Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: Es un AU (Universo Alterno). Alguna palabra obscena.
Amante de Sangre
10. ¡Te odio!
Sakura se aburría. Desde que había comenzado a vivir en la mansión Uchiha ya no hacía las cosas en las que solía perder la mayor parte del día. Como salir a pasear con Ino, o sencillamente quedar para hablar de chorradas. Es más, no salía de esa maldita casa. De igual forma, a ella le encanta la medicina tradicional y Tsunade la estaba ayudando en el proceso, era algo así como su mentora, y no era por fardar, pero no se le daba nada mal. De hecho, ella pensaba dedicarse en ello profesionalmente, pero con su traslado repentino todo su mundo se vino abajo, y aunque tuviera sus libros y demás cachivaches -como los llamaba su rubia amiga- no podía avanzar mucho en el proceso.
En realidad, ahora que lo pensaba, ser amante de sangre no incluía que fuera una esclava de su dueño ni que perdiera su vida. Implicaba acudir a su señor cuando fuera llamada, nada más. Pero, Sakura se dio cuenta de que durante todo aquel tiempo, aún tenía la estúpida ilusión de que todo volviera a la normalidad y que el ser la amante de sangre de Sasuke fuera un sueño. Por ello nunca planteó la idea de volver a las clases con Tsunade o si quiera regresar a sus rutinas diarias de hacer lo que le saliera de las narices.
Pero mientras miraba por la ventaba, apoyada en el alfeizar de la misma, se dio cuenta de que llevaba ya más de un mes viviendo allí y lo único que había variado era su residencia y sus rutinas, de resto su relación con Sasuke era un tira y afloja constante: o no se hablaban o simplemente él trataba de domarla y ella se resistía.
Al menos, Mikoto no la había vuelto a molestar con sus palabras hirientes, y si le dirigía la palabra era por pura cortesía, se dijo. La señora Uchiha fingía que todo iba bien, quizás hasta se mentía a sí misma diciéndose que Sakura no era más que una empleada o algún mueble barato que no iba con la decoración, y lo único que delataba su irritación ante su presencia era su mirada ónix furiosa. Pero su lengua filosa estaba bien metida dentro de su boca.
Y la pelirrosa sabía, tan bien como los siempre espectadores Fugaku e Itachi, que Sasuke era el responsable de eso. Era evidente por las miradas retadoras que se lanzaban madre e hijo. Podría haberse llegado a sentir culpable de que una madre amorosa como Mikoto peleara con su adorado hijo menor por su causa, sino fuera por el pequeñísimo detalle de que en primer lugar toda la culpa era de la terquería de Sasuke. Y el caso era que no sabía qué mierda hacía ella en esa casa. Como también estaba dispuesta afirmar que ninguno de los demás miembros de la familia, exceptuando al pequeño Uchiha, lo sabía.
Sasuke solo había bebido de ella una vez, aquel día que fue a buscarla a casa de sus padres. No parecía estar interesado en el sexo con ella -y no es que eso le molestara- aunque sus ojos intensos la devoraran en ciertos momentos cuando estaban asolas, y preferiblemente discutiendo por cualquier tontería que se les ocurriera. Y por lo poco que había visto de él, dado su poca predisposición para hablar y compartir con los demás, no era el típico aristócrata que iba luciendo sus pertenencias ante los demás. Tampoco era necesario. Todo el mundo sabía quién era y cuánto poder tenía. Si tenía alguna reunión de trabajo no necesitaba valerse de su preciosa amante de sangre para hacer ver su buen gusto y distraer a los posibles clientes. Sakura solo estaba de adorno en la mansión Uchiha, ella era la prueba viviente de la cabezonería de Sasuke Uchiha, nada más y nada menos.
La chica suspiró con resignación, hacía un lindo día de sol y sin nubes y ella estaba encerrada, deseando salir. Recordó con cierta ironía que cuando vivía en su casa, a veces hacía igual buen tiempo y ella rechazaba salir solo por encerrarse en su laboratorio de plantas y experimentar antídotos. Ino y su madre solían regañarla mucho por esa actitud.
La vibración de su móvil en el bolsillo derecho de su pantalón la sacó de sus pensamientos melancólicos. Un mensaje de texto. Remitente: Sasori. Sakura sonrió. El pelirrojo resultó ser bastante agradable. Venía mucho por la casa a ver a Itachi y siempre se detenía a charlar con ella. También era el causante de muchas peleas con Sasuke. Al parecer, uno de los muchos otros defectos de Uchiha, es que era posesivo.
"Hola, ¿cómo estás? Hace un día perfecto, yo tengo que comprarle un regalo a mi abuela y tú podrías ayudarme ¿te apetece? "
¿Estaba de broma? Claro que le apetecía, además, mierda se sentía muy a gusto con Sasori, pero sabía que si salía con él y no le decía nada a Sasuke se molestaría. En otras circunstancias le hubiera dado lo mismo, ella no era propiedad de nadie, él vivía enojado la mayor parte del tiempo y salir con Sasori no implicaba Sakura estaba harta de vivir encerrada, y quería ponerle fin a eso. Hablaría con Sasuke para informarle de que empezaría de nuevo con sus rutinas habituales, como acudir a las clases de Tsunade o visitar a Ino, y lo necesitaba del mejor humor posible, dentro de su acostumbrada cara de estreñido. No quería darle motivos para iniciar una pelea y luego la obligara a quedarse en casa, movido por la rabia. Sasuke era orgulloso y le jodía que pasaran sobre él.
