Un rayo de sol en mi alma.
Capítulo 2 una dura caída.
Los últimos días he estado intentando mantener distancia entre la yegua nueva y Miki, si no me metía en esto podría estar tranquilo por un tiempo, Miki es muy territorial, casi parece un perro, desde el día que llego al orfanatorio junto a su hermano menor Charly, hace como 7 años, mi vida se vio afectada, desde ese entonces las cosas se pusieron mal para mí, Miki poco a poco fue ganado terreno, asiéndose de muchos amigos, ahora, más de la mitad de los huérfanos barones de más de 6 años están de su lado, es como si se hubiera convertido en una especie de patriarca para los demás, Miki en ocasiones puede ser muy divertido, pero no hay duda de que también puede llegar a ser muy abusivo, es la primera vez en esos 7 años, que Miki no me molestaba, perdió su interés por mi desde que llego esa linda yegua, quizás sea mi oportunidad de tener una vida tranquila- dije.
Y por increíble que les parezca recibí una respuesta, quizás no la que esperaran ustedes, o de quien ustedes esperaban. Quien me había respondido o por lo menos eso interpretaba yo, era una ardilla, que vivía en un árbol cerca del orfanato.
-Lo se Spiti… pero ¿qué le puedo decir? además Bili ya me lo dijo, no tengo oportunidad con ella- le dije a la ardilla y esta como respuesta se me acerca y me pide que la acaricie.
-Hay ocasiones en que quisiera ser como tú, tu vida es más fácil, solo vives en un árbol y te alimentas de los frutos del mismo, básicamente solo comes y duermes, sin preocupación de que alguien te moleste- le dije a mi amiga ardilla un poco frustrado. La ardilla se me trepa en la cabeza.
-Jeje, espera, me… me haces cosquillas- dije entre risas, el rose de su cola contra mi cuello me provocaba cosquillas. Tome a la ardilla y me la quite de la cabeza.
-¡Esto es serio! por favor ¡necesito de alguien que me escuche! tú eres la única que me escucha sin burlarse de mí- dije un poco más serio. Spiti se quedó un poco más seria, parecía que me había entendido.
-Por eso eres mi amiga- dije y abrase a la ardilla.
-Ahora, dime ¿qué puedo hacer?- le dije a la ardilla. La ardilla empieza a emitir sonidos, y mi mente infantil interpretaba esos sonidos como palabras.
-¡QUE ESTÁS LOCO! TE DIJE QUE MIKI ME MATARA SI SIQUIERA INTENTO ACERCARME A ELLA- le dije algo molesto. La ardilla se me vuelve a montar en la cabeza y me mira a los ojos.
-No me mires así ¡no me acercare a esa yegua, y es definitivo!- dije y me cruce de cascos. La ardilla no se baja de mi cabeza y se queda dormida en mi cabeza.
-Hay no puede ser, otra vez no- dije, no era la primera vez que la ardilla me hacía esto, cuando yo empiezo a elevar mi tono de voz siempre acostumbra a quedarse dormida en mi cabeza a propósito, supongo que solo finge estar dormido, para que deje de hablar.
-Spiti… em…. se hace tarde y si no regreso al orfanato me regañaran otra vez, por favor despierta- dije con un tono de voz suave, no me gustaba despertarla, de hecho me parecía tierno que se durmiera en mi cabeza, pero no podía dejarla hay, en el orfanato están prohibidos los animales.
-Tengo que llevarte a tu casa verdad- dije un poco serio. No recibí ninguna respuesta más que los sonidos de la respiración de Spiti.
-Bien, tú ganas- dije y me dispuse a trepar el árbol, no era muy difícil ya que a diferencia de la tarima la cual no había de dónde agarrarse, en el árbol había muchas ramas gruesas y huecos pequeños de dónde agarrarse, además del hecho de que ya he escalado este árbol como 100 veces, ya sabía dónde pisar y de donde sujetarme y de donde no, Spiti no se caía de mi cabeza ya que siempre se aferraba con sus pequeñas garras a mi cuero cabelludo. cuando llegue a la sima del árbol, frente a mí se encontraba un hueco un poco más grande que los demás, hay era donde Spiti dormía, con cuidado me quite a Spiti de la cabeza, termino arrancándome unos cabellos, pero ya estaba muy acostumbrado a esto así que no me importo, metí a Spiti en su casita, la cual estaba tapizada de hojas secas que suele usar como cama, un trozo de tela que yo le había conseguido para que se cobijara en las noches que hacía mucho frio, y también habían barios juguetes viejos, a Spiti le gustaba recolectar cosas. Estaba a punto de bajarme del árbol una vez que acomode a Spiti cuando vi algo que llamó mi atención entre las hojas, metí mi casco y lo que saque fue una vieja gorrita azul de rayas negras, que solía usar en los tiempos de frio, fue donada hacía tiempo y me fue entregada a mí.
