Declaimer:Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia:Es un AU (Universo Alterno). Alguna palabra obscena.
Amante de Sangre
9. Ella es mía.
Un oscuro y escalofriante silencio se extendió por toda la estancia con la partida de Suzume Haruno. El rostro contrariado de Mikoto auguraba que no se encontraba en su mejor estado de ánimo, pero tampoco el gesto frío de Sasuke parecía pronosticar nada bueno. Los ojos negros del joven hombre observaban con intensidad a su madre, casi quemándola, y la señora Uchiha no supo si sentirse orgullosa por esa intimidante mirada cargada de poder, u ofendida e indignada porque su hijo pequeño la estuviera mirando, precisamente a ella, su querida y adorada madre, de esa manera tan descortés y maleducada.
–No me mires así, Sasuke. –le recriminó la mujer, cambiando un peso de un pie al otro, siempre con ese tono maternal y melodioso, pero a la vez ofendido.
–Hmp ¿Qué has hecho, madre? –ella alzó una ceja. – ¿Por qué mierda Sakura está en casa de sus padres y no aquí?
–No me hables en ese tono, jovencito. Sigo siendo tu madre, y como tal, me debes un respeto.
–Te hice una pregunta.
Sasuke estaba siendo maleducado. Él era un Uchiha, con todos podía llegar a ser hostil, incluso con miembros de su rama familiar y de mismo apellido, pero tenía derechos por ser un sangre pura, uno de los herederos de la sangre Uchiha. Pero su padre y su madre era una excepción, él conocía su lugar. Sobre todo no solía ser ella objeto de este trato, él podía cuestionar las decisiones de Fugaku, incluso discutir con él, pero a ella nunca la trataba así. Y Mikoto comenzaba a enojarse, culpando directamente a Sakura.
–Y yo te di una orden. ¡Te exijo que me trates con el respeto que merezco!
Sasuke frunció el ceño, masajeándose el puente de la nariz con irritación.
–Madre. –dijo con tono de advertencia.
–No pienso hablar contigo en estas condiciones. Y tampoco tengo nada que decir al respecto. –se cruzó de brazos, girando el rostro, orgullosa, pero herida. Muy dramática para el gusto de Sasuke. –Sakura se fue porque deseaba atención, yo no tengo que dar ninguna explicación.
Mikoto se giró, menando su cabellera oscura, dejando su esencia esparcida por la habitación, llegando hasta la nariz de Sasuke. Él no quería discutir con su madre, ciertamente era molesto y desesperante solo intentarlo. La señora Uchiha siempre debía tener razón, y ni siquiera el estricto Fugaku se replanteaba contradecirla con sus caprichos. Sin embargo, la situación estaba comenzando a colmar la paciencia de Sasuke. No entendía qué mierda había pasado en aquella casa, aunque podía imaginarlo, y el hecho de que su madre se metiera en su vida privada, le irritaba de sobremanera. Sobre todo, le enojaba que le privara de lo que él consideraba suyo. Y Sakura era suya.
–Además, no entiendo el motivo de tanto alboroto. Este no es su lugar.
Mikoto salió del salón y su hijo se quedó mirando el lugar donde anteriormente había permanecido su madre, entendiendo perfectamente el doble sentido de aquella última frase. No solo no era correcto que una amante de sangre se quedara en casa de su dueño, sino que Sakura no pertenecía a ese lugar porque no era una mujer adecuada a su estatus social y, por lo tanto, no se merecía ser su amante de sangre. Todo se reducía a eso: al rechazo de Mikoto hacía Sakura y su decisión.
Sasuke apretó los nudillos, chirriando los dientes con el ceño fruncido.
– ¿Te molesta?
Itachi lo observada desde el marco de la puerta que comunicaba el comedor con el salón, justo detrás de él. Sasuke no se sobresaltó por la presencia de su hermano, es más estaba esperando su sermón, por eso no se molestó en contestarle.
