Declaimer:Naruto y sus personajes no me pertenecen.

Advertencia:Au y contiene lenguaje obsceno.


Amante de Sangre

7. La horma de su zapato.

Comían en silencio, lo único que rompía el silencio auto impuesto era el sonido de los tenedores y cuchillos chocar entre sí y con la bajilla. Era otro desayuno más en la mansión Uchiha. Prácticamente, todas las mañanas eran iguales para los tres.

Sasuke, justo enfrente de su hermano mayor, leía el periódico con parsimonia. Sakura se mantenía callada, sentada al lado de él, no por gusto propio, todo hay que decirlo, y deseando acabar lo antes posible para poder retirarse. Y, en cuanto a Itachi, este se dedicaba a observar muy atentamente a la pareja, aunque hoy fue más descarado de lo habitual, notó la chica. Pero decidió no darle la menor importancia, durante el poco tiempo que llevaba allí, descubrió que él tenía cierta manía por molestar al menor de los Uchiha. Era como su hobby o algo así, y no sería ella la que se lo fuera impedir. No, no lo haría.

– ¿Y cómo llevas esto de vivir aquí, Sakura?

La pelirrosa levantó la mirada encontrándose con los ónixs de Itachi. No estaba acostumbrada a eso, normalmente o no hablaban o sólo participaban los dos hombres, y el término participar adquiría un matiz diferente con Sasuke, ya que no sabía si adjudicar como palabra esos "Hmp" "Hn" o "Tsk" que solía usar como única respuesta. Confusa por la reciente pregunta inesperada, tardó en responderle una milésima de segundo más de lo normal.

–Lo llevo bien. –resolvió cortante.

No pretendía ser grosera, pero ¿cómo esperaba qué lo llevara? Su hermano prácticamente se saltó todos los protocolos y la sacó de su casa, apartándola de su familia, para traerla a vivir a una casa enorme, con millones de sirvientes y habitada, en ese momento, por dos especímenes masculinos. Pero no olvidaba que esa era la residencia familiar, es decir, los padres de los hermanos, vivían allí también, y quizás eso era lo que más la inquietaba del asunto.

Itachi no se amedrentó por la escueta respuesta, estaba más que acostumbrado, ni tampoco le pareció molestar su tono, es más, le dio cierto gusto comprobar lo diferente que era Sakura a otras muchachitas hijas de aristócratas que había conocido. Observó por un instante el rostro de Sasuke. Lo miraba por arriba del periódico, lanzándole una muda advertencia. Sonrió para sí mismo, esto sería interesante, y por supuesto, no pensaba hacerle caso a su estúpido hermano menor. Que se joda.

–Puedes ser sincera, Sakura –los jades reflejaron su desconcierto. –Sé perfectamente que la idea de mi estúpido hermanito no te gustó para nada, y es comprensible.

– ¿Y a quién le gustaría?

Sakura se maldijo interiormente por no haberle dado tiempo a morderse la lengua. Sin embargo, y contra todo pronóstico, Itachi soltó una breve carcajada, muy breve, pero carcajada.

–A muchas mujeres si les gustaría.

–Me hago una idea –rodó los ojos, hastiada. –Pero yo no soy de ese tipo de mujer.

Oh, claro, lo olvidaba. Sasuke era famoso entre el sector femenino. Es más, si la apuraban, hasta podría jurar que tenía un club de fans que chillaba y gritaba cosas como "Sasuke, quiero un hijo tuyo" cada vez que lo veían. Patético.

– ¿Sabes algo, Sakura? Me caes bien.

Itachi le sonrió y ella le devolvió la sonrisa. Ese tipo, no supo cómo se las arregló, pero la hizo entrar en confianza. Los dos hermanos se parecían mucho físicamente, incluso su carácter tenía varias similitudes, como la máscara de frialdad, pero Itachi sonreía más, aunque fuera poco, lo hacía. Y era más alentador. Te inspiraba más confianza, bueno, toda la confianza que un espécimen que te saca dos cabezas y te mira de forma penetrante, podía inspirarte. Además, tenían algo en común: les gustaba molestar a Sasuke.

