LA PRINCESA DE LA LUNA Y LA ERA DE LA PERSEIDA ROJA
PARTE III: CUARTO CRECIENTE
MINAKO
.
.
"No hay un lugar que me haga olvidar, el tiempo que pasé andando por tus calles junto a ti.
Ven, quiero saber por qué te fuiste sin mí, siempre tuve algo que contarte". LODVG.
.
.
—¡No, no lo hagas! ¡Es mejor así!
—Pero… Mina…
—Estoy bien, de verdad. Ahora, ¡anda!, los chicos se deben estar preguntando en dónde estás.
—¿Irás esta tarde? Dime que lo harás.
—Lo haré…
Nuestras últimas palabras han rondado por mi mente durante cinco años. En ocasiones me torturo cuestionándome si acaso debí haber aceptado su última demostración de amor, si hubiese sido más reconfortante sentirme apresada entre sus brazos y saborear la menta de sus labios, aunque fuese sólo una vez más.
¡Minako Aino!, tú y tu nula capacidad para ser clara en tus palabras.
¿Por qué? ¿Por qué no le dije que no deseaba que se fuera? ¿Qué me impidió echarme a sus brazos hasta convencerlo con cada uno de mis besos que yo era su presente y debía ser también su futuro?
Palabras, preguntas, un sinfín de suposiciones que sólo se quedaron en eso, en un secreto que guardé celosamente durante años. Intimidades de tiempos más felices en los que no había más mundo que sus labios sobre los míos, la ternura de su alma incrustada en mi corazón y sus incontables poemas que aún conservo como un doloroso recuerdo de que alguna vez alguien me amó.
—¿Qué lees?
—No voy a decirte.
—¡Anda, déjame ver! ¿Acaso es una carta de amor?
—Propiamente no es una carta, pero sí es una declaración de amor.
—¡Qué lindo! Por favor —volví a suplicar— déjame verlo.
En vez de eso, él se hubo puesto de pie mientras con acento, si bien extranjero, también muy bonito me susurró al oído la primera parte de aquello que leía con tanto esmero:
—La Belle Dame sans Merci —comenzó a decir…
"Una dama encontré en la pradera,
de belleza consumada, bella como una hija de las hadas;
largos eran sus cabellos, su pie ligero,
sus ojos hechiceros.
Tejí una corona para su cabeza,
y brazaletes y un cinturón perfumado.
Ella me miró como si me amase,
y dejó oír un dulce plañido.
Yo la subí a mi dócil corcel,
y nada fuera de ella vieron mis ojos aquel día;
pues sentada en la silla
cantaba una melodía de hadas.
Ella me reveló raíces de delicados sabores,
y miel silvestre y rocío celestial,
y sin duda en su lengua extraña me decía:
Te amo.
Me llevó a su gruta encantada,
y allí lloró y suspiró tristemente;
allí cerré yo sus ojos salvajes
sus ojos hechiceros, con mis labios". *
—Oh, ¡puedo entender que al final ella se parece bastante a mí, y él a ti!
—¡Qué perspicaz señorita Aino! ¿Acaso te he contagiado de alguna enfermedad rara? —preguntó con socarronería que más que molestarme, me encantaba—. Justo es así. ¡Cuán grande es la estrella de Keats para enarbolar con palabras lo que yo sólo puedo hacer con acciones!, ¿no lo crees?
—Prefiero tus acciones —le musité antes de perderme entre sus brazos.
Que la vida se hubiese quedado así, que mis poderes hubiesen sido los suficientes como para vencer al tiempo y perderme en la eternidad de sus palabras. Ahora sé que bien pude haber muerto en aquel momento y lo habría hecho feliz.
Pero luego vinieron los malentendidos, las decepciones, los bandos, el despliegue de pasados, futuros y responsabilidades chocando con nosotros y el mundo que hubiésemos construido entre poemas y travesuras. Quedamos tristemente atrapados en esa guerra que jamás nos correspondió y de la que ni él, ni yo quisimos escapar.
