Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.

Advertencia: Es un AU (Universo Alterno), lenguaje obsceno y ¿tensión sexual? xD


Amante de Sangre

4. Presa y Cazador

Solos.

Silencio.

Se quedaron solos en silencio.

Sakura miraba un punto indefinido del suelo de mármol, no queriendo encontrar los ojos ónix clavados en ella ¿Y ahora? ¿Qué se supone debería hacer? ¿Qué debería decir? Sus manos descansaban detrás de su espalda, retorciendo sus dedos, cómo no.

Sasuke estaba de pie, justo al lado de la chimenea, observándola atentamente, pese a la escasa iluminación, él podía ver, o más bien, verla. Se deleitó en recorrerla y apreciarla, desde sus infinitas piernas torneadas, subiendo por su vientre plano, finas curvas y pechos firmes, a su boca carnosa y atrayente. Aunque ella era jodidamente sensual, tenía que admitirlo y asumirlo. Es más, ese vestido que lucía, se apegaba condenadamente bien a su figura y el aspecto infantil que transmitía se iba, definitivamente, a la mierda.

Desnuda. Se sintió desnuda. Ese Uchiha la estaba desnudando con una simple mirada y eso provocaba más nerviosismo en ella, y quizás, un ápice de excitación. Encima el estúpido silencio incómodo, que sobre ambos se cernió, no la ayudaba demasiado. ¿Y por qué tenía que ser todo tan tétrico? ¿Tan oscuro? ¡Qué alguien abriera una maldita cortina o encendiera una luz, más que sea!

– ¿Por qué está todo tan oscuro? –rompió el hielo, por fin, levantando la vista. ¡Diablos! ¿Qué clase de pregunta era esa? Su lengua fue más rápida que su mente, como de costumbre.

Volvió a tragar duro, no tuvo que hacer eso. Mirarlo. Mierda. Verlo no fue una buena idea. El muy bastardo era atractivo, sobre todo, sexy. Y no era justo. Vestía más informal que la noche pasada. Un pantalón vaquero y una camiseta negra. ¿Qué tenía este hombre con el negro? ¿Algún tipo de obsesión o algo así? En verdad podría jurar que toda la habitación estaba decorada de ese color y de blanco, sin variables u otros matices. Y, encima, al muy bastardo, le quedaba bien ese color. Joder.

Alzó una ceja–Me molesta la claridad.

Bien. Acababa de redescubrir la pólvora. Era más que obvio que los sangre pura eran más sensibles a la claridad que otros vampiros de rango inferior, como ella misma. ¡Bravo! Se le secó el cerebro y no sabía de qué hablar y él tampoco es que colaborara mucho, a decir verdad. Es más, ¿Cuál era su propósito trayéndola a esta casa? ¿Qué tenía pensado hacer con ella? Con solo imaginarlo un escalofrío recorrió su columna vertebral, agitándola débilmente en su lugar. Apartó la mirada, avergonzada.

Sasuke se llevó el vaso a los labios, tomándose el resto del contenido, notando como bajaba por su garganta y la sensación de ardor recorría su esófago, quemándolo, aunque él, en realidad, ya estaba ardiendo. Relamió sus labios con lentitud, sin perder un instante la frágil figura de la muchacha ante él. Y recordó que ella era suya, completamente suya y de nadie más. Una sensación de satisfacción se adueñó de él, logrando que su ego creciera como la espuma, al igual que una sacudida de posesividad. Le causaba un cierto tipo de placer saberla suya y ni siquiera sabía por qué. Era absurdo, se recriminó en su fuero interno.

Sakura, casi sin darse cuenta, no perdió detalle de la lengua de él lamiendo su labio inferior y eso la hizo sonrojar, volviendo a girar la cabeza en sentido contrario, tratando de hacerse la desentendida, aunque fracasaba estrepitosamente. Él la vio y sonrió de forma petulante, ella era demasiado inocente.

Él dio un paso hacia ella y todas las alarmas en la cabeza de Sakura saltaron, alertándola, y casi, de manera instantánea, repentina e inconsciente, retrocedió un paso, de igual forma. Se maldijo por actuar tan estúpidamente, demostrándole ese temor que la inundaba, dominaba y nublaba sus sentidos. Débil, miedosa y casta. Genial. Tres es uno.

Sasuke estuvo a punto de bufar, sin embargo, se contuvo. Mentiría si dijera que no le gustó verla como la presa que iba a ser cazada por el depredador. Y continuó acercándose peligrosamente a ella, hasta que la tuvo parada justo delante de él, intimidándola con su imponente estatura, invadiendo su espacio vital. Al contrario de lo que pensó, ella no siguió retrocediendo mientras avanzó. No, al contrario, se mantuvo estoicamente allí, estática y con un ligero temblor en las manos.