Sasuke, por su parte, no sabía si empezar a ahorcar a su hermano con la servilleta o dejarlo ir en paz. La verdad no pensaba que a Mikoto le gustara que un desafortunado accidente acabara con la vida de su hijo mayor, pero…Por favor ¡que estaba allí! Por si no lo habían notado, tenía orejas y podía escuchar lo que hablaban. Definitivamente, ese sujeto que se autodenominaba así mismo, hermano mayor, era como un molesto grano en el culo. ¿Estaba tratando de hacerlo enojar sociabilizando con Sakura? El animal dentro de él, gruñó desde lo bajo de su garganta, soltando un sonido salvaje y hostil, ganándose la deseada atención de ambos, aunque él sólo deseaba advertir al macho delante de él, que no se metiera con lo suyo.

–Al parecer no le gusta que lo dejemos de lado, Sakura. –los orbes masculinos relampaguearon con malicia, notando la segunda señal e ignorándola deliberadamente.

– ¿En serio? Yo pensaba que siempre era así de gruñón. –comentó con burla la joven, llevándose a los labios el vaso con jugo.

Y ahí estaba otra vez. Su lengua se movió más rápido que sus neuronas. Sin embargo, no vio la desaprobación en el rostro de Itachi, nop. Sin lugar a dudas, él disfrutaba tanto como ella este momento.

Sasuke alzó las cejas, apartando el periódico y observándolos alternativamente. Su hermano tenía esa típica expresión de regocijo al herir su ego. Sakura lo miraba de reojo, a través de las pestañas, como una niña pequeña al ser descubierta por su padre haciendo travesuras.

–Hmp, dejen de hablar de mí como si yo no estuviera. –ordenó con tono molesto.

–Al menos no hablamos de ti por detrás –chistó Sakura.

Él suspiró resignado. Si antes tener que lidiar con uno era estresante, lidiar con dos sería agotador, eso seguro. Y a ninguno de los dos podía cargárselo. Uno por ser parte de su familia. La otra por…a saber por qué mierda, pero sentía que debía protegerla, no dañarla.

Después de este intercambio de palabras, terminaron de desayunar en silencio, aunque Sasuke seguía visiblemente irritado. Itachi estaba muy contento por este resultado, es más, le agradó comprobar que el estúpido de su hermanito, sin darse apenas cuenta, había dejado que su lado salvaje, brotara desde su interior, reclamando lo que él creía suyo.

Era bastante cómico ver al gran Sasuke Uchiha siendo dominado por los celos. De hecho, estaba tentado, pero muy tentando, de invitar a Sasori a su casa sólo para comprobar su teoría del alcance de la posesividad de él sobre Sakura. Pero prefirió no hacerlo, al menos no hoy. Sonrió para sí mismo con cinismo. Hoy Sasuke tendría que lidiar con otras cosas. Otras cosas con nombre y apellidos.


Sasuke se encontraba sentado en uno de los cómodos sillones del salón leyendo un libro. Todos los días salía temprano, después del desayuno, para encargarse del negocio familar, la cadena hotelera Hoteles Uchiha, y más ahora, que su padre se encontraba de vacaciones, aunque contaba con el apoyo de su hermano, que era el verdadero heredero. Pero hoy no. Hoy era sábado y él decidió tomarse un descanso.

Sin embargo, toda la paz y tranquilidad, incluyendo su concentración, se le escapaba de las manos con ese incesante ruidito que provocaba cierta mota pelirrosa molesta. Un poco más allá, sentada en el suelo, con las piernas cruzadas como un indio, estaba Sakura, jugando con los videojuegos de su teléfono móvil. Esa maldita cosa no paraba de hacer ruiditos extraños que lo estaban sacando completamente de sus casillas.

El tic de su ceja no auguraba nada bueno, de hecho, sólo era una prueba más de su falta de paciencia. Cerró su libro y taladró con sus ojos negros a la chica, que seguía ajena al debate mental de su acompañante. Luego, bajó la mirada al objeto de la discordia y si hubiera tenido rayos laser, juraba que eso no seguiría estando en estado sólido.

–Sakura, quítale el sonido a esa cosa. –ordenó de manera tajante.

Ella apenas levantó la mirada de la pantalla, concentrada en su tarea. –Nop, sin el sonido no es divertido. –se excusó de manera distraída, recordándole a una niña pequeña.

Definitivamente, un Uchiha no tenía tanta paciencia y, sobre todo, no aceptaba que no se le cumpliera una orden. Se levantó del sillón en un movimiento ágil y se dirigió hasta ella con paso ligero y suave, como un felino.

