Por fin... aquí está el final.
Cap. 41 Si la amas…
Dos días después Garret llegaba con otro vampiro y su pareja, ambos de ojos color claro, lo que hizo que Edward descansara un poco, sin embargo la salud de Bella era sumamente precaria, ya con varios huesos rotos, era más que evidente que el parto se acercaba.
—Tenemos que llevarla lejos de la casa. —A pesar de las súplicas de Esme para que pudieran tenerla con ellos, Eleazar, el vampiro que había llegado con Garret le había dicho que necesitaba que estuvieran lejos de cualquier humano para que no salieran lastimados por si algo salía mal. No había que describir la agonía que Edward estaba sufriendo.
Nada podía calmarlo, mucho menos los despiadados pensamientos de Rosalie. Finalmente y a pesar de las protestas de la familia, Bella fue llevada a su hogar, a la mansión que Edward había preparado para ellos. Alice estaba triste y Jasper intentaba darle ánimos para que superara el momento. Esme se abrazó a Carlisle cuando sacaron a Bella y se la llevaron con sumo cuidado pero velozmente. Las explicaciones para la familia serían después. Lo urgente era sacar a Bella de ahí y ayudarla. De nada servía decirles que eran vampiros sus amigos, que podían ser letales y que no sabía que sucedería con Bella y el bebé. No se detuvo a decirle a su madre que Garret era un vampiro como él. Ni que sabría que pasaría, mucho menos que estaba peor que su madre, porque ser moría de angustia.
En más tiempo del que habían calculado con la velocidad vampírica y con muchos cuidados hacia Bella, al llegar a casa y depositarla en una habitación, sucedió …
Los gritos de Bella era estremecedores al igual que el sonido de sus huesos al romperse, Edward quiso evitarlo pero Carmen se lo impidió.
—Lo único que puedes hacer en este momento es morderla… —Edward la miró tan acongojado y asustado, que Carmen sabía muy bien por lo que estaba pasando.
—¿No hay alguna otra manera? Ella debe vivir, pero no así Carmen—las palabras de Edward estaban cargadas de una profunda angustia y tristeza.
—¿La amas?—preguntó la vampira.
—No hay palabras que definan lo que siento por ella, mucho menos alguna cantidad que mida mi amor por ella, es infinito.—Carmen lo abrazo y luego lo llevo a la recamara donde Bella estaba muriendo.
—Muérdela ahora Edward, antes de que sea tarde, hazlo y después entenderás lo que te he dicho.—Edward estaba en un dilema, no sabía que hacer, no quería hacerle más daño, pero tampoco estaba dispuesto a vivir sin ella. Mientras Eleazar intentaba evitar que Bella se ahogara con su propia sangre, Edward miró la escena, se sentía inmensamente mal, por haber expuesto a Bella a semejante peligro, pero él no lo sabía, no sabía lo que ocurriría y no quería este final.
Los segundos pasaban vertiginosamente y escuchó perfectamente cuando el corazón de Bella comenzó a latir más despacio.
—¡Ahora Edward, ahora!—le gritó Carmen. Él reaccionó en ese momento y … mordió. No una, sino varias veces, en distintos lugares.
En medio de un gran charco de sangre y un silencio espeluznante, Edward escuchó el llanto de su hijo, Carmen tomó al bebé en brazos y se lo mostró a Edward que miró embelesado a ese pequeñito que mostraba unos dientecitos que apenas iban asomando en las encías. Su corazoncito latía incesante y … lo demás fue silencio.
Bella yacía desgarrada, en medio de sangre . Muerta, como un huevo roto. Vacía y sin vida. Edward quiso gritar desesperado, quería salir de ahí y ponerse fin para alcanzarla, pero Garret lo detuvo.