"Hoy no puedo, tengo algo que solucionar. Lo siento, Sasori."
Le respondió y a los pocos segundos recibió una respuesta.
"No importa, si cambias de idea, avísame. Te estaré esperando."
Siempre tan enigmático y confiado, se dijo Sakura.
La pelirrosa salió de su habitación y marchó por el pasillo hasta la biblioteca. Sasuke no estaba en casa, sino en el Hotel, pero Itachi sí, y pensaba pedirle la dirección del mismo y un poco de ayuda para que cuando fuera a ver a su hermano, la dejaran pasar y no tuviera que pelear con los empleados. A veces no entendía por qué si Itachi era el hermano mayor y legitimo heredero, era Sasuke el que parecía pasar más tiempo en el negocio familiar. Pero bueno, eso a ella no le concernía.
Tocó dos veces y entró sin esperar una respuesta afirmativa. No tuvo en cuenta que la biblioteca podría haber estado ocupada por Fugaku o Mikoto, porque el padre salió esa mañana a saludar a unos amigos, Minato y Hiashi, por lo que escuchó. Y la señora Uchiha no solía entrar en la biblioteca, para ella ese era el terreno de los hombres de la casa, e incluso, como si fuera a propósito, la decoración era varonil y oscura, diferente al resto. Además, ella tenía su propia colección de libros.
Como supuso Itachi estaba detrás del gran escritorio ocupado por papeles ordenados y libros de cuentas gigantes, mientras leía algún libro ético o filosófico. El mayor de los hermanos Uchiha alzó una ceja con su llegada, no esperándola, y cerró el tomo, marcando la página.
–Siento molestarte, pero necesito que me hagas un favor.
Sakura ya no se sentía tan incómoda en la presencia de los Uchiha, tenerlos a todos juntos en la misma mesa era estresante, y o te acostumbrabas rápido a sus miradas fijas y certeras, o te empequeñecías tanto que acababas siendo un punto diminuto dentro de su espacio. Y si bien Fugaku era un hombre serio e intimidante, y su esposa parecía más simpática, ella prefería mil veces estar a solas en una sala con el señor Uchiha. Él parecía ser el tipo de persona que si no lo jodías, no te jodía. Mikoto podía llegar a ser mucho más aterradora y peligrosa porque nunca sabías por dónde te iba a atacar. Y por su parte, Itachi era el más amable y quizás ligeramente más expresivo, y compartían la afición de molestar a Sasuke. Aunque, tampoco tuvo mucha oportunidad de conocer la verdadera cara del hermano mayor. Sakura tenía la impresión de que solo conocía de Itachi lo que él deseaba que conociera.
– ¿En qué te puedo ayudar?
–Necesito que me des la dirección del Hotel y me ayudes a poder llegar hasta el despacho de Sasuke sin tener que lidiar con nadie. –Itachi la observó con meditación. –Tengo que hablar con él.
Itachi asintió con la cabeza y tomó el teléfono.
Sakura se quedó con la boca literalmente abierta al entrar dentro del gran edificio que era el Hotel de la familia Uchiha, bueno, uno de tantos, se recordó. Era puro glamur y lujo, con un estilo muy sofisticado de techos altos y colores claros en las paredes y muy luminoso. Grandes ventanales limpios por donde entraba la claridad, hermosas lámparas de araña y enormes espejos que se encontraban en lugares específicos para darle un habiente alegre sin sobrecargarlo. Realmente era impresionante.
Haruno mientras caminaba con pasos lentos y observando a todas direcciones, se obligó a sí misma a mantener la compostura y a no lucir tan evidente ante tanto lujo, parecía una turista o una muerta de hambre que no había visto nada relucir en su vida. Y al parecer, por la mirada que le echó el recepcionista, con esa ceja gruesa alzada demasiado alto y sus ojos escépticos y quisquillosos, supo que él pensaba exactamente lo mismo de ella.
–Vengo a ver al señor Uchiha...
– ¿Tiene cita? –cortó de inmediato el hombre de forma maleducada.
–Algo así. Soy Sakura Haruno, creo que Itachi Uchiha llamó hace un rato informando de que vendría a ver a su hermano. –le contestó con el mismo tono, observándolo como si fuera una hormiga, en la que se convirtió al oír sus palabras. El tipo se había quedado mudo y blanco como una carta.
– ¿Usted es la aman...?
–Creo que no es necesario que pregunte eso, es evidente ¿no? –lo detuvo Sakura, de cierta forma le irritaba ser denominada por todo el mundo como "la amante de sangre de..." Tenía nombre, joder. Además, el hotel estaba lleno de humanos, no necesitaba que oídos indiscretos escucharan sobre su suerte y hablaran sin saber sobre ella. Los vampiros al menos entenderían que era el término. Los humanos solo escucharían la palabra amante y supondrían que a Sasuke estaba casado y le gustaban cosas raras en la cama. – ¿Me puede indicar a dónde ir?