–Tuve que detener a madre. Esta vez se pasó de la raya. –explicó el mayor entrando completamente, pasando por al lado de Sasuke y hablando con tono tranquilo, como a quién no le importa. –Sabes que normalmente no me gusta meterme en asuntos que no me conciernen, Sasuke–su hermano no estaba tan seguro de ello, pero se calló, mordiéndose la lengua. –Pero esta vez, el asunto se te ha salido de control, y yo también vivo en esta casa.
–Hmp.
Tan hablador como siempre, pensó Itachi. Aunque ese era un pensamiento injusto, porque él tampoco era demasiado expresivo, solo decía lo que quería decir y expresaba lo que deseaba expresar.
–Eres un idiota, hermanito. –sonrió Itachi, de esa manera tan falsa y monótona, tan parecida a la de su madre. –Acaba con esta situación de una jodida vez. –y sus ojos fueron dagas. –No hagas que Sakura pague por una decisión que tú tomaste. No seas tan cobarde, bastardo.
Sasuke le devolvió la mirada, con ira.
–Madre siempre te ha puesto entre rosas y algodones y ha justificado todos tus errores, pero yo no soy así. Ella no puede soportar la idea de que hayas elegido a Sakura, y en vez de culparte a ti, su adorado hijo menor, culpa a la pobre chica sin voz ni voto en el asunto.
Eso ya lo sabía, mierda. No era necesario que el bastardo de su hermano se lo recordara. Pero su madre se tomó al pie de la letra sus palabras el primer día que conoció a Sakura y él por alguna razón que desconocía, pero que intuía también tenía que ver con Mikoto, tuvo más trabajo que de costumbre, y no pudo estar en casa para interferir en los exámenes de su madre. Y ahora, su amante de sangre no estaba en su casa, joder. Puede que no hubieran avanzado nada en su relación, siendo aun incómoda y sin contacto físico, pero él se sentía más tranquilo teniéndola bajo su techo.
–Si quieres evitar tantos problemas con madre, simplemente concédele el gusto de permitir que Sakura viva en casa de sus padres y solo venga aquí cuando tú la llames.
Sasuke inmediatamente gruñó en respuesta, fue un gruñido gutural, salido desde lo más bajo de su garganta, inducido por los más profundo de sus instintos animales.
–Ya veo, no te gusta la idea ¿eh?–Itachi sonrió burlón. –Entonces plántale cara a madre de una puñetera vez.
Sasuke observó con intensidad a su hermano, tomando una decisión. Lo haría, oh, sí, pero antes iría a buscar lo que era suyo.
Suzume le indicó con amabilidad dónde se encontraba el cuarto de Sakura, guiándolo por la casa, con una sonrisa en la boca. La mujer había percibido con bastante placer, el estado de impaciencia del joven hombre, siendo tosco y brusco en su saludo inicial, yendo directamente al asunto que realmente le importaba, dejando atrás las formalidades. En cambio, su esposo no había recibido con tanta alegría y satisfacción la llegada del bastardo Uchiha, en palabras textuales del señor Haruno. Takeshi se había mordido, hasta ahora, la lengua delante de su pequeño cerezo, por advertencia de Suzume, pero en privado, él se dedicaba a maldecirlo, criticarlo y patearle el trasero, mentalmente hablando. La mirada hostil que le dedicó cuando el joven entró en la sala no tuvo precio. Un padre celoso y sobreprotector, y que además era vampiro, era potencialmente más peligroso que cualquier otro hombre.
La señora Haruno se detuvo delante de una puerta blanca y se giró a observarlo con perspicacia en sus brillantes ojos jades, dos tonalidades más oscuros que los de su hija. Sasuke estaba a punto de estallar, crispándole la paciencia toda esa mierda, y el tic en su ojo izquierdo comenzaba a aparecer, primeros síntomas de enojo. Suzume, por su lado, permanecía eternamente sonriente, sintiéndose victoriosa, sabiendo que al joven Uchiha no le agradó en lo más mínimo que Sakura no estuviera en su casa.
–Sakura está durmiendo. Llegó muy perturbada a casa, por eso le pido que sea comprensivo con ella. –Sasuke asintió, pero en sus facciones se notaba lo poco que le importaban sus palabras. Por lo que Suzume endureció su rostro, borrando su sonrisa. –Puede que usted vea a mi hija como un objeto, Sasuke, pero ella no tiene por qué soportar las palabras hirientes de su madre por un capricho suyo.
