Don't you remember
Capítulo 6 a:
Las palabras espesaron el aire alrededor de ellos. Kurt vio el momento exacto en el que las palabras calaron en Sebastian porque su rostro pareció derrumbarse. Algo parecido a la culpa se arrastró hacia el corazón de Kurt pero él estaba demasiado ocupado respirando profundamente, tratando de que su cabeza dejara de dar vueltas, para prestarle atención. Sebastian le miró fijamente durante un buen rato, su boca abriéndose y cerrándose como si quisiera decir algo pero no sabiendo cómo. Otro segundo de silencio pasó antes de que su mirada se moviera de Kurt, pasando su hombro, a Burt, tras lo cual dio media vuelta y salió sin decir una palabra, un portazo retumbando tras él.
Lentamente, Kurt miró a su padre que seguía sentado en el sofá. La culpa se estaba haciendo notar con mucha más fuerza ahora y la expresión de Kurt cambió de avergonzada a defensiva cuando sus ojos se encontraron con la mirada de desaprobación de su padre.
-¿Qué? – preguntó cruzando sus brazos sobre su pecho.
- Tú sabes que – dijo Burt severamente.
Kurt suspiró y se dejó caer en el sofá junto a su padre.
-¡No me digas que estás de su lado!
- Esto no es sobre estar del lado de nadie, Kurt. Esto es sobre cuánto ha tenido que pasar ese pobre chico durante la pasada semana y como tú básicamente has arrancado el corazón de su pecho y lo has tirado a sus pies.
Kurt mordió su labio y se abrazó, sintiéndose helado repentinamente. Burt continuó, su mirada quemando en el rostro de Kurt.
- Le he visto sentado a tu lado día y noche, agarrando tu mano y murmurando palabras sin sentido pero que sonaban como alguna versión de "por favor vuelve a mí". Imagina su dolor cuando te despiertas y no puedes ni siquiera recordarlo.
Kurt tragó, intentando hacer pasar el nudo que se había posado en su garganta y se negó a mirar a su padre.
- No es mi culpa – dijo con voz débil – No es mi culpa no poder recordar.
- No estoy diciendo que es, niño. Pero eso no te da ningún derecho de tratarlo como lo has hecho.
Kurt sintió nuevas lágrimas llegar a sus ojos.
- No es justo – dijo, sacudiendo su cabeza – No puedo estar casado con él.
- Bueno, pues lo eres.
Finalmente Kurt posó su mirada en su padre, frunciendo el ceño.
-¿Por qué estas siendo así? – preguntó - ¿No puedes ver cómo me afecta todo esto? No quiero estar casado, papá. No puedo estar casado. No sé que estoy haciendo con mi vida. Por lo que a mí respecta no he estado en la universidad, aunque tuviera un trabajo, no tendría ni idea de cómo llevarlo a cabo. Estar casado es algo con lo que no puedo lidiar ahora, junto con todo lo demás.
El brazo de Burt era pesado cuando se enrolló alrededor del hombro de Kurt y lo atrajo hacia su lado.
- ¿Tú crees que no sé eso? – preguntó suavemente – Has estado haciéndolo tan bien, no te culpo por alucinar sobre estar casado. Pero Kurt, el hecho es que tú estás casado. Con un chico fantástico… no, no me mires así. Yo estaba en algunas de esas memorias que tú has olvidado ¿recuerdas? Yo sé lo bien que estáis juntos aunque no te des cuenta ahora mismo. Y cada vez que dices que tú nunca te casarías con él no estás más que insultándote a ti mismo.
Kurt frunció el ceño.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que no eres estúpido, Kurt. Tú estabas pensando en algo cuando decidiste casarte con Sebastian y te puedo asegurar que no era cómo gilipollas era a los dieciocho años.
Kurt permaneció en silencio por un segundo y el brazo de Burt se estrechó a su alrededor.
- ¿Tú crees que mi hijo es tan estúpido como para ir y casarse con alguien si no lo deseara con cada parte de su ser?
Kurt no sabía que decir, alejó la mirada de su padre para posarla en las incontables fotografías dispersas alrededor de su apartamento, en las paredes, en los estantes… una década de memorias felices que se burlaban de él desde cada rincón.
