Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: Lenguaje obsceno y es AU.
Y dada las preguntas que han surgido, que han sido, obviamente, culpa mía por no aclararlo desde un principio, explicaré un poco como es el universo alterno de este fic. La época de la historia es la actual. Se que tras el primer capítulo todo lleva a pensar que se puede desarrollar en una época diferente, pero como no tenía claro qué hacer con este fic al principio, no lo aclaré, lo siento u.u. Como digo, la historia se desarrolla en el siglo XXI, lo que pasa es que los vampiros, aunque viven entre los humanos sin llamar la atención, no han "avanzando", por así decirlo respecto a su sociedad. Si bien es cierto que se han adaptado a las nuevas tecnologías, ellos tienen siglos existiendo, su mentalidad respecto a la mujer o a las clases sociales son muy clasistas y conservadoras (de ahí esa cierta marginación de la mujer), dándole especial importancia a los aristócratas, que en este caso serían los vampiros sangre pura (son hijos de vampiros, son los más puros de sangre, en su linaje no han habido mezclas con humanos, por eso ellos son los más poderosos dentro de los vampiros y todos los respetan). Contestando otra pregunta frecuente, diré que de momento no ha salido ningún humano, y no sé si saldrá alguno, pero si así fuera, yo lo aclararía de alguna forma en la historia. Espero haber sido clara y haberme expresado bien, si hay algo que no entiendan, me pueden decir, trataré de responder sus preguntas ^^
Amante de Sangre
5. Rechazo
Respirar. Tenía que respirar.
Se estremeció al escuchar el azotar de la puerta al cerrarse, en realidad el ruido no fue tan fuerte, sin embargo, a ella la asustó. Se abrazó a sí misma con más insistencia, su mirada se encontraba perdida en algún punto inexacto del suelo, aunque todo fuera negro. Oscuridad. La soledad la envolvió y la tristeza la alcanzó junto con la confusión. ¿Qué diablos había pasado? Bueno, quizás esa no era la pregunta adecuada. Pero… ¡demonios! Ella nunca experimentó algo así. Nunca. Y él… ¿Se habría enojado?
Y se indignó consigo misma por preguntarse eso, ni siquiera debería importarle. Él sabía que era virgen, maldita sea, ¿qué pretendía? ¿Qué simplemente se dejara hacer como si se tratara de una muñeca sin sentimientos? ¿Qué se abriera de piernas sin pudor? No, no podía. No así. Espera. Recapacitemos. ¿No así? Entonces ¿ella sí quería…?
Zarandeó la cabeza de un lado a otro, moviendo su cabello en el proceso, enredándolo y cayéndole, de esta forma, en la cara. Sus orbes subieron lentamente por sus piernas, quedándose anclados allí, en sus muslos, donde aún el vestido continuaba subido. Recordó las caricias de sus manos y todo el bello de su nuca se erizó, nuevamente, experimentando el calor inexacto aflorar de ninguna parte. Se tapó rápidamente, apretando en los puños el borde de la prenda y tratando de relajarse. Tenía que encontrar la paz, olvidar su terrible confusión, olvidar a Sasuke y sus caricias.
De un salto, se puso de pie. Estresada por la estúpida falta de luz abrió una de las cortinas, permitiendo que la claridad se diera paso por la habitación, que, como intuyó, estaba decorada de negro y blanco, sin variables. Observó la estancia detenidamente, paseándose por toda ella y la única impresión que recibió de ésta fue que era impersonal. No pareciera que fuera la habitación de alguien, propia, personal. Era como un cuarto de invitados, decorada perfectamente para cumplir las necesidades básicas de cualquiera, pero no para hacerte sentir en casa, tú casa.
Frunció el ceño. ¿Por qué? No había cuadros ni nada distintivo. Se preguntó si esta sería su habitación de verdad y, aunque fuera absurdo, fue hasta al gran armario negro y lo abrió. Podría ser una invasión de su privacidad, pero… ¡al diablo! él la dejó sola después de haberla tocado, que se jodiera si no le parecía bien. Allí encontró ropa, ropa de él, indudablemente. Casi todas eran prendas en tonos oscuros. Combinaba con él. De verdad era suya, tenía que serlo.
