Segundo acto.
Calidez en mi alma.
Capítulo 1. Un nuevo comienzo.
La vida está llena de sorpresas, no importa que tanto intentes prepararte, jamás podrás prever lo que te esperara mañana, el solo hecho de que hace solo un par de meces yo solo era un simple y triste huérfano que no tenía nada ni nadie me….. Ahora… yo…. No puedo creerlo…. Ni yo mismo puedo…. Creer que por fin tengo todo lo que siempre he deseado en mi vida… tengo una mami… ¡tengo una mami! No puedo…. Y no…. No es cualquier mami…. Es Spitfire, la capitana de los Wonderbolts… ella está aquí… ella me ama- eran el tipo de cosas que pasaban por mi mente mientras Spitfire terminaba de revisar los papeles en la dirección del orfanato.
Después de tanto tiempo, creí que nunca más tendría algo como esto, creo que nunca en mi vida estuve más feliz…. O quizás sí pero eso aún no pasa… por el momento, en este preciso instante, nunca creí llegar a tenerlo, pero lo tengo, los sentimientos de alegría y emoción invadían mi mente, estaba algo ancioso, sentado en una vieja banca esperando a mí… mi mami…. Nunca creí llegar a decir eso jeje.
En eso yo me asomo un poco por la puerta y diviso a mi madre charlando con la directora, sin embargo, en eso noto que mi madre no se veía muy contenta, aunque no estaba lo suficientemente cerca como para ver qué es lo que discutían, la expresión de Spitfire empezó a preocuparme, pues se veía un poco molesta, por un instante sentí un frio recorrerme la espalda y la idea del rechazo y el abandono se hicieron presentes, bajándome de la nube de algodón de azúcar y ríos de chocolate en la que me encontraba. Empecé a sentir miedo, pues no se veía nada feliz.
Al poco tiempo llega Cristal, quien inmediatamente me abrasa y me dice- felicidades Sleid… lo logramos-
-si… gracias…. - le dije mientras le correspondía el abrazo.
-¿Qué tienes Sleid…?- dice Cristal un poco preocupada al ver mi expresión preocupada y distraída.
-creo… creo no…. Ella me dejara…- digo con temor.
-oh Sleid, no te preocupes- me dice ella con un tono tranquilizador.
-pe… pero no se ve muy feliz….- le digo con miedo.
-Sleid, tranquilo, veras que todo saldrá bien- me dice ella con un tono tranquilizador.
-pe… pero…. Creo que ella- le digo temeroso.
-¡Sleid! Tranquilo, ella no te dejara- me dice ella con un tono un tanto severo.
-co… ¿Cómo lo sabes?- le digo algo tímido.
-si ella no te quisiera de vuelta entonces ¿Por qué vino?- me dice ella, esas palabras me cerraron la boca, pues aunque aún estaba un tanto temeroso por el rechazo de quien es mi madre, mi lado racional se puso a analizar las palabras de Cristal- es verdad ¿Por qué vendría entonces? Solo hay una respuesta, ¡ella vino por mí-! Pensaba mientras una amplia sonrisa se marcaba en mi rostro y no pude evitar que de mis ojos brotaran algunas lágrimas.
-ya… no llores… no llores- me dice Cristal mientras me abrasaba, pese a que Cristal se encontraba con migo, estaba tan enfocado en ella que ni siquiera me di cuenta de que Charly estaba a un lado de nosotros, mirándonos con algo de incomodidad, dado a que estaba haciendo mal tercio.
-no… no estoy triste… es… estoy feliz…- le dije mientras intentaba contener mis ganas de llorar, pero no podía, nunca antes en mi vida, avía llorado tanto por estar feliz, cosa que se me hizo muy raro, pero al mismo tiempo se sentía bien, un sentimiento de catarsis se manifestaba con estas lágrimas, una liberación de algo que me oprimía el pecho.
En eso se escucha que la puerta se abre, eran mi madre y la directora quienes iban saliendo de la dirección y se quedaron un tanto sorprendidas y preocupadas al verme llorar en los cascos de Cristal, ambos nos quedamos viendo y nos separamos un tanto apenados y sonrojados. Yo aún me encontraba llorando pero una ligera mueca de felicidad aún estaba marcada en mi rostro.
-Sleid…- dice la directora preocupada.
-hijo mío… ¿te encuentras bien?- dice Spitfire un tanto preocupada.
-hijo… me dijo hijo….- pensaba yo mientras la miraba con mis ojos aun inundados de lágrimas.