–Me encargaré de mi madre. –contestó hostil, pero en un tono decisivo.
–Así lo espero.
Suzume se apartó de la puerta, dejándole la vía libre al joven.
Sasuke entró en la habitación, adaptándose rápidamente a la poca iluminación del lugar. Las cortinas estaban cerradas y las luces apagadas, solo desde el baño entraba algo de luz que iluminaba apenas la estancia. Pero los ojos de Uchiha no se tomaron la molestia de mirar algo más que no fuera su objeto de búsqueda, y la encontró tumbada en la cama con dosel.
Él se acercó con cuidado, sin emitir un solo sonido delatador de su presencia, asemejándose a un cazador acechando a su presa. Sakura estaba echada en el lado derecho de la cama, con su cabello rosado esparcido sobre la almohada y respirando pausadamente, envuelta en un sueño tranquilo y reparador, pero no pesado. Una fina sábana azul pálido la tapaba hasta la cintura, y pese a la poca visibilidad, sus ojos vampíricos le permitieron distinguir el vestido sin magas amarillo opaco de Sakura, que marcaba a la perfección su redondeado pecho.
Sasuke se agachó a su altura, en el borde de la cama, observándola con intensidad en su mirada carbón, percibiendo con deleite el dulce aroma que emanaba del cuerpo frágil de la muchacha, y que, el hombre no entendía exactamente por qué le gustaba tanto, cuando ni siquiera le gustaba el azúcar. Y dio gracias por no haberse puesto la corbata esa mañana al sentir como su sangre comenzaba a circular más rápido por sus venas, joder.
–Sakura–susurró con voz ronca, cerca de su oído.
La mujer despertó de inmediato, como si hubiera recibido una orden o un llamado de auxilio. Sakura parpadeó varias veces distinguiendo la figura delante de ella y no entendiendo muy bien dónde estaba y quién era él.
–Eres una molestia.
Y Sakura supo que era Sasuke, pero siguió sin saber por qué estaba allí. ¿Acaso vino por ella? Claro, pensó con ironía, era su amante de sangre, y al parecer, Uchiha estaba muy interesado en que ella estuviera bajo su techo, aunque no llegaba a comprender el motivo de tanta insistencia. Él no la tocaba, ella no había ejercido ninguna de sus funciones como amante y él tampoco se las había exigido ¿Cuál era el caso de permanecer entonces en la mansión Uchiha? ¿Molestar a su madre? No era como si ella quisiera o deseara ser tocada por Sasuke, no, claro que no, por supuesto que no, pero seguía sin verle el punto a todo aquello.
– ¿Qué haces aquí?
Sasuke alzó una ceja. Ella preguntó algo obvio.
–Vine por ti.
– ¿Para qué? Deja de contradecir a tu madre. –Sasuke apretó los dientes. – ¡Ella me odia! No me quiere allí. –se alteró.
–Tks. Lo solucionaré. Mi madre no volverá a molestarte. –dijo con voz contenida. Estaba perdiendo su poca paciencia al ser constantemente contradicho.
Ambos se quedaron en silencio, mirándose a los ojos. Sakura no soportó mucho ese contacto visual, y apartó la mirada con rapidez, incómoda. Sasuke cada vez que la miraba parecía traspasarla y leerla con facilidad, no le gustaba sentirse expuesta ante él. Él percibiéndolo, dibujó una pequeña sonrisa ladeada, la primera de todo él maldito día.
–No entiendo por qué quieres que viva en tu casa. –murmuró en voz baja, semejante a una niña pequeña intimidada. –No es correcto y va contra el protocolo y la tradición que durante siglos ha seguido nuestra especie.
–Eres mía. –gruñó Sasuke, y otra vez su lado salvaje afloró sin permiso.
– ¡Deja de tratarme como un objeto! –exclamó la muchacha, cambiando sus actitud sumisa, por una de desafío. Lo encaró con los jades encendidos y Sasuke le devolvió la mirada con la misma intensidad. –No te pertenezco. Puede que sea tu amante de sangre, alguien a quién usar para tu disfrute y luego tirar a la basura, pero sigo siendo una persona, con sentimientos y cerebro. Aunque me uses, no soy tuya.