- ¿Crees qué divorciarte va a solucionar algo? – continuó Burt – Todo lo que va a pasar es que tú conseguirás que tus memorias vuelvan y realizarás el enorme error que has cometido. Será simplemente dolor y un corazón roto para ambos.
Capítulo 6 b:
Kurt tenía ganas de llorar y así que lo hizo, dejó las lágrimas rodar por sus mejillas y enterró su rostro en el pecho de su padre.
- ¿Qué voy a hacer papá?
- Ya lo averiguarás – dijo Burt abrazándolo con fuerza – Y como he dicho, te estaré ayudando durante tanto tiempo como sea necesario. Pero, antes que nada, tienes que dejar de tratar a Sebastian como si estuviera haciendo algo malo por estar cerca de ti y empezar a tratarlo al menos como a un amigo. ¿Cómo te sentirías si mañana me levantara y empezara a negar que fueras mi hijo?
Eso le dolió e inconscientemente Kurt apretó los puños con los que sujetaba la camisa de su padre.
- Me siento tan perdido – dijo con una voz casi infantil.
Burt frotó su brazo y le abrazó aun más apretado.
- Estoy aquí, hijo – dijo – Y más importante aún, tú estás aquí. Después de tu accidente pensé que tú…
Se detuvo a sí mismo y se aclaró la garganta.
- No me importa si no recuperas tus memorias. Me apuesto lo que sea a que vas a ser igual de fabuloso que eras aún sin ellas.
Kurt se sorbió la nariz y presionó más su mejilla contra la camisa de su padre antes de sentarse erguido y limpiar las lágrimas de su rostro.
- Voy un momento al baño – dijo mientras se levantaba.
-¿Tienes hambre? Hay comida en la nevera que puedo calentar para ti.
Kurt asintió y le dio a su padre una pequeña sonrisa.
- Gracias, papá.
Encontró el baño fácilmente; era mayor de lo que imaginaba y un vistazo a la ducha le dijo que iba a ser una de sus partes favoritas del apartamento. Era extraño pese a todo, ver la mezcla de productos alineados en el estante de la pila. Kurt intentó adivinar cuales eran suyas y cuáles de Sebastian. Se encontró mirando los cepillos de dientes y preguntándose si el suyo era el morado con espantosas rayas o el igualmente espantoso naranja a su lado. No era como si tuviera ninguna importancia en ese momento pero la pregunta trivial era una buena distracción. Eventualmente llegó a la conclusión de que Sebastian usaba probablemente ambos cepillos porque sus dientes necesitaban ese cuidado extra y que el suyo estaba probablemente escondido en alguna parte.
Sin saber por qué, ¿tal vez esperaba haber escondido su cepillo de dientes allí?, abrió el pequeño armario de madera en la pared junto a la ducha y jadeó cuando lo primero que vio fue una enorme botella de lubricante. Instintivamente, cerró con fuerza el armarito y se dio la vuelta como si sus ojos se hubieran quemado. Echó un poco de agua fría sobre su rostro y salió del baño antes de poder encontrar algo más que lubricante y en su lugar, entró en la habitación más cercana al baño.
Era de un tamaño adecuado con una cama de matrimonio enmarcado por dos hermosas mesillas de noche, cada una con una pequeña y artística lamparita. La colcha parecía algo como lo que Kurt hubiera elegido, un patrón simple pero armonizando con el esquema de color de la habitación. Pese a lo buena que era la habitación, Kurt sabía que no podía ser su dormitorio. Era demasiado impersonal.
Supo que estaba en lo correcto en el momento en el que atravesó la puerta de la otra habitación. Se sintió inmediatamente correcta. El diseño era más moderno que la habitación de invitados, que era lo que Kurt suponía que era el otro dormitorio, dado que (y Kurt tuvo otro cuasi-ataque de pánico al pensarlo) él y Sebastian probablemente dormían juntos. Tomando una respiración con calma y sin dejarse pensar en lo que él y Sebastian podían haber hecho allí, Kurt se movió para valorar la cama, simple en su diseño pero no por ello menos de moda.
Había una enorme pintura abstracta encima de la cabecera de la cama mientras que la pared opuesta ostentaba varias fotos personales. Kurt se acercó a ellas y dejó sus ojos vagar sobre las fotos de él y Sebastian.