Distraídamente se llevó una de las magas de las camisas a la nariz. Olor a madera, sándalo y especias. Oscuro. Varonil. Sasuke. Era su aroma. Cerró los ojos en el proceso, deleitándose, casi sin buscarlo, y es que todo fue un movimiento inconsciente. Estúpido. Alejó la tela, tirándola a su lugar de cualquier forma, inflando las mejillas en un gesto infantil, recordando lo qué había hecho. Bipolar. ¿Cómo pudo hacerle eso y luego marcharse? ¡Casi la violó! En realidad, ella lo consintió y no se le podía denominar "violación", pero…él la engatusó, la prendo, no la dejó pensar.
Y es que, Sakura no sabía qué le había molestado más de toda la situación, sentirse perdida ante las caricias de Sasuke o que, el mismo, la dejara completamente sola en una habitación ajena y totalmente confundida, sin tan siquiera decirle nada. Idiota. Eso es lo que era, un idiota, un maldito insensible. Cubito de hielo. Y encima, parecía enfadado. Y parecía…porque tampoco es que él se dignara a compartir sus emociones con los demás, ni siquiera expresarlas se permitía, por lo que, tenías que intuirlas, adivinarlas.
Cerró la puerta del armario de un portazo demasiado fuerte, incluso, creyó que la bisagra se había salido de su eje. A veces, usaba más fuerza de la que requería, sobre todo, si estaba enojada. Su madre siempre le decía que debía controlar ese mal genio que tenía, más que nada porque lo pagaban los objetos de la casa destruidos en sus manos. Todos los vampiros eran fuertes, más que un simple humano, sin embargo, ella tenía un poco más de fuerza que otros. Fuerza que no sabía controlar demasiado bien debido a su juventud, según su padre.
Suspiró, dándose media vuelta. ¿Y ahora qué? ¿Se suponía que ella tenía que esperarlo ahí? ¿Encerrada en esas cuatro paredes oscuras? Si permanecía ahí se volvería loca. Cada vez que sus ojos jades caían sobre la mesa donde fue sentada por los fuertes brazos de Sasuke recordaba cada instante como si de verdad estuviera pasando de nuevo. Y no. No era eso lo que necesitaba. No lo era.
Ella debía de estar indignada. Debía. Y enojada. Muy enojada. Por insensible. Por idiota. Por…porque sí. Tenía que salir de ese sitio. Además, sentía curiosidad. ¿Cómo sería el resto de la casa?
Una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios, como en una exhalación.
Se pasó las manos por el pelo, tirándose hacia atrás la cabeza. El agua caía como un torrente justo encima de su frente, resbalándose por sus sienes, bajando por su cuerpo musculado. Se dedicó a sentir la presión de agua, escuchándola, concentrándose en sólo eso, en ese repiqueteo ensordecedor, y sin embargo, mientras permanecía así, con los ojos cerrados, disfrutando de las tintineantes estrellitas multicolores, no podía más que imaginarse a esa pequeña molestia pelirrosa bañándose con él.
Tocar, lamer, besar.
Ella acariciándolo.
Ella probándolo.
Ella besándolo.
Joder. ¡Maldita sea!Estaba perdiendo el juicio. Por una mujer.
Cerró la llave con mala gana en sus gestos. Por más que el agua había caído fría, él seguía caliente. Y enojado. Muy enojado. Lo que no podía distinguir todavía qué o quién era la causa de su enfado, si ella o él. Decidió que un poco de ambos. Ella por simplemente ser ella, una tentación andante con complejo de yegua testaruda. Él por estúpido y descerebrado. ¿Cómo se le ocurría? Al fin y al cabo, las vírgenes que pasaron por su cama, querían hacerlo, es más le imploraban que las tomara, lloriqueaban por él. ¿Y esta? Esta lo rechazaba. Genial. Quizás lo peor que llevaba era el rechazo. Porque él, Sasuke Uchiha, nunca fue rechazado por una mujer. Nunca. Él era el que tenía que rechazarlas. Él elegía, no al revés.