Sus palabras lo irritaron. Sasuke se acercó a ella con rapidez, quedando a unos centímetros de sus sonrosados labios, con los ojos echando chispas, el negro profundo se tiñó de rojo, un rojo carmesí intenso y mortal. Sakura tragó saliva con fuerza, el vello de su nuca se erizó y pareció quedar hipnotizada por el cambio de color de los ojos de Sasuke, que indicaba que tenía sed, sed de sangre.
Los colmillos de Sasuke crecieron, palpitándole en la boca, su audición se agudizó, concentrándose en el sonido único del bombeo de la deliciosa sangre de Sakura por todo su cuerpo, y todo su ser le pidió a gritos que la probara. Mierda, estaba jodido.
–Te equivocas.
Su voz fue más masculina, más ronca y más grave, jodidamente sexy en los oídos de Sakura. Sintió su aliento caliente sobre sus labios, mentón y cuello. Todo su cuerpo vibraba, anticipando lo que ocurriría, esperándolo, deseando que él la mordiera, y ella se maldijo una y mil veces por ello, pero tampoco fue capaz de decir una palabra en contra. No solo su voz se había perdido en su seca garganta, sino que negar que lo deseaba, no solo su cuerpo, sino ella misma, hubiera sido mentira. Ella quería que Sasuke la probara.
–Tú eres mía, Sa-ku-ra. –paladeó su nombre, justo donde el pulso le latía desbocado, soltando una última bocanada de aire, estremeciéndola por completo.
Y entonces, la mordió.
La rubia camarera que antes se había presentado como Harumi, les trajo el café solo amargo y el té verde, sirviendo el pedido con las mejillas sonrojadas y manos temblorosas, debido a su nerviosismo. Sasori le sonrió amablemente dándole las gracias e Itachi le guiñó un ojo, logrando que el rubor aumentara, se despidiera con torpeza y que la chica huyera, casi tropezándose con sus propios pies.
–Malvado. –lo acusó el pelirrojo a son de broma.
–No tengo la culpa de que sea sensible a mis encantos. –se encogió de hombros.
Sasori rió en respuesta.
Itachi tomó un sorbo de su café, sintiéndose por fin en paz. Le vino bien salir de su casa y del ambiente de tensión de la misma. Llevaba unos días francamente agotadores en los que tuvo que soportar, incluso durante las comidas, los comentarios mal intencionados de su madre hacía Sakura, y francamente, que no fuera con él el asunto o que no le importara, no quería decir que le agradara. Al fin y al cabo, era incómodo, y que fuera un insensible, como solía llamarlo su tío Obito, no quería decir que fuera sordo. Además, como hermano mayor le molestaba que Sasuke no se hiciera responsable de sus decisiones. Ya no era un ningún niño.
– ¿Cómo van las cosas por tú casa?
Itachi suspiró dejando la taza en la mesa.
–Tks. Mi madre está inaguantable y espero que Sasuke solucione esto lo antes posible, sino rodarán cabezas.
Sasori sonrió oscuramente.
–Si quieres puedes dejarme a mí a Sasuke, será un placer romperle el cuello.
Itachi alzó una ceja.
–Da las gracias a que estamos en un lugar público y a que eres mi amigo. –el pelirrojo estaba seguro de eso, sino nunca hubiera hecho ese comentario. Sabía que Itachi no mentía, Sasuke podía ser un hermano menor muy molesto, pero solo él podía romperle algún miembro de su anatomía.
–No sabía que eras tan sentimental, Itachi. –se burló.
Itachi lo ignoró, llevándose la taza de café a los labios.
Permanecieron en silencio, cada cual metido en sus propios pensamientos, disfrutando de sus respectivas bebidas y acogidos por el anonimato de la cafetería. Por eso podían ser amigos, sin matarse mutuamente. Uchiha no era dado a hablar más de lo deseado, pese a que fuera un poco más sociable que el resto, no llegaba a ser tan raro como Obito, la eterna oveja negra con carácter extrovertido.
