Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: Es un AU (Universo Alterno). Contiene lenguaje obsceno.
Amante de Sangre
3. Noticia.
Era una broma ¿verdad? ¡¿Verdad? Tenía que ser una broma. Eso que le había dicho su amiga Ino no podía ser cierto, ¡era imposible! Tenía que haber un error, sí, eso, un maldito error. El hecho de que Sasuke Uchiha jamás hubiera tenido una amante de sangre y que ella fuera la primera era inaudito, inverosímil y estúpido. La mente de Sakura giraba en torno a esas tres palabras mágicas, auto convenciéndose a sí misma, de que la gran revelación recibida esa mañana, no era más que una gran patraña creada para inexpertas como ella en ese tema. Sí, eso debía ser.
Sakura daba vueltas en torno a su habitación, con zancadas largas y aplastantes, sus manos retorcían de puro nerviosismo sus finos dedos y contemplaba absorta algún punto indefinido del suelo, sin tan siquiera, prestar atención a nada más. La maldita de Ino se fue dejándola con esa última frase grabada a fuego en su cabeza, sin darle alguna explicación más, lo que la llevaba a pensar que, quizás, ni la misma rubia, tuviera más información que esa. Sin motivos, causas o hechos ella se negaba a creerlo.
Oh, por favor, era ridículo. Y, sin embargo, la duda se estaba apoderando de una parte escondida e irracional de ella, atormentándola. ¿Y si era cierto?, le preguntaba una pequeña vocecita infantil atemorizada. Quisiera o no, eso la ponía bajo presión, otra más, y, quizás, hasta en un cierto compromiso. ¿Y si lo hacía mal? ¿Y sí no era lo que esperaba? ¿Y sí…? Ella no podía darse el lujo de fallarle a su familia. Odiaba terminantemente aquello, pero no podía ver en los ojos de sus padres la decepción. No podía humillar a los Haruno siendo rechaza por un sangre pura.
¡Demonios! Se llevó las manos a la boca, mordiéndose las uñas en un gesto nada elegante. ¿Por qué ahora decidió tener una amante? ¿Por qué ella? Había tantos por qué y tan pocas respuestas, en realidad, no tenía ninguna. Frustrante. Dio una patada al suelo, tratando de liberar parte de su enojo, pero tampoco le sirvió de mucho.
Unos golpeteos en la puerta la sacaron de su ensoñación, asustándola, dando un bote en el sitio. Giró tan bruscamente su cuello que no supo cómo no se rompió en el proceso, aunque ese extraño sonido que emitió no le agradó ni un ápice. Su madre apareció por la puerta luciendo una encantadora sonrisa, amplia y blanca, casi resplandeciente. Un sudor frío apareció en la frente de Sakura, no causándole buena impresión esa sonrisa, es más, miró a su progenitora como si de un corderillo, apunto de visitar el matadero, se tratara.
–Sakura, hija, no me mires así–se quejó su madre, moviendo su melena castaña.
Analizando a la mujer se parecían muchísimo físicamente, la diferencia distaba en que el color de ojos de Sakura era unas tonalidades más claro que el de su madre. Y el pelo. Al contrario de lo que todos pudieran pensar, su cabello era rosa natural. Le venía de la familia de su padre, su abuela tenía el cabello tan llamativo como ella misma y la anciana sintió una gran alegría al encontrarse con una descendiente con esta herencia que creía perdida al tener dos hijos varones.
También el carácter de ambas era bastante perturbador, mal humor garantizado, tercas como mulas y aires orgullosos entre ellas. Sin embargo, Suzume era más elegante, tenía un porte distinguido y digno, una verdadera dama. Una señora de su hogar y su familia, así la habían criado y así era y debía de ser. Por eso, quizás, discrepaba enormemente con los ideales y sueños de su pequeña cerezo.
– ¿Qué quieres mamá? –preguntó, cruzándose de brazos, entrecerrando los ojos y mirándola con suspicacia.
–No me hables así, jovencita –No le agradó para nada la actitud y tono de su hija.
–Oh, ya no soy una jovencita ¿recuerdas? Ahora soy una mujer, la puta de un hombre –ironizó mordaz.
– ¡Sakura! ¡No seas mal hablada!–se escandalizó la mayor, con los brazos en jarras.
– ¡Ups! Qué despiste ¡Qué pensarán de mí! –dramatizó, exagerando la escena por doquier, llevándose las manos a la cabeza. –Olvidaba que se le dice "amante de sangre" para que quede más lindo y…
– ¡Suficiente! –rugió Suzume, cortando la perorata de su hija. –Yo sé que no te gusta todo esto y que no estás de acuerdo con nuestras tradiciones, Sakura. Pero, has recibido una be…
– ¡No lo digas! –chilló agudamente, tapándose los oídos.
Si escuchaba una vez más la palabra "bendición", "suerte" o "afortunada", explotaría en mil pedazos rosas, tal cual flor desojada y marchita. Suzume contempló a su hija, parecía totalmente desquiciada y aún no le había dado la noticia.