-¿te pasa algo?... ¿te duele algo?- me dice ella preocupada, pues la conversación que ella y la directora tuvieron fue precisamente sobre mi condición de salud y emocional.
-¡mami!- digo entre lágrimas mientras me aviento a sus cascos y la abraso fuertemente.
-tranquilo… no te volveré a dejar…. No llores… mami está aquí….- dice Spitfire con un tono que denotaba tristeza pero al mismo tiempo alegría era evidente que se encontraba en la misma situación que yo, los dos lloramos por un rato hasta que nos calmamos un poco, y mi madre me dijo las siguientes palabras las cuales indicarían el final de mi anterior vida y el comienzo de una completamente nueva.
-es hora de ir a casa hijo mío-
En ese instante me quede paralizada, no solo por la felicidad que me invadía sino también por un nuevo sentimiento que empezó a manifestarse en mí, uno muy opuesto a la felicidad, tristeza, porque esto solo significaba una cosa.
-Adiós Sleid… - me dice Cristal, yo la volteo a ver con tristeza y confusión.
-a… adiós….- le digo con melancolía, mientras me suelto del abrazo de mi madre, esta me suelta y yo camino hacia Cristal.
-cariño ve por tus cosas…- me dice.
-vamos… yo te acompaño- dice Cristal.
-si… - le digo algo inexpresivo.
Ambos nos dirigimos a mi habitación, no había mucho que empacar, solo algunas cosillas simples, uno que otro juguete simple y pequeño y desde luego mi frazada favorita (es la que había usado desde que tengo memoria), todo me cupo en una bolsa de plástico, yo no tenía mochila, y las que usamos cuando nos fugamos del orfanato eran de Cristal.
Yo tomo mi frazada y oculto mi rostro en esta, pese a lo vieja y desgastada que era, aún era suave y me gustaba como se sentía al frotar mi cara contra esta.
-Sleid….- me dice Charly, quien desde hace rato estaba atrás de mi junto a Cristal.
Me dirijo a mi cajón y de este saco la vieja fotografía que tenia de mi madre, la miro con algo de incredulidad, pues aun no podía creer que de verdad este pasando, guardo la fotografía en mi bolsa y volteo a ver a mis amigos que me esperaban.
-termine…. no son muchas cosas las que tengo….- les digo un tanto deprimido.
-¿Por qué estas triste?- me dice Cristal preocupada.
-tu madre es la más grande voladora que haya existido, yo por eso jeje, estaría más que feliz- me dice Charly.
-lo se… pe… pero….- digo algo inseguro.
-¿Qué pasa Sleid?- dice Cristal.
-lo…. Los extrañare mucho…. A ambos- les digo, en eso ambos me abrasan fuertemente.
-nosotros también….- me dicen ambos.
-no se… si…- les digo algo triste.
-no… no te preocupes, todo saldrá bien- me dice Cristal- ve con tu mami… te está esperando abajo-
-si….-le digo algo triste.
Los tres estábamos dirigiéndonos a la salida del orfanato, en la puerta donde mi madre estaría esperándome, ya estábamos por bajar las escaleras hasta que.
-¡olvide algo!- me dice Cristal dándose la vuelta rápidamente y corriendo de regreso.
-¿Qué es lo que pasa con tigo?- dice Charly.
-¡olvide algo espérenme abajo!- dice ella gritando.
-¿Qué es lo que tiene pensado?- dice Charly un poco disgustado- vamos… nos esperan abajo- dice el mientras coloca su casco en mi espalda y bajamos las escaleras.
Me encontraba en la salida del orfanato despidiéndome de todo mundo, los perfectos del orfanato, la directora, y finalmente a Charly, antes de despedirme de él mire a mi alrededor buscando a Cristal, pero esta no se encontraba.
-no te preocupes llegara- me dice el bajándome de la nube.
-¿Qué?- digo confundido.
-adiós amigo… que tengas suerte- me dice Charly y me susurra al oído- y si te enteras de que Fleetfoot quiere adoptar, por favor mencióname-
-jeje, claro amigo- le digo con una sonrisa.
-suerte con tu madre- me dice él.
Yo avanzó lentamente hasta Spitfire con la cabeza un poco baja, volteo una vez más en dirección a las escaleras y no hay señal de Cristal, está ya se había tardado demasiado.
-¿estás listo hijo?- me dice Spitfire.
-creo… creo que si….- le digo, quería decirle que esperara un poco más, pero ya sabía que ella había esperado demasiado, y además de que no tenía la confianza ni el valor para decirse.