Sasori, observó al cansado Itachi, volvió a analizar sus palabras y recordó a Sakura, esa pequeña chica de aspecto frágil y de carácter desafiante. El primogénito Uchiha lo había mantenido informado de la situación entre ella y Sasuke, como del continuo rechazo de Mikoto Uchiha hacía la muchacha escogida por su hijo. Y la actitud pasiva del hermano menor de su amigo no hacía más que enervarle la sangre.
–Vas a meterte en medio. –y no era una pregunta.
Los ojos grises tan exóticos y diferentes de Sasori brillaron.
–Tú mismo lo has dicho. ¿Vas a impedírmelo?
Itachi sonrió de medio lado.
–Sabes bien que mientras sea una lucha justa, no me meteré en asuntos que no me conciernen. –respondió con indiferencia. –Además, puede ser divertido.
Sasori asintió.
–Sakura será mía.
Itachi sonrió complacido. Él creía que un rival le vendría bien a su hermano, alguien que lo desafiara y tratara de quitarle lo que él veía como suyo sin admitir replica. Mikoto no era suficiente. No había nada como la presencia de otro varón cerca de una mujer, cortejándola, halagándola y dándole lo que el que estaba a su lado no le podía ofrecer, para sacar de sus casillas a un hombre. Y sabía bien que no había nadie como Sasori para hacer ese papel. Además, la decisión en el rostro de su amigo le decía que Sakura no era un simple capricho, por lo que, el reto sería aun más interesante. Y por supuesto, se dijo, ver a Sasuke celoso sería todo un espectáculo que él, como hermano mayor, no se podía perder.
Cuando Sasuke entró en el cuarto de costura de su madre, el aroma dulzón e inconfundible de Sakura llegó hasta la nariz de Mikoto. Ella sabía desde antes de que él llegara con la muchacha, que ella había regresado a su casa, lo que no se esperaba era que su hijo oliera a esa mezcla extraña de fresas y chocolate tan característica de la joven pelirrosa. Tampoco, que la esencia de Sakura estuviera en Sasuke, recorriendo sus venas, mezclándose con su sangre pura y poderosa.
La señora Uchiha lo observó con frialdad, horrorizada con la idea de que Sasuke hubiera bebido de ella, de esa chica sin clase. Esa era la primera vez que la mordía, ella lo sabía, lo olía, lo sentía. No era lo mismo aquella pequeña mordida que servía para marcar a la elegida como amante de sangre, símbolo de que es intocable, a beber con sed de otro, y hasta el momento, Sakura no había servido a su hijo, ni alimentándolo ni complaciéndolo. Y lo peor de todo y lo más que la aterraba, era que Mikoto podía asegurar que al menor le había gustado.
Sasuke estaba de pie, llenando la estancia con su presencia. Ella podía notar el cambio en él, los ojos ónixs de su hijo no eran los mismos de siempre, seguían siendo intimidantes, fríos, serenos, mortales, sin embargo, había un brillo salvaje, brutal, posesivo, el fuego estaba allí. El fuego de un vampiro saciado, que acababa de alimentarse de su mujer.
Mikoto entrecerró los ojos, escéptica. Ella no permitiría tal blasfemia.
–Espero que vengas a disculparte, Sasuke.
–Perdona mi tono anterior, madre–dijo él con el tono vacío o carente de emoción. Solo se disculpaba por mera formalidad, no porque de verdad lo sintiera. Por ello, especificó: se disculpaba por el tono hacía su madre, una falta de respeto, no por llevarle la contraria. Mikoto debía admitir que Sasuke era digno hijo suyo, aunque no podía decir que le agradara la situación.
–Has traído de vuelta a la muchacha. –No era una pregunta, y su tono fue tan insustancial e indiferente como su expresión. –Deberías de haberla dejado dónde la encontraste. No es correcto…
–Madre, escúchame. –ordenó inflexible, cortándola de raíz, sin llegar a perder la paciencia. –Sakura vivirá aquí y seguirá siendo mi amante de sangre.
–No puedes pedirme que apruebe eso, Sasuke.
