Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: Es un AU (Universo Alterno). Tiene algunas palabras obscenas.
Amante de Sangre
2. La primera.
Los rayos de sol se filtraron por la ventana, acariciando su suave piel nívea e interfiriendo en su frágil conexión con el encantador mundo de los sueños. Se revolvió perezosa en la cama, intentando adoptar una posición cómoda para volver a sumirse en su placentero descanso, y sin embargo, no pudo. Las imágenes de la noche anterior acudieron con pericia a su mente y entonces percibió sus músculos agarrotados, su cabeza dar breves pinchazos en sus sienes y una hambre atroz y voraz en su estómago.
Se dio la vuelta, quedando bocarriba, mirando el techo blanco de su habitación grande y espaciosa. Inconscientemente se llevó dos dedos a su cuello, justo allí, donde tenía una marca roja, de dos pequeños agujeritos. Y fue como sintiera, nuevamente, sus colmillos clavarse, como si la escena se estuviera repitiendo una vez más. Las palabras hicieron eco en su mente, recordándole quién y qué era ella ahora. Una amante de sangre. Y…mierda, no era justo.
Cerró los ojos mientras un escalofrío la recorría por completo, pese a estar debajo de las calientes mantas. El significado de aquel término la asustaba como nunca antes nada lo había hecho. Sakura siempre fue una chica intrépida, divertida y curiosa, con pensamientos demasiado liberales para una señorita de su clase, y por los que era, normalmente, rechaza, pese a su belleza exótica. Porque sí, era extraña en todos los sentidos, y ella seguía sin comprenderlo. ¿Por qué la eligió a ella?
Era absurdo e ilógico. Ser una amante de sangre consistía en tener un dueño, perdías total libertad en tus decisiones, aunque en realidad, en la sociedad en la que vivía, nunca la tuvieras. No eras la esposa de tu señor, no tendrías tal privilegio, y seguirías siendo suya hasta que él decidiera lo contrario. Debías alimentarlo, procurar complacerlo y nunca pedirle o exigirle nada. Esclava. Para Sakura la palabra correcta para describirla sería concubina, por no decir puta.
Odiaba con toda su alma esta situación y lo peor era que no podía evitarlo. Todas las jóvenes de su raza, al cumplir la edad de dieciocho años, no comprometidas o casadas, eran presentadas en sociedad en una de esas ostentosas fiestas, como la de aquella misma noche. Si eran elegidas, serían unas afortunadas, sino, algún defecto debían detener. En definitiva, ese ritual clasista e hipócrita era el que marcaba la diferencia entre ser aceptada o no. Cuanto mayor fuera el rango y pureza de tu señor, mayor sería tu nivel.
Y Sakura seguía pensando que ella no encajaba allí. La aturdía toda aquella felicidad desbordante que sentían sus padres por la bendición que recibió su pequeña hija esa noche Ella no era, precisamente, el estereotipo de una amante de sangre. Se suponía que debía ser dulce, amble y dócil. Ella no lo era del todo, más bien tenía instintos rebeldes muy conocidos entre los suyos. Podría ser hermosa, pero su carácter bastante variable le quitaba muchos puntos. ¿Entonces por qué ella? Y sobre todo, ¿por qué él?
Joder, era un sangre pura, no era cualquier hombre de pacotilla con aspiraciones al poder, simple y llanamente, él tenía el poder en sus manos para hacer y deshacer lo que gustara. Ella era una pobre diabla, su familia no era ni la mitad de prestigiosa como la suya, ni mucho menos, eran personas importantes dentro de la escala social. Eran nobles, sí, pero no formaban parte de la elite, de los que estaban más cerca de los Ancestrales, los vampiros más antiguos. Podía haber elegido a cualquier otra más adecuada para ese puesto, para servirlo a él, y aun así, la tomó a ella.
Suspiró con resignación, quizás nunca obtuviera la respuesta a esa pregunta, no lo sabía y tampoco era correcto preguntárselo, ofenderlo tampoco era un plan sumamente brillante y podía poner en algún aprieto a su familia si lo hacía. La responsabilidad caía sobre sus hombros como dos ladrillos de hormigón, una carga demasiado pensada para su débil cuerpo.
Se desperezó, escuchando el rugir de sus tripas rogando por algo de alimento. Se levantó con parsimonia, sintiendo su cuerpo lánguido, falto de energía, de esa que la hacía vibrar, saltar y brillar por sí sola. Aún con el camisón puesto y una bata larga y acolchada, se dirigió a la cocina de su hogar, arrastrando los pies, deslizando sus zapatillas por el suelo sin ningún reparo, pese a no tener ya cinco años y proseguir con sus viejas costumbres infantiles.