–Has llegado tarde–dijo en tono serio, casi rozando la recriminación.

Sakura tragó duro. –Tuve un par de percances antes de llegar aquí. De todos modos, tampoco mencionó una hora de llegada–alzó una ceja en respuesta y ella volvió a maldecirse por hablar sin pensar. –Es decir, no es que lo haya hecho a propósito –habló rápidamente, tratando de excusarse. –De verdad que traté de no retrasarme, pero mi madre y yo tuvimos una pequeña diferencia de ideas y el taxista se empeñó en llevarme por el camino más largo.

Molesta. Hablaba mucho, quizás, demasiado, y muy rápido, percibió Sasuke.

–Tendrás que recompensarme.

Frunció el ceño. ¿Cómo? ¿Qué fue lo que dijo? ¿No le acababa de explicar que no fue su intención retrasarse? ¿A qué jugaba ese maldito Uchiha? O más bien, la pregunta adecuada sería: ¿A qué quería jugar con ella?

–Pero señor…

–Sasuke–la interrumpió él. La pelirrosa ladeó la cabeza, confusa, sin entender sus palabras. –Me llamaras por mi nombre, Sa-ku-ra–paladeó su nombre en su oído. Sensual.

Todo el vello de su cuello se erizó al percibir su aliento cálido contra su piel de porcelana. ¡Maldito fuera! Sus nervios estaban a punto de carcomerla y todo por su culpa.

–Sí, se…Sasuke–se obligó a responder, corrigiéndose automáticamente, antes de volver a llamarlo "señor".

Joder. Oírla pronunciar su nombre fue…excitante. Era como si sonara mejor, muchísimo mejor, pronunciado por esos labios, carnosos, sonrosados y atrayentes, con ese tono suave, aterciopelado y femenino, dudando en cada sílaba. Era un jodido retorcido. Y le gustaba.

–Y ahora, me cobraré mi recompensa

Sakura pensó en reclamar, trató, inútilmente, de formar unos argumentos lógicos y aplastantes en contra de esa afirmación del Uchiha, pero toda palabra murió en su garganta, contra los labios de él. Sasuke unió ambas bocas, en un gesto brusco y resuelto, anonadando los sentidos de la joven, dejándola a su merced. Cuando, por fin, ella reaccionó, intentó alejarlo. Él simplemente colocó una de sus manos detrás de su cabeza, obligándola a permanecer en la misma posición, y moviendo con más insistencia sus labios sobre los de ella.

Poco a poco, el aroma varonil a sándalo, fuerte y oscuro, de Sasuke, la fue embargando, colmando sus fosas nasales, aturdiéndola con su maravillosa fragancia. Él fue consiguiendo su efecto: hacerla despertar y responder su beso. El agarre en su nuca se hizo menos intenso y la otra mano tomó su cintura, atrayéndola a su acalorado cuerpo. Ella suspiró contra su boca y ese fue el momento que eligió él para pasear su lengua por su labio inferior, incitándola, provocándola a pedir más. La introdujo en su cavidad, explorándola, saboreándola completamente, delatándose en su sabor dulce, aunque a él no le gustara el dulce. Ambas lenguas se encontraron en una lucha, se retorcieron en una danza armoniosa, casi sin fin.

No supieron exactamente, cuántos minutos o segundos estuvieron así, besándose, pero hubieron de separarse por la falta de oxígeno en sus pulmones. Sasuke observó, con una sonrisa orgullosa, las mejillas teñidas de carmesí de Sakura, mientras jadeaba audiblemente. Igualmente, aún la sujetaba por la cintura, y de cierta forma, ella le agradeció internamente, que así fuera. Sus piernas temblaban como si se hubieran transformado en endeble gelatina y se veía incapaz de soportar su propio peso sin ayuda. ¿Qué diablos fue eso? ¡Diablos! Se había dejado llevar, engatusar por ese Uchiha. Había cedido ante su insistencia, ante su encanto, ante su provocación.

Abrió los ojos lentamente, encontrándose con los orbes ónixs fijos en ella. Se sintió como un corderito a punto de ser devorado por el lobo. Presa. Reflejado en éstos estaba el deseo. Deseo por ella. Unas llamas agudas y flamantes, crepitaban sin descanso, quemándola a su paso, obteniendo, como respuesta, que su virgen cuerpo experimentara las primeras sensaciones desconocidas, denominadas como excitación, pasión y lujuria.

Sasuke comenzó a retroceder, llevándose consigo. La sangre corría presto por sus venas, su instinto le pedía más, le exigía más. De ella. Su lado más salvaje la ansiaba para sí, la quería poseer, no era suficiente con saberla suya, necesitaba hundirse en ella. En su interior. Y, aun así, su parte racional sabía que no podía hacer eso. Si se dejaba dominar, no sólo estaría perdido él, sino ella también.