—¡Dale un poco de tiempo Edward!— Garret tuvo que sostenerlo con fuerza y con ayuda de Eleazar, mientras Carmen acomodaba al bebé en sus brazos ya limpio y tranquilo como si supiera todo el drama que estaba sucediendo en esos momentos y luego de un rato finalmente lo dejó en su cunita. Con muchos esfuerzos mantuvieron a Edward lo que fue una eternidad para él. Hasta que pasado el crepúsculo, el sonido de un corazón humano se escuchó.
Edward quedó paralizado por la sorpresa y el alivio y Garret finalmente lo soltó, aunque Eleazar tardó un poco más en soltarlo también terminó soltándolo y de inmediato se dirigió hacia Bella, a quien Carmen ya había limpiado lo mejor posible y había tapado su cuerpo con una manta.
Edward miró con angustia como Bella comenzaba a moverse, al principio lentamente, casi sin voz y unas horas después empezó a gritar del dolor. Él sabía lo que ella estaba pasando, y le murmuraba palabras de consuelo y amor, mientras ella hacia esfuerzos sobrehumanos para no gritar, aunque a veces resultaba imposible y se dejaba llevar por el dolor.
—Sé lo que estás pasando amor, pero sé que podrás con él. Recuerda todo lo que has pasado Bella, recuerda que incluso en los peores momentos has salido adelante, te necesitamos amor, nuestro hijo y yo te necesitamos…—esas palabras llegaron a Bella. Su hijo, había tenido un hijo de Edward y estaba perfectamente, ahora en medio de los más atroces dolores, recordaba que su hijo había nacido.
Edward no se separó de Bella ni un solo segundo, y aunque Eleazar y Carmen le habían dicho que irían de caza, no le importó en absoluto. Garret estaba embobado con el bebé, lo paseaba, le hablaba contándole historias extraordinarias de guerras en las que había participado. Y más pronto de lo que hubiera querido, regresaron Carmen y Eleazar, mientras ella se llevaba al bebé para alimentarlo, Eleazar y Garret charlaron un poco.
—Esto es extraordinario, nunca hubiera imaginado algo así.—Comentó Garret mirando al bebé que se alimentaba con vigor.
—Yo sí había escuchado historias pero nunca creí ver algo así.—Garret lo miró con sorpresa —Sí, he recorrido el mundo no una, muchas veces y he escuchado historias asombrosas, de hijos de vampiros y humanas, aunque nunca he escuchado de alguna que sobreviviera. Por eso es más asombroso este nacimiento, la madre ya está transformándose y dentro de poco será igual que nosotros. No te mentiré, estoy nervioso, ya sabes como son los neófitos.—Garret asintió con pesar, pues era sabido que los neófitos no tienen control sobre su sed y son capaces de muchas cosas con la fuerza extraordinaria con la que cuentan.
—Creo que lo mejor para ellos es que se vayan con ustedes a Denali, ahí podrá pasar el año de neófita sin riesgo para los humanos.—Eleazar asintió a ello.
Las horas pasaron lenta y tortuosamente para Bella, en medio de gritos y momentos de valentía, hasta que sintió que su piel empezaba a ceder a la quemazón, poco a poco su cuerpo iba refrescándose de la espantosa quemazón y dejó de gritar, todo el tiempo había tenido los ojos cerrados, intentando mantener un poco de cordura y haciendo que los recuerdos gratos se pegaran a sus oídos y mente.
Finalmente su cuerpo quedó fresco y sin dolor, y su corazón finalmente se detuvo. Edward estaba en silencio, procesando que ella, ahora era como él.
Edward miraba a Bella, el cascarón roto que había quedado antes, ahora era una belleza increíble. Los cabellos largos y ensortijados que brillaban con la luz que se colaba. Sus facciones perfectas , su cuerpo completo era una oda a la perfección, no quedaba ni rastro de lo sucedido días antes.
Y Edward suplicaba que ella abriera los ojos. Quería saber si incluso su ceguera había sido curada del mismo modo.
Bella abrió los ojos, y sus pupilas escarlatas quedaron fijas. Edward contuvo el aliento y un estremecimiento de pánico se le hizo presente.