Mientras memoré por undécima vez lo anterior, entré a casa con los zapatos más mojados que nunca. Los últimos dos días fueron terriblemente dolorosos para las heridas que no terminan de cerrar. Primero Serena, quien me habría caído de improvisto una tarde noche, en que con más fuerza que nunca yo recordaba a ese que me había roto el corazón. Venía tan desorbitada, tan llena de lágrimas; que en ese momento no pude más que pensar en el día en que decidí olvidarle por primera vez.
Había llegado a casa luego del colegio con la cara rojiza, mi madre me esperaba con una sarta de regaños pues ya le habían comunicado de la escuela que yo había abandonado el famoso "Club de Lectura" del que nadie se esperó quisiese ingresar.
—¡Sabía que era otra de tus tretas, Minako!, pero esta vez has ido muy lejos. ¡Mira que hacerme comprar toda esa hilera de libros!
No contesté, seguí mi camino rumbo a mi habitación. Mi madre manoteaba al pie de la escalera y yo sabía que me esperaba al menos un tiempo sin mesada, ni escapadas al Crown con mis amigas. ¡Qué más daba todo aquello, si lo que realmente me importaba me trataba peor que a nada!
¡Cuántos esfuerzos tenía que hacer para ser lo suficientemente buena a sus ojos! ¡Qué tenía ella que no tuviese yo! Por primera vez en toda mi vida me había sentido incómoda conmigo misma y eso me dolía.
En las semanas siguientes, poco o nada me costó intuir su verdadera identidad, otro secreto que guardé porque al igual que él, que ellos, yo había estado en esa posición solitaria; en la búsqueda de una Princesa que debía ser el motor de mi todo. Entonces, fue que llegué a comprender medianamente que quizá, jamás obtendría una mirada más allá de la que más a fuerza que de ganas me regalaba de vez en cuando, pues su universo entero giraba en torno a otra mujer. Pero, de ser lo anterior la realidad, ¿por qué siempre estaba tan cerca de ella?, era mi amiga y aun así no podía dejar de sentirme miserable al no entender sus bromas intelectuales, sus miradas retadoras que me sabían a coqueteo más que a nada, ¡por qué conmigo no podía ser así!
Esa habría sido la primera vez que intenté olvidarle, ojalá lo hubiese hecho.
De haber sido así, tal vez el impacto de saberlo de regreso en boca de Serena no me hubiese hecho trizas los años de esfuerzo por sobrellevar mi soledad.
—¡Mina! —berreó Serena al tiempo que se arrojaba a mis brazos para lloriquear por espacio de quince minutos.
—¡¿Qué tienes?! ¡Serena, háblame, me estás asustando!
Pregunté si había sido Darién, en casa, algo con la fundación, pero ella no hacía más que llorar y mojar mi camiseta.
Serena no decía nada, pero algo me decía que esas lágrimas no podían ser por nadie más que por él, y sin demostrarlo yo también comencé a llorar internamente, ahí en donde el dolor jamás había desaparecido.
—¿Seiya? —inquirí intentando no sonar atropellada como siempre lo era.
—¿Ya lo sabías?
Aguanté lo mejor que pude el nudo en la garganta, después de todo yo no tenía porque verme afectada.
—No, pero esas lágrimas no podrían ser por alguien más.
Serena me vio con los ojos azules muy abiertos.
—Es que yo…
—No digas nada, todas sabemos lo que sientes. Dime, ¿le has confesado a Darién que amas a alguien más? Por eso has estado tan rara, ¿verdad?
—Peor que eso Mina, terminé mi compromiso al saberlo en la ciudad, pero ahora él …
—¡Están aquí! —le interrumpí gritando sin poder esconder mi conmoción.
Luego de su confirmación, le escuché todo el relato en un esfuerzo sobre humano por no externar mis propios demonios.
¡Él estaba aquí!
Una vez que Serena se quedó dormida, agotada por la decepción que la consumía un ardor incómodo emergió de mis entrañas.
Me era casi imposible el creer que Seiya fuese igual, tenía que haber un error en todo, y yo tenía que hacer algo, aunque eso me valiese un reencuentro no planeado con quien me había abandonado.
A la mañana, Serena no quiso hablar demasiado, pidió un taxi y se fue rumbo a su casa, y en realidad yo tampoco indagué más de lo poco que me contó. Desconocía el cómo y cuándo habían vuelto, pues ella se limitó a narrar los últimos acontecimientos, desde su ruptura con Darién, hasta el terrible adiós con Seiya. En vano intenté hacerle ver que lo de Rini tenía solución, ella no escuchó y por un momento temí que en verdad la estuviésemos perdiendo.
Serena ya no era ni remotamente aquella niña llorona de antaño, yo tampoco lo era.
Me había empeñado durante años a enriquecer mi personalidad, harta de ser vista sólo como una cara bonita, tal vez internamente deseaba con esto, lograr que él de alguna forma también se enterase. Tonterías que yo misma me creaba en la cabeza, digo tonterías porque él no estaba, y creía no iba a regresar hasta ese día.
Así fue como haciendo a un lado mis propios sentimientos, tomé la decisión de intervenir, pero a pesar de que sabía que mi forma de ser había cambiado y que incluso podía ostentar una madurez que hubiese causado risa en mis años de adolescencia, no era lo suficiente tratándose de un evento de esta magnitud.
Mis sentimientos me jugarían en contra e irremediablemente la Mina Aino imprudente y visceral terminaría por aparecer tarde o temprano. Tenía que buscar ayuda, tenía que idear un plan en conjunto para ayudar a Serena y a Seiya, aquella historia no podía terminar así, no después de que al fin se habían decidido a estar juntos.
Fue entonces, que recordé que Serena había a mencionado a Rei en todo esto, ella fue la primera en saberlos de regreso, teníamos que hablar.
Por la tarde, justo antes de que empezase la lluvia torrencial, me enfilé al templo, y lo que vi al pie de las escaleras me dejó perturbada sin duda.
Yaten Kou.
El menor de los hermanos, y mi dolor de cabeza durante un tiempo en la Preparatoria.
Confieso, que intenté utilizarlo o incluso hasta ganarme su gracia, pero después de todo comprendí fácilmente que era Yaten, y que él y yo no teníamos nada por construir. En primer lugar, porque ese niño no tenía ninguna intención hacia mí y porque muy a mi pesar, yo gustaba más de lo totalmente opuesto, y en ese sentido Yaten y yo compartíamos algo, una desorbitada necedad por el aire de estrellas inalcanzables, puedo jurar que él más que yo.
Cuando lo vi bajando de casa de Rei, la primera idea que cruzó mi mente fue la endemoniada belleza que no dejaba por rodearle, temiendo que, si él se había conservado y hasta mejorado de aquella manera, seguramente los otros dos igual.
Yaten ya no era un niño, era todo un hombre que podía decirme mucho de mi propio delirio y eso, debo aceptar que me asustó.
La segunda idea fue qué demonios hacía él ahí, y acostumbrada a sus desplantes, para nada me fue extraño el verlo huir de mí. No podía tomarme personal aquello, Yaten no sabía que yo ya no era la chica que busca un autógrafo y, además, podía terminar cometiendo una locura.
Aun con todo esto, Rei no fue mejor que él; no habló más que lo elemental que yo ya sabía de boca de Serena, y me pidió de la manera más atenta no entrometerme al menos por el momento, aquello me hizo sentir mal, me resultaba doloroso que ella aun sabiendo que ya no era como antes, desconfiara de mí en momentos así.
Pero eso no me vencería, menos sabiendo que Serena me necesitaba, era tan profunda mi conexión con ella que estaba dispuesta hasta arriesgar el propio corazón si acaso servía para salvar el de ella.
Entendiendo que no iba a obtener nada de Hino, me dispuse a apostarme con discreción al día siguiente a las afueras del templo. Conocía bien los horarios de Rei, y algo me decía que tarde o temprano ella podría conducirme hasta ellos.
No me equivoqué, cuando pasado el mediodía, ella subió a su auto luego de hacerme seguirla hasta el teatro y se enfiló hacia unos de los distritos más cotizados de Tokio.
Fue un terror para mí el trayecto, que acostumbrada como estaba a ser trasladada a todos lados o bien a caminar, el manejar un auto me era motivo de estrés, y Rei no ayudó en nada con su exceso de velocidad.
Un corazón roto es mejor que dos, pensaba mientras la seguía para darme valor.
Era un hecho que ellos vivían ahí, me lo decía el sitio que parecía gritar exclusividad en cada pared. Rei entró con facilidad, pero yo cómo haría, qué diría en vigilancia.
Como fuese me aventuré, siendo aquello que me ha molestado durante años, mi estrella de la buena suerte.
Al principio de mi carrera como actriz, antes de que me decidiese por el mundo del teatro musical, me dejé envolver con relativa facilidad en los reflectores gracias a una invitación a la realización de un comercial de comida chatarra muy famosa en Japón. Puedo decir con toda seguridad que ese pasado me ha molestado durante mucho tiempo, pero que el día de hoy me valió una entrada sin tanto meollo hasta donde estaba Rei.
Me estacioné entonces a una distancia prudente de ella, temiendo que me llevase un chasco, y que todo aquello no fuese más que otro producto de mi interminable imaginación, pero en el momento mismo en que activé la alarma y me puse las gafas oscuras, el mundo se me fue al piso al escuchar esa voz que tantas veces me recitó poemas de amor al oído.
—Mina…
Me giré en el acto esperando que aquel timbre tan conocido fuese una treta de mi mente y los nervios de hacer algo indebido, pero no.
Ahí, frente a mí estaba como si nada el hombre que me dejó sin importarle lo vivido.
Nada más, y nada menos que Taiki Kou con su altura pronunciada, su incorregible cabello largo y sus ojos amatistas que me parecieron más brillantes que nunca, viéndome como si lo hubiese hecho ayer.
Me sentí herida, nuevamente pequeña y una tonta a juzgar por el calor envolvente en todo mi cuerpo, mientras él parecía tan cómodo en mi presencia.
—¿Qué haces aquí?
¡¿Qué hago ahí?! Grandísimo…
Antes de que las palabras comenzaran a salir de mi boca atropelladamente, bajé la mirada tan sólo para buscar nuevamente mis llaves.
—Espera, Mina… yo quería ir a verte y…
—¿Querías? Bueno, pues ya me viste.
—Supongo que ya sabes lo de Seiya y Serena.
—Es mejor que me vaya, fue un error venir y…
Las piernas me temblaban y yo estaba a punto de soltar las lágrimas como aquella vez del campamento en que me rendí ante él.
Eso fue hace muchos años, Mina… me dije antes de abrir definitivamente la puerta de mi auto. Y como fue entonces, fue ahora, Taiki no me detuvo y yo, yo volví a llorar alejándome de él.
.
.
"Tú tan reservado, y yo pidiendo tanto de ti, tanto de mí.
Tu mano era mi fe, mi propia piel y de repente…
Me soltaste, me soltaste, cuando más necesitaba aferrarme". J&J.
.
.
*Nota de autor: Fragmento del poema La Belle Dame sans Merci de John Keats.
Conejitos, mil disculpas pasé por una especie de bloqueo que no termina por sanar, creo que la mejor cura es no presionarme con este capítulo en el que quería contar tanto y a la vez nada, me angustió la extensión que no correspondía con los demás y demás cuestiones que no vale explicar. Luego de darle mil vueltas al borrador, que juro tengo desde hace mucho, me decidí a dejarlo así, corto, esperando que cambiando de página las ideas vuelvan a fluir.
Espero no decepcionarlos, entramos a la tercera etapa del fic, como tal vez ya se dieron cuenta, los narradores volverán a cambiar, siendo mis bebés los constantes en todo esto.
Sé que algunas partes de aquí les van a causar ruido, pero déjenme explicar un poco.
La historia central sabemos que es un SxS, pero la verdad siempre me ha gustado ahondar en otros personajes, en este caso, hice algo de trampa, hace tiempo escribí "Siempre tú", mi primer y único MinaxTai, aquí lo retomé para no meterme en el embrollo de emparejarlos como pretendo hacerlo con Rei y Yaten, digamos que le adelanté. Así es que, si sólo estás leyendo esto, te recomiendo que te lo eches de una para que entiendas bien el contexto de este capítulo y los venideros.
Dicho lo anterior, me tienen de vuelta mi adorado Fandom. :)
WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!