–Tome el ascensor y vaya hasta la última planta, señorita.
Sakura asintió y se dirigió hasta el lugar indicado con el fino dedo del recepcionista estúpido. Esperó pacientemente el gigantesco ascensor, y casi pensó con ironía que todo en ese puñetero Hotel era demasiado grande, pero en este caso lo agradecía. No le gustaban los cubículos cerrados, y mucho menos si se movían de arriba abajo por un estrecho pasadizo por cuerdas y que si se caía por algún fallo desde la última planta de ese edificio de quince, ella acabaría aplastada. Aunque eso era preferible a estar encerrada durante un tiempo indeterminado entre medio del Hotel sin saber si morirás por aplastamiento o de un maldito infarto.
Cuando llegó al lugar indicado, Sakura salió rápidamente del ascensor logrando que el botones la mirara con una sonrisa comprensiva y un viejo que entraba la observara como si fuera un bicho raro. Ella los ignoró a ambos, estaba agradecida de haber salido de esa mierda de cosa viva. Realmente, aunque fuera grande, le agobiaba eso de detenerse en cada planta, recoger gente y seguir subiendo. Hubiera tomado las escaleras si no hubiese tenido que ir tan arriba y no pudiera esperar por hablar con Sasuke -aparte de que, joder, siendo sincera, era una putada subir quince pisos andando.- Pero, cuanto antes tuvieran esa discusión, mejor. No sabía cómo se tomaría él su decisión, pero ella quería dejar claro que no le estaba pidiendo permiso, sino informándole. Le gustara o no.
La que supuso sería la secretaria, una pelirroja de gafas, se percató de su presencia y al no identificarla, tomó la agenda en una mano y se levantó de su asiento.
–Buenos días ¿puedo ayudarla?
–Vengo a ver a Sasuke.
–El señor Uchiha –y pareció resaltar las palabras, como si le pareciera mal que ella lo nombrara por su nombre de pila. –Está muy ocupado ahora mismo. ¿Tiene usted cita?
Joder, ¿por qué todos le hacían esa maldita pregunta? ¿Sasuke era tan importante? Sabía que tenía dinero, que prácticamente dirigía él este hotel y que obviamente mucha gente estaba interesada en hacer negocios con él, ¿pero de verdad era necesaria toda esta pantomima? Sakura sentía que había ido al médico en un fuera de hora.
–Itachi llamó informando de que vendría. –respondió con cierto hastío.
Karin, según la placa de su uniforme, frunció el ceño, miró la agenda con atención y nuevamente la observó, como si no se creyera lo que veía, o algo así.
– ¿Sakura Haruno?
–La misma.
La pelirroja no sabía que decir, y Sakura supuso que no se esperaba que una mujer como ella fuera la amante de sangre de Sasuke, quizás porque sabía lo exigente que era su madre, se dijo. Y no pudo evitar preguntarse si de verdad ella era tan vulgar como para que la gente pusiera esa cara cada vez que la reconocían. No entendía por qué mierda le daban tanto valor, es decir, no se había casado con ella, solo era una amante, una mujer que tirabas cuando te cansaras, no era necesario ser tan sumamente exigentes, por muy asquerosamente pura que fuera su sangre seguía siendo un maldito hombre, por dios.
– ¿Me dejas entrar ya? –preguntó con los dientes apretados.
Karin pareció reaccionar, tomando el teléfono.
–Señor, Sakura Haruno está aquí.
Sakura no dio tiempo a que Sasuke diera algún tipo de respuesta, antes de que la misma Karin terminara su frase, ella ya había abierto la puerta. Uchiha la observó con ojos entrecerrados desde detrás de la mesa de roble.
– ¿Qué haces aquí?
–Tengo que hablar contigo.
Ella cerró la puerta, opacando los gritos de Karin, casi estrellándole la puerta en la punta de la nariz, y se colocó las manos detrás de la espalda con cierto aire inocente. Sasuke solo la observó, estirándose hacia atrás en su silla, preguntándose el motivo de su visita.
–Hmp. ¿Y no podías esperar hasta que llegara a casa?
–No, porque a veces regresas muy tarde, otras te encierras en tu habitación y muchas veces tu cara de estreñido viene más acentuada de lo normal. –contestó de manera distraída, paseándose por el gran despacho de moqueta azul.
Sasuke alzó una ceja, pero decidió ignorar el insulto de la muchacha, por ahora. De momento, le interesaba más saber qué diablos había pasado para que ella fuera a verlo.
– ¿Y bien? ¿Viniste a pasearte o hablar? Ve al grano, Sakura. –le dijo con cierta molestia.
Odiaba cuando la gente era dispersa, como también odiaba que primero soltaran toda clase de estupideces que no tenían nada que ver con el tema, pero que ellos denominaban cortesía. Era una pérdida de tiempo.