—¿Edward?—llamó con su dulce voz. Él no la había soltado ni un momento. ¿Acaso su vista no se había compuesto?
—Aquí estoy amor, junto a ti.—Bella volteó lentamente su rostro hasta que su rostro quedó frente a Edward.
Edward no pudo moverse, era como una estatua mirando a Bella. Esperando.
—Edward—su tono de ansiedad y pánico lo hicieron reaccionar.
—No temas amor, aquí estoy junto a ti.—Nuevamente un apretón que incluso fue doloroso para él pero no le importó.
—¡No puede ser!—exclamó ella y él estuvo a punto de derrumbarse.
—¡Eres increíblemente hermoso!—Edward salió de su estupor y miró de nuevo a Bella que esta vez pestañeó. ¡Lo estaba mirando!
—¿Me estás viendo?—ella soltó una risa musical y cristalina y él supo que sí. Que lo podía ver.
Antes de procesar que quería levantarse y abrazarlo, ya lo estaba haciendo. Edward estaba radiante de dicha.
—Puedo verte Edward, por fin puedo ver tu hermoso rostro, ¡lo que siempre anhelé!—Ambos se besaron con adoración.
—No Bella, tú eres extraordinariamente hermosa —En ese momento Carmen entró con el bebé en brazos, y se lo dio a Bella que lo acunó en sus brazos, feliz, estaba realmente feliz.
—Mi hijo, nuestro hijo —EL niño era tan hermoso, de unos preciosos ojos verdes intensos. Con el cabello cobrizo como su padre. Y la miraba con una esplendorosa sonrisa, como si entendiera el momento. Nada podía romper la felicidad de Bella en ese momento. Nada excepto…
—Edward…—Carmen de inmediato jaló al niño con ella.—Mi garganta… me quema…—Su mano se aferró a su garganta en un intento inútil de apaciguar la quemazón.
—Llévala de caza, Edward, tiene que alimentarse. Cuida que no haya humanos cerca o sería desastroso—Edward asintió y agradeció a Carmen su ayuda.
—Lo mejor será que después de alimentarse, se vayan a Denali, los alcanzaremos allá, solo quiero avisarle a tus padres que todo salió bien.—Un abrazo de Edward fue la respuesta. Y un gracias sincero antes de que se fueran.
Tan rápidos como la luz, desaparecieron de ahí. Carmen arropó al bebé que la tenía fascinada, Garret tampoco quiso dejarlos, los acompañaría a ver a la familia, aunque él esperaría lejos, ya tenía hambre y no quería hacer nada que pudiera lastimar a Edward.
Esa tarde lluviosa, Rosalie entró a la casa para decirle a Carlisle que revisara a su hija, la pequeña había tenido un poco de fiebre y ella estaba muy preocupada por eso. No quería que su hija sufriera. Los buscó en la sala y no estaban y cuando iba a entrar al despacho, escuchó voces. Se quedó en la puerta espiando.
—¡Es un bebé hermoso! Entonces ¿Bella está bien?—preguntó ansiosa Esme.
—Por completo Señora, no la reconocería en cuanto la vea, esta completamente saludable.—Comento Eleazar mientras Carlisle y Esme contemplaban arrobados al bebé. Rosalie no podía creerlo, no lo admitía, no sería asi.
Y en ese momento, giraron al bebé de tal manera que sus miradas se cruzaron. Rosalie lo observó unos eternos segundos y luego retrocedió asustada.
¡No podía ser cierto! ¡Un bebé no podía ser tan hermoso como aquél bebé!, era algo tan irreal, parecía un ángel, no. Se parecía a Edward. ¡No podía ser!
Salió corriendo de la mansión y se empezó a mecer los cabellos, comenzó a llorar y reír, no podía creer que aquel bebé asombrosamente hermoso fuera hijo de la ciega y de Edward. Caminó sin fijarse y entró al bosque, rabiando su odio, pensando en la ciega que le arrebataría todo.