Se secó y vistió muy lentamente, casi, casi, con parsimonia en cada movimiento, en realidad no tenía ninguna prisa por volver a esa habitación, su habitación, donde había dejado a Sakura, sola. Y se preguntó si habría hecho bien en dejarla allí, o mejor aún, quizás no tuvo ni siquiera que haberla hecho venir, en primer lugar. ¿Cuál era su verdadera intención trayéndola allí? No lo tenía demasiado claro. Joder, ¿por qué tenía que ser todo tan jodidamente confuso? ¿Qué esperaba? ¿Qué ella simplemente se arrastrara a sus pies como las demás? Hizo una mueca de disgusto ante ese pensamiento. No. Sakura Haruno no era como las demás mujeres que había conocido hasta entonces. Si así hubiera sido, el juego sería demasiado fácil, predecible y vulgar. ¿Y acaso la eligió a ella porque le supuso un reto?
Los orbes ónix se clavaron en el reflejo que el espejo le devolvía, analizando la máscara inescrutable de frialdad e indiferencia, no hallando nada. A lo mejor si era cierto que la vio como un reto. Tenía sentido. Pero aún así…no lograba entender esa puñetera fijación por esa rebelde muchachita de cabello exótico. Y, sinceramente, no pensaba perder más el tiempo preguntándose qué diablos sería. Haría lo que siempre hizo, vivir, lo que tuviera que venir, vendría de igual forma.
Se encogió de hombros y tras una última mirada, comprobando que todo estuviera en orden, salió del baño, internándose en una de las habitaciones de invitados para pararse delante de la puerta. Con un suspiro resignado, la abrió y, con dos zancadas, se puso en el pasillo. Sin apenas hacer un ruido delatador se encaminó hacia su cuarto. Pensó algo bueno qué decirle, pero luego recordó que él era un Uchiha, era su señor y él no daba explicaciones a nadie. Fin de la cuestión.
Sin tan siquiera tocar antes de entrar, tomó el pomo y empujó la puerta. La luz lo cegó por unos breves instantes. Sus ojos, automáticamente, se cerraron, sin distinguir nada. Entrecerró la mirada, tratando de distinguir el pequeño cuerpo femenino, pero allí no vio a nadie. Cuando, por fin, se adaptó a la claridad pudo confirmar que Sakura no estaba. No. Estaba.
– ¿Qué demonios…?–soltó con irritación el Uchiha.
Pudo percibir con exactitud el aroma indiscutible de la joven Haruno por toda la estancia. Olor a cerezos. Recorrió el lugar, cada rincón donde ella había estado. Descubrió que, prácticamente, había estado curioseando entre sus cosas. Es más, la puerta del armario no estaba bien cerrada y una de sus camisas quedó trabada. La colocó adecuadamente en su sitio y, nuevamente, captó, no sin cierta satisfacción, su perfume. No supo si molestarse o alegrarse de este pequeño descubrimiento.
Y ahora la verdadera pregunta era: ¿Dónde estaba Sakura? Era cierto que allí estuvo, pero ya no. ¿Habría salido a investigar la casa? O ¿se habría marchado? Negó esa última posibilidad, al instante. Dudaba que alguien la dejara salir de la mansión si avisarlo, tenía que estar dentro y él descubriría dónde, al fin y al cabo, esta era su casa, no podría irse muy lejos.
Clásico.
Toda la casa era muy clásica. En cada pared podía distinguir una obra de arte, ya fuera un paisaje o un retrato, lámparas de cristales finos y colores sobrios y claros, no demasiado alegres, pero si con ese claro propósito de sofisticación y elegancia, creando un ambiente sereno y suntuoso. Cortinas, alfombras y tapizarías con telas laboriosamente trabajadas, sedas y terciopelos. Era una mansión de aristócratas. Y, realmente, no se sentía del todo bien allí. Notaba que todo estaba demasiado decorado, demasiado sobrecargado para su gusto. Se sentía asfixiada ante tanto lujo, pese a que admitiera que era magnifica.
Ahora mismo se encontraba en medio de un gran salón que, supuso, servía para recibir a las visitas. Un sofá y dos butacas acolchadas y cómodas, una mesita de roble en medio de patas torneadas y como no podría faltar, la hermosa vista de un jardín bien cuidado ante ella, con un cortinaje pesado y doble, colgando de una barra de bronce, a ambos lados.