Ella chasqueó la lengua por la poca paciencia de Sasuke y se sentó delante de su escritorio, cruzando las piernas. Durante un minuto permaneció en silencio, evaluando sus palabras, cómo soltarlo. Al final, optó por soltarlo nada más, sin anestesia o divagaciones, directa. Era más fácil y más rápido.
–A partir de mañana voy a regresar a mis clases de medicina con Tsunade, como también dejaré de permanecer en tu casa. Estoy francamente aburrida. Antes de que me tomaras como amante de sangre yo tenía una vida y solía hacer lo que me daba la gana, y no permitiré que tú sigas mandando sobre mi o en la forma en la que dispongo de mi tiempo. –tomó aire, deteniendo sus ojos jades en el rostro de hombre, dándose cuenta de que no hubo ningún tipo de cambio en su expresión, parecía impasible y frío, como de costumbre. –Tú normalmente no estás en casa y no te afecta en absoluto el que yo salga en las mañanas o por la tarde. Al fin y al cabo, tienes lo que querías, vivo en tu casa aunque eso le moleste a tu familia.
Se hizo un silencio que a Sakura le resultó incómodo. Sasuke seguía sin cambiar su posición o sin hacer amago de decir algo. Oh, pero sus ojos. Los ónixs la miraban tan intensamente que ella creía que si permanecían así por más tiempo iba a desaparecer. Podía haberse acostumbrado a ser el bicho raro dentro de la familia Uchiha y a sus miradas hostiles o indiferentes, pero la mirada aguda de Sasuke era diferente, única entre ellos y malditamente incómoda, joder. Pareciera que lanzara fuego ardiente por sus pupilas, y el hecho de que fuera tan poco expresivo no la ayudaba a predecir sus movimientos. Para ella Sasuke era un enigma. Nunca sabía qué pensaba.
–No.
El tono fue frío, sumamente frío, y un escalofrío alcanzó el cuerpo de Sakura, recorriéndole la columna. Sasuke seguía en la misma posición y con la misma expresión infalible e irreconocible, pero por debajo de la mesa, sus manos se aferraban a los reposabrazos con fuerza, con tanta, que creía que si seguía de esa manera los arrancaría de cuajo.
– ¿Qué? No te estoy pidiendo permiso, Sasuke, te informo.
–Eres mi amante de sangre y harás lo que yo diga, Sakura.
Sakura se levantó de golpe de la silla, tirándola hacia atrás con un ruido sordo.
–Ser tu amante de sangre no implica ser tu maldita esclava. ¡Me tienes encerrada en esa asquerosa casa bajo el mismo techo de personas que no me soportan! ¿Y para qué? Para gritar a los cuatro vientos que eres el señor de los tercos y que cuando tú hablas se cumple tu voluntad.
Él ignoró su último comentario certero. Las verdades ofenden y él se veía afectado por esta, pero no pensaba dejarlo translucir con tanta facilidad. Sin embargo, Sasuke no dejaría que Sakura saliera fuera de su ala y volara libre. En su casa podía estar controlada, pero mientras estuviera fuera él no sabría qué cosas podría hacer o a quién podría visitar. Joder, aunque estuviera actuando como un puñetero carcelero, la idea de que Sakura saliera al mundo exterior y volviera a su anterior vida le aterraba o algo así, simplemente escapaba de su control.
–La única que se muestra reticente es mi madre, y ella ya no te molesta.
Sasuke permaneció sentado, aparentemente impasible, pero poco a poco perdiendo el control de su propia voz. Él creía que todo estaba resuelto después de su conversación con su madre, que Mikoto sería el único problema para la convivencia. Pero se equivocó, Sakura definitivamente no era como las demás jovencitas de sociedad, ella pensaba, y lo hacía de manera diferente a las demás. Tenía sus propias ideas y motivaciones y eso en parte era una de las cosas que lograba atraerlo de ella, como también era el causante de que él se alejara. Ella era tan terca como una mula, y él tampoco es que fuera la persona más dócil del planeta. ¿La combinación? Explosiva.
–Tú no lo entiendes. No sabes lo que es que te saquen de tu casa, que te quiten tu vida. ¡Yo no debo girar en torno a ti! ¡Maldita sea, no soy tuya!–gritó Sakura exasperada, con todas sus emociones contenidas a flor de piel.
¿Cuántas veces le había dicho, o mejor, gritado, a Sasuke que no era suya? No era un puñetero objeto, aunque la asquerosa sociedad vampírica se empeñara en encasillarla en ese lugar y él la mirara con ese jodido papel. Era una persona, sentía, pensaba por sí misma.
Sasuke se levantó de la silla esta vez, sus ojos oscuros como la noche clavados en los jades brillantes de Sakura.
– ¿Cual es el verdadero motivo para querer salir? ¿Para ir a revolcarte con Sasori? –fue incapaz de reprimirse por más tiempo.
Era consciente que el principal causante de las peleas era ese pelirrojo, el mismo que acudía a su casa con la excusa barata de ver a su hermano y que terminaba hablando con Sakura. Y le jodía, le jodía muchísimo que Sasori lograra su objetivo y le tocara las pelotas, pero no pudo evitarlo. La rabia se apoderó de su sangre, revolviéndosela, quemándole las venas a su paso y logrando que su cerebro no procesara sus palabras, solo las echara por la boca como fuego, y la imagen de ella y él juntos, besándose se recreara una y otra vez como una cinta rota. Sasuke tenía un gran problema de posesividad con Sakura.