Sakura iba ganando, oh sí. Sólo tenía que pasar al siguiente nivel y estaría a las puertas de la ansiada victoria. Pero justo cuando creyó conseguirlo, sus dedos se movieron frenéticos en el aire. El móvil desapareció de sus manos. Frunció el ceño y miró hacia arriba.

– ¡Hey! ¡Que iba ganando! –Se quejó Sakura, levantándose como un resorte, encarando a Sasuke – ¡Devuélvemelo!

–Hmp ¿Eso fue una orden? –alzó una ceja, casi divertido.

–Devuélvemelo –repitió, haciendo caso omiso de la pregunta.

–No quiero, Sa-ku-ra.

Joder. Un escalofrío recorrió la espalda de la muchacha con solo escuchar como separaba su nombre. Sólo él conseguía pronunciar su nombre de esa forma. Y ni siquiera se lo había susurrado en el oído, sino estaría derritiéndose. Maldito fuera. ¡Arg! ¿Por qué tenía siempre que molestarla? Encima, el muy bastardo se reía, con esa sonrisa de medio lado altanera. La enfermaba a la vez que le encantaba, mierda.

–Dámelo, quiero mi móvil –replicó con cierto tono infantil, pero vamos, era culpa de él, ella iba ganando y por su culpa seguramente habría perdido.

–Tsk, molesta–dijo pasándose una mano por el pelo.

Por un minuto, ella se quedó observándolo fijamente, abstraída en esa simple acción. ¿Cómo diablos conseguía que su pelo se quedara revuelto de esa forma y a la vez que le quedara tan condenadamente bien? Oh, por dios, era el único hombre que conocía, que parecía elegante con el pelo así, revuelto y rebelde. Se dio una cachetada mental por idiota ¿qué mierdas pensaba? Su móvil estaba secuestrado. Él tenía su móvil de rehén. Por su culpa, su maldita culpa, había perdido, se repitió. Y se las iba a pagar.

Sin cuidado y con brusquedad, Sakura se lanzó a por él, tratando de tomar su teléfono. Aunque, sus planes se vieron frustrados, Sasuke elevó la mano donde sujetaba fervientemente el aparato, que debido a la diferencia de alturas entre ambos, quedó demasiado lejos del alcance de la chica. Infló las mejillas en respuesta, en un berrinche. Él permaneció con esa sonrisa torcida cínica dibujada en su rostro y que sacó de sus casillas a Sakura.

Comenzó una pelea, que para su desgracia, ella iba perdiendo. Por más que intentaba agarrar el teléfono, Sasuke lo elevaba y lo único que lograba conseguir la muchacha era dar saltos inútiles o tomar entre sus manos su brazo o, incluso, pegarse más a él de lo que ella creía necesario.

Hasta que, cansada, harta y con una vena bastante hinchada en su frente, se lanzó por última vez contra él, esperando que esta fuera la definitivita. Su impulso inesperado, se llevó consigo a Sasuke, dado que calculó mal las distancias y la fuerza empleada, cayendo ambos al suelo, con ella justo arriba de él. Eso sip, en su mano derecha estaba su preciado móvil.

Sakura sin quererlo, apoyó su cabeza en el hueco de su hombro y aspiró allí una bocanada de aire, que llegó mezclado con el olor inconfundible de Sasuke. Sándalo y madera. Varoni. Oscuro. Él. Su respiración era irregular debido al esfuerzo y quizás, en parte, se descontroló de más al estar tan cerca de él. Joder, si hasta podía sentir el corazón frío de Sasuke latir contra su propio pecho.

Notó que el agarre en su cintura se hacía más estrecho, como si la estuvieran abrazando y suspiró inconscientemente. Maldijo a su cuerpo por traicionarla de esa manera, pero es que, sus manos le temblaban, incluso su labio inferior le temblaba. Mierda. Estaba arriba y completamente pegada, al cuerpo de Sasuke. Y ella no era de acero. Nop, no lo era. Él era un maldito bastardo jodidamente atractivo y que hacía mella en sus putas hormonas y neuronas, derritiéndolas. ¿Cómo defenderse de eso? No podía, al menos no, sin perder su salud mental.

Poco a poco, hipnotizada por esa embriagante atmosfera, se atrevió a levantar la cabeza, tan sólo un poquito, y mirarlo a los ojos. Verde contra negro. Los onixs le devolvieron la mirada de forma intensa, abrumándola más si cabe. Era demencial, pero no podía apartar la vista de esos orbes carbones brillantes.