Se dejó arrastrar hacia atrás, hasta que sintió como daban contra un mueble y él la sentaba sobre él, colocándose entre sus piernas. Sakura no podía pronunciar palabra, perdió la voz en algún lugar del deseo y ya no era consciente de su alrededor. ¿Y quién lo sería estando en su situación? Se preguntó, tratando de auto consolarse, convencerse de que esto estaba bien. ¿Y no lo estaba? Se suponía que era su amante de sangre, como también se suponía que ella no estaba de acuerdo con ello. ¿A quién hacer caso? ¿A la razón o al deseo? De momento, el deseo iba ganando, y por mucho.

Las manos de Sasuke acariciaron sus muslos, subiendo a su paso el vestido de la pelirrosa, dejando parte de su piel expuesta. Su cabeza descendió, y por un instante, ella creyó que la volvería a besar, pero, por el contrario, su boca se dirigió a su cuello. Su nariz recorrió su cuello, tal cual la noche anterior lo había hecho, causándole un pequeño escalofrío. Aspiró su aroma natural a cerezos en flor y depositó cortos besos en su recorrido hasta el lóbulo de su oreja. Una mordida, un suspiro.

Aún podía sentir las yemas de los fríos dedos de él tocar la cara interna de sus piernas, casi como si se burlara de ella por su inexperiencia. Las revoltosas e incontrolables palpitaciones aparecieron atormentando su bajo vientre. Se clavó las uñas en las palmas de sus manos, mientras se mordía el labio inferior, reprimiendo un gimoteo, incitada por una lamida reveladora allí donde el pulso le latía desembocado.

Sasuke percibía su propia entrepierna abultarse en sus pantalones. La excitación lo embargaba sin remedio, su instinto iba en aumento y el deseo por ella lo estaba consumiendo en el más profundo de los infiernos. Y, sin embargo, quería escucharla gemir, gemir su nombre, pidiendo por más. Quería ver brillado en sus jades ojos la lujuria, e iba por buen camino. Sus orbes se oscurecieron unas décimas, teñidos por la pasión experimentada, causada por él. Sonrió contra su cuello y, despacio, sin prisas en sus toques, fue adentrándose más por sus muslos.

Subió y subió, topándose con su intimidad, rozándola, apenas, con sus dedos. Y Sakura tembló. Se aferró al filo del mueble, como si su vida dependiera de ese frío trozo de mármol. Nuevamente, complacido con el efecto, Sasuke tocó su sexo sobre la fina tela de su ropa interior. La mirada de la joven buscó la suya. Miedo. Distinguió el miedo en esa mirada.

–Sasuke…–murmuró en un susurro casi inaudible, apenas un movimiento de labios, que sí llegó a su receptor.

–No te haré daño.

Y aunque pareciera retorcido, estúpido e ilógico, ella le creyó, diferenció la sinceridad en sus palabras, en su tono de voz, bajo, ronco y sexy. Pero tenía miedo. Por fin, su parte racional despertó de su embelesamiento, y le gritó alarmada por su falta de juicio. Tenía que detener esto. No quería. Así no.

–No, por favor–pidió suavemente. Y volvió a ser la presa. Él era el cazador.

Sasuke bufó frustrado, sabía que esta no era la forma más adecuada, pero…joder, ella lo excitaba de una manera diferente a las otras. Lentamente, apartó las manos de su sexo, sintiendo como su lado salvaje le reclamaba en protesta, exigiéndole que volviera a convertirse en el depredador. Y se obligó a dar un paso atrás, tenía que salir de esa habitación, sino perdería el control.

No dijo nada más, no era necesario tampoco hacerlo.

Y allí dejó a Sakura, sumida en lo más profundo de sus pensamientos contradictorios, subida a una mesa, con las mejillas sonrojadas, la respiración irregular y su cuerpo explotando en las llamas lujuriosas, consumiéndose en el infierno.

Un caliente Sasuke salió al pasillo, maldiciéndose y golpeándose mentalmente. Se apoyó contra la puerta de madera y se preguntó cómo carajo bajaría su palpitante erección. Agua fría. Una ducha de agua fría, decidió que era lo mejor.


Antes que nada, perdone la tardanza, sé que suelo actualizar con más frecuencia, tanto este fic, como Prohibido besar, pero tuve una semana de bloqueo horrible y no me inspiraba, pese a tener el capítulo ya iniciado T.T

Muchas gracias por sus favoritos, alertas y sobre todo sus reviews. Si hay algo que no entiendan, por favor, no duden en preguntar, no me molesta, sé que a veces no aclaro mucho en los capítulos sobre el universo alterno porque me centro más en las emociones y sentimientos de Sakura y Sasuke.

Nos leemos! ^^