–No puedo creer que hayas dicho eso. –susurró la chica.
–Eres mía y harás lo que yo ordene. –finalizó, ignorándola.
Ese fue el detonante.
–Bastardo hijo de puta, no sabes cuánto te odio ¡Te odio! ¡Vete al inferno!–Chilló Sakura con las lágrimas agolpadas en sus ojos, negándose a soltarlas, negándose ante la idea de verse tan sumamente débil.–Y sí, es probable que vaya y me acueste con Sasori.
Y Sakura explotó en mil y un pedazos.
Lo siguiente que se escuchó fue el chirrido de bisagras siendo maltratadas y el portazo final de la puerta del lujoso despacho de Sasuke cerrarse tras la pelirrosa, seguida de una maldición atroz soltada en un rugido ronco.
Karin supo en ese momento que su jefe estaba de mal humor y cuanto menos entrara ahí, más posibilidades tendría de que su cabeza siguiera donde estaba: arriba de sus hombros.
Esa mañana Sasori tuvo un presentimiento, uno bueno quería decir. Podría haberse amedrentado por la oferta rechazada de Sakura, pero sin embargo, pese a ver escrito en ese mensaje de texto un claro no, seguía pensando que hoy no todo estaría perdido, que hoy vería a la pelirrosa y que hoy quizás avanzarían.
Cuando recibió la llamada de una Sakura llorosa no supo si sentirse contento porque le tenía la confianza suficiente para recurrir a él o mal porque quizás lo usaba como paño de lágrimas. Decidió dejar que las cosas fluyeran y ella misma le diera una respuesta en base a cómo actuara. Además, ¿a quién pretendía engañar? No le importaba demasiado ser su hombro para llorar.
Al verla en ese estado de lágrimas incontrolables, palabras inteligibles por los hipidos y mocos por doquier, le tendió un pañuelo, la llevó hasta un banquito alejado de la pequeña multitud y de ojos indiscretos que la observaban como si fuera un extraterrestre, y le dio palmaditas en la espalda a modo de consuelo, tratando de que se tranquilizara para poder entender qué le había hecho el gilipollas de Sasuke. Porque claro, Sasori sabía que él era el culpable, era evidente.
A medida que ella dejaba de llorar y sus palabras se hacían más claras, le explicó su pelea, las palabras hirientes y la frustración de la chica por recuperar su vida. Sasori comprendió que Sasuke estaba celoso y que debía decirle a Itachi que le diera un par de clases sobre autocontrol y cómo tratar a las mujeres, porque era evidente que Uchiha no tenía ni puñetera idea.
Sakura comenzó a pedirle perdón por utilizar su nombre para molestar a Sasuke y él deseo que se callara, se maldijo una y mil veces y quiso romperle esa perfecta nariz que tenía a Sasuke, porque él si quería hacerle el amor. Pero no dijo nada, compuso su mejor sonrisa, le resto importancia al asunto y le acarició el pelo con cariño. Luego le compró un helado de chocolate como si fuera una niña de cinco años a la que se le rompió una muñeca. Ella hizo un mohín gracioso, pero aceptó el dulce nada más verlo.
– ¿Esta bueno?
Ella hizo alguna especie de ruido de asentimiento y siguió comiendo su helado.
Sasori la vio comer en silencio, observando que sus ojos jades ya no estaban tan rojos por el llanto, aunque sí seguían heridos y opacados con ese deje de tristeza y decepción. Y joder, estaba completamente seguro de que ni la misma Sakura se daba cuenta de lo mucho que deseaba que Sasuke no hubiera sido tan cabrón.
La chica quería recuperar su vida, pero al contrario de lo que el hermano pequeño de Itachi pudiera pensar, ella no le estaba dando de lado. Al contrario, durante todo ese tiempo en el que ni se planteó regresar a sus clases o simplemente a salir al exterior, ella se había estado negando a su destino, y por lo tanto negando al mismo Sasuke. La aceptación de la realidad era un paso hacia adelante y él lo había convertido en algo negativo, en vez de aprovecharlo y beneficiarse.
Sasori sabía que si Sasuke en vez de actuar como un bastardo egoísta hubiese sido tan racional como siempre demostraba en sus negocios, y hubiera aceptado la idea de que Sakura dispusiera de su tiempo, ella se habría acercado un poco más a él. En realidad, todo ese tiempo, y sin ser consciente de ello, estuvo buscando una excusa para poder decir que él era bueno, para confiar en él.
Sasuke era un completo gilipollas con la sensibilidad en el trasero, demasiado posesivo y no tenía ni puñetera idea de lo mucho que le importaba esa muchacha a la que tomó como amante de sangre, se dijo en un suspiro.
– ¿Pasa algo? –preguntó Sakura.
–No, no es nada. –ella no pareció convencerse. Sasori sonrió divertido, señalándole la cara. –Tienes una mancha aquí.