Ladeó la cabeza ligeramente, mientras observaba la verde hierba mecerse bajo la suave brisa. Podía distinguir algunas flores de diferentes formas, tamaños, clases y colores a lo lejos y, si la apuraban, hasta unos arbustos con diferentes figuras. Debían de tener un muy buen jardinero que se dedicaba cien por cien en ese jardín. Ino estaría orgullosa de esa gran obra, eso sin duda. A su amiga rubia le gustaban muchísimo las flores, es más, era capaz de hacer hermosos ramos armoniosos para cualquier ocasión.
Estuvo a punto de dar un paso más, acercarse hasta la cristalera y salir al exterior y disfrutar de ese día brillante, es más, lo necesitaba. Sin embargo, se vio paralizada. Una mano, tocó su hombro y esto logró hacerla saltar, lanzando al aire un breve chillido agudo asustado y darse la vuelta en menos de un segundo, zafándose del toque.
–Lo siento, no pretendía asustarte.
Sakura observó con detenimiento al hombre parado enfrente de ella. Él era alto, aunque teniendo en cuenta su altura, todos eran altos, siempre. Y lo más llamativo de él, no fue para Sakura, su cabello pelirrojo, sino sus ojos grandes de un insólito color grisáceo, nebuloso, como las nubes que anuncian una tormenta, y, aun así, amigables. Era una mirada extraña y engañosa, que, pese a todo, no le trasmitió miedo. Confianza.
–No te preocupes–le contestó al cabo de un rato, dándose cuenta de su mutismo.
Él le sonrió y ella se la devolvió. La pelirrosa se preguntó quién sería ese chico, nunca lo había visto, su rostro no le era familiar de las fiestas a las que había acudido, aunque, siendo sincera, ella rara vez se fijaba mucho en las personas que encontraba en esos acontecimientos, era obligada a ir por su madre, no sin cierto, disgusto acudía y tampoco ponía mucho empeño en ser sociable con los demás.
Estaba a punto de preguntarle cuál era su nombre, cuando él se adelantó en hablar.
– ¿Cómo te llamas?
–Es de mala educación preguntar el nombre de otro sin presentarte tu primero. –citó, no sin cierta diversión, las palabras textuales que solía decir su madre en momentos como esos.
–Tienes razón–le concedió el pelirrojo. –Me llamo Sasori, un placer conocerte…–dejó la frase sin terminar apropósito, animándola para que ella misma la completara con su nombre.
Ella no se hizo esperar.
–Sakura
–Sakura–repitió él de forma galante, tomando su mano delicadamente y besando el dorso.
Las mejillas de la pelirrosa se colorearon de carmesí por el gesto encantador del joven, azorándola por la caballerosidad, estaba poco acostumbrada a ese tipo de gestos por parte de los hombres. Si bien era cierto que la consideraban atractiva, eran pocos los que se atrevían a acercarse a ella, conocedores de su carácter explosivo.
–Entonces… ¿Dando un paseo por la casa, Sakura?
Asintió, tímidamente, casi temiendo que se la fuera a regañar. Y eso era un comportamiento estúpido, determinó mentalmente. Recuperó la compostura y miró, sin titubear, a Sasori, levantando la barbilla.
–Sí, decidí investigar, me llamó la atención la decoración de la casa. –comentó con cierta naturalidad.
El pelirrojo no era uno de los miembros de la familia Uchiha, ya que estos eran conocidos, seguramente sería algún amigo, a juzgar por las ropas que llevaba no podía ser del servicio, no al menos ataviado con esos pantalones marrones y esa camisa blanca.
–Hay que reconocer que es un estilo bastante elegante, aunque quizás demasiado sobrecargado para mi gusto–le contestó él.
Sasori la volvió a mirar y Sakura no pudo evitar sentirse traspasada, como si la estuvieran analizando tanto por dentro, como por fuera. El hombre dio un paso al frente, y otro, y otro más, hasta quedar a pocos centímetros de ella. La joven permaneció estática, incapaz de moverse de su lugar, maldita fuera ella por su bajo sentido de la supervivencia. Poco a poco, la cabeza de él descendió, la respiración de ambos se entremezcló, chocando la una con la otra, y ambas miradas se encontraron.
– ¿Y cuál es el motivo de tu visita, Sakura? –preguntó con tono seductor, casi en un susurro perfectamente premeditado para alterar los nervios de la Haruno.