Ella deseó un futuro diferente para ella, lo deseó de verdad, de corazón, porque ella era una madre que amaba a su pequeña flor de cerezo, puede que discutieran, sí, pero realmente deseó algo bueno para ella, y la escucharon. El Dios de turno de aquella noche la escuchó.
Un sangre pura. Él joven que la eligió era un sangre pura, Sasuke Uchiha. Y maldita sea, tuvo, durante toda la noche, el corazón en la boca, observando con terror a los hombres que analizaban descaradamente a Sakura, pidiendo que ellos no se atrevieran a tomarla. No a ella. No ellos. Porque los conocía a todos. Porque sabía cómo eran y qué le hacían a las jóvenes como su hija, rebeldes y escandalosas. Igualmente, le era bien sabido las andanzas del Uchiha menor, pero esta era la primera vez que él elegía una amante de sangre y tuvo una intuición, al fin y al cabo, él era un hombre de honor. Pensó que el futuro de su hija no iba a ser tan malo, después de todo, lo peor que podía pasarle era ser rechazada. Bien, tampoco es que eso fuera la cosa más maravillosa del mundo, ya que si eso llegara a ocurrir, su hija no sería aceptada más en sociedad. Pero prefería mil veces eso, a verla golpeada.
–Sakura, escúchame, tengo algo que decirte.
La joven la miró, ladeando la cabeza, esperándose lo peor.
–Él te ha llamado, quiere que vayas a su casa a verlo. – ¿y lo soltaba así, nada más? ¿Sin anestesia o algo?
Se dejó caer sentada sobre la cama, acurrucándose, abrazándose a sí misma por las rodillas y sintiendo que todo se le venía encima. ¿Y ahora, qué iba hacer? Una opresión se adueñó de su pecho, asfixiándola. Jadeó de improviso, notando la falta de aire de sus pulmones. Y reprimió estoicamente las lágrimas que amenazaban con rodar por sus mejillas. No quería ir. No quería llorar. ¡Maldita sea! Era injusto. ¿Y qué se supone que iba a pasar? ¿Perdería la virginidad con un total desconocido que ahora era su dueño? Porque ella tenía que servirle y complacerlo, procurar su alimentación y su placer. ¡No!
–Sakura…–su madre se acercó a ella con lentitud, partiéndole el alma verla así, contrariada, asustada, perdida. –Todo va a estar bien, mi pequeña –la abrazó contra su pecho, acariciando su largo cabello, apartándoselo de la cara.
– ¿Qué voy hacer, mamá? –murmuró de forma estrangulada. – ¿Y si cometo algún error? Tengo miedo–confesó, apretándose con más fuerza contra su madre, sintiéndose como una niña pequeña que despertaba de una pesadilla, únicamente, que la suya, tan solo comenzaba.
Y Suzume supo que su hija, aunque no quisiera estar en ese lugar y ser una amante de sangre, se preocupaba por su familia. Ser rechazada no la implicaba a ella sola, sino a todos. Tenía miedo a la humillación de los suyos. Pero también a lo que pudiera decirle y hacerle, él, su señor. Y ella también lo sintió.
–Lo que tenga que venir, vendrá, Sakura. Sé tú misma, de nada te servirá fingir ser otra persona, porque tarde o temprano, sabrán quién eres en realidad y las consecuencias serán peores. –se obligo a sonar firme y segura, tomando entre sus manos delicadas el rostro de Sakura. Y creía fervientemente sus palabras. Puede que la actitud de su hija la llevara a meterse en problemas, pero aparentar ser otra tampoco la ayudaría, además, conociendo a su hija, no tardaría en cometer algún error. E imploró a los cielos porque Sasuke Uchiha tuviera la paciencia necesaria para soportar a su pequeña cerezo.
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Se encontraba sentado en su sillón de cuero negro, observando con atención las llamas del fuego crecer y decrecer, chispeantes, consumiendo lentamente los maderos que en él había colocado para avivar su flamas anaranjadas y rojizas. Casi estaba hipnotizado en ese vibrante chisporroteo, atento al sonido que este emitía. En su mano agitaba un vaso, distraídamente, removiendo el contenido, un líquido dorado, mezclado con hielo: whisky.
Toda la habitación estaba sumida en tinieblas, pese a ser de día, las cortinas opacas y tupidas impedían que los benditos rayos de sol interfirieran en las sombras, filtrando algún rayo de luz brillante. La única fuente de iluminación la proporcionaba la chimenea encendida. Su porte era tranquilo, se podía definir como imperturbable, su rostro no denotaba ninguna clase de emoción. Solamente, quizás, reflejaban algún tipo de sentimiento, sus ojos ónix cual carbón. En ellos se podía ver, a través de la máscara superficial de frío hielo que lo recubría, resquicios de la impaciencia. A Sasuke no le gustaba esperar.