-Hollé, esta gorrita es mía, creí que la había perdido- dije y luego note que dentro había un puñado de nueces y moras.
-Está bien, te la regalo- dije y coloque la gorrita en su lugar. Estaba por bajar del árbol cuando una voz familiar me detuvo.
-Hey, miren hay está de nuevo el niño ardilla, jejeje, por que no te quedas hay arriba con tus amigas masca nueces- dice Charly (el hermano menor de Miki) Charly tenía la misma edad que yo, de echo yo era un par de meces mayor, pero él era más alto que yo. Me quede inmóvil en el árbol, sabía que si lo ignoraba y no le decía nada se iría pronto.
-Jajaja, nos vemos a la hora de cenar niño ardilla- dice Charly y se retira.
Yo suspire de alivio, la última vez que le levante la voz a Charly, Miki apareció y me dejo el ojo morado por treceava vez. Seguí bajando el árbol con cuidado, fijándome bien donde pisaba, cuando de repente sentí un dolor intenso en el estómago, era Charly que me había dado una pedrada, no pude soportar el dolor y me solté del árbol, caí medio metro en el suelo, me lastime uno de mis cascos al caer, solo podía escuchar las risas de Charly. Me puse en posición fetal y sobe mi casco apretándolo fuertemente, cerré los ojos con fuerza y me mordí los labios, me dolía mucho.
Cuando abrí los ojos una vez que el dolor se pasó un poco vi frente a mí a Spiti mirándome.
-No que estabas dormida- dije y me levante lentamente. Mire mi casco con miedo, este se había puesto rojo y parecía que se estaba hinchando, en mi mente solo podía pensar en que pasaría lo peor, fractura o incluso que sea tan grabe que me tenga qué amputar el casco. Tenía miedo, pero no tenia de otra, tenía que ir a la enfermería.
No había nadie que me ayudara, así que tuve que caminar a tres patas de vuelta al orfanatorio, pero Spiti me siguió hasta la entrada del orfanato, ella sabía que no podía entrar, así que solo se me quedó mirando, antes de entrar la mire y le dije- te perdono, no te preocupes estaré bien, vuelve a casa- Y entre al orfanato, cojeando y aun adolorido por mi casco llegue hasta la enfermería, en la cual apenas y si había los productos más esenciales de tratamiento, era muy pobre los recursos generales de los que disponíamos.
-Hola Sleid- dijo la malhumorada enfermera, en realidad ella es mala con los nombres, le es muy difícil recordar los nombres de los demás ponis, la razón por la que recordara mi nombre es que soy por así decirlo, cliente frecuente, seguido vengo por golpes y caídas, la mayoría a causa de Miki y sus amigos.
-Siéntate aquí, te atenderé en un instante, primero tengo que terminar con una mocosa- dice la malhumorada enfermera y entra por una cortina.
-Tranquila, esto ya está sanando, hace una semana estabas mucho peor, ya es solo cosa de cambiarte los vendajes cada día- dice la enfermera, me preguntaba de quien hablaba.
Luego de unos minutos la enfermera retira la cortina.
-Bien, lo de siempre, cuando te bañes o te laves los cascos coloca una bolsa en tu vendaje y no te expongas a la mugre o la tierra, que aún no estás del todo curada- dice la enfermera a la yegua.
No podía creer lo que veía era ella, era Cristal, la yegua que me ha confundido los últimos días. La mire más detenidamente y note que su casco tenía un vendaje, no sabía de qué era, de hecho ni siquiera lo había notado hasta ahora, ella pasa a un lado de mí y pude notar que estaba muy triste.
La vi caminar y alejarse de mí, y note algunos vendajes más en una de sus patas traseras y uno en su pecho, no lo había notado antes porque nunca la había visto desde tan cerca, más allá de lo que me llamo la atención sus vendajes, era su rostro, en verdad se veía muy triste.
-Bien Sleid, es tu turno, ahora dime que te paso- dice la enfermera con un tono de voz inexpresivo.
-Es mi casco, me… me duele- le dije y levante mi casco adolorido.
-Déjame adivinar, una caída- dice la enfermera y yo asiento con la cabeza. Ella toma mi casco y lo mira detenidamente.
-¡Es malo verdad!- dije un poco temeroso.
-Te lo desarticulaste, está fuera de su lugar-dice la enfermera.
-¡¿Qué?!- dije, y antes que pudiera hacer o decir algo ella de un tirón me reacomoda el casco, se escucha un tronido y yo doy un grito ahogado.
-Listo, ya te lo acomode, hora, te pondré esta crema para la hinchazón, y te vendare el casco solo para que se mantenga en su lugar por esta noche, te recomiendo que no corras o brinques por unos días, ya que así solo te lastimaras- dice la enfermera con un tono de voz inexpresivo.
