo no estoy exagerando! ¿Cuántas veces te advertí de que esos bichos eran malignos? ¿Cuántas veces? ¿Y tú me hiciste caso? ¡Por supuesto que no! ¡Y ahora esos horribles patos me han dejado la cara y los brazos llenos de picotazos!

Entonces se quedó en silencio y miró a su parabatai con tal cara de horror que Jem se preocupó.

-¿Y si me han contagiado algo? ¿Y si me convierto en un pato? ¿Y si me da la viruela demoniaca? ¿Y si me vuelvo caníval como ellos?

-En primer lugar Will, la viruela demoniaca no existe. En segundo lugar, no vas a convertirte en un pato ni volverte caníval. Y ahora, déjame hacerte una iratze.

El ojiazul permitió que su parabatai le pusiese la runa curativa.

-Y la viruela demoniaca sí existe.

Jem suspiró y se apoyó contra una pared.

Los chicos se fueron caminando después de un rato y llegaron al instituto.

Cuando Charlotte se acercó a preguntar qué tal había ido, Will negó con la cabeza y se fue a su habitación.

Allí, ideó varios planes en su cabeza para acabar con aquella especie demoniaca.

Sonrió malvadamente por sus magníficas ideas y se quedó dormido.