Una avalancha de sonidos se deslizó en su cabeza, miles de susurros a los cuales dar sentido. Kurt hubiera pensado que eran memorias que aparecían por las fotografías que veía, si su corazón no se hubiese acelerado hasta la taquicardia. Kurt extendió su mano y tocó su rostro en una de las fotografías como si eso pudiera conectarle con la mente del hombre en el marco. Era irreal, mirando al hombre en las fotos. Ese hombre que tenía la apariencia exacta que Kurt podía imaginar tener al creer, viviendo una vida en la que parecía perfectamente cómodo, con un marido y amigos en la cuidad de sus sueños.
Capítulo 6 c:
Suspirando, Kurt se movió más cerca de la librería junto a las fotografías. Era más pequeña que a del salón y negra en lugar de blanca. Iba de lado a lado de la pared y un rápido vistazo a los contenidos le dijo que había muchos más archivos delgados relacionados con su trabajo o el de Sebastian y pequeños adornos que libros. Kurt reconoció algunas de las cosas de su antiguo dormitorio y eso le reconfortó, algunas de las otras cosas eran probablemente de Sebastian y algunos de los aparatos poseían logos familiares en ellos pero Kurt no tenía ni idea de para que servían.
Esa fue otra cosa de despertarse diez años en el futuro, la tecnología no de ninguna manera más sencilla.
La pared más alejada del dormitorio la dominaban unos enormes ventanales, Sebastian no estaba mintiendo sobre la gran cantidad de luz natural. La vista quitaba literalmente el aliento. En ese momento la cuidad estaba llena de luces parpadeantes en contraposición con el cielo nocturno pero por la mañana, él suponía que el sol brillaría lo suficiente como para bañar la habitación entera con su luz. Kurt pasó varios minutos solo mirando e imaginando cómo hermosa debía de verse la cuidad desde allí a primeras horas de la mañana o cuando llovía o nevaba. Podría haber una tormenta de arena fuera por lo que a Kurt le importaba y él seguiría pensando que era hermosa.
A eso le siguió una inspección de su armario y Kurt tuvo que resistirse a sacar cada prenda y examinarla de cerca. Caminó alrededor sin destino, navegando entre cosas que probablemente deberían tener importancia para él, notas manuscritas, números y fechas, un planificador con un código de colores (Kurt apartó este a un lado para analizarlo más tarde). Seguía esperando que algo le refrescara la memoria, algo que le llamara la atención, pero no pudo sentirse demasiado decepcionado cuando nada pasó.
Cuando él solía pensar en mudarse a Nueva York, estaba preparado para un minúsculo, estrecho apartamento donde él pisaría los pies de Rachel donde quiera que girara, él pensaba en acurrucarse cerca de Blaine en su primer apartamento compartido, apenas un pelín mayor que el que habría compartido con Rachel pero al que le faltaba un apropiado sistema de calefacción. Pese a ello habrían estado bien, porque eso supondría que ellos tendrían que abrazarse para mantener el calor.
No había pensado en conseguir un lugar como ese en años. Era irreal, se sentía como algo demasiado fantástico para ser suyo, algo que le asustaba que alguien pudiera quitárselo en cualquier momento. Lo que fuera que Kurt hubiera sentido sobre todo lo demás al despertar, su apartamento se sentía como el hogar. Podía sentir el amor y el cuidado que él (y Sebastian, sin olvidar a Sebastian) habían puesto en él. En otras cosas podría tardar un tiempo en habituarse, pero Kurt sabía que él siempre se sentiría en casa en ese lugar.
CONTINUARÁ.
Nota de la traductora: Un capítulo algo lento pero necesario. Burt fantástico en este capítulo, me encanta su personaje. Por fin Kurt alguien mete algo de sentido en Kurt.
Si queréis un vistazo de cómo podría verse el apartamento la autora tiene publicadas estas fotos en su tumblr. (Http: / kurtbastianing. tumblr. Com / post/ 18786811663/ oh-my-god-i-just-found-the-perfect-representation-of)
El siguiente capítulo desde el punto de vista de Seb. A disfrutar.