Sasuke recorrió su espalda, estremeciéndola con ese simple toque. Él quería besarla, su lado salvaje gritaba, gruñía por besarla. Sólo tenía que ascender un poco más la mano, hasta su nuca y atraerla hacia él. Ella estaba taaan cerca. Sus respiraciones se entremezclaban, calentando las mejillas del otro, jugando a hacerse cosquillas mutuamente. Y él quería probar esos labios sonrosados, abiertos por la confusión.

Y cuando estaba a punto de hacerlo. Cuando sus labios estaban a escasos centímetros de rozarse, un carraspeo exagerado inundó la sala y los sacó de su maldita burbuja de ensoñación.

¿Qué demonios…?

Mikoto Uchiha los observaba con los brazos cruzados y una fina ceja alzada, esperando una explicación coherente y creíble de lo que estaba ocurriendo en su salón.

Sakura se incorporó torpemente, alejándose de él como si su tacto quemara. Entre sus manos apretaba el maldito teléfono contra su pecho, al que ahora maldecía una y otra vez en su mente. Casi había caído….casi.

Sasuke estaba a punto de cometer asesinato, es más ya no le importaba si era su hermano el que había entrado e interrumpido ese momento. Él iba a matar a quién quiera que fuera el estúpido cabronazo que lo había interrum….

– ¿Madre?

….pido. O puede que no.

¿Madre? Oh, dios mío. Sakura se sonrojó violentamente, su rostro fue el reflejo de la confusión y vergüenza, pasando por una gran amplia gama de tonalidades rojizas, hasta parecer un tomate maduro.

– ¿Qué significa todo esto, Sasuke Uchiha? –preguntó con reproche la mujer.

Su pie comenzó a moverse, repiqueteando contra el suelo, visiblemente molesta. Sus facciones eran idénticas a las de Sasuke, era como ver a una versión femenina del mismo, sólo que un poco más mayor. Su larga melena negra perfectamente peinada, caía en cascada por su espalda. Y Sakura notó, que a la luz del sol que entraba juguetón por la ventana, tenía ciertos reflejos azulinos.

A primera vista, lo primero que cualquiera podía pensar al ver a Mikoto Uchiha era elegancia, belleza y perfección, sobre todo, dulzura. Sin embargo, a ella, ahora mismo, no le inspiraba nada de dulzura, era una madre bastante cabreada buscando una explicación. Lo sabía, su madre ponía esa misma cara cuando ella hacía algo mal.

Sasuke, pese a permanecer sanamente callado y con esa típica expresión de inexpresividad, contra todo pronóstico, se había quedado en blanco. Joder, pensaba que no tendría que lidiar con su madre hasta dos semanas más tarde. ¿Por qué habrían regresado antes? Y lo más grave. ¿Por qué él no sabía nada?

Y entonces lo supo: Itachi.

Iba a matar a ese bastardo, denominado hermano mayor.

– ¿Y bien, Sasuke? Estoy esperando. –se estaba quedando sin paciencia, ciertamente. Y entonces, clavó sus ojos carbones, iguales a los de Sasuke, en ella. – ¿Y quién es esa chica?

Sakura percibió el tono despectivo al pronunciar "esa", como si luego, para arreglarlo o disimularlo, añadiera el "chica" por cortesía. No pudo evitar molestarse ante esto, aunque no dijo nada, al fin y al cabo, esta era su casa y era perfectamente normal que la tratara de esa forma si al entrar lo primero que veía era a una chica desconocida arriba de su hijo. Aunque todo tenía que ser dicho, su hijito, no era ningún santo.

Además, espera ¿no sabía quién era? ¿Ella no sabía que Sasuke había tomado una amante de sangre? ¿No sabía que ahora ella vivía allí? Por Itachi supo que los señores Uchiha se encontraban de vacaciones cuando Sasuke la eligió, pero pensaba que se les había comunicado.

–Mamá, te presento a Sakura Haruno, mi amante de sangre.

El rostro de Mikoto era un poema. ¿Amante de sangre?

– ¿Qué demo…?

–Hola, madre ¿qué tal el viaje? –la interrumpió Itachi.

Justo a tiempo, pensó Sakura.