–No te estoy pidiendo permiso, madre, te informo de mi decisión.
Mikoto apretó los dientes, dejando a un lado las agujas de croché y chasqueó la lengua irritada por la actitud obstinada de su hijo. Se perforaron con la mirada, ambos con semblantes carentes de emociones, y a la vez, amenazadores. Permanecieron así, en un silencio tenso, durante unos cuantos segundos, en los que Sasuke se mantuvo firme, decido a acabar con toda esa mierda maternal y Mikoto pensaba qué contestar para hacer cambiar a su hijo de parecer.
– ¿Por qué la elegiste a ella? ¿Cuál es el verdadero motivo de tu elección, Sasuke?
Él lo pensó por un instante, pero seguía sin tener una respuesta decente para esa pregunta. No le encontraba la lógica, y no pensaba conformarse con esa maldita leyenda que contaba su tío Obito que cuando un vampiro encontraba a una mujer y su lado más salvaje y primitivo la reclamaba como suya, debía de tenerla, porque había encontrado su heroína. Seria adicto a ella, a su sangre, a su cuerpo, simplemente ella regiría su mundo, y toda esa mierda pastelosa y cursi era demasiado fantástica incluso para él, siendo un vampiro. Él era posesivo con sus posesiones, y Sakura no sería la excepción. La eligió y punto, qué diablos importa el motivo. O eso quería creer él. Al fin y al cabo, ni estaba dispuesto a creer en ese mito, ni a contarle a nadie sobre ese sentimiento nuevo y extraño que la joven pelirrosa creó en él aquella noche. Era vergonzoso, y joder, él era un puto Uchiha. Or-gu-llo-so.
–Tks. ¿Cambiará tu opinión sobre mi decisión si te lo digo?
Salió por la tangente y Mikoto sonrió de medio lado, cínica. Sasuke obtuvo su respuesta: No, era evidente. Es más, hasta podía oponerse aun más. Su madre era una vampira tradicional y romántica, a diferencia de su duro y estricto padre, ella siempre adornaba la historia de su casamiento con esa antigua leyenda, como si así pudiera tapar el hecho de que su matrimonio fue concertado desde mucho antes de que ella tuviera uso de razón. Quería tapar el sol con un dedo. Era una persona clasista, aparentadora y antigua en su manera de pensar. Más allá de sus celos maternales, Sakura no cumplía con los requisitos exigidos para cualquier amante de sangre de un sangre pura, y ella no estaba dispuesta a soportar los chismorreos que eso conllevaría. Sasuke entendía eso, pero él no compartía esa manera de pensar, ni se regía por los demás, ni le importaban sus rumores malintencionados. ¡A la mierda con ellos! Y si Mikoto no podía aceptarlo, tendría que joderse.
–Madre, tomé una decisión, acéptala y vive con ello.
Sasuke se dio la vuelta para marcharse, sin embargo, Mikoto se levantó de su asiento, sintiéndose insultada, dando un golpe contra la moqueta de la sala y deteniendo a su hijo. Se encontraba terriblemente frustrada y enojada, no estando acostumbrada a esos desafíos de parte del joven. Las manos le temblaban por la impotencia y la rabia contenida que ella trataba de retener para no comenzar a gritar, y las apretó transformándolas en dos puños tensos y apretados.
–Esto no acaba aquí, Sasuke. Esta sigue siendo mi casa, y mientras vivas aquí seguirás mis normas y no pienso aceptar que la fulana esa esté bajo mi techo.
Sasuke tan pronto como escuchó las palabras hostiles de su madre, se giró, encarando a la mujer. Mikoto observó con ojos entrecerrados la mirada oscura de su hijo, teñida de rojo, entendiendo que el joven estaba perdiendo los estribos. Porque el cambio de color en los ojos de un vampiro significaba que tenía sed de sangre, y esta no solo podía ser provocada por el hambre o la excitación, sino también por la furia.
–Cállate, madre. –su tono igual había bajado una décima, convirtiéndose en un susurro mortal.
