Un rayo de sol en mi alma.
Capítulo 3. Una noche cálida.
Me encontraba en el ático del orfanato durmiendo una pequeña siesta cuando empecé a tener una pesadilla muy extraña, me estaba retorciendo en el armario cuando de repente por accidente entre esos movimientos abro el armario y me caigo cayendo con fuerza al suelo y despertando de mi pesadilla.
Mire a mi alrededor algo exaltada, estaba algo asustado por la pesadilla, pero luego me calme y me dije a mi mismo que solo era un sueño. Aún estaba muy deprimido como para siquiera prestarle atención, me levante del suelo y tan pronto como di un paso hacia adelante volví a caer, mire mis patas traseras y note que estas se habían atorado con una vieja bufanda que se encontraba en el ropero, me desamarre la bufanda y la arroje con un poco de rabia, estaba de mal humor ese día, aparte del hecho de que también estaba muy triste. Sé que sonara una locura, pero abecés me gustaría ser una de esas criaturas, nadie se metería con migo nunca, seria libre, podría hacer lo que yo quisiera sin temor a que los demás me molesten.
Mire por la ventana y note que otra vez era de noche, últimamente me la paso encerrado en ese viejo armario. Estaba por irme a mi cama, cuando me interrumpe un rugido, era mi estómago, llevo barias horas sin comer, por lo que al ver en un reloj cercano que aún no ha pasado la hora de cenar, decidí ir al comedor.
Me forme en la fila como diario, esta vez no era muy larga, gracias a que ya la mayoría habían cenado, cuando por fin fue mi turno, la cocinera me entrego la charola, con una manzana y un tazón con un poco de yogurt, antes de que me retirara con mi charola ella me detiene y me entrega algo envuelto en una servilleta, no me dijo que era, solo que no lo sacara hasta que llegue a mi mesa, yo le hice caso y cuando me senté en una mesa alejada de todos, desenvolví lo que me había dado. Era mi pan dulce, el que no había recogido en la mañana y a que no asistí a desayunar esta mañana. No sabía que pensar, en verdad, estaba confundido, por un momento la nube negra que estaba sobre de mí se desvaneció.
Una vez que termine el yogurt y mi fruta, deje lo mejor para el final, tome mi panecillo y lo saboree lentamente, lentamente, el panecillo de hoy era de vainilla con lechera dentro, estaba delicioso, por un instante mis papilas gustativas se fueron al cielo.
Después de cenar me levante y camine hacia mi cuarto para recostarme sobre mi cama, aunque, en realidad me sentía demasiado lleno como para ir a dormir ahora, pero ya era de noche, que podrí hacer, no tenía sueño, pero también se nos tenía prohibido rondar por los pasillos de noche, así que no tenia de otra. Estaba caminando por el pasillo cuando de repente escuche una vos familiar llamándome por mi nombre, yo casi al instante empecé a apretar el paso, era Cristal, ella me estaba llamando, estaba a tras de mi intentando alcanzarme, yo camine más rápido y simule como si no la hubiera oído, me costó perderla, al dar vuelta en una esquina no lo pensé dos veces, salte al ducto de la ropa sucia y me escondí hay, era una especie de tobogán que llevaba directo al sótano del orfanato, por suerte para mí no habían recogido la ropa sucia, así que caí en blandito. Así ha sido los últimos días, me he escondido de ella, al principio intente solo alejarme de ella, pero, ella me busca e intenta hablar con migo en cada oportunidad que tiene, por lo que lo mejor que puedo hacer es esconderme.
-¡Pero que idiota!- me dije a mi mismo al ver donde había acabado. Corrí inmediatamente hasta la puerta y tal y como me lo esperaba, estaba cerrada, estaba atrapado.