Pero no le arrebataría nada. Con fría determinación, se dirigió al granero.
En casa, todos estaban felices por lo sucedido. Alice y Jasper al igual que Emmett estaban festejando la llegada del hermoso bebé y la recuperación de Bella. Aunque no los verían en un tiempo, sabían que todo estaría bien. El comedor era un hervidero de risas y alegría, Emmett se preguntaba donde estaría Rose, mientras cargaba a su hija que dormía placidamente a pesar del ruido.
En toda esa algarabía nadie noto que una cortina de humo empezó a brotar de las puertas.
—¿Qué demonios pasa?—gritó Jasper al darse cuenta. Corrió hacia la puerta que no pudo abrir, los demás también se dieron cuenta de lo sucedido y corrieron hacia la otra salida, pero fue imposible, por más que golpearon, no pudieron abrir.
—¡Auxilio! ¡Ayúdennos! Por favor— los gritos se sofocaban con el humo, nadie aunque hubiera querido los hubiera podido ayudar, Rosalie se aseguró de encerrar a todos los sirvientes en el grano con una trampa. Nadie podía auxiliarlo.
Las llamas alcanzaban una altitud considerable mientras los sirvientes gritaban aterrados por lo ocurrido, Rosalie reía feliz, mientras veía como todo se consumía. Era su venganza, todos morirían y Edward y la ciega lo lamentarían por siempre. Se llevaría a su hija a la ciudad y sería por fin inmensamente rica. Caminó hasta su choza mientras un destello de luz y un estruendo le indicaban que la construcción comenzaba a derrumbarse, pero entonces al mirar al interior de la choza, su hija no estaba ahí. Entonces con un rayo de feroz comprensión, supo que su hija estaban en la mansión.
—¡No! ¡No! ¡No!—corrió de nuevo hacia la pira que ahora era la mansión y empezó a quitar los objetos que había puesto para atrancar las puertas, corrió hacia dentro pero no pudo ver ni respirar, el humo era tan denso que podía ver nada. Fue cuando lo vio, un hombre muy hermoso de ojos rojos salía de ese infierno con cuerpos cargando. Los dejó afuera y regresó por los demás a una velocidad imposible.
Y fue cuando regresó al ultimo cuando vio a Emmett o lo que quedaba de él y llena de pánico gritó:
—¡Mi hija!—corrió hacia dentro sin importar no poder ver ni respirar, al llegar al comedor, se tiró desesperada para poder encontrar a su hija, esto no le podía estar pasando a ella. Garret entró de nuevo para sacarla y dejarla semiinconsciente en el piso. Y regresó por ultima vez con un pequeño bulto que envolvió con otra manta que estaba en una choza. No pudo hacer nada porque la bebé ya estaba muerta. Con tristeza la dejó en la cunita y miró a los demás que estaban moribundos y supo que tenía que hacerlo. Mordió a todos y después se los llevó a la casa de Edward. Sólo dejó a Rosalie porque ella no estaba herida de gravedad y sospechaba que algo había tenido que ver con lo sucedido.
Diez años después:
En una hermosa mansión, un poco más lejos del lugar donde tiempo atrás se había dado una tragedia, de la cual poco se supo, ahora era habitada por una familia peculiar.
Todos ellos de una hermosura sin igual, todos ellos extranjeros provenientes de Alaska, y poco sociables. Pero muy envidiados.
Un joven muy guapo de ojos verdes y cabello cobrizo celebraba con sus tíos Alice y Jasper, el título de doctor, mientras sus abuelitos Carlisle y Esme lo miraban felices y orgullosos el festejo que Alice le había hecho a su adorado sobrino. Sus padres miraban con ternura como su familia se hacia ahora fuerte. Sólo había una nube en su cielo de dicha.