-¡espera!- se escucha, inmediatamente volteo y a quien veo bajar las escaleras precipitadamente es a Cristal.
-espera… -dice ella mientras llegaba con nosotros, esta se pone a jadear dado a que estaba exhausta.
-Cristal…- le digo.
-sé que has pasado por mucho… pero tu hora de ser feliz ha llegado…- me dice ella mientras sujeta mi casco, yo por otro lado estaba perdido en sus ojos.
-creo… creo que tú serás a quien más extrañe….- le digo melancólico, sentía algo penetrando mi pecho, mi respiración se agitaba al igual que mi corazón, pues era consciente de que este era el adiós definitivo.
-no Sleid… estoy segura que… algún día… tu y yo nos volveremos a ver…. Solo prométeme una cosa- dice besándome la mejilla y luego separándose de mí y rebelando lo que ella estaba haciendo con mí casco.
-nunca me olvides- me dice ella mientras yo miraba mi casco, ella me había puesto su pulsera de oro, y no cualquier pulsera, pues tiempo atrás ella me había contado que este era uno de los más grandes tesoros que ella tenía, esta pulsera se la habían entregados sus padres a ella al nacer, en esta estaba grabado su nombre "CRISTAL".
-no… es… esto es….- le digo.
-quédatelo por favor…. Así por lo menos… te llevaras una parte de mí- me dice ella.
-Cristal….- le digo ya algo triste, ella me abraza.
-tranquilo, tu vida cambiara, pero veras que todo esto es para bien, solo no me olvides- dice ella.
-no… nunca lo hare- le digo entre lágrimas.
En definitiva, lo más difícil para mí fue despedirme de ella, no pude resistirlo, esto me dolía demasiado, quizás era demasiado pequeño para entenderlo en aquel entonces, pero yo la amaba, desde los 11 años yo ya amaba a Cristal, y mi pequeño y frágil corazón no resistió esta despedida, aliviado solo un poco por el regalo que ella me dio antes de partir, su pulsera.
Es entonces que me subí al carruaje en el que mi madre vino, uno tirado por pegasos (dos reclutas de la escuela de los Wonderbolts que querían ganar puntos con la capitana) y partimos a su casa, yo me recargue en el borde de carreta y mire como nos alejábamos cada vez más y más del orfanato, aquel en donde pase los primeros 11 años de mi vida, aquel en el que sufrí grandes desgracias, pero también aquel en el que la conocí a ella y el verdadero significado de la amistad. Este fue el sitio donde aprendí que sin importar que tan mal estén las cosas, siempre existirá un rayo de luz que ilumine mi vida, y que el mundo no es tan oscuro como yo creí.
-tranquilo hijo, vendremos de visita en un par de días para que veas a tus amigos – me dice Spitfire con una sonrisa mientras me abrasaba con una de sus alas.
-si… si mami- le respondo ya un poco más animado -Me gustaría mucho mami – digo abrasándola.
-qué alegría me da saber que estas vivo hijo – decía Spitfire mientras lo abrasaba con fuerza. – Y dime hijo, em…. Si no te molesta… me gustaría que me dijeras ¿Qué es lo que te gusta? –
-em… ¿disculpa?- le digo confundido.
-Digo, quiero saber qué es lo que te gusta, conocerte un poco – dijo Spitfire, ella en eso miro mi cutiemark para lo que yo apenado inmediatamente la cubro con mis cascos- ¿Qué te pasa? – pregunto extrañada.
-es… es que…- le digo apenado y nervioso.
-¿Qué pasa hijo? ¿Por qué no quieres que vea tu cutiemark? – dice ella.
-es que…. Es que…. Te… tengo miedo- le digo temeroso.
-¿miedo de que?- dice ella retirando mis cascos de mi costado y mirando mi marca.
-lo… lo siento…- digo temeroso mientras tapo mi marca nuevamente.
-¿Por qué?- dice ella.
-es que yo… yo… no soy como tú…- le digo.
- escucha, (suspiro) si a ti te hace feliz algo que a mí no me gusta, me alegra mucho – dijo con una sonrisa – si tú y yo fuéramos exactamente iguales en cuanto a gustos todo sería muy aburrido, siempre lo mismo. No me importa si tienes gustos diferentes, lo que me importa es que tú seas feliz –
-En… enserio- le digo.
-pero claro hijo… por favor… ¿puedo ver?- dice ella, yo suspiro y retiro mis cascos de mi costado permitiéndole ver mi marca.