La boca femenina se abrió y cerró, buscando las palabras adecuadas para la ocasión, tratando de poner en orden sus pensamientos confusos y desordenados. ¿Qué contestar? ¿La verdad? La verdad era tan… ¿humillante? Básicamente, era la nueva puta de Sasuke Uchiha ¿cómo decir eso, sin meter en medio, la palabra puta y no parecer disgustada? La respuesta llegó alta y clara: Imposible, por lo menos para ella. Tendría que morderse la lengua y fingir bien, demasiado bien, y todos sabían que a Sakura Haruno no se le daba bien mentir.
– No es de tu incumbencia, Sasori. –escupió una voz ya conocida para la chica. Sasuke.
Sí, allí estaba Sasuke, justo detrás de ellos, fulminando con la mirada azabache la espalda del joven pelirrojo. ¿Qué diablos se había creído ese estúpido? ¿De verdad pensó en conquistar a Sakura? ¿Es que acaso no sabía quién era ella? Por muy amigo de su hermano que fuera no pensaba consentirle esa falta de respeto hacia su persona. No, ni que lo pensara. Porque eso era un error que no consentiría. Nadie tocaba lo suyo. Nadie.
Por su parte, Sasori se dio la vuelta, lentamente, contemplando con ojos despectivos al Uchiha menor, fastidiado por su repentina intromisión. ¿Y a este, que le pasaba ahora? Normalmente tenía cara de perro con malas pulgas, pero hoy…hoy simplemente tenía un humor de mil demonios. ¿Por qué le molestaba tanto que estuviera cerca de la pelirrosa? Indudablemente, no pudo ignorar el gruñido salvaje lanzado al aire de Sasuke, y este detalle lo hizo sospechar el motivo.
Sakura, una vez más, se quedó paralizada. Joder, debía de haber hecho cosas muy malas en su vida pasada para ahora sufrir esto. ¿Por qué tenía que aparecer de la nada? Ni siquiera lo vio surgir o irrumpir en la sala, simplemente apareció. Aunque, no pudo evitar sentir cierto alivio al verlo, más que nada, porque aún no sabía que responderle a Sasori.
– ¿Por qué tan molesto, Sasuke?
–Ella es mía. –gruñó en respuesta.
¡¿Qué? ¡No, esto era el colmo! Una desfachatez. Ese maldito bastardo encima se atrevía a declararla como suya, delante de la gente, como si ella se tratara de un mero objeto que lucir. Desgraciado. Los puños de Sakura se apretaron con rabia, volviéndose los nudillos blancos. Tuvo que morderse la lengua, muy a su pesar, para no soltar la sarta de insultos que su mente pensó en comunicar tan amablemente al señor Uchiha.
– ¿Ella es tu…?–por fin, Sasuke logró su cometido, sorprender a Sasori.
–Ella es mi amante de sangre.
¿Tenía que aclararlo? No, obviamente el pelirrojo lo había captado, pero la satisfacción que sintió Sasuke al soltar aquellas palabras fue tan tangible como su molestia inicial al encontrarse con esa imagen tan comprometedora.
El otro no comentó nada al respecto, se mantuvo en silencio, y esto, aumentó, aún más, el ego, ya de por sí grande, del azabache. Se acercó a la muchacha con dos pasos y alcanzó uno de sus brazos, tomándola de este. Ella se retorció, tratando, inútilmente, de zafarse del agarre férreo de él. Luego, pasó por el lado de Sasori, chocando su hombro con el de él, aunque ni siquiera se inmutó.
–No te acerques a ella, Sasori–le advirtió con, extrañamente, voz tranquila, todo lo contrario de lo que sus ojos reflejaban: tempestad. –Ella es mía–y con esta repetitiva afirmación, clavó sus orbes ónix en los jades brillantes de cólera de Sakura.
Ella volvió a zarandear su brazo en busca de liberarse, pero no lo consiguió. Sasuke aumentó la intensidad del agarre en respuesta y tiró de ella, hasta sacarla fuera de la estancia, dejando atrás a un desconcertado, y ciertamente, irritado, Sasori.