La señorta Uchiha observó a todos los presentes con ojos entrecerrados, analizando la situación. Su hijo mayor tenía una extraña sonrisa torcida dibujada en sus ojos y miraba con diversión a Sasuke y Sakura. Por el contrario, el menor le devolvía la mirada con rencor a Itachi y juraba que vio un destello rojizo, que se esfumó en un parpadeo. En cambio, la más descolocada era la chica. De todos ellos, la más expresiva era esa jovencita de extraño cabello rosa, seguía bastante sonrojada, ya menos que antes, y pudo ver en sus gestos un signo de fortaleza, seguridad en sí misma.

–Itachi, tú también lo sabías. –no era una pregunta, era una afirmación.

Itachi asintió con la cabeza. ¡Arg! Sus hijos se habían vuelto en su contra ¿qué había hecho ella? Siempre les dio todo y así se lo pagaban. Malagradecidos. Sólo le faltaba enterarse que su esposo también lo sabía y ella era la última en enterarse. Y esperaba, por el bien de la espalda, de Fugaku que no fuera así, porque sino dormiría una temporada bastante larga en una de las habitaciones de invitados y cada vez que pasaba eso, tenía dolores de espaldas atroces y su humor era negro con tintes negruzcos. No dormir en su cama, sobre todo, en su colchón, y con su esposa, lo ponía de malhumor.

–Sasuke, al despacho de tu padre. –ordenó, dándose la vuelta. Su cabellera se movió al compás.

Sasuke bufó, aunque obedeció a su madre. Sakura sonrió con cierta malicia, incluso los narcisistas y dictadores encontraban la horma de su zapato. Sasuke Uchiha no sería una excepción, la suya era su madre.


–Quiero una explicación a todo esto, Sasuke.

Mikoto lo observó una vez más, él seguía impasible, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. Pero ella no pensaba dejarse vencer por la frialdad de su pequeño hijo. Entendía que Sasuke fuera de pocas palabras, pero ella era su madre y se merecía una explicación. No era normal que se fuera de vacaciones y cuando regresaba se encontrara con que, no solo su hijo haya tomado una amante de sangre, sino que además, contra todos los protocolos, ella viviera allí. Inaudito.

–Siento no habértelo dicho, pero prefería decírtelo en persona. Creí que era lo mejor, mamá. –se disculpó con voz neutra, antipersonal.

Asintió en respuesta. Su hijo la conocía lo suficiente como para saber, que ante una noticia así, ella pediría a Fugaku regresar rápidamente por simple curiosidad o recelo. Se preocupaba por sus pequeños, ellos eran hombres adultos, sí, pero eran hombres adultos muy atractivos y poderos. No deseaba para ellos un futuro incierto al lado de cualquier mujerzuela estúpida y aprovechada. Nop, si hablar. ¿Era celosa? Es posible. A ella le gustaba más decir que era una buena madre preocupándose por sus cachorros.

– ¿Y por qué la has traído a vivir aquí?

–Es más práctico.

Breve y directo, así era su hijo. Arrugó la nariz. – ¿Más práctico para quién?

Sasuke chasqueó la lengua, molesto. Obviamente, era más práctico para él, ya le había quedado claro que a Sakrua no le hizo ninguna gracia que la trajera a vivir a esta casa. Aunque, la verdad, era ella la que tenía que venir cuando era llamada, no al revés. Debería estar agradecida, se dijo.

–No lo entiendo, Sasuke. –se sinceró su madre, suspirando. Sus humos se habían relajado. –Hace mucho tiempo que los idiotas del consejo andan presionándote para que tomes una amante de sangre, siempre dijiste que no te interesaba y ahora, de repente eliges a esa chica.

–Sakura–corrigió Sasuke automáticamente, notando la connotación despectiva.

Mikoto alzó las cejas–Eso, Sakura–paladeó el nombre.

–No sé qué tiene de malo–se encogió de hombros. –Los viejos ya se estaban poniendo pesados, preferí elegir yo a una, antes de que ellos me obligaran a tomar la que ellos quisieran.

¿Consistía en eso? Se preguntó la señora Uchiha. ¿Consistía en tomar a una chica, que por descontado, jamás hubieran elegido los miembros del consejo? Porque definitivamente, Sakura no era una candidata factible, ni por asomo. Bueno, vale, quizás la había juzgado demasiado rápido y puede que también, influyera en ella, el hecho de haberse enterado de su existencia de esa forma.

–Mamá si ya has terminado, me voy.