– ¡Frentona! –Lo primero que la recibió al llegar a su destino fue el inconfundible grito de su mejor amiga, Ino, dejándola, como mínimo, sorda. La rubia la abrazó con fuerza con demasiado entusiasmo. Sakura experimentó el abandono del aire de sus pulmones y un ligero mareo, la habitación la dio vueltas – ¡Qué suerte tienes!
–I-ino…n-no me d-dejas r-respirar –exhaló entre jadeos la joven.
La muchacha la soltó abruptamente, ante el repentino movimiento, la pelirrosa se tambaleó desorientada. Los ojos azules de su amiga se clavaron en ella, interrogándola con esa simple mirada, examinando su rostro pálido, tomándola por los hombros.
– ¿Te encuentras bien, Sakura? Vamos, no seas dramática, no te agarré tan fuerte…
Asintió con la cabeza.
–Tengo hambre. –contestó como si con eso lo diera a entender todo.
Ino la ayudó a sentarse en una de las sillas. La cocinera se acercó y le sirvió el desayuno a la joven. Los orbes jades de Sakura brillaron con entusiasmo al contemplar su magnífica comida, oh, y su café, su bendito café. La rubia la vio masticar y disfrutar en silencio, sin perderle detalle. Era bien sabido por ella que a la pelirrosa no le hacía la maldita gracia todo ese temita de la amante de sangre. Es más, dudaba mucho que se sintiera tan afortunada como la veían las otras, e incluso, ella misma.
–Frente–levantó la cabeza y la observó. – ¿Eres consciente de quién es tu señor?
Sakura chasqueó la lengua con desagrado. ¿Qué si era consciente decía? Claro que lo era. Otra cosa diferente era que le pareciera bien.
–Sí, cerda, lo soy.
–Tienes suerte–declaró.
Un silencio incómodo se cernió sobre ambas, la tensión se podía contar con cuchillos. Sakura se limpió la boca con demasiada fuerza, tirándola luego sobre la mesa, ofendida con tal blasfemia pronunciada por su amiga. ¿Suerte? ¿A eso ella llamaba tener suerte? ¿A tener un dueño? Era injusto. ¡Maldita sea! Era injusto. Las mujeres estaban destinadas a ser siempre esclavas de los hombres. ¿Y ellos? Ellos eran la raza superior.
– ¿De verdad piensas eso? –arrastró las palabras, enojada, incluso una venita se pudo ver marcada en su frente.
–Sí, lo pienso. Él es un sangre pura, Sakura. –le respondió como si con eso se lo dijera todo, todo.
– ¿Y sólo por eso debería de sentirme feliz?
–Sí, deberías. –la rubia mantuvo la calma durante la conversación, al contrario que Sakura. –Él te escogió a ti, había otras más adecuadas para su posición y, sin embargo, te eligió a ti Sakura.
–Gracias por recordarme que no estoy a su altura, Ino–bufó la pelirrosa.
–No quise decir eso, frentona, y lo sabes.
Sakura tenía que admitirlo, sabía que Ino no hacía todo aquello con mala intención, pero seguía molestándola profundamente. Encima tenía que sentirse afortunada y no, ella no podía sentirse así.
– ¿Y cuántas más pasaron antes por mi situación? ¿Cuántas más fueron suyas hasta que él se cansó de ellas y las tiró a la basura?
–Ninguna. Tú eres la primera amante de sangre de Sasuke Uchiha.
Se llevó su taza de humeante café recién hecho a los labios, disfrutando de su sabor amargo y fuerte en su paladar. Delicioso. Extendió el periódico delante de él, tapando, de esta forma, su rostro anguloso, el cual, denotaba concentración en la lectura ante él. Sin embargo, un extraño olor dulce lo sacó de su ensimismamiento, logrando que su mente se llenera de recuerdos recientes, para ser más concisos, de esa misma noche.
Arrugó el ceño, apartando los ojos del artículo y buscando el objeto del aroma. Lo encontró en un pastel de fresas encima de la encimera. Y, nuevamente, no pudo evitar embocar la imagen de ella. Sakura Haruno. Mierda. Aún se preguntaba por qué carajo la había elegido a ella, teniendo tan amplio abanico de posibilidades. Diferente. La respuesta la vino de ninguna parte, surgiéndole las palabras en su mente en una exhalación.
Ella era diferente a las demás, no era la típica muchachita estúpida, lo había notado desde que la vio entrar por ese gran salón del brazo de su padre. Es más, se lo había demostrado levantando el mentón con dignidad y confianza al acercase a él, pese a que supiera que, en realidad, no sentía ninguna de las dos cosas. Simplemente, por el hecho de intentar fingirlo, ya lo había impresionado. No todos los días se veían jóvenes como aquella. No, por supuesto que no. Incluso su aspecto era algo particular. Porque ¿y quién tenía el pelo rosa natural?