-Bien, y, em… ¿cuándo tengo que venir?- dije.
-Si sigues mis concejos no necesitaras que yo haga otra cosa por ti, a menos que te vuelvas a caer de aquel árbol- dice la enfermera para lo que yo quedo sorprendido y algo nerviosos.
-Be a la cama y quédate hay- me dice la enfermera cuando estaba a punto de salir de la enfermería. El casco aun me dolía así que decidí hacerle caso, me fui directo a mi cuarto y me recosté sobre mi cama, tome mi vieja manta y me acurruque, al principio me tomo un poco conciliar el sueño, aun sentía muy adolorido el casco, pero pronto la crema hizo efecto, era una especie de anestésico, me quede dormido poco tiempo después.
A la mañana siguiente me levante de la cama, y lo primero que hice fue ver mi casco, intente moverlo un poco y aun sentía un ligero dolor, pero ya no era tan fuerte como ayer, la enfermera podrá ser muy enojona, pero nadie puede negar que sabe bien lo que hace. Ya casi era hora de desayunar, en mi mente paso casi al instante, de que será el panecillo dulce de hoy. Me puse la venda que detenía mi casco y camine a tres patas hacia el comedor, como diario me forme en la fila y una vez que fue mi turno me entregaron un vaso de leche, un tazón pequeño con cereal y mi pan dulce, esta vez era de fresa relleno de mermelada, la baba se me hacía a la boca, ya quería saborearlo tranquilamente en una mesa.
Me costó un poco de trabajo llegar a un asiento dado a que no podía caminar bien con solo 3 patas, las cosas estaban a punto de caérseme cuando de repente alguien me detiene la charola.
-Em gracias…- no podía creer lo que mis ojos veían, era ella, Cristal.
-Hola, veo que necesitas ayuda- dice la joven yegua.
Me quede paralizado, no sabía que decir, estaba atrapado en mis pensamientos, cuáles eran las posibilidades, ninguna, en verdad, no se me ocurre como es que es posible, que ella que ni siquiera me conoce me ayude.
-Y em…. Bien… donde te vas a sentar- dice ella mientras levitaba mi charola con su magia.
-Yo… yo… em… yo no…. no sé- dije titubeando.
-Bueno, em si quieres puedes sentarte junto a mí, de todos modos yo no conozco a nadie aquí- dice ella con un tono amable. Yo asentí con la cabeza, no pude evitar sonrojarme y apenarme, la seguí hasta una mesa en donde solo había un par de ponis comiendo, ambos nos sentamos al extremo opuesto de donde se encontraban los dos ponis.
-Yo me llamo Cristal y tú- me dice ella.
-Yo…. Em…. Mi… mi…. mi nombre es…. Sleid- dije muy tímido.
-Jeje, bien, hollé no tienes muchos amigos verdad, que también eres nuevo- dice ella.
-¿Yo… nuevo?- pregunte.
-Sí, ósea, em, que no llevas mucho de estar aquí, es que, yo llevo como 2 semanas y no recuerdo haberte visto los primeros 5 días que estuve en este lugar- dice ella.
-No…. Yo…. Em…no, no soy nuevo, es solo que em… me perdí por unos días- dije y me encogí en hombros.
-¡Te perdiste! ¡Pero, em…. ¿no te paso nada? verdad! dice ella un poco preocupada.
-No, estoy bien, esto es, em, me caí por trepar en un árbol- dije señalando mi vendaje.
-Ho, bueno, lo bueno es que no te pasó nada malo- dice ella mientras miraba mi casco lastimado.
-Y a ti que te paso- le dije mientras miraba sus vendajes.
-Son quemaduras- dice ella y su expresión cambia de ser alegre a ser más seria y triste, una lágrima gira por su mejilla.
-Lo siento, no quise- dije al notar que mi comentario la entristeció.
-No… no es nada, es solo una basura- dice ella y se limpia la lágrima de su ojo.
-Perdona, no quise hacer que te sintieras mal- le dije.
-No… mejor, mejor no hablemos de eso- dice ella.
-Si- respondí y baje la cabeza quedando en silencio por unos minutos.
-Así que, Sleid, que haces para divertirte aquí- dice Cristal.
-Bueno, en la dirección nos prestan algunos juegos de mesa y pelotas, pero tenemos que entregarlos o si no ya no nos los prestaran otra vez, afuera del orfanato no sé si te abras dado cuenta de que hay una especie de parque, donde podemos jugar, también hay una pequeña biblioteca, pero nadie va hay- dije.
-¿Tampoco tú?- dice Cristal.
-No sé leer- le respondí muy avergonzado.