– a juzgar por esto debes ser un pequeño muy inteligente – dijo sonriendo.
-Emmm, ¿no te molesta que no sea por volar? – digo sorprendido.
– hijo, la directora me conto lo que paso hace tiempo con ese tal Miky y lo lamento profundamente, la verdad lamento mucho todo lo que tuviste que pasar – dice ella con tristeza y pena- pero no te preocupes, no me molesta, al contrario, me enorgulleces mucho ….. te prometo que ya no sufrirás más, nunca más – me dice ya con lágrimas en sus ojos.
Luego de casi una hora de vuelo llegamos a su casa, la cual me sorprendió bastante, era una casa echa de nubes y de gran tamaño, sin embargo, pese a lo grande que esta era, ella vivía sola.
-estamos aquí- me dice ella con una sonrisa, yo estaba sorprendido y ansioso por lo grande que era su casa, y no podía creer aun, que yo viviría aquí. Bajo de la carroza rápidamente, y en eso me detengo de golpe al percatarme de la gran altura, mira en dirección al vacío, estábamos a una gran altura, para lo que no pude evitar sentir un poco de miedo.
-¿estás bien?- me dice ella.
-si… estoy bien- le dije.
-ven vamos a ver tu cuarto- me dice ella con una sonrisa.
Entramos a la casa e inmediatamente me encamino a lo que sería mi habitación, un cuarto de gran tamaño con tapiz color azul, una cama, un escritorio, un guardarropa y un librero vacío, yo la verdad me sentía un poco incómodo por el exceso de espacio, 11 años en un orfanato donde todos vivimos apretados me acostumbro a dormir en un sitio más pequeño y estrecho.
-¿este es mi cuarto? – dije impresionado, este cuarto era bastante más grande que el que tuve en el orfanato, de hecho era muchísimo más grande, había espacio para muchos ponis más.
-quise comprarte unos juguetes pero no sabía de qué tipo te gustarían, por lo que mejor decidí esperar para que los eligieras tu – dijo con una sonrisa – ya es tarde pero mañana tendremos un día muy largo – dijo Spitfire alegre.
-¿Por qué mama? – le digo extrañado.
-tienes que llenar este cuarto con algo – dijo con una sonrisa – mañana te comprare juguetes, libros, posters, todo lo que quieras para que llenes tu cuarto – le dijo acariciando mi crin.
Yo me dirijo a la cama, esta era demasiado grande, parecía que esta cama equivalía dos o tres camas juntas del orfanato, yo me siento sobre esta y casi al instante ciento lo cómoda que es esta, tan suave como las nubes, sin pensarlo dos veces me tiro de espaldas y empiezo a juguetear en la cama mientras no lograba evitar reír de la felicidad.
-jeje ¿te gusta tu cama?- dice ella con una sonrisa.
-¡Es tan suave y cómoda! ¡Mucho mejor que mi antigua cama! – decía con gran alegría.
– Bueno, creo que ya deberíamos cenar, espero que te guste la pizza– me dice ella.
-¡ ¿pizza?! – dije emocionado.
-Sí, jeje es que mama no sabe cocinar muy bien y por eso encargue una pizza – dijo rascándose la nuca.
Más tarde, luego de la cena y jugar en la bañera por un rato llego la hora de dormir, sin embargo pese a estar cansado, no podía dormirme, no podía dejar de pensar en Cristal, y también, aun me sentía incómodo por lo grande que era mi nueva habitación, esta era demasiado para mí, me sentía solo, por lo que luego de un par de horas de no poder conciliar el sueño me levanto y busco a mi madre en su habitación.
-ma…mami…- digo apenado mientras abro la puerta.
-¿Qué pasa cariño?- me dice ella dando un bostezo.
-no puedo dormir…. Me… me preguntaba si….- digo, doy un suspiro- ¿puedo dormir con tigo esta noche?-
Spitfire esbozo una sonrisa tierna – pues claro que puedes – dijo haciéndome un lugar en la cama para que me pudiera acostarme, yo camino lentamente hasta la cama y me recuesto con cuidado en esta, ella me cobija con las mantas y me abrasa colocándome contra su pecho.
-descansa hijo- me dice ella.
-si… buenas noches- le digo mientras nos acurrucamos en la cama, y antes de cerrar lo ojos para dormir doy un último vistazo en mi casco donde tenía la pulsera de oro y pienso- buenas noches Cristal-