—Mi felicidad sería completa si Emmett fuera feliz —comentó Bella, que estaba enfundada en un hermoso vestido color azul, con el cabello recogido en un peinado elaborado que la hacia lucir como una princesa de cuentos de hadas, a su lado, Edward era el hombre o mejor dicho, el vampiro más afortunado del mundo, tenía a toda su familia con él. A su hijo que ahora era un doctor como su abuelo Carlisle, feliz y sano, y tenía al amor de su vida a su lado.
También lamentaba que Emmett aún sufriera por su hija y por Rosalie, quien después del accidente, al ver a su hija muerta, y no soportar el dolor, fue víctima de una apoplejía que la dejó semi paralizada. Emmett pagó para que la tuvieran en el mejor hospital de la región. Pero no hubo manera de hacerla reaccionar, para ella, su hija estaba dormida en la cunita que le habían puesto en su cuarto porque de lo contrario, se la pasaba gritando y ponía nerviosos a otros pacientes.
Además, quedó con quemaduras en el rostro y parte del cuerpo, lo que terminó de llevar a la locura a la infame rubia. Bella la visitó un domingo en compañía de la familia.
Cuando entró y observó lo que quedó de la antes bellísima Rosalie, no pudo evitar un gesto de pena. Mientras Rosalie al verlos entrar y reconocer a Bella en esa mujer de ensueño, comenzó a gritar disparates. Las enfermeras tuvieron que acostarla en la cama y darle un calmante porque comenzó a alucinar y decir que había vampiros de ojos rojos, que todos eran vampiros. Hasta que se quedó dormida. Los Cullen salieron de ahí apenados.
Rosalie murió un año más tarde en medio de atenciones por parte de los doctores que no pudieron hacerla entrar en razón. Y Emmett por fin pudo descansar un poco. Sufrió por ella y por su hija, pero al parecer la vida le deparaba otra sorpresa. Treinta años después encontró el amor en una vampira solitaria que se adaptó perfectamente a la familia: Claire. Una rubia que lo adoraba. Eran una pareja ideal.
El amor entre Edward y Bella fue tan fuerte y tan intenso que nada ni nadie pudo romperlo. Ellos habían roto toda barrera que les habían puesto, derrotaron incluso a la muerte y ahora, son felices con su hijo y toda su familia.
—Gracias Amor, por darme vida de nuevo—murmuró Edward en el oído a Bella mientras veían desde el balcón la esplendorosa luna llena en el cielo.
—No Edward, tú me diste vida a mi, me diste una familia, un hijo…—Edward la miró embelesado.
Y le puso un dedo en la boca.—De no ser por ti. Yo hubiera muerto desde hace mucho. Gracias por darme todo en la vida. Gracias por hacerme comprender que el amor es ciego. Gracias por amarme—Bella no dijo nada. No podía, sabía que también él la había salvado en muchas maneras, y que a pesar de los obstáculos que les pusieron, su amor fue más fuerte. Disfrutando de un mundo lleno de colores, de vida, de formas y figuras tan extraordinarias que Bella comenzó a aficionarse a la pintura. Había tanto por ver…
Ahora su amor era eterno. Y ella no se cansaría jamás de ver a su deseable y atractivo marido. Ni a su hijo que ahora ya era todo un hombre muy apuesto. Las damas se peleaban su presencia y Alice disfrutaba mucho llevarlo de viaje a lugares que eran verdaderamente maravillosos. Jasper sabía que en cuanto tuviera su consultorio, le lloverían los pacientes, o mejor dicho "las pacientes" que harían lo que fuera con tal de que su sobrino las revisara.
Todo ahora era perfecto. Ahora todo sería ser felices. No por un minuto, no por un año, sino por toda la eternidad.
FIN.
Espero les haya gustado el final, disculpen la tardanza pero no podía entrar a ffnet. incluso una amiga mía me prestó su cuenta, pero no pude hacer nada, hasta ahorita a estas horas, les estoy dejando el capítulo. Caresme, adriana, Prettybells y todas las demás, mil gracias por seguir el fic, espero les haya gustado y pues vamos por los que siguen. Un abrazo y un beso de mi parte, gracias por leerme.