-¿Qué edad tienes?- pregunta ella.
-9 años, en 3 meces cumpliré los 10- le respondí.
-¡En verdad tienes 9 años!- dice ella asombrada.
-Sí, ¿por… porque lo preguntas?- dije.
-Oh, bueno…. es solo que… creí que, bueno tenías com lo mucho 5 años- dice ella.
-Pues no, si tengo 9 años- le dije.
-Jeje, bueno, si lo piensas no es nada malo aparentar ser más joven, de echo creo que es una buena ventaja no crees- dice ella.
-¿Enserio?- dije algo incrédulo.
-Si, a muchos les gustaría parecer más jóvenes- dice ella.
-Bueno, em… no lo había pensado así- dije muy pensativo.
-¡Hollé! si quieres claro, yo puedo enseñarte a leer- dice ella.
-Enserio- dije algo asombrado.
-Sí, es que, en verdad no sabes de lo que te pierdes, si tú quieres, te enseño, solo piénsalo, y si te decides me buscas- dice ella.
-Em, si lo… lo pensare- dije algo tímido.
Ambos seguimos comiendo tranquilamente nuestro desayuno, y en ocasiones charlábamos sobre algunas cosas, ella me preguntaba cosas sobre las instalaciones del orfanato y demás, y también me preguntaba un poco sobre los perfectos, la directora y demás, yo le dije todo lo que sabía con referente al tema.
Cuando nos dimos cuenta, el comedor estaba vacío, pese a que fuimos de los primeros en llegar a desayunar, ya no había nadie, ya todos se habían ido, estábamos solos.
-Em bueno, jeje, fue divertido hablar con tigo, eres muy simpático, quieres que te ayude con algo- dice ella muy amablemente.
-Em… no gracias, yo puedo solo, no es muy grave- le dije.
-Jeje, bien, nos vemos luego- dice ella y sale del comedor dejándome solo.
Me quede por un rato pensando, no podía evitar sacar una sonrisa, estaba muy contento, muy alegre, estar junto a ella, y hablar con ella de una forma muy animada, es algo que me había enviado a la luna, nunca antes en mi vida me sentía tan feliz, no tengo un solo recuerdo anterior a esto que me hiciera sentir igual, no podía creerlo, no solo le había hablado, si no que mantuve una conversación muy larga y divertida con ella, en ocasiones es una ventaja ser un poco hablador, nunca me callo cuando estoy de buen humor, y también digo algunos chistes espontáneos que en verdad me ayudaron a mantener al conversación con ella.
Baje de mi nube y mire a mi alrededor, estaba yo solo.
-Será mejor que me retire, si me quedo aquí una hora más será hora de comer jejeje- me dije a mi mismo y me reí de mi propio chiste.
Estaba saliendo del comedor aun cojeando en mis tres patas, caminando muy lento, cuando de repente algo me toma y me estrella con fuerza contra la pared.
-Mi… Miki- dije al ver al poni frente a mí, era el, estaba furioso.
-¡Escúchame idiota! ¡Ella no te quiere! solo le diste lastima por verte en ese estado, incluso la Oíste, creyó que tenías 4 años, creyó que eras un bebé indefenso y lastimado- dice Miki y toma mi casco lastimado y hace presión. Yo intento contener las ganas de gritar del dolor.
-Jeje, vamos no te contengas, demuestra lo marica que eres- dice Miki entre risas. Yo me contengo por no gritar o llorar. Miki me suelta y caigo al suelo.
-Escúchame bien ¡ELLA ES MÍA! y si te hablo el día de hoy es solo porque le diste lastima, ella no te quiere, quien te querría, eres una basura, nadie te quiere, y nadie te querrá- dice Miki, sus palabras eran como una daga en mi corazón, me dolía en verdad lo que él me decía, incluso llegue a creerle, creer todo lo que me decía.
-Mira Sleid, si no quieres que te vuelva a molestar, no te vuelvas a acercar a ella, entiendes- dice Miki y me toma por el cuello.
-Te arrojaría por las escaleras otra vez, pero por desgracia eso generaría más lastima en ella, así que mientras no me lo eches a perder, no te are nada, entiendes- dice Miki y me suelta, yo empiezo a toser, en verdad ese apretón me había sofocado. Miki se va dejándome tirado en el suelo.
Al principio me quede paralizado, pero luego sin importar mi pata lastimada, corrí, subí al ático y me escondí en un viejo ropero, me acurruque en la oscuridad y me puse a llorar. Me la pase hay por un tiempo indefinido, cuando me dispuse a salir ya era de noche, había pasado mucho tiempo hay, desahogando mis penas y frustraciones, en ese viejo armario.
Solo en la oscuridad. Era el único sitio donde me sentía seguro. Seguro de Miki. Seguro del mundo.