Se dio la vuelta, caminando hasta la puerta. Sasuke estaba estresado, de lo único que tenía ganas en ese instante era de comenzar a patear el estómago de su hermano. Cabrón de mierda. Con razón estaba él tan gracioso esta mañana. Traidor.

–Sasuke, una cosa más. –lo detuvo Mikoto, sorpresivamente.

¿No había acabado ya? Él paró y giró sobre sus talones, mirándola, dándole a entender que la escuchaba. Y pobre de él cómo no lo hiciera.

– ¿Por qué ella?

Esa era la maldita pregunta del millón.

Itachi le había hecho esa misma maldita pregunta y no pudo ofrecerle una respuesta convincente ¿y ahora qué diablos le decía a su madre? Ella era más perspicaz, vamos, tenía el sexto sentido o el jodido instinto maternal, lo que fuera. Ella no se conformaría con un "no lo sé, madre". Y no podía, simplemente, decirle que ella llamó su atención, que en él surgió ese sentimiento de protección y posesividad innata, que todo vampiro poseía, al verla. Su lado salvaje la reclamó. Nop, no lo haría. Como un demonio, no lo haría porque, sí, era su madre, pero decirle eso era igual a tenerla todo el día pegada detrás de él, observándolo. Todo el mundo sabía lo celosa que era Mikoto para con sus hijos, confesarle eso lograría, únicamente, hacer que el recelo de su madre hacía Sakura aumentara aún más.

Ante el mutismo de su hijo, ella decidió presionarlo un poquito. Nada más darle un ligero empujoncito.

–Había otras candidatas más adecuadas que esa jovencita, Sasuke, como la primogénita de Hiashi, Hinata Hyuga.

Sip, todos conocían a Hinata. Ella era una chica dulce, tímida y dócil. En cada gesto que hacía se veía su elegancia y ternura. Su voz era suave, ella te susurraba, te cantaba cuando hablaba. Sobre todo, no era una mujer escandalosa, era perfecta para su pequeño.

–Pensaba que preferías a Hinata como mi esposa, no como mi amante. –rebatió Sasuke, con suspicacia.

Touché.

Mikoto dibujó un breve mohín infantil en su rostro tras esas palabras. –Cierto, pero me hubiera conformado con eso.

Sasuke estaba a punto de tirarse de los pelos. ¿Quién entendía a esa mujer? A veces admiraba a su padre por tener tanta paciencia con ella, de verdad.

– ¿Y qué tiene de malo Sakura? Ni siquiera te has molestado en conocerla, mamá.

Ella, que pensó en protestar, cerró la boca. Mierda. Ahí tenía razón.

No la dejó contestar, porque conocía a su madre, era bastante buena haciendo conjeturas, y la mayoría de las veces no se equivocaba al juzgar a las personas. Sin embargo, se sintió como un autentico hipócrita al decirle eso. ¿Acaso él la conocía? Nop. Por favor, lo único que hizo fue evitar las preguntas comprometedoras y atajar pronto al enemigo, como un cobarde. Pero debía ganar un poco de tiempo.

Un sepulcral, pero no por eso incómodo, silencio envolvió a madre e hijo. Ambos estaban metidos en sus propios pensamientos, ignorando deliberadamente al otro. Sasuke, dando ya por finalizada la agradable charla, volvió a darse la vuelta para salir del despacho. Y justo cuando tocó el pomo de la puerta, para hacerlo girar, pudo escuchar la voz falsamente cantarina de su madre.

–Tienes razón, Sasu. No te preocupes, a partir de ahora me molestaré en conocerla muy bien.

Muy bien.

Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Joder, ese tono, ese puto tono. Percibió, claramente, la maldad en cada palabra encubierta detrás de ese encantador tono de voz. Y Sasuke, casi, se la pudo imaginar sonriendo torcidamente y con sus ojos, iguales a los suyos, brillando con picardía.

A Mikoto Uchiha no le gustaba perder.


Holaaaaaaaaaaa, lo séee, me tardé horrores, pero quería terminar Prohibido besar y por eso no me había puesto, no me maten T.T Sé que el capítulo tampoco es muy largo, pero no está tan corto como siempre, creo yo xD

¿Algo más? Ah, si, amo a Mikoto Uchiha, me encanta ese personaje y no sé si de verdad ella era así, me leí su personalidad, pero la verdad, no dice mucho de lo que poder agarrarse. Además, necesito que aquí sea así, celosa de sus niños xD

Nos leemos! ^^