Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: Es un AU y lenguaje obsceno.
Amante de Sangre
6. Hermano menor estúpido.
No podía creer que él hubiera ganado tan fácil. No podía creerlo. Era inaudito. Joder. El ceño de Sakura se frunció aún más, si es que eso era posible, soltando un bufido exasperado al aire, mientras sus brazos se cruzaban sobre su pecho y observaba con eterno desprecio cómo sus cosas, sus malditas cosas, eran movidas de sus lugares, de su habitación, para ponerlas dentro de maletas o cajas y llevarlas a la casa de él, de su dueño, pensó irónicamente.
–Hija, no arrugues el ceño de esa forma, por favor. –la reprendió Suzume.
– ¿Y qué pretendes? ¿Qué salte de alegría? –atacó ella, ofendida.
La señora Haruno la miró, justo con esa mirada que toda madre echa alguna vez a sus hijos, signo da advertencia. La pelirrosa, en vez de intimidarse, alzó más la barbilla en respuesta. Y de cierta forma, su madre comprendía por qué se sentía así y por qué le hablaba de aquella manera. A todos les pilló de improviso que Sasuke decidiera que su hija viviera con él. ¿Qué pretendía aquel hombre con todo esto? Toda aquella situación era poco ortodoxa. ¿Una amante de sangre viviendo bajo el mismo techo que su dueño? Y no era por el hecho de vivir juntos, sino porque Sakura viviría en la mansión Uchiha. La mansión familiar.
–Yo tampoco me esperaba este giro de los acontecimientos, Sakura. Yo pensé que podrías seguir viviendo aquí –le dijo con franqueza su madre. –De hecho, eso hubiera sido lo más lógico.
Aunque fuera un susurro, la joven pudo notar cierto grado de resentimiento y desaprobación en esa última frase deja suelta en el aire. Y sintió algo de satisfacción, al fin y al cabo, ella no pensó mal. Él actuó mal.
Y de todos modos, sus cosas terminaron siendo empaquetadas y ella tendría que asumir, de una manera o de otra, que tendría que convivir y lidiar con el orgulloso Sasuke Uchiha las veinticuatro horas del día, le gustase o no.
–No lo entiendo.
Sasuke contempló con aburrimiento el rostro circunspecto de su hermano mayor. Los ojos ónix, iguales a los suyos, le devolvieron una mirada confundida. Y volvió a maldecirse. Quizás no tuvo que dejarse llevar por sus jodidos instintos salvajes surgidos por el momento. Quizás tuvo que morderse la puta lengua y no haber dicho nada. Es más, sólo de imaginar la cara de su madre al enterarse…un escalofrío recorrió su espalda. Mikoto haría su mejor papel de madre, el de detective. Menos mal que ella y Fugaku estaban fuera por vacaciones.
–Hmp, no hay nada que entender.
– ¿No? –Alzó una ceja –No me jodas, Sasuke.
El menor bufó.
–No hay nada que explicar, Itachi. Sakura vivirá aquí, no es tan difícil de comprender.
Itachi se frotó el puente de la nariz con algo de irritación, cerrando los ojos. ¿Y nada más? Joder, pensaba que su hermano era más inteligente, pero ya se daba cuenta que seguía siendo un estúpido.
– ¿Tú eres consciente de lo que acabas de decir? ¿Te das cuenta de lo anti convencional que es todo esto? –le preguntó.
Él lo meditó por un segundo. Sip, claro que era consciente, y claro que era anti convencional. Es más, la madre de Sakura casi le rompe el tímpano cuando se enteró que su hija viviría con él. Ya sabía de quién heredó la pelirrosa lo escandalosa. De hecho, pudo ver la desaprobación detrás de esa sabia mirada verde. Pero, por extraño que pareciera, sentía que estaba actuando correctamente, ella debía estar a su lado, en todo momento. Joder, ella era suya.
No dijo nada y, sin embargo, lo dijo todo. Itachi estuvo a punto de sucumbir a los deseos homicidas que por sus venas se disparaban, pero prefirió no hacerlo. Su padre se enojaría, y mucho.
–Tsk. Te han estado pidiendo que tomaras a una amante de sangre desde hace mucho tiempo y ahora, que por fin escoges a una, decides que es mejor que viva aquí... –casi lo susurró, aunque Sasuke pudo distinguir el reproche y casi, la diversión en cada palabra.
El primogénito, por un instante, simplemente, observó los orbes carbones del menor y quedó sorprendido al descubrir allí la decisión, no pensaba ceder ante nada y nadie, ya lo había decidido. Y, entremezclado, un brillo salvaje y posesivo aflorando, le recordó a un cazador evocando el sabor de su presa. Sonrió interiormente, no permitiéndose expresar nada más allá de su máscara de frialdad. Su hermanito menor estúpido era realmente un estúpido. Estaba cayendo, poco a poco, en las redes de una mujer, y ni siquiera se daba cuenta.
– ¿Se lo has dicho ya a mamá?
Sasuke hizo una mueca de disgusto.
–Tsk, no.
–Estás jodido, hermanito.
El otro gruñó ante la forma en que lo llamó. Itachi, por el contrario, sonrió de medio lado, no sólo porque se lo esperaba, sino porque, realmente, su hermano era un estúpido que no había entendido todo el significado de aquella frase.
Sus labios se curvaron en una media sonrisa al comprobar el gesto reticente de Sakura a entrar en la habitación. Desde su llegada a la mansión permaneció callada y con el ceño fruncido, visiblemente enojada con la situación, lo único que soltaba por la boca eran bufidos gatunos y monosilábicos agrios. Pese a lo fastidioso que pudiera haber sido en un principio, Itachi fue a recibirla y se sintió francamente irritado al comprobar la cara de diversión, mal disimulada, de su hermano mayor al percatarse de la inconformidad de la muchacha. Claramente Sasuke tenía un dolor de cabeza personal personificado en una joven exótica.
– ¿Te vas a quedar ahí todo el día? –le preguntó él, alzando una ceja.
La pelirrosa observó alternativamente la habitación y al hombre al lado de ella. Una mueca se formó, nuevamente en su rostro, y pensó en dar un paso hacia delante, al fin y al cabo, al menos no tendría que dormir con él. Y esto, sin saber exactamente por qué, le molestó. ¡Joder! Ella no debería de molestarse por eso, es más estaba bien. Estaba bien que él le diera su puñetera intimidad y que no la presionara, al menos demostraba tener algo de comprensión, algo… Y de todos modos, el sentimiento de inconformidad seguía ahí.
–No te lo pienses tanto y entra ya–le dio un breve y suave empujón, animándola.
La chica se tensó completamente al sentir el cálido roce de una de sus manos en su espalda. Por corto que fuera el acercamiento, sus orejas se colorearon de rojo y avanzó atropelladamente hasta entrar en la habitación, separándose de él. No podía parar de recordar cómo la había tocado cada vez que él estaba demasiado cerca de ella. Seguramente, estaría quedando como una gran idiota y encima, el muy bastardo, se estaría riendo de ella a su costa.
Sasuke notó su alejamiento, rodando los ojos. Por lo menos consiguió que entrara en la pieza. Él hizo lo mismo, sólo que mantuvo las distancias con ella, por ahora. Las cosas de Sakura ya habían sido colocadas en su nuevo cuarto, y este, a diferencia del de él, estaba pintado de un suave color pastel. Es más, todo tenía colores cálidos. Pensó que era perfecto para ella.
–Esa puerta de ahí da al baño–explicó con indiferencia.
– ¿Y esa? –señaló el otro extremo de la habitación la chica, hablando por primera vez.
–Esa da a mi habitación.
Una sonrisa sardónica se dibujó en su rostro y los orbes de Sakura se abrieron como relámpagos. Mierda. Sabía que tenía que haber alguna trampa. Algún pero. No podía simplemente respetar su intimidad y ya está. Nop, claro que no. Tenía que darle una habitación que, no sólo estaba pegada a la suya, sino que ambas se conectaban. Genial. Así podría entrar cuando le diera la gana, usarla cual muñeca de trapo y luego irse tal cual entró.
–No me mires así, no es para tanto.
– ¿No es para tanto? ¿Qué no es para tanto? –los puños de Sakura se cerraron con fuerza. – ¿Y dónde queda mi intimidad?
–Tendrás toda la intimidad que quieras.
Y detrás de esas palabras, había un doble sentido tan obvio y palpable que Sakura se preguntó cómo fue capaz de ser tan expresivo con su voz adoptando esa máscara de indiferencia.
La primera noche en esa casa, metida en esa cama extraña para ella y tapada hasta el cuello con las suaves sábanas, Sakura no se durmió hasta bien entrada la madrugada, preguntándose si él entraría. Cada ruido que escuchaba, cada respiración, paso o crujido para ella era una alerta, una señal de que él entraría por esa maldita puerta. Pero no lo hizo.
Para su sorpresa, Sasuke no intentó hacerle absolutamente nada toda esa semana que pasó en esa gran mansión. Y noche tras noche, fue perdiendo un poco el miedo, hasta que, cada vez, conseguía dormirse un poquito antes, pero sólo un poquito. Lo que no consiguió fue que él abandonara sus sueños. Soñaba con él. Y siempre acudía un encantador sonrojo a sus mejillas cuando recordaba esos sueños, porque en ellos, él la besaba y la acariciaba, por todas partes.
Carraspeó sacándose de su imaginación. Se encontraba en el jardín, tumbada en el césped, mirando las nubes. Esa semana se había dedicado a observar, explorar y aprender, y descubrió el orden que regía aquella gran morada, todo era una absoluta rutina perfecta y planeada. Pero sobre todo, lo que más llamaba la atención del hogar, era esa aura de tranquilidad que la envolvía.
–Es una casa muy grande para pocas personas. –susurró para sí misma.
–Sí
Sakura se sobresaltó al escuchar la voz varonil de Sasuke detrás de ella. Se incorporó, sentándose, con el corazón golpeándole fuerte contra el pecho. Tomó una gran bocanada de aire y se giró, encontrándose con los ojos oscuros burlándose de ella desde arriba. No pudo evitar inflar las mejillas y hacer un infantil mohín. ¿Es que siempre tenía que asustarla? ¿No sabía aparecer como las personas normales?
Lo contempló por breves instantes. Allí estaba él, con las manos en los bolsillos y pose despreocupada. Con unos pantalones vaqueros y una camisa blanca, que se amoldaba perfectamente a su cuerpo. Mierda. Se había quedado abstraída observándolo atentamente y por la mueca mordaz que dibujaban sus labios, sabía que se había dado cuenta. Genial. Lo que necesitaba, subirle más el ego a ese espécimen ególatra.
–Me has asustado. –le recriminó.
–No es mi culpa que seas una miedica. –se encogió de hombros, despreocupadamente.
– ¿Qué lo que has…?
Pero no pudo acabar su frase, ya que vio como el Uchiha se sentaba a su lado.
– ¿Qué haces?
Una fina ceja se alzó. ¿No era obvio?
–Sentarme.
–Eso ya lo veo. Lo que no entiendo es por qué te tienes que sentar precisamente aquí–se cruzó de brazos, graciosamente.
Sasuke la miró a los ojos y bufó. ¿Tanto le molestaba a aquella chica su presencia? ¿Tan desagradable era para ella que sus cuerpos se rozaran? ¿De verdad tanto asco le daba? No. A Sakura no le producía repugnancia, no le molestaba que la tocara. Pudo comprobar aquel día en su habitación que a ella sí le gustó cómo la tocó. Lo que realmente le molestaba a esa pelirrosa escandalosa, era el efecto que su contacto causaba en ella.
–Hmp.
– ¿Y qué se supone que significa eso?
–Significa que esta es mi casa y puedo sentarme donde me dé la gana. –la encaró él, sonando más agresivo de lo que quiso.
–En tal caso me iré yo. –dijo alzando la barbilla, ofendida.
Y cuando se dispuso a levantarse, la mano de Sasuke tiró de ella, deteniéndola. Ella se quedó mirando hacía el otro lado, obligándose a no hacer contacto visual con él. Por uno momento, ambos se quedaron en silencio. Ella, enojada por el tono brusco del moreno, aunque, ciertamente, él tenía razón, esa era su casa y ella no tenía ningún derecho de echarlo. Él pensando, pensando qué decir ahora. Joder, quizás no tuvo que decir eso, pero esa joven conseguía sacarlo de sus casillas con mucha facilidad, además, su testarudez y su orgullo la cegaban tanto como a él su ego.
–No te vayas–trató de sonar más amable. La soltó lentamente y Sakura no se movió, sorprendida por la reciente petición. –Sólo quédate un rato aquí.
Y es que esa era su intención desde un principio, pasar algo de tiempo con ella. Toda esa semana se las había ingeniado para huir de él, no queriendo estar en la misma habitación que él más del tiempo necesario. La veía, únicamente, en las comidas, y a veces ni eso, porque durante el almuerzo él tenía que salir, y en las cenas, ella pedía que se la llevaran a cuarto.
Tampoco, él había intentado acercarse más de lo debido a ella, pese a las ganas devoradoras que le provocaba, se reprimía, sabiendo que, de esa forma, sólo empeoraría las cosas. No deseaba llevarse mal con Sakura. Pretendía que fuera ella la que acudiera a él. Estaba claro que la muchachita no iba a dejarse hacer nada por él, ni aunque fuera una mísera caricia, hasta que no confiara en el Uchiha. Y no le apetecía ejercer su poder como su dueño y reclamar lo que, en definitiva, era suyo. Así no sería ni divertido, ni placentero. Él quería que ella lo deseara tanto como él. No obligarla.
Los orbes jades se encontraron con los ónixs y ella, por fin, accedió a quedarse, asintiendo con la cabeza. Él sonrió, pero esta vez no fue una sonrisa irónica o burlona, fue una sincera, una que no había visto antes. Una sonrisa que le gustó, porque incluso, en sus ojos se vio reflejada, por un momento.
Él se echó sobre el césped, con las manos detrás de la cabeza y cerró los ojos. Sakura se mantuvo sentada, dobló las rodillas y apoyó la cabeza en ellas. Por el rabillo del ojo, observó a Sasuke, su respiración era más suave, tanto que se preguntó si estaba durmiendo, y su rostro reflejaba paz y tranquilidad. Realmente, tenía que admitir que así se veía como un corderito. Y no pudo evitar soltar una risita ante el pensamiento. ¿Sasuke un cordero? ¡Já! No se lo creía. Siempre, fuese cual fuese la ocasión, tenía aspecto de cazador a punto de saltar sobre la presa, y en este caso, para su desgracia, la presa era ella.
– ¿De qué te ríes? –le preguntó entreabriendo los ojos.
–De nada–aunque al mirarlo, otra carcajada se le escapó entre los labios.
Sasuke no comprendió exactamente por qué se reía, sin embargo, apreció que, su risa, era melódica y cantarina, un bálsamo para sus oídos. Definitivamente le gustaba más la Sakura alegre que la terca. Aunque, debía admitir, que cuando se enojaba, no sólo era divertido, sino que además, se veía bastante sexy.
–Hmp, rara
–Hmp, raro. –lo imitó exageradamente ella.
El Uchiha, en vez de seguirle el juego, como era de esperarse, decidió cerrar nuevamente los ojos, ignorándola. Pero, bien era cierto, que todo aquello le resultaba divertido. La pelirrosa, no se enojó, prefirió girar la cabeza y contemplar las flores mecerse bajo la suave brisa de verano que corría por el gran jardín de la mansión Uchiha. Y pensó, que quizás, Sasuke, no era tan malo como ella creyó en un principio, ya vería si el tiempo le daba la razón o se la quitaba.
Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Volvi! xDD
Lo sé, volví a tardarme, pero mi inspiración me abandona saben? Además, he estado pensando cómo acabar Prohibido Besar, también ando preocupada porque no soy capaz de terminar otros dos fic que tengo medio parados T.T y encima, mi mente ya está pensando en otro SasuSaku...xDDDD Pero bueno, ya dejo de aburrirlos con mi vida xD
Muchas gracias a todos por sus reviews, son todos muy lindos *.*
Nos leemos! ^^