Y por primera vez en su vida, Mikoto retrocedió dos pasos ante la poderosa y oscura imagen de su hijo menor, su ojito derecho, su Sasuke, y comprendió, con el corazón palpitándole en la garganta, que todo este asunto con su amante de sangre iba más allá de un simple capricho, una manera de insultar al consejo o, incluso, de una forma de retarla. Y la respetada señora Uchiha tuvo miedo.
–Puedo mudarme a mi apartamento con ella si tanto te molesta su presencia. –sugirió con un tono calmo, pero era tan calmo que resultaba macabro en contraste con sus furiosos ojos rojos.
–No es necesario. –contestó su madre, cerrando los ojos y apretando los dientes.
Si su hijo se mudaba con ella estarían totalmente fuera de su alcance y ahora sí que debía y necesitaba controlar esa estúpida relación.
–No la molestarás, madre. –Mikoto formó un rictus con la boca y Sasuke frunció el ceño. –Haciéndole estos estúpidos exámenes no lograrás que cambie de parecer.
La mujer no dijo nada, respiró pausadamente, tratando en vano tranquilizar sus alterados nervios, y entonces abrió los ojos, no pudiendo controlar la ira en su mirada ónix. El menor de los Uchiha sonrió cínico, una mueca de medio lado tan audaz como tenebrosa.
–Si no te gusta, solo finge una sonrisa, es lo mejor que sabes hacer. –respondió irónico.
–Todo esto es su culpa–susurró su madre con resentimiento.
– ¿Será necesario que me vaya? –ella chasqueó la lengua, molesta, pero Sasuke supo interpretar eso como un no. –Entonces deja de joder.
El hombre se dio la vuelta, deteniéndose en el marco de la puerta. El brillo de sus ojos seguía siendo tan intenso como antes, tan oscuro y tan amenazador como podía ser tener un cuchillo en tu garganta.
–Sakura será mi amante de sangre hasta que yo decida lo contrario. –le dijo por encima del hombro, dando por terminaba esa conversación y saliendo de la habitación con un ligero portazo.
Mikoto cayó sentada en el sillón donde antes había estado, perdiendo todas las fuerzas en una exhalación. Se quedó con la mirada perdida en la pared y temblando de furia. Ella no permitiría que eso llegara más allá, no, nunca, jamás. No lo aceptaría. Sakura no era la persona adecuada para su hijo, para un sangre pura. Puede que Sasuke hubiera elegido a su amante de sangre, iniciando la jugada, pero sería ella quién decidiera fin a la partida.
Ains, en realidad me costó escribir este capítulo, creo que fue porque debía quedar satisfecha con los enfrentamientos madre e hijo y elegir las palabras en boca de Sasuke es complicado, el jodido habla poco siempre y ponerle más de dos palabras en la boca es difícil (?) xDDDD
Amo a Mikoto *O* xDDD Vale, vale, es malvada y resulta muy pesada y borde y seguro que desean maldecirla, pero la idea era que ella se opusiera a todo esto, si lo aceptara con facilidad no sería interesante ¿o me equivoco? Los cuentos de hadas no existen, aunque esto sea de vampiros...(?) xD
Siento que el capítulo fue un poco lento y quizás repetitivo por la continua repetición de la misma idea de que Sakura no es acta para ser la amante de sangre de Sasuke, pero necesitaba que Sasuke enfrentara a su madre, al igual que quería un semi enfrentamiento por parte de Itachi, para mi él siempre será el hermano mayor que guía a su hermano y quiere llevarlo por buen camino, le da sermones, lo educa, lo protegerá si es necesario, pero nunca justificará sus acciones incorrectas, así es como yo lo veo (?) xD Y no podía dejar de poner a Takeshi, aunque solo fuera nombrarlo, debía ponerlo en contra del Bastardo Uchiha.
Y...ya me callo, trataré de actualizar cuando me venga la inspiración otra vez, aunque más o menos sé cómo estructurar el siguiente capítulo, no prometo nada, porque mientras lo escribo puede variar, y por eso este me costó un poco más. En realidad no pensaba tampoco poner lo de la mordida...pero bueh, debía darle un empujón a la pareja, porque sino hay mucho drama y cuándo se me van acercar esos dos? xD
Nos leemos ^^