Ella quedó desconcertada y se llevó la mano con la servilleta a la boca, pero no logró quitarse la mancha de chocolate. Sasori meneó la cabeza y la apartó, tomando el mismo el pañuelo de papel y limpiándole el líquido. Muy por dentro, él sabía que eso le hubiera gustado hacerlo con la boca. Y tuvo que golpearse mentalmente para dejar de tener pensamientos libidinosos que incluían a una Sakura muy desnuda recubierta de chocolate.
– ¿Me ayudas entonces a comprar el regalo de mi abuela?
Sakura sonrió y a Sasori le hubiera gustado que esa sonrisa hubiese sido más amplia y más alegre, pero al menos se la dedicaba a él, solo a él, y eso ya era un comienzo.
Tanto Naruto como Suigetsu ignoraron la advertencia en forma de chillido de Karin de no molestar a Sasuke y entraron armando jaleo como solo ellos dos sabían hacerlo en su despacho, ganándose una mirada helada por parte del dueño. No era la primera vez que lidiaban con el Uchiha en estado destructivo e ignoraron la amable invitación de Sasuke de irse a tomar por culo.
El rubio Namikaze hijo de uno de los mejores amigos de Fugaku, y mejor amigo de Sasuke desde su tierna niñez, se sentó en la silla enfrente al escritorio. Su corbata en vez de estar correctamente anudada en su cuello, estaba colocada en su cabeza, como si se creyera alguna especie de ninja estúpido, la camisa arrugada y por fuera del pantalón, y en general, el pelo del tipo era un desastre. Nadie entendía que ese espécimen de sonrisa tonta fuera hijo del correcto Minato, pero siendo una copia casi idéntica del mayor lo confirmaba.
Suigetsu por su lado, se apoyaba casualmente contra una estantería, cruzado de brazos, con su extraño pelo blanquecino cayéndole sobre la frente. Él tenía un aspecto más formal, pero que a la vez podías confundir con la de un chulo. El traje negro bien planchado, la camisa azul fuerte abierta por los tres primeros botones y las mangas de la camisa subidas enseñando bíceps. Sí, parecía un proxeneta en ocasiones, sobre todo por la sonrisa ladeada y libidinosa que normalmente embozaba, con sus dientes blancos, perfectos y afilados por fuera.
– ¿Se puede saber qué mierda te pasa, bastardo? –preguntó Naruto con una sonrisa y voz jovial.
Recibió un gruñido salvaje como respuesta y Suigetsu rodó los ojos con hastío.
–Pero que jodidamente elocuente eres, cabrón.
–Tks, váyanse al infierno.
– ¿Te has peleado otra vez con Sakura? ¿O quizás con tu madre, de verás?–tanteó el rubio.
Sasuke últimamente desde que había elegido a su amante de sangre tenía su humor más irascible y propenso al mal humor. Sobre todo cuando la chica le llevaba la contraria. En otro momento, Naruto hubiera pensado que fue un mal día para negociar, pero normalmente cuando eso pasaba -que eran pocas las veces- Sasuke canalizaba su frustración devolviéndole el golpe al tipo, buscaba la manera de seguir adelante sin él y lo acababa jodiendo. Era su manera de recuperar su orgullo y subir su ego.
Y por la cara de homicida de su amigo y sus aparentes deseos de querer saltar sobre el primer cabrón incauto que pasara y arrancarle la cabeza, no creía que esto tuviera nada que ver con el trabajo. Solo lo veía poner esa cara cuando peleaba en casa o tenía las manos atadas y no podía hacer nada. Su madre últimamente estaba muy callada, Fugaku desde que Sasuke hizo lo que él deseaba respeto a la empresa no le molestaba y el Consejo no había estado metiendo sus narices en los asuntos del Uchiha. La última opción y la más fiable, era Sakura y Naruto estaba dispuesto a apostar todo el ramen que tenía en su casa a que ella era la causante. Como también conocía a su amigo y sabía que él mismo había provocado esa situación.
Naruto intercambió una mirada con Suigetsu y este resopló. Sasuke era demasiado evidente y no estaba acostumbrado a tener problemas con las mujeres. No por lo menos de ese tipo de problemas.
– ¿Estúpido, qué has hecho?
–Hmp, nada.
– ¿Y tu careto de homicida se debe a...? –preguntó cansado Suigetsu.
–Sakura. –respondió por él Naruto ante el mutismo del moreno.
Sasuke solo gruñó al oír el nombre de su amante de sangre y eso fue la confirmación que esperaban ambos hombres. El rubio tenía razón.
–No podemos ayudarte si no nos cuentas lo qué pasó. –comentó el rubio.
–Tks, ¿a caso ahora ustedes dos son alguna especie de consejeros? –dijo Sasuke con desdén.
–A mi no me incluyas en toda esa mierda, no me interesan tus problemas. –resopló Suigetsu, cambiando su posición de un pie al otro. –Solo vine porque el idiota me obligó. – Naruto le sacó el dedo de en medio. –Y para saber si ya dejaste a tu amante para ir a por ella, la verdad no esperaba que la rosadita fuera tan gua...