Sin lugar a dudas, ella no era común. Pero seguía sin comprender por qué la eligió a ella. Era bien sabido por Sasuke el carácter de mil demonios que se gastaba, era una chica con ideas revolucionarias, escandalosa, romántica y que tenía un buen derechazo. Una molestia. En todos los sentidos. Joder, tenía una molestia como amante de sangre y lo más gracioso del caso es que él, así lo quiso, y no tenía la más remota idea de por qué lo hizo. Genial.
Y, aun así, no lo pudo evitar, no podía permitir que Sakura fuera de otro. La sangre explotó en sus venas, corriendo como la pólvora por todo su cuerpo, al distinguir a esa idiota acercarse a ella. Era inaudito e incomprensible para Sasuke sentir aquel volcán de rabia en su interior, y además, expresarla. Él nunca transmitía nada. Imperturbable, frío, inexpresivo. Sus orbes ónix como la noche se tiñeron, por un instante, del rojo del líquido de la vida, del color del asesino salvaje de su oscuridad. E hizo lo que no esperaba hacer: la señal. La atmósfera del salón se podía cortar con un cuchillo debido a la creciente tensión que la embargó y, desde el otro lado, pudo notar el miedo que atravesó el frágil cuerpo de Sakura.
Sonrió de lado al recordarlo. Ella era una jovencita inexperta, que apenas había vivido lo suficiente como para poder sobrellevar ese tipo de situaciones. Se sonrojó estúpidamente cundo la recorrió descarada y libidinosamente, y eso le causaba cierto placer. ¿Quizás por eso la escogió? No. Había más vírgenes en esa sala, no era su pureza lo atrayente de esa chica, pero aún no alcanzaba a saber qué era eso que lo hizo actuar impulsivamente y acceder a los chantajes y presiones a los que era expuesto.
–Buenos días, hermanito.
La voz profunda e inconfundible de Itachi lo sacó de sus cavilaciones. Giró su cabeza, encontrándose con el rostro, tan parecido al suyo, de su hermano mayor. Eso sí, una sonrisa cínica dibujaban sus labios, casi como si pudiera imaginarse o leer literalmente lo pensamientos de Sasuke. A este no le agradó nada esa hipótesis.
–No me llames hermanito, Itachi. –chasqueó la lengua, molesto.
–No te enfades, hermanito, es demasiado temprano para eso.
–Itachi–dijo en tono de advertencia el Uchiha menor, falto de paciencia para tolerar las insolencias de Itachi.
–Está bien–levantó sus manos en son de paz.
Sasuke se volvió a su lectura inicial, aunque no estuviera prestando mucha atención a lo que pretendía leer. Su hermano se sirvió una taza de café y se sentó a su lado, observándolo con detenimiento con sus ojos ónix. En realidad, ambos se parecían muchísimo. Quizás se diferenciaban en que las líneas de expresión de Itachi estaban más marcadas y más endurecidas y las facciones de él eran más delicadas, parecidas a las de su madre. Si no fuera por su cabello largo, estaba seguro de que los confundirían muy seguido.
– ¿Te puedo hacer una pregunta?
–Tsk, no. –su tono fue cortante, frío, ni siquiera lo miró para contestarle.
Itachi rodó los ojos, ignorándolo. – ¿Por qué ella?
Y consiguió su objetivo: el Uchiha menor levantó la cabeza, observando a su hermano con atención. Descubrió en sus ojos la curiosidad y diablos, él también se hacía esa pregunta ¿por qué ella y no otra? Y es que, aunque no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta, ella le llamó su atención, ella causó en él la necesidad de protegerla, de tenerla a su lado, de poseerla para él. ¿Y qué contestarle a su hermano? No pensaba decirle eso, se reiría en su cara, eso seguro. No necesitaba otra voz más diciéndole cuán idiota era, eso ya lo sabía hacer él solo, gracias. ¿Mentir? No. Itachi lo conocía y no se conformaría con una vil mentira.
–No lo sé.
Optó por la verdad, la patética verdad.
– ¿Cómo que no lo sabes? –lo miró como si estuviera loco o fuera una especie en extinción o algo por el estilo. Hasta cierto punto, eso le molestó.
–Pues eso, que no lo sé.
Definitivamente esa no era la respuesta que estaba esperando.
– ¿Te das cuenta de lo absurdo que suena todo esto?
Sasuke gruñó ofendido, taladrándolo con la mirada.
–Es la primera amante de sangre que eliges y no sabes por qué.
Decidí seguirlo xD al rato de publicarlo me vino a la mente la continuación, espero que no sea demasiado decepcionante este capítulo, yo soy muy exigente y la verdad no sé qué pensar...xD Además, no sé si le habré cambiado la personalidad a mi Itachi T.T
Muchísimas gracias a todos por sus reviews, nunca me esperé tantos ni que fuera a gustar ese mini capítulo, de verdad gracias *.*
Nos leemos! ^^