Él había mandado a llamar a su amante, Sakura Haruno, hacia, más o menos, una hora y media, y aún la muchacha no daba señales de vida. Y eso comenzaba a cabrearlo seriamente. Molestia. No era el tipo de persona caracterizada por tener una gran paciencia inagotable. No, no lo era. Más bien, era el tipo de persona que cuando quería una cosa, no la pedía, la exigía. Ordenes. Y no la quería cuando tú pudieras, sino cuando él quisiera. Impaciencia. Y allí estaba él, esperando.
Se llevó el vaso de cristal a los labios, apurándolo, bebiéndose de un solo trago el resto del contenido, disfrutando del sabor fuerte, notando la quemazón al bajar por su garganta, aunque apenas le hiciera, realmente, el efecto esperado o normal, tendría que beber un par de copas más para poder llegar a decir se encontraba embriagado.
¡Maldita sea! Odiaba esperar. ¿Dónde diablos se metió? ¿Tan difícil era encontrar su casa? ¿O es que se estaba haciendo la interesante? Frunció el ceño ante ese pensamiento. Y lo más divertido del caso era, precisamente, que no sabía qué carajo pretendía con todo aquello. Era la primera vez que tomaba una amante de sangre, sabía cómo funcionaba y toda esa mierda, pero, seguía planteándose qué hacer con la joven Haruno. Se suponía que ahora era suya. Y le causó cierta satisfacción esa idea.
De repente, su oído se afinó escuchando más allá de perturbador silencio de su habitación. Se oyó el portón de la entrada cerrarse, un breve intercambio de palabras indescifrable y luego pasos. Sus músculos se tensaron, a la espera de una respuesta. Personas que subían las escalaras. Sasuke contó cada uno de los escalones, mentalmente, hasta que los pies se pararon en el principio del pasillo y comenzaban, nuevamente, a caminar. Un repiqueteo, tocaban en su puerta.
–Adelante–respondió con voz firme, sin emoción.
Sakura tragó saliva duro, cada vez más nerviosa. Se había retrasado más de lo estipuladamente permitido, aunque, tampoco es como si él le hubiera puesto una hora para llegar ¿no? Qué se joda, entonces. Tuvo unos pequeños problemas a la hora de salir de su casa. Primero, no sabía que mierda ponerse, y esto, provocó una discusión a muerte con su madre. Al final entre trajes, faldas y blusas, optó por sencillo vestido de verano azul hasta un poco más arriba de las rodillas y una fina rebeca blanca a juego. Su cabello caía en cascada por sus hombros, adornado por un simple lazo del mismo color del mar, dándole cierto aspecto infantil y tierno. Ya, simplemente con eso, perdió más de media hora. ¿El resto? Lo gastó en el taxi de camino a la estúpida residencia Uchiha.
Aunque, ¡demonios!, tenía que admitir que la casa, o mejor dicho, la mansión, era preciosa, grande y lujosa. La impresionó gratamente, causándole esa sensación de empequeñecer y ser no más que una hormiguita en medio de gigantes. Dentro de la vivienda, había una mezcla armoniosa de modernidad con antigüedad fabulosa, perfecta. Una de las empleadas fue la que la recibió, la cual la miró de arriba abajo, y eso, le molestó. Una vena se hizo presente en su frente y apretó con fuerza los nudillos, sin embargo, se mordió la lengua para no soltar la sarta de palabras que se formaron en su garganta. No escándalos.
Mientras subía las escaleras un nudo se iba formando de apoco en su estómago, cada vez haciéndose más pesado y difícil de sobrellevar, y arrastró los pies, inconscientemente, de camino a la habitación de su señor.
Cuando la empleada abrió la puerta creyó que su corazón se saldría por su boca, sinceramente no supo cómo fue que no pasó.
–Señor, la señorita Haruno ha llegado. –informó, inclinándose en un reverencia.
–Hazla pasar.
La moza se hizo a un lado, Sakura aprovechó ese momento para clavarle sus ojos verdes, fulminándola y no pudo evitar clavar su zapato fuertemente, al pasar por su lado, pisándola. La sirvienta emitió un quejido de dolor y ella sonrió satisfecha consigo misma. Nadie se burlaba de Sakura Haruno, ni la hacía sentir menos que nada, y salía impune.
Sasuke, percibiendo el breve intercambio de miradas y el "accidental" choque, alzó una ceja. Molesta, se dijo. Definitivamente esa chica era diferente a las demás jóvenes que había conocido a los largo de su vida, y él había vivido, diablos si había vivido.
Hola ¿Qué decir? Nada xD El siguiente que actualizaré será Prohibido Besar, que ya me toca, pero realmente me inspiré y como lo terminé decidí subirlo... pero que linda y buena soy (?) xDD nah, mentira, no lo soy xD
Gracias por sus reviews, alertas y favoritos, realmente no me lo esperaba *.*
Nos leemos! ^^