Sasuke se movió tan rápido que a Suigetsu no le dio tiempo a nada, y tampoco se molestó en hacer caso de los gestos exagerados de Naruto desde el otro lado de la habitación. Su oración fue cortada por una mano en su garganta asfixiándolo y unos ojos rojos inyectados en sangre observándolo con deseos de muerte. El pobre idiota dijo las palabras inadecuadas.
–No te atrevas ni a fantasear con ella, bastardo, o te corto las pelotas en este mismo instante.–lo amenazó con tono lúgubre y bajo, totalmente mortal. Era una promesa.
Suigetsu tragó saliva y llevó su mano a la de Sasuke, sonriéndole apaciguadoramente.
–Oye, relájate, no es para que te pongas así.
–Sasuke, suéltalo. Él solo bromeaba ¿verdad? –dijo nerviosamente el rubio, acercándose a ambos e intentando intervenir antes de que su amigo cometiera una gran estupidez. Por muy idiota que fuera Suigetsu no le deseaba quedar castrado.
–Sí, joder, suéltame ya.
Mostrándose reticente, Sasuke soltó al hombre y Naruto lo jaló hacía atrás, llevándoselo hasta el otro extremo de la habitación, colocándole una mano en el hombro y atrayéndolo hacia sí.
–No deberías de ser tan fácil de provocar, estúpido. –se burló, haciéndolo agacharse levemente, bajo su brazo por el cuello.
–Al parecer la rosadita le gusta, y cómo no, la chica est... –ante las miradas significativas provenientes de los otros dos, Suigetsu se cortó a sí mismo, tosiendo incómodo y arreglándose el cuello de la camisa como si no hubiera pasado nada.
Al parecer él no aprendía la lección.
–En fin, ignorémosle, de verás. ¿Qué diablos te pasó, cabrón? –volvió a interrogarlo Naruto.
Sasuke gruñó una vez más y se deshizo del agarre de su amigo, soltándose con violencia contenida y mala gana. Caminó con pasos largos hacia el ventanal de su despacho y observó el movimiento y ajetreo de la ciudad bajo sus pies. Y no pudo evitar preguntarse el paradero de Sakura y si habría cumplido su promesa.
–Mierda. –maldijo en un susurro con dientes entrecerrados.
Odiaba a su puta imaginación. La jodida imagen de Sasori abrazando a Sakura no se iba de su mente y él tuvo deseos de estrellar su cabeza contra el maldito cristal y sacárselo a golpes. Aunque Sasuke sabía que por mucho dolor que recibiera, la imagen seguiría allí, atormentándolo. Lo único que conseguiría sería una marca rojiza en su frente que lo haría parecer más gilipollas de lo que ya era.
Naruto observó a su amigo con ojos entrecerrados, puede que él fuera algo lento en ciertas situaciones y que la mayoría de las veces fuera el último en pillar los chistes, pero conocía a ese bastardo y sabía que algo lo torturaba.
– ¿Qué tan malo fue lo que le dijiste, Sasuke? –él no lo miró. –Joder, Sasuke, habla de una puñetera vez.
Uchiha dudó, pero al final y como siempre, nunca podía permanecer demasiado estoico delante del rubio. Era demasiado persistente y por muy idiota que fuera, lo conocía lo suficiente como para saber cuando algo no iba bien. Y hoy algo no solo no iba bien sino que iba de culo.
– ¿Qué tu le dijiste qué? ¡Eres un bruto, bastardo! ¿Cómo se te ocurre? –se alteró Naruto al escuchar, con palabras simples, lo qué pasó anteriormente en ese despacho.
–Joder, no me gusta decir esto, pero el mono tiene razón ¿en qué pensabas? –añadió Suigetsu. –Fue como lanzarla con un lazo de cumpleaños a los brazos de otro.
Los ojos ónix centellearon en dirección al peliblanco, con el instinto asesino latiendo en ellos.
–No me mires así, solo digo en voz alta lo que tú mismo piensas. –se encogió de hombros. –Además, no sé por qué te molesta tanto. Comprendo que tu orgullo se vea afectado si ella está con otro hombre, pero lo que desencadenó todo esto fuiste tú mismo y tu posesividad sobre ella. La rosadita solo te pidió poder disfrutar de algo de tiempo para ella.
–El tiburón tiene razón, estúpido. Tú deberías de entender lo que es que alguien controle tu vida.
Y Naruto lo remató.
Sasuke se quedó con la mirada fija en algún punto del suelo. Antes de que los dos idiotas llegaran sabía que debería de haber controlado su lengua. No obstante, ahora, después de esas palabras finales del rubio, comprendió el punto: lo sacó todo de contexto y se dejó llevar por la rabia. Ni siquiera se dio cuenta de cómo estaba actuando, solo se repetía una y otra vez que Sakura era suya y no podía permitir que hiciera lo que ella quisiera.