-Y ahora qué hago- me dije a mi mismo y regrese a la canasta de ropa sucia, me recosté sobre la ropa y me puse a pensar. Aun no tenía sueño por lo que no me iba a rendir tan rápido, en eso pensé, el ducto de la lavandería, así que inmediatamente me introduje hay dentro, e intente escalar, no pude ni avanzar 20 centímetros y resbale. Lo intente un par de ocasiones más pero era imposible, no había de dónde agarrarse, así que tras cada intento caía al suelo. Al darme cuenta que era inútil decido rondar por el cuarto buscando una posible salida, pero no encontré nada. Me senté en el suelo y me puse de cascos cruzados, mire hacia arriba y encontré una ventanilla, pero estaba muy alto, sin embargo había muchas cajas y canastas de ropa, apile un puño en forma de torre y la escale para llegar a la ventanilla, pero se me impuso otro problema, estaba atorada, yo lo que hice fue empujarla intentando hacer que esta se abriera, pero en verdad estaba muy atorada, use todas mis fuerzas y por fin logre abrirla, sin embargo esto causo que sin querer tumbara mi torre de canastas de ropa sucia, yo me quede colgando, al borde de la ventana abierta, me dolían los cascos, intente hacer agitar mis alas para ayudar a impulsarme hacia arriba, pero de nada sirve, estaba por soltarme, pero di un último esfuerzo y logre escalar y salir por la ventana.
-¡GENIAL YA NO ESTOY EN ESA OSCURA LAVANDERÍA! ahora estoy…, estoy afuera….- me dije a mi mismo, hacia un poco de viento, tenía frio, así que intente mantener mi calor con mis cascos.
-¿Quizás deba regresar?- pensaba. Pero antes de que lo hiciera note que la luz del salón de lavandería se había prendido, medio me asome por la ventanilla y vi a Long Shot, él había entrado, aparentemente para investigar el ruido que seguramente provoque cuando tire las cajas.
-Mejor busco otra entrada- me dije a mi mismo, y rodee el orfanato, buscando una ventana o puerta abierta, le di la vuelta al orfanato 3 veces y nada, todas las puertas y ventanas de la planta inferior estaban cerradas, me había quedado afuera, el frio se hacía más notorio por lo que decidí regresar a la ventana por donde salí, y me encontré con la sorpresa de que estaba cerrada y esta vez con seguro, seguramente Long Shot la había cerrado.
Tenía frio, así que busque algún sitio caliente, pero alrededor del orfanatorio solo estaban árboles, estábamos muy cercas del bosque, así que lo que hice fue acurrucarme en un árbol, apretando fuertemente mi pecho para mantener mi calor.
-Creo que fue mala idea ir a cenar- me dije mientras titilaba del frio.
De repente un sonido familiar llamo mi atención, era Spiti que estaba a unos árboles más adelante.
-Ho… hola Spiti, que, que haces despierta- decía titilando mientras me acercaba a su árbol.
La ardilla se me queda viendo y luego se va y sube a su tronco dejándome en el suelo, yo me dejo caer y me acurruco cerca de su árbol, aun temblando y mordiéndome los labios.
Cuando se escucha a Spiti, me estaba ablando yo volteo y la veo sosteniendo mi gorrita azul de rayas negras, ella me la coloca sobre mi cabeza y luego regresa a su árbol de nuevo, al poco tiempo vuelve con lo que parece ser una bufanda vieja, y me la entrega. Yo la tomo y me la pongo en mi cuello para calentarme y me acomodo la gorrita. Spiti se va otra vez y vuelve con un puñado de hojas secas y las apila para formar una almohada para mí.
-No, no bebiste molestarte- le dije a la ardilla. Esta última me vuelve a dejar, ya al poco rato regresa, al principio no parecía traer algo con sigo, pero cuando baja, noto que trae consigo el trozo de tela que le había dado para que se cobije en las noches como esta. Ella la coloca sobre mi espalda. Yo la tomo y le digo, no gracias, ya es suficiente, gracias.
La ardilla toma su retaso de tela y se acurruca cerca de mí y se cobija con el retaso de tela. Yo me quedé impresionado, en esta ocasión, la generosidad de Spiti, en verdad no me esperaba esto de una ardilla.
Ambos nos acurrucamos debajo del árbol y contemplamos las estrellas antes de quedarnos dormidos. A pesar de aun sentir frio, en mi espíritu se manifestaba una paz y calidez que no había sentido antes.