Prácticamente, la arrastró por la casa, hasta llegar a las escaleras y comenzar a subirlas. Ella tenía que seguirle el paso atropelladamente, casi tropezándose por el camino. Su indignación iba en aumento, las ganas de estamparle una buena bofetada también. Es más, la tentación que le causó comenzar a gritar, fue tal, que la garganta le picó y el sabor metálico de la sangre le bajó por ésta. Se mordió la lengua con tal intensidad, que se dañó.
–Suéltame, me haces daño. –se quejó, arrastrando las palabras.
Sasuke ni siquiera hizo amago de mirarla, es más, aumentó la velocidad de sus pisadas, tanto que Sakura se sintió confundida cuando, tras un portazo estremecedor, se vio azotada contra una pared y aprisionada por un cuerpo fuerte y masculino. Levantó la mirada y se encontró con el rostro impasible y jodidamente enojado de él. Una imagen aterradora. Sus instintos le gritaron que se alejara, pero se vio acorralada, no tenía modo de escapar con ambos brazos impidiéndole cualquier medio de escape.
– ¿Qué demonios…?
–Cállate–la cortó él de forma ácida.
La boca de Sakura se cerró a regañadientes, de todos modos, su espalda se tensó ante el enfado de él. Un aura negra de poder envolvía al hombre ante ella y supo con exactitud que este no era el momento más adecuado para enfrentarlo. Trataría de no hacerlo.
–No quiero que te vuelvas acercar a Sasori –le ordenó.
Le molestó. Oh, sí. Recorrió toda la estúpida casa, allí donde ella había estado, y allí, donde su perfume era más fuerte, la encontró. En el salón. Con él. Con Sasori. Con ese imbécil. Muchas veces tuvo que soportar la presencia de ese engreído, muchas. Por algo era uno de los mejores amigos de su hermano. Pero no pensaba tolerar eso. Sakura era suya, su mujer, su amante. No quiso plantearse por qué sentía esta posesividad por esa mota pelirrosa, simplemente prefirió atribuirlo a la ofensa que vivió y no a algo más.
– ¿Por qué? –se atrevió a preguntar de manera retadora Sakura.
Una de las finas cejas de él se alzó.
–Porque tú, eres mía, Sa-ku-ra–le susurró al oído, saboreando su nombre, deletreándolo. Un escalofrío recorrió la espalda de la joven, que se estremeció involuntariamente.
Una sonrisa de medio lado y socarrona se dibujó en los labios del Uchiha. Se separó lentamente de ella, dejándola estática. La contempló por breves instantes, mientras ella miraba un punto indefinido del suelo.
–Además–hizo una pausa intencionada, ganando la atención de la chica, la cual lo observó, atenta–Sasori viene mucho a esta casa porque es un gran amigo de mi hermano…
– ¿Y eso que tiene que ver conmigo? –interrumpió, inquieta, Sakura.
–Vivirás aquí y no quiero que ese idiota este cerca de ti.
– ¿Cómo que viviré aquí? Yo tengo mi casa, pensé que…
–Pues pensaste mal. Y no seas molesta–añadió al ver la disposición de la chica a replicar–Vivirás aquí y que no se diga más.
Siento mucho la tardanza, suelo ser más rápida en actualizar, pero tuve exámenes, luego me puse enferma y encima comencé nuevamente la uni y me quedé sin inspiración. No fue hasta hoy que regresó y pude terminar el capítulo.T.T
Siento también no haber respondido sus reviews, ni haber respondido las preguntas, pero ya traté de aclarar cual era la época de ese fic, siento no haberlo aclarado antes, fue un fallo técnico mio, de verás, perdonen mi error, siempre me gusta dejar las cosas claras y entendibles u.u
En este capítulo hice la aparición estelar de Sasori, realmente, creo que le cambié la personalidad, pero necesitaba que fuera así xD
Muchas gracias a todos por leer esta historia y sus maravillosos reviews, se que no siempre los respondo, pero créanme que si los leo y me emocionan todos y cada uno *.*
Por cierto, para los que lean mi otro fic, Prohibido Besar, prometo que trataré de actualizar en estos días (no me gusta poner estas cosas aquí, siento que hago publicidad barata xDD De todas formas, me siento en el deber de hacerlo xD siempre actualizo rápido y mi bloqueó me superó u.u)
Y ya dejo de aburrirlos xD
Nos leemos! ^^