Mierda, Fugaku quería controlar toda su vida a su antojo, así como su madre y los miembros del consejo. Pretendía manejarlo como a una marioneta y ahora él pretendía hacer exactamente lo mismo con Sakura. Y quizás no eran tan diferentes, podían enfocar su forma de reaccionar de manera diferente, podían tener personalidades opuestas, pero ambos eran tercos y se oponían al control de otro sobre ellos. Sin embargo, pese a saber que hizo mal, su orgullo le impedía disculparse. Y de todos modos, aunque lo hiciera ¿quién le aseguraba que ella lo perdonaría? Al fin y al cabo, él aún no había perdonado a aquellos que lo mangonearon. Y si eran tan parecidos como opuestos... ¿Por qué iba hacerlo Sakura?
Nada más entrar por la puerta de la mansión Uchiha, Sakura sintió la intensa mirada de Sasuke clavada en ella, sin tan siquiera haberlo divisado. Giró su cuello hacía la izquierda de manera automática y se lo encontró allí, en el marco de la puerta del salón, con los brazos cruzados, el ceño fruncido y rostro inexpresivo. Sus ojos tan negros como el carbón eran fríos como el mismo hielo y cuando se encontraron los suyos, se estremeció cual hoja de otoño a punto de caer.
Pero, pese a todo, levantó el mentón con orgullo e indignación. Sakura no pensaba rendirse, había sido humillada muchas veces, pero la gota que desbordó el vaso la vertió Sasuke y eso no lo perdonaría con tanta facilidad. No, se negaba. Con renovada fuerza, siguió un impulso nacido de su alma que le impulsó a llevar una mano en busca de la de Sasori, y la encontró. Grande, cálida, acogedora como él mismo.
Uchiha parecía querer echar fuego cuando vio el gesto y el pelirrojo sonrió tan cínico y autosuficiente, que si no llega a ser por la mano conciliadora de su hermano mayor en su hombro, se hubiera lanzado a romperle el cuello.
–Gracias por este día, Sakura.
–Lo repetiremos–le aseguró con una sonrisa.
–Por mi encantado. Será mejor que vayas a descansar.
Sakura se giró sobre sus talones, le dirigió una última mirada airada y rencorosa, cargada de todas sus emociones hacia Sasuke y subió por las escalaras sin mirar atrás.
– ¿Qué diablos crees que estás haciendo? –tono frío, casi mortal.
Sasori miró a Sasuke con fingido aburrimiento y desinterés, no sintiéndose afectado.
–Lo que tú no supiste hacer durante todo este tiempo.
Itachi presionó más fuerte el agarre en el hombro de su hermano menor, presintiendo el poco autocontrol que le quedaba. Realmente, no podía decir que esto no fuera divertido de ver, pero tampoco quería una pelea dentro de su casa. A Mikoto no le haría ni la pizca de gracia, por muy enojada que estuviera con Sasuke.
–Aléjate de ella.
– ¿Crees que tú estúpida amenaza me dará miedo? Yo no soy como todos esos idiotas que te besan el culo, Sasuke. No me alejaré de Sakura hasta que ella me diga que lo haga.
–Es mi amante de sangre.
– ¿Es lo único que sabes decir? ¿No tienes un argumento mejor que ese? –alzó una ceja, hablándole con desdén, burlándose de su mediocre argumentación. Sasuke apretó los dientes. No, no tenía mejores palabras para rebatir. –Sinceramente, me aburres. Eres como un niño siendo egoísta con sus juguetes. No juegas con ellos, pero no quieres que nadie los toque.
–Hmp ¿Comparas a Sakura con un juguete?
Sasori soltó una carcajada sarcástica.
–No trates de tergiversar mis palabras, Sasuke, eres tú el que ve a Sakura como un objeto que nadie más aparte de tú puedes tocar. Se lo has dejado bastante claro hoy.
–Jódete.
–No, Sasuke, jódete tú. Buenas noches, Itachi.
Desde lo alto de la sinuosa escalera una silenciosa espectadora observó toda la escena desde su inicio con ojos brillosos y expectantes. Mikoto Uchiha sonrió como hacía semanas no lo hacía y supo que el momento de actuar había llegado.
Me costóooooooooooooooooooooo~ Mucho~ Pero acá está y no me gusta~ ¿raro no? xDDD
Sasuke es un bastardo malvado, pero sino esto no tiene emoción alguna, me gusta hacerlo sufrir xD Y Sasori es el príncipe rojo (? xDDD
Bueh, he estado tratando de actualizar durante toda la semana, con el capítulo iniciado y sin poder acabar, hoy por fin pude hacerlo. Siento el retraso, sé que soy súper lenta y lo lamento mucho, pero me cuestan los fics largos xD
Aparte del cap, ¿saben qué? *se oyen grillos* Lo diré igualmente, gané el segundo premio de un concurso de relatos originales en el que participé hace un mes o más xD Para mi es significativo porque nunca participé en un concurso de escritos, y jamás había ganado un premio xD Sé que no le interesa, pero me siento orgullosa y feliz y eso me animó a escribir este capítulo xD
Intentaré actualiza lo antes posible, mi meta es acabar este fic, de verdad no me gusta dejar las cosas sin terminar cuando ya las tengo publicadas y veo que a la gente le gusta y lo sigue, me parece poco formal xD
Nos leemos, babys